Enseñanza constante del tejido de paja toquilla

En el Economuseo Municipal Casa del Sombrero se dictan talleres gratuitos para quienes desean aprender a elaborar artesanías con esta fibra natural. El propósito es mantener vivo este patrimonio.
Rosa Guiracocha, Rosa Viñanzaca, María Loja (instructora) y Carol Álvarez, durante el taller.

María Loja, oriunda de la parroquia San Bartolomé, aprendió a tejer la paja toquilla desde los ocho años. Sus maestros fueron sus padres. “Me enseñó mi mamá y mi papá, ellos aprendieron de mis abuelos, pero este oficio viene desde mis bisabuelos”, recuerda María.

Ahora ella comparte sus conocimientos sobre esta artesanía ancestral en los talleres que se dictan en el Economuseo Municipal Casa del Sombrero, ubicado en las calles Rafael María Arízaga y Luis Cordero.

Como ella, Blanca Guambaña, Anita Villa, Narcisa Cajamarca y Blanquita Uyaguari, son las instructoras que día a día imparten las enseñanzas a grupos de alumnos que asisten en diferentes horarios.

“Mis clases son los días martes y jueves de 15:00 a 18:00 y los sábados de 09:00 a 12:00. Cualquier persona puede aprender con la práctica”, señala María Loja, quien tiene más de 30 años de experiencia en el tejido tradicional.

María Alvarado de 50 años es una de sus alumnas. Recibió sus primeras clases hace un año en los talleres que se dan en el Economuseo y quiere perfeccionar la técnica. Ella asiste al curso desde que inició el pasado 8 de marzo. “Ahora vine porque quiero aprender las modas, que es la mezcla de colores y los diseños que se plasman en el tejido del sombrero”, dice Alvarado.

Blanca Guambaña oriunda del Cañar, teje desde los cinco años. Bajo la guía de su abuelo, originario de la parroquia Solano, Guambaña aprendió a confeccionar los sombreros y actualmente hace toda clase de artesanías con la paja toquilla. Sin embargo, lamenta que este oficio no sea valorado a nivel local. “El consumo nos hacen los extranjeros, porque aquí no valoran nuestro trabajo, hace falta que la gente conozca y sepa lo que es estar ahí doblada la espalda, entonces va a a valorar”, señala la artesana, que lleva 52 años en este oficio.

Los cursos que iniciaron el 8 de marzo en el Economuseo concluirán la próxima semana, tras una duración de dos meses. Aprendices y profesionales asisten a las clases que se imparten con el objetivo de mantener vivo este patrimonio.

En el 2018, un total 250 personas participaron en el aprendizaje del tejido de la paja toquilla, ellos se sumaron a los que recibieron esta enseñanza en los tres años anteriores y totalizaron 1.000 nuevos toquilleros, según información proporcionada entonces por Gerardo Machado, director del Economuseo. (F)


DATOS
-Productos. Además del sombrero, las artesanas elaboran abanicos, paneras, muñecas, carteras, alcancías, bisutería y billeteras, entre otros productos.
-Oorganización. En la Regional 6, que abarca las provincias del Azuay, Cañar y Morona Santiago, se registran 28 agrupaciones toquilleras.
-Historia. La confección de sombreros de paja toquilla en el país, data del Período Formativo (3.500 a.C–500 A.C) en las culturas Valdivia y Chorrerra.

La habilidad de los artesanos se pone de manifiesto en sus creaciones

Con la ‘Carludovica Palmata’, mejor conocida como paja toquilla, los artesanos no solo hacen sombreros. Su creatividad y sus hábiles manos les han llevado a innovar y ofrecer productos como paneras, individuales, adornos navideños, muñecas, forros para botellas, pantallas para lámparas, billeteras y la han implementado también en bisutería y zapatos.

Ana Villa de 38 años aprendió a tejer a los 35. Lo hizo motivada por su gusto por las artesanías.

“Aprender a tejer es una gran oportunidad y es cuestión de las personas innovar, porque a la paja no hay que darle un solo sentido hay que ser creativos porque se pueden hacer muchas cosas, no solo el sombrero”, indica Anita mientras cantea la paja para empezar un nuevo tejido. El cante do consiste en dividir cada hebra para igualar el grosor de la paja y lograr un tejido parejo.

