Edificaciones en las que el patrimonio es insignia

La Corte Provincial de Justicia del Azuay, el colegio Benigno Malo y la Alcaldía de Cuenca son parte de la denominada ‘Ruta Francesa’, un recorrido que muestra la influencia que existe con el país europeo, en varias de las construcciones de la ciudad, a finales del siglo XIX e inicios del XX.
Patio central de la Corte Provincial de Justicia del Azuay. Está compuesto por una delicada pileta, varios pinos y bancas de madera para el descanso.

El afrancesamiento que tiene Cuenca, en varias de sus edificaciones, es innegable, pero poco reconocido por sus habitantes. Una iniciativa turística bautizó al recorrido de 17 de estos lugares, como la ‘Ruta Francesa’. Tres de ellos están entre los más emblemáticos.


Corte Provincial
La magnitud de esta edificación se impone desde la fachada. Su apariencia de palacio es real porque durante la etapa colonial perteneció al obispo Andrés Quintián y Ponte. Tiempo después, fue la sede de la Universidad de Cuenca y actualmente funciona la Corte Provincial de Justicia del Azuay, ubicada en las calles Mariscal Sucre y Luis Cordero.


Un cuadro gigante del artista cuencano Hernán Illescas adorna una de las paredes de la edificación, con una pintura dedicada a la justicia y a Antonio José de Sucre. En el primer piso se construyó un patio de descanso, con bancas de madera y pinos medianos alrededor de una pileta, que hacen que el visitante se detenga y olvide por un momento la carga funcional de este lugar.


Los tres pisos tienen su encanto, pero desde el tercero se divisa una imagen en la que juegan la contemplación y el vértigo.
La elegancia se desborda en el latón policromado de los cielos rasos importados desde Francia y los vitrales de colores de Bélgica. Esto y más hacen que, no por casualidad, la Corte sea uno de los edificios en los que se concentra la belleza arquitectónica cuencana.


Alcaldía de Cuenca
Su exnombre de ‘Banco del Azuay’ todavía no es ajeno a los habitantes de esta ciudad. Además de que aún se conservan placas de agradecimiento a su fundador Antonio Malo Moscoso, por ser “el impulsor del desarrollo económico de la región”.


Transferido a la Municipalidad, se inauguró el 2 de noviembre de 2002 como la Alcaldía de Cuenca y aunque ahora su función es otra, la riqueza patrimonial sigue vigente en su construcción. Como en el mármol miel y rosa que cubre la fachada, por ejemplo.


El libro ‘Guía de Arquitectura de Cuenca’ habla de “un entablamento circular que sostiene la majestuosa cúpula, resuelta en hormigón armado. Toda una hazaña constructiva para aquella época”.


El arquitecto quiteño Luis Felipe Donoso diseñó este edificio luego de estudiar en Bélgica y adquirir una influencia francesa que lo llevó a crear, la que hoy se considera “una joya arquitectónica” que cada mes expone una muestra de arte en su amplia galería.


Los balcones, los detalles, las descripciones de las placas y otros recursos hacen que los turistas no dejen de entrar y salir para conocer, según lo que les han contado, una de las construcciones insignes del Centro Histórico.


Colegio Benigno Malo
Lo patrimonial se conjuga con el legado histórico del colegio Benigno Malo, también diseñado por el arquitecto Luis Felipe Donoso, a través de una marcada y poderosa influencia renacentista.


Su construcción se realizó íntegramente en ladrillo y es el atractivo de los nuevos habitantes. No hacer una pausa frente a él parece imposible, más cuando se enteran de que su misión siempre estuvo enmarcada en la educación, tomando el primer título de ‘Colegio de la Ciudad’, para más tarde convertirse en “el símbolo de modernidad y progreso en Cuenca”, bajo el nombre de un laureado poeta.


Desde un inicio, su construcción estuvo pensada para las afueras de la ciudad. Hoy, ‘el viejo y peludo’, como lo llaman sus estudiantes, sigue sobre la avenida Solano. (I)

Isabel Aguilar
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Edificaciones en las que el patrimonio es insignia

Patio central de la Corte Provincial de Justicia del Azuay. Está compuesto por una delicada pileta, varios pinos y bancas de madera para el descanso.

El afrancesamiento que tiene Cuenca, en varias de sus edificaciones, es innegable, pero poco reconocido por sus habitantes. Una iniciativa turística bautizó al recorrido de 17 de estos lugares, como la ‘Ruta Francesa’. Tres de ellos están entre los más emblemáticos.


Corte Provincial
La magnitud de esta edificación se impone desde la fachada. Su apariencia de palacio es real porque durante la etapa colonial perteneció al obispo Andrés Quintián y Ponte. Tiempo después, fue la sede de la Universidad de Cuenca y actualmente funciona la Corte Provincial de Justicia del Azuay, ubicada en las calles Mariscal Sucre y Luis Cordero.


Un cuadro gigante del artista cuencano Hernán Illescas adorna una de las paredes de la edificación, con una pintura dedicada a la justicia y a Antonio José de Sucre. En el primer piso se construyó un patio de descanso, con bancas de madera y pinos medianos alrededor de una pileta, que hacen que el visitante se detenga y olvide por un momento la carga funcional de este lugar.


Los tres pisos tienen su encanto, pero desde el tercero se divisa una imagen en la que juegan la contemplación y el vértigo.
La elegancia se desborda en el latón policromado de los cielos rasos importados desde Francia y los vitrales de colores de Bélgica. Esto y más hacen que, no por casualidad, la Corte sea uno de los edificios en los que se concentra la belleza arquitectónica cuencana.


Alcaldía de Cuenca
Su exnombre de ‘Banco del Azuay’ todavía no es ajeno a los habitantes de esta ciudad. Además de que aún se conservan placas de agradecimiento a su fundador Antonio Malo Moscoso, por ser “el impulsor del desarrollo económico de la región”.


Transferido a la Municipalidad, se inauguró el 2 de noviembre de 2002 como la Alcaldía de Cuenca y aunque ahora su función es otra, la riqueza patrimonial sigue vigente en su construcción. Como en el mármol miel y rosa que cubre la fachada, por ejemplo.


El libro ‘Guía de Arquitectura de Cuenca’ habla de “un entablamento circular que sostiene la majestuosa cúpula, resuelta en hormigón armado. Toda una hazaña constructiva para aquella época”.


El arquitecto quiteño Luis Felipe Donoso diseñó este edificio luego de estudiar en Bélgica y adquirir una influencia francesa que lo llevó a crear, la que hoy se considera “una joya arquitectónica” que cada mes expone una muestra de arte en su amplia galería.


Los balcones, los detalles, las descripciones de las placas y otros recursos hacen que los turistas no dejen de entrar y salir para conocer, según lo que les han contado, una de las construcciones insignes del Centro Histórico.


Colegio Benigno Malo
Lo patrimonial se conjuga con el legado histórico del colegio Benigno Malo, también diseñado por el arquitecto Luis Felipe Donoso, a través de una marcada y poderosa influencia renacentista.


Su construcción se realizó íntegramente en ladrillo y es el atractivo de los nuevos habitantes. No hacer una pausa frente a él parece imposible, más cuando se enteran de que su misión siempre estuvo enmarcada en la educación, tomando el primer título de ‘Colegio de la Ciudad’, para más tarde convertirse en “el símbolo de modernidad y progreso en Cuenca”, bajo el nombre de un laureado poeta.


Desde un inicio, su construcción estuvo pensada para las afueras de la ciudad. Hoy, ‘el viejo y peludo’, como lo llaman sus estudiantes, sigue sobre la avenida Solano. (I)

Isabel Aguilar
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