Fiesta de Reyes con tinte afro

Era el día libre. Uno de los pocos durante el año. Según los relatos de la Colonia los amos permitían que sus esclavos salieran a las calles durante la Fiesta de Reyes para que celebraran como quisieran.

Ellos se ponían máscaras de demonios y coloreaban las calles con sus vistosos trajes. Entre bailes, cantos y el sonido del tambor, se cree que recordaban a los reyes y autoridades de su África natal y también veneraban a sus deidades.


“De modo que la Fiesta de Reyes se convertía en una especie de carnaval donde los esclavos recreaban su vida cultural en África. Muchos se disfrazaban de reyes, guerreros o simbolizaban a sus dioses o deidades africanas”, relata el libro la Religiosidad Afroecuatoriana del INPC, escrito por el investigador John Antón Sánchez.
En la actualidad esta fiesta, tal y como se concebía en la época de la Colonia se ha ido perdiendo. Sin embargo en Esmeraldas, específicamente en la parroquia Selva Negra cantón Eloy Alfaro, aún se celebra de forma tradicional esta fiesta comenta María de Lourdes León, miembro del pueblo afro.


 Carlos Gruezo, coordinador de la fiesta, le narró a los investigadores del INPC que los personajes que aún intervienen en la celebración  son “dos culonas, dos paridoras, dos monos, una dama, seis cayapas, entre 10 y 15 cucuruchos”, que en un promedio, se disfrazan de 20 a 25 personas del grupo.


Ahora se le llama la Fiesta de los Reyes, pero los mayores decían, “juego de los cucuruchos” y se hacía en tiempo de Reyes, como tradición católica.
“Los que celebraban esta fiesta tenían el decir: La fiesta es de los Santos Reyes, pero el juego es de nosotros”, recuerda León.
Juana Salázar es otra de las mayores cuyo relato fue rescatado en el libro del INPC. Ella aseguró que hace uno 20 o 30 años el juego se celebraba en la mayoría de los pueblos grandes del norte de la provincia de Esmeraldas.


“Este juego empezaba unos días después del 25 de diciembre, que es la fiesta del Niño Jesús, y terminaba con el último día de Reyes. Entonces, los que querían jugar tenían que subir a la Tenencia Política y pedir un permiso a las autoridades”, puntualiza Salazar.
Al obtener el permiso, quienes jugaban nombraban nuevas autoridades como el mayoral de mina, capitán de cuadrilla, alférez real y muchas otras.
Ellos se encargaban de mantener el orden, la disciplina y el respeto, por lo que las autoridades reales solo se alejaban. Se trataba de tres días de cucurucho y había un día para blancos, otro para negros y otro más para indios, consta en el texto del INPC.


Durante el primer día salían a bailar los blancos, los hombres se vestían con ropa de mujer y las mujeres con ropa de hombre.
Se maquillaban, cambiaban el habla y nadie debía reconocerlos. Lo más importante era que los cucuruchos salieran, jugaran y regresaran y que nadie les reconociera.
Al siguiente día salían los negros, se pintaban con carbón, se disfrazaban y tocaban la marimba.  
El último día de era el de los indios. Se vestían de indios y hablaban: chigui, chigui, chigui, pintados el cuerpo con achiote. (F)

Lúdico y con pagas, los personajes que celebran al pueblo negro
El relato que hizo Carlos Gruezo, para la investigación del INPC, detalla el papel de cada personaje como La culona que  realiza chistes subidos de tono y siempre va moviéndose y diciendo “no me toque mi culo”, pues si le tocan tienen que pagarle una suma voluntaria. Ella permanece disfrazada todo el día. Por otra parte, La paridora va con un bordón, bastón de
apoyo, y cuando llega al público, hace como que siente dolor y se desmaya, incluso se cae pero si viene alguien a ayudar y le toca, entonces también tiene que pagar.


Si los monos “te cogen, les tienen que pagar, por tanto, no te tienen que dejarse coger por ellos. Ellos se disfrazan de puro monte, con matachines en la cabeza, hojas secas, matas verdes”. A los cayapas se les llama así “no porque sean indígenas cayapas”, entran a la casa barriendo y cobran por esto; llevan una escoba en la mano, una botella, una concha, un botecito, y un canasto.


A los 15 cucuruchos se les llama así porque se visten como cucuruchos, con sus disfraces completos,sus máscaras y también hacen chistes.
Es esto lo que aún se conserva de aquellos juegos que hacían los negros cimarrones y esclavos en la provincia de Esmeraldas, pero el juego se quedó ya solo en la memoria de algunos mayores que aún se lo narran a quienes quieren saber. La imposición católica ha ganado más espacio, el espacio lúdico y ritual de la fiesta se ha visto reducido aunque aparece en otras manifestaciones de la rica y rebelde cultura afro. (F)

Fiesta de Reyes con tinte afro

Ellos se ponían máscaras de demonios y coloreaban las calles con sus vistosos trajes. Entre bailes, cantos y el sonido del tambor, se cree que recordaban a los reyes y autoridades de su África natal y también veneraban a sus deidades.