Narcisa Cajamarca, de 51 años, define el tejido de la paja como su “sustento”. “Con esto tengo mis ingresos económicos. Mis papás y abuelos nos enseñaron a tejer para poder alimentarnos”, concluye. (F)

Patricia Naula Herembás
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Enseñanza constante del tejido de paja toquilla

Rosa Guiracocha, Rosa Viñanzaca, María Loja (instructora) y Carol Álvarez, durante el taller.

María Loja, oriunda de la parroquia San Bartolomé, aprendió a tejer la paja toquilla desde los ocho años. Sus maestros fueron sus padres. “Me enseñó mi mamá y mi papá, ellos aprendieron de mis abuelos, pero este oficio viene desde mis bisabuelos”, recuerda María.

Ahora ella comparte sus conocimientos sobre esta artesanía ancestral en los talleres que se dictan en el Economuseo Municipal Casa del Sombrero, ubicado en las calles Rafael María Arízaga y Luis Cordero.

Como ella, Blanca Guambaña, Anita Villa, Narcisa Cajamarca y Blanquita Uyaguari, son las instructoras que día a día imparten las enseñanzas a grupos de alumnos que asisten en diferentes horarios.

“Mis clases son los días martes y jueves de 15:00 a 18:00 y los sábados de 09:00 a 12:00. Cualquier persona puede aprender con la práctica”, señala María Loja, quien tiene más de 30 años de experiencia en el tejido tradicional.

María Alvarado de 50 años es una de sus alumnas. Recibió sus primeras clases hace un año en los talleres que se dan en el Economuseo y quiere perfeccionar la técnica. Ella asiste al curso desde que inició el pasado 8 de marzo. “Ahora vine porque quiero aprender las modas, que es la mezcla de colores y los diseños que se plasman en el tejido del sombrero”, dice Alvarado.

Blanca Guambaña oriunda del Cañar, teje desde los cinco años. Bajo la guía de su abuelo, originario de la parroquia Solano, Guambaña aprendió a confeccionar los sombreros y actualmente hace toda clase de artesanías con la paja toquilla. Sin embargo, lamenta que este oficio no sea valorado a nivel local. “El consumo nos hacen los extranjeros, porque aquí no valoran nuestro trabajo, hace falta que la gente conozca y sepa lo que es estar ahí doblada la espalda, entonces va a a valorar”, señala la artesana, que lleva 52 años en este oficio.

Los cursos que iniciaron el 8 de marzo en el Economuseo concluirán la próxima semana, tras una duración de dos meses. Aprendices y profesionales asisten a las clases que se imparten con el objetivo de mantener vivo este patrimonio.

En el 2018, un total 250 personas participaron en el aprendizaje del tejido de la paja toquilla, ellos se sumaron a los que recibieron esta enseñanza en los tres años anteriores y totalizaron 1.000 nuevos toquilleros, según información proporcionada entonces por Gerardo Machado, director del Economuseo. (F)


DATOS
-Productos. Además del sombrero, las artesanas elaboran abanicos, paneras, muñecas, carteras, alcancías, bisutería y billeteras, entre otros productos.
-Oorganización. En la Regional 6, que abarca las provincias del Azuay, Cañar y Morona Santiago, se registran 28 agrupaciones toquilleras.
-Historia. La confección de sombreros de paja toquilla en el país, data del Período Formativo (3.500 a.C–500 A.C) en las culturas Valdivia y Chorrerra.

La habilidad de los artesanos se pone de manifiesto en sus creaciones

Con la ‘Carludovica Palmata’, mejor conocida como paja toquilla, los artesanos no solo hacen sombreros. Su creatividad y sus hábiles manos les han llevado a innovar y ofrecer productos como paneras, individuales, adornos navideños, muñecas, forros para botellas, pantallas para lámparas, billeteras y la han implementado también en bisutería y zapatos.

Ana Villa de 38 años aprendió a tejer a los 35. Lo hizo motivada por su gusto por las artesanías.

“Aprender a tejer es una gran oportunidad y es cuestión de las personas innovar, porque a la paja no hay que darle un solo sentido hay que ser creativos porque se pueden hacer muchas cosas, no solo el sombrero”, indica Anita mientras cantea la paja para empezar un nuevo tejido. El cante do consiste en dividir cada hebra para igualar el grosor de la paja y lograr un tejido parejo.

Narcisa Cajamarca, de 51 años, define el tejido de la paja como su “sustento”. “Con esto tengo mis ingresos económicos. Mis papás y abuelos nos enseñaron a tejer para poder alimentarnos”, concluye. (F)

Patricia Naula Herembás
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