Colección Crespi, entre la reserva y el patrimonio

Varios de los objetos que pertenecieron al religioso italiano Carlos Crespi, incluyendo su preciada cámara fotográfica.
FOTO: Miguel Arévalo EL TIEMPO

De esos personajes históricos que no se borran fácilmente del imaginario colectivo, quizá por aquello del cariño y el agradecimiento, fue Carlos Crespi Croci, un religioso italiano, miembro de la Sociedad Salesiana de San Juan Bosco, radicado en Cuenca. Aunque su afinidad con los cuencanos fue tan grande, que la mayoría lo reconoce como un ciudadano más.

Para las generaciones que lo recuerdan por su labor misionera de casi seis décadas en el Ecuador, y hasta para los investigadores del mundo entero, visitar varias de sus pertenencias resulta una experiencia de la que todos quieren ser parte. El custodio de estos objetos en la ciudad, es el museo Pumapungo, en donde se recibió esta colección en dos momentos puntuales.

El primero, indica Tamara Landívar, coordinadora zonal 6 del Ministerio de Cultura y Patrimonio, fue en la década de los 80, momento en el que se reciben objetos de arte y etnográficos de Crespi y que hoy, forman parte de una colección que fue previamente valorada y catalogada como parte del patrimonio cultural nacional. Estas piezas están registradas como contemporáneas, dice Marcos Sempértegui, uno de los curadores del museo. Ollas, metales, huesos, entre otros objetos ornamentales cuidadosamente decorados, se encuentran en uno de los espacios del Pumapungo.

En otro de los rincones del lugar está la “Reserva Etnográfica” que alberga alrededor de 10.000 bienes, de los cuales, cerca de 200 eran del Padre Crespi, como lo llamaban cariñosamente sus amigos y seguidores, y como quedaría grabado en la historia. En este espacio en el que el visitante se autosugestiona a estar casi inmóvil, al saber que todas estas piezas están valoradas en una suma aproximada de ocho millones de dólares, reposa uno de los bienes más preciados para el religioso, su cámara de fotos. Un delicado objeto de madera que, Marcos Sempértegui lo abre con absoluto cuidado. Preciado, cuentan los libros, porque Crespi fue un indiscutible apasionado del cine y otras artes.

Procesos
Landívar señala que para acceder a estas colecciones, se debe realizar una solicitud previa, en la que conste la fecha, hora y finalidad de la visita, pues se trata de áreas restringidas en las que solo se puede ingresar bajo autorización y con la debida seguridad. “Es un protocolo necesario por la característica y naturaleza de la colección, pero no son espacios inaccesibles para el público ni existe ningún halo de misterio sobre ellos. Más bien, uno de los objetivos es socializar las reservas y difundirlas, pues durante el año recibimos varias visitas de estudiantes, investigadores y otras personas interesadas en ellas”, aclara Sempértegui. Y la aclaración es válida, porque según los registros del museo, se reciben entre 3 o 4 personas por mes, con el interés de visitar la Colección Crespi.

Pero la mayoría de investigadores, informa Diego Matute, curador encargado de estos objetos, muestran un especial interés por la “polémica” reserva arqueológica del religioso. Se trata de una reunión de piezas que no están abiertas al público en general sino únicamente a los investigadores, porque todavía no han sido catalogadas ni registradas, y se encuentran a la espera de procesos técnicos, curatoriales y de conservación.

El Padre Crespi, según la historia, fue uno de los primeros estudiosos de la Cueva de los Tayos, lo que ha hecho que alrededor de estos objetos arqueológicos se manejen un sinnúmero de teorías e hipótesis, debido a su curiosa simbología. “El Pumapungo no guarda las placas de oro de las que tanto se habla. Nosotros mostramos estos objetos a los investigadores y cada quien es libre de sacar sus propias conclusiones”, sostiene Matute. (F)

DATOS
-Protocolo. Las personas interesadas en visitar la Colección Crespi, deben presentar una solicitud previa.
-Reserva. En el antiguo colegio Rafael Borja se encuentra la reserva arqueológica del Padre Crespi.
-Seguridad. Los visitantes que quieran ver la colección deberán respetar los protocolos de seguridad a los que se encuentran sujetos los objetos.

