Una familia forja la herrería en Chuquipata

FOTO: Miguel Arévalo EL TIEMPO

En Azogues la parroquia Javier Loyola, conocida como Chuquipata, tiene su propia calle de Las Herrerías, donde las varillas, vigas y láminas son moldeadas por las manos de la familia Quintero.

En la calle Las Herrerías de la parroquia Javier Loyola de Azogues los días transcurren con el sonido de los forjadores, que con las varillas y láminas de hierro elaboran candados, bisagras, chapas, lámparas y diversidad de herramientas para los trabajos del campo.

Los hermanos Quintero heredaron este tradicional oficio de sus padres, abuelos y bisabuelos que herraban a los caballos que pasaban por la parroquia llevando carga para vender en Cuenca o que iban al norte del Cañar.

Rubén Quintero, de 64 años, aprendió a forjar el hierro desde los ocho años y recuerda las dificultades y lo laborioso del trabajo cuando no contaban con el servicio de electricidad.

“Los herreros de esta zona descendemos de una sola familia. El que trajo este oficio fue mi bisabuelo Francisco Quintero de El Tambo”, recuerda Rubén.

De siete hermanos -cinco varones y dos mujeres- los cuatro varones han perfeccionado sus habilidades con la práctica y han hecho de este oficio el sustento de sus familias. “A mi último hermano le dije que estudie y tiene una maestría en Economía”, señala.

La experiencia de los obreros les permite trabajar sin protección, conocen el hierro y sus secretos y golpe a golpe van moldeando las obras que pasan de un metal incandescente al rojo vivo a diversidad de figuras y herramientas.

Los artesanos reconocen la maleabilidad del metal de acuerdo al color que toma con las altas temperaturas. Primero se vuelve rojo, luego anaranjado y amarillo, pero lo ideal para el forjado es un blanco-anaranjado.

“El fierro más rojo es más resbaloso y cuando está medio opaco penetra el calor más a la mano”, subraya.

Los hermanos Quintero trabajan según la temporada. En esta época reciben más pedidos para fabricar rejas y picos debido al tiempo de las siembras y en las cosechas se concentran en elaborar azadones, lampas y lampones.

Y es que los hermanos Quintero son especialistas en la elaboración de herramientas para la agricultura como rejas para el arado, azadones de todo tamaño, barretas, rastrillos, palas y hoces. Además, hacen las busardas, puntas y cuñas que son utilizadas por los picapedreros de la zona que se dedican a esculpir y dar forma a la piedra.

Otro de los herreros es Marcelo Altamirano, quien también es familiar de los Quintero. Asegura que sus familiares, en gran parte se dedicaron a trabajar como herreros, actividad que es considerada parte de la identidad de Chuquipata.

Cambios
Con el pasar de los años los herreros han ido implementado herramientas que les facilitan, de algún modo, el trabajo.

“En la actualidad hay herramientas como la pulidora y la amoladora que hace unos 30 años no había, se trabajaba solo a fuerza bruta”, señala Rubén entre risas y es que recuerda que de un grueso fierro de debían formar delgadas láminas para fabricar los azadones.

Sin embargo, el oficio ha ido perdiendo terreno en los últimos años. “Antes se hacía las barretas por docenas y se mandaba a Machala, al Oriente a Nambija, pero desde que llegaron los Malls se bajó la venta”, lamenta Rubén. Además, señala que en la actualidad los jóvenes no muestran interés por el oficio debido a que “no da para vivir”.

Pero quienes mantienen vivo este arte se muestran orgullosos de los saberes que adquirieron desde la infancia y no pierden la esperanza de que las nuevas generaciones se inclinen por aprender este oficio y así “no desaparezca”.

