Aquí hablamos bien gara y con mucha cortesía

‘Venga mi bonito, sírvase un cafecito’, es una frase que se escucha con facilidad en cualquier parte de Cuenca, un lenguaje que busca afectividad y cercanía.


 Cuando un cuencano va a otra parte del país se lo reconoce por su particular forma de hablar: su cantado.


Este cantado, a diferencia del que existe en otras partes, es más notable por tener una tendencia a la acentuación esdrújula o doble acentuación, como: Bóníto, que normalmente debería pronunciarse, bonito.


¡Qué gara! Si se repite una y otra vez, se escucha el cantado.


Esta explicación la comparte Oswaldo Encalada, autor del libro La Lengua Morlaca, quien investigó sobre el origen del hablado cuencano y que precisa que esta forma de hablar es un efecto de la influencia cañari.


Para el historiador Eliécer Cárdenas, la forma de hablar “es parte de la identidad de un pueblo” y aseguró que esta es parte del patrimonio vivo de Cuenca.


Encalada explica que parte de este rasgo fonético propio es la ‘s’ sonora que aparece en ciertas condiciones y posiciones de las palabras, como ‘ocioso’ o ‘sucio’.


La relajación de la ‘r’ es común de la sierra, sobre todo al final de las sílabas o después de una ‘t’ o ‘d’.
En cuanto a elementos léxicos, la lengua cuencana es mucho más amplia porque incorpora palabras, las toma o las deforma, como ‘gara’, de garañón o  ‘chendo’, de diciendo.


Hay otras muy propias por la hibridación entre el quichua y el español, como mapanagua: mapa-sucia y agua-agua, una bebida de color turbio.


Hay construcciones con mama y guagua, así como quichuismos como achachay, astaray o atatay.
Pero a todas estas palabras existe otra particularidad: el cuencano tiene un lenguaje afectivo y que busca cercanía, lo que permite entender que se usen palabras con diminutivo, como ‘cafecito’. (I)

Cristina Mora Ríos
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Aquí hablamos bien gara y con mucha cortesía

‘Venga mi bonito, sírvase un cafecito’, es una frase que se escucha con facilidad en cualquier parte de Cuenca, un lenguaje que busca afectividad y cercanía.


 Cuando un cuencano va a otra parte del país se lo reconoce por su particular forma de hablar: su cantado.


Este cantado, a diferencia del que existe en otras partes, es más notable por tener una tendencia a la acentuación esdrújula o doble acentuación, como: Bóníto, que normalmente debería pronunciarse, bonito.


¡Qué gara! Si se repite una y otra vez, se escucha el cantado.


Esta explicación la comparte Oswaldo Encalada, autor del libro La Lengua Morlaca, quien investigó sobre el origen del hablado cuencano y que precisa que esta forma de hablar es un efecto de la influencia cañari.


Para el historiador Eliécer Cárdenas, la forma de hablar “es parte de la identidad de un pueblo” y aseguró que esta es parte del patrimonio vivo de Cuenca.


Encalada explica que parte de este rasgo fonético propio es la ‘s’ sonora que aparece en ciertas condiciones y posiciones de las palabras, como ‘ocioso’ o ‘sucio’.


La relajación de la ‘r’ es común de la sierra, sobre todo al final de las sílabas o después de una ‘t’ o ‘d’.
En cuanto a elementos léxicos, la lengua cuencana es mucho más amplia porque incorpora palabras, las toma o las deforma, como ‘gara’, de garañón o  ‘chendo’, de diciendo.


Hay otras muy propias por la hibridación entre el quichua y el español, como mapanagua: mapa-sucia y agua-agua, una bebida de color turbio.


Hay construcciones con mama y guagua, así como quichuismos como achachay, astaray o atatay.
Pero a todas estas palabras existe otra particularidad: el cuencano tiene un lenguaje afectivo y que busca cercanía, lo que permite entender que se usen palabras con diminutivo, como ‘cafecito’. (I)

Cristina Mora Ríos
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