El turbante, una viva expresión de identidad

Un grupo de modelos, integrantes del Movimiento Afro del Azuay, mostraron con orgullo estas prendas durante un desfile que se desarrolló en el marco del Festival Arte Calle 2019.

Para las mujeres del pueblo afrodescendiente, llevar un turbante es apropiarse de su historia. Nila de Aguiar, líder del Movimiento Afro del Azuay, encabezó el pasado viernes un desfile en el que un grupo de modelos, hombres y mujeres, mostraron con orgullo sus raíces, dejando claro que el colorido y belleza de estas prendas tienen un sello propio más fuerte e imborrable que la estética: la identidad.


Amarrados, recogidos,   retorcidos o anudados, las modelos lucieron los elegantes turbantes en la pasarela que se presentó en el Bar-restaurante ‘Lirón Lirón’, como parte del Festival Arte Calle 2019.


Historia
“En lo contemporáneo, las mujeres afrodescendientes se han apropiado del turbante como un símbolo de lucha dentro de los procesos de reparación de derechos, pero si miramos atrás nos encontraremos con la historia que envuelve esta prenda”, señaló Aguiar.


Recordó que en la época de la esclavitud, las mujeres negras se hacían hermosos peinados y en sus trenzas esbozaban los lugares de concentración o las rutas de escape para los esclavos, entonces, los amos se dieron cuenta y obligaron a las mujeres a cubrir su cabeza.


Pero esto no fue un problema para ellas, con su habilidad y creatividad empezaron a lucir los coloridos turbantes sujetados de distintas formas.


Aguiar señaló además que, al utilizar la tela en su cabeza, se cubren de la mala energía y protegen su cabello. Pero sobre todo, subrayó que al envolver el centro de su mente “los pensamientos surgen más claros y organizados”.


Estilos
La forma de llevar los turbantes puede estar relacionada con el rango de la mujer en la comunidad, con su estado civil o con el evento social. Así, la matriarca suele llevar grandes y amplios tocados que representan el sol, la fuerza y el poder. Mama Yama, líder del Movimiento Afro del Azuay, suele usar turbantes con nudos en la parte superior porque es la matriarca en este colectivo, que se caracteriza por ser guiado por las mujeres.


Las solteras acostumbran llevar turbantes de colores fuertes. “Es para de alguna forma llamar la atención”, señaló Nila de Aguiar. Mientras que las mujeres casadas utilizan estas prendas pero en colores más sobrios o en una combinación de dos tonos.


Como parte de la vestimenta del pueblo afro, estos se utilizan en todo evento: en la casa, para ir al mercado, en bodas, en bautizos, en cumpleaños, en el noviazgo y hasta en funerales.


Los turbantes llegaron al continente americano con la diáspora africana, que fue víctima de venta, tortura y explotación con exceso de trabajo. En la época de la esclavitud, se usaban para esconder semillas y monedas para la supervivencia. Sin embargo, hoy representan la viva expresión de resistencia cultural.


Conocidos también como geles, dukus, musor o doek, según las lenguas africanas, los turbantes pueden llegar a medir hasta ocho metros de largo por 30 centímetros de ancho. “Los más amplios son para fiestas y grandes eventos, los utilizan las matriarcas, aunque en una festividad todas se ponen turbantes más elaborados que en el día a día, que son más pequeños”, indicó Aguiar.


Esta prenda no es de uso exclusivo de las mujeres, también la llevan los hombres, esta costumbre se remonta a las caminatas en los desiertos de África, donde se usaban para cubrir el rostro y la nariz y evitar el ingreso de arena o insectos, y también para protegerse del sol.


El material con el que se  elaboran los turbantes es seda o algodón. “En las noches de frío abriga y en el calor trae frescura, esas son características de la seda o del algodón puro, que además los hace ligeros”, concluyó Aguiar. (F)


Es una prenda que se está nuevamente empoderando en lo que es la diáspora africana”.
Nila de Aguiar

El turbante, una viva expresión de identidad

Para las mujeres del pueblo afrodescendiente, llevar un turbante es apropiarse de su historia. Nila de Aguiar, líder del Movimiento Afro del Azuay, encabezó el pasado viernes un desfile en el que un grupo de modelos, hombres y mujeres, mostraron con orgullo sus raíces, dejando claro que el colorido y belleza de estas prendas tienen un sello propio más fuerte e imborrable que la estética: la identidad.


Amarrados, recogidos,   retorcidos o anudados, las modelos lucieron los elegantes turbantes en la pasarela que se presentó en el Bar-restaurante ‘Lirón Lirón’, como parte del Festival Arte Calle 2019.


Historia
“En lo contemporáneo, las mujeres afrodescendientes se han apropiado del turbante como un símbolo de lucha dentro de los procesos de reparación de derechos, pero si miramos atrás nos encontraremos con la historia que envuelve esta prenda”, señaló Aguiar.


Recordó que en la época de la esclavitud, las mujeres negras se hacían hermosos peinados y en sus trenzas esbozaban los lugares de concentración o las rutas de escape para los esclavos, entonces, los amos se dieron cuenta y obligaron a las mujeres a cubrir su cabeza.


Pero esto no fue un problema para ellas, con su habilidad y creatividad empezaron a lucir los coloridos turbantes sujetados de distintas formas.


Aguiar señaló además que, al utilizar la tela en su cabeza, se cubren de la mala energía y protegen su cabello. Pero sobre todo, subrayó que al envolver el centro de su mente “los pensamientos surgen más claros y organizados”.


Estilos
La forma de llevar los turbantes puede estar relacionada con el rango de la mujer en la comunidad, con su estado civil o con el evento social. Así, la matriarca suele llevar grandes y amplios tocados que representan el sol, la fuerza y el poder. Mama Yama, líder del Movimiento Afro del Azuay, suele usar turbantes con nudos en la parte superior porque es la matriarca en este colectivo, que se caracteriza por ser guiado por las mujeres.


Las solteras acostumbran llevar turbantes de colores fuertes. “Es para de alguna forma llamar la atención”, señaló Nila de Aguiar. Mientras que las mujeres casadas utilizan estas prendas pero en colores más sobrios o en una combinación de dos tonos.


Como parte de la vestimenta del pueblo afro, estos se utilizan en todo evento: en la casa, para ir al mercado, en bodas, en bautizos, en cumpleaños, en el noviazgo y hasta en funerales.


Los turbantes llegaron al continente americano con la diáspora africana, que fue víctima de venta, tortura y explotación con exceso de trabajo. En la época de la esclavitud, se usaban para esconder semillas y monedas para la supervivencia. Sin embargo, hoy representan la viva expresión de resistencia cultural.


Conocidos también como geles, dukus, musor o doek, según las lenguas africanas, los turbantes pueden llegar a medir hasta ocho metros de largo por 30 centímetros de ancho. “Los más amplios son para fiestas y grandes eventos, los utilizan las matriarcas, aunque en una festividad todas se ponen turbantes más elaborados que en el día a día, que son más pequeños”, indicó Aguiar.


Esta prenda no es de uso exclusivo de las mujeres, también la llevan los hombres, esta costumbre se remonta a las caminatas en los desiertos de África, donde se usaban para cubrir el rostro y la nariz y evitar el ingreso de arena o insectos, y también para protegerse del sol.


El material con el que se  elaboran los turbantes es seda o algodón. “En las noches de frío abriga y en el calor trae frescura, esas son características de la seda o del algodón puro, que además los hace ligeros”, concluyó Aguiar. (F)


Es una prenda que se está nuevamente empoderando en lo que es la diáspora africana”.
Nila de Aguiar