Las obras de los herreros de Chuquipata se encuentran a la venta en la plaza Rotary en Cuenca y los fines de semana en los mercados de Azogues y de Biblián. (F)

Patricia Naula Herembás
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Una familia forja la herrería en Chuquipata

FOTO: Miguel Arévalo EL TIEMPO

En Azogues la parroquia Javier Loyola, conocida como Chuquipata, tiene su propia calle de Las Herrerías, donde las varillas, vigas y láminas son moldeadas por las manos de la familia Quintero.

En la calle Las Herrerías de la parroquia Javier Loyola de Azogues los días transcurren con el sonido de los forjadores, que con las varillas y láminas de hierro elaboran candados, bisagras, chapas, lámparas y diversidad de herramientas para los trabajos del campo.

Los hermanos Quintero heredaron este tradicional oficio de sus padres, abuelos y bisabuelos que herraban a los caballos que pasaban por la parroquia llevando carga para vender en Cuenca o que iban al norte del Cañar.

Rubén Quintero, de 64 años, aprendió a forjar el hierro desde los ocho años y recuerda las dificultades y lo laborioso del trabajo cuando no contaban con el servicio de electricidad.

“Los herreros de esta zona descendemos de una sola familia. El que trajo este oficio fue mi bisabuelo Francisco Quintero de El Tambo”, recuerda Rubén.

De siete hermanos -cinco varones y dos mujeres- los cuatro varones han perfeccionado sus habilidades con la práctica y han hecho de este oficio el sustento de sus familias. “A mi último hermano le dije que estudie y tiene una maestría en Economía”, señala.

La experiencia de los obreros les permite trabajar sin protección, conocen el hierro y sus secretos y golpe a golpe van moldeando las obras que pasan de un metal incandescente al rojo vivo a diversidad de figuras y herramientas.

Los artesanos reconocen la maleabilidad del metal de acuerdo al color que toma con las altas temperaturas. Primero se vuelve rojo, luego anaranjado y amarillo, pero lo ideal para el forjado es un blanco-anaranjado.

“El fierro más rojo es más resbaloso y cuando está medio opaco penetra el calor más a la mano”, subraya.

Los hermanos Quintero trabajan según la temporada. En esta época reciben más pedidos para fabricar rejas y picos debido al tiempo de las siembras y en las cosechas se concentran en elaborar azadones, lampas y lampones.

Y es que los hermanos Quintero son especialistas en la elaboración de herramientas para la agricultura como rejas para el arado, azadones de todo tamaño, barretas, rastrillos, palas y hoces. Además, hacen las busardas, puntas y cuñas que son utilizadas por los picapedreros de la zona que se dedican a esculpir y dar forma a la piedra.

Otro de los herreros es Marcelo Altamirano, quien también es familiar de los Quintero. Asegura que sus familiares, en gran parte se dedicaron a trabajar como herreros, actividad que es considerada parte de la identidad de Chuquipata.

Cambios
Con el pasar de los años los herreros han ido implementado herramientas que les facilitan, de algún modo, el trabajo.

“En la actualidad hay herramientas como la pulidora y la amoladora que hace unos 30 años no había, se trabajaba solo a fuerza bruta”, señala Rubén entre risas y es que recuerda que de un grueso fierro de debían formar delgadas láminas para fabricar los azadones.

Sin embargo, el oficio ha ido perdiendo terreno en los últimos años. “Antes se hacía las barretas por docenas y se mandaba a Machala, al Oriente a Nambija, pero desde que llegaron los Malls se bajó la venta”, lamenta Rubén. Además, señala que en la actualidad los jóvenes no muestran interés por el oficio debido a que “no da para vivir”.

Pero quienes mantienen vivo este arte se muestran orgullosos de los saberes que adquirieron desde la infancia y no pierden la esperanza de que las nuevas generaciones se inclinen por aprender este oficio y así “no desaparezca”.

Las obras de los herreros de Chuquipata se encuentran a la venta en la plaza Rotary en Cuenca y los fines de semana en los mercados de Azogues y de Biblián. (F)

Patricia Naula Herembás
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