“De modo que la Fiesta de Reyes se convertía en una especie de carnaval donde los esclavos recreaban su vida cultural en África. Muchos se disfrazaban de reyes, guerreros o simbolizaban a sus dioses o deidades africanas”, relata el libro la Religiosidad Afroecuatoriana del INPC, escrito por el investigador John Antón Sánchez.
En la actualidad esta fiesta, tal y como se concebía en la época de la Colonia se ha ido perdiendo. Sin embargo en Esmeraldas, específicamente en la parroquia Selva Negra cantón Eloy Alfaro, aún se celebra de forma tradicional esta fiesta comenta María de Lourdes León, miembro del pueblo afro.


 Carlos Gruezo, coordinador de la fiesta, le narró a los investigadores del INPC que los personajes que aún intervienen en la celebración  son “dos culonas, dos paridoras, dos monos, una dama, seis cayapas, entre 10 y 15 cucuruchos”, que en un promedio, se disfrazan de 20 a 25 personas del grupo.


Ahora se le llama la Fiesta de los Reyes, pero los mayores decían, “juego de los cucuruchos” y se hacía en tiempo de Reyes, como tradición católica.
“Los que celebraban esta fiesta tenían el decir: La fiesta es de los Santos Reyes, pero el juego es de nosotros”, recuerda León.
Juana Salázar es otra de las mayores cuyo relato fue rescatado en el libro del INPC. Ella aseguró que hace uno 20 o 30 años el juego se celebraba en la mayoría de los pueblos grandes del norte de la provincia de Esmeraldas.


“Este juego empezaba unos días después del 25 de diciembre, que es la fiesta del Niño Jesús, y terminaba con el último día de Reyes. Entonces, los que querían jugar tenían que subir a la Tenencia Política y pedir un permiso a las autoridades”, puntualiza Salazar.
Al obtener el permiso, quienes jugaban nombraban nuevas autoridades como el mayoral de mina, capitán de cuadrilla, alférez real y muchas otras.
Ellos se encargaban de mantener el orden, la disciplina y el respeto, por lo que las autoridades reales solo se alejaban. Se trataba de tres días de cucurucho y había un día para blancos, otro para negros y otro más para indios, consta en el texto del INPC.


Durante el primer día salían a bailar los blancos, los hombres se vestían con ropa de mujer y las mujeres con ropa de hombre.
Se maquillaban, cambiaban el habla y nadie debía reconocerlos. Lo más importante era que los cucuruchos salieran, jugaran y regresaran y que nadie les reconociera.
Al siguiente día salían los negros, se pintaban con carbón, se disfrazaban y tocaban la marimba.  
El último día de era el de los indios. Se vestían de indios y hablaban: chigui, chigui, chigui, pintados el cuerpo con achiote. (F)

Lúdico y con pagas, los personajes que celebran al pueblo negro
El relato que hizo Carlos Gruezo, para la investigación del INPC, detalla el papel de cada personaje como La culona que  realiza chistes subidos de tono y siempre va moviéndose y diciendo “no me toque mi culo”, pues si le tocan tienen que pagarle una suma voluntaria. Ella permanece disfrazada todo el día. Por otra parte, La paridora va con un bordón, bastón de
apoyo, y cuando llega al público, hace como que siente dolor y se desmaya, incluso se cae pero si viene alguien a ayudar y le toca, entonces también tiene que pagar.


Si los monos “te cogen, les tienen que pagar, por tanto, no te tienen que dejarse coger por ellos. Ellos se disfrazan de puro monte, con matachines en la cabeza, hojas secas, matas verdes”. A los cayapas se les llama así “no porque sean indígenas cayapas”, entran a la casa barriendo y cobran por esto; llevan una escoba en la mano, una botella, una concha, un botecito, y un canasto.


A los 15 cucuruchos se les llama así porque se visten como cucuruchos, con sus disfraces completos,sus máscaras y también hacen chistes.
Es esto lo que aún se conserva de aquellos juegos que hacían los negros cimarrones y esclavos en la provincia de Esmeraldas, pero el juego se quedó ya solo en la memoria de algunos mayores que aún se lo narran a quienes quieren saber. La imposición católica ha ganado más espacio, el espacio lúdico y ritual de la fiesta se ha visto reducido aunque aparece en otras manifestaciones de la rica y rebelde cultura afro. (F)