Isabel Aguilar
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Colección Crespi, entre la reserva y el patrimonio

Varios de los objetos que pertenecieron al religioso italiano Carlos Crespi, incluyendo su preciada cámara fotográfica.
FOTO: Miguel Arévalo EL TIEMPO

De esos personajes históricos que no se borran fácilmente del imaginario colectivo, quizá por aquello del cariño y el agradecimiento, fue Carlos Crespi Croci, un religioso italiano, miembro de la Sociedad Salesiana de San Juan Bosco, radicado en Cuenca. Aunque su afinidad con los cuencanos fue tan grande, que la mayoría lo reconoce como un ciudadano más.

Para las generaciones que lo recuerdan por su labor misionera de casi seis décadas en el Ecuador, y hasta para los investigadores del mundo entero, visitar varias de sus pertenencias resulta una experiencia de la que todos quieren ser parte. El custodio de estos objetos en la ciudad, es el museo Pumapungo, en donde se recibió esta colección en dos momentos puntuales.

El primero, indica Tamara Landívar, coordinadora zonal 6 del Ministerio de Cultura y Patrimonio, fue en la década de los 80, momento en el que se reciben objetos de arte y etnográficos de Crespi y que hoy, forman parte de una colección que fue previamente valorada y catalogada como parte del patrimonio cultural nacional. Estas piezas están registradas como contemporáneas, dice Marcos Sempértegui, uno de los curadores del museo. Ollas, metales, huesos, entre otros objetos ornamentales cuidadosamente decorados, se encuentran en uno de los espacios del Pumapungo.

En otro de los rincones del lugar está la “Reserva Etnográfica” que alberga alrededor de 10.000 bienes, de los cuales, cerca de 200 eran del Padre Crespi, como lo llamaban cariñosamente sus amigos y seguidores, y como quedaría grabado en la historia. En este espacio en el que el visitante se autosugestiona a estar casi inmóvil, al saber que todas estas piezas están valoradas en una suma aproximada de ocho millones de dólares, reposa uno de los bienes más preciados para el religioso, su cámara de fotos. Un delicado objeto de madera que, Marcos Sempértegui lo abre con absoluto cuidado. Preciado, cuentan los libros, porque Crespi fue un indiscutible apasionado del cine y otras artes.

Procesos
Landívar señala que para acceder a estas colecciones, se debe realizar una solicitud previa, en la que conste la fecha, hora y finalidad de la visita, pues se trata de áreas restringidas en las que solo se puede ingresar bajo autorización y con la debida seguridad. “Es un protocolo necesario por la característica y naturaleza de la colección, pero no son espacios inaccesibles para el público ni existe ningún halo de misterio sobre ellos. Más bien, uno de los objetivos es socializar las reservas y difundirlas, pues durante el año recibimos varias visitas de estudiantes, investigadores y otras personas interesadas en ellas”, aclara Sempértegui. Y la aclaración es válida, porque según los registros del museo, se reciben entre 3 o 4 personas por mes, con el interés de visitar la Colección Crespi.

Pero la mayoría de investigadores, informa Diego Matute, curador encargado de estos objetos, muestran un especial interés por la “polémica” reserva arqueológica del religioso. Se trata de una reunión de piezas que no están abiertas al público en general sino únicamente a los investigadores, porque todavía no han sido catalogadas ni registradas, y se encuentran a la espera de procesos técnicos, curatoriales y de conservación.

El Padre Crespi, según la historia, fue uno de los primeros estudiosos de la Cueva de los Tayos, lo que ha hecho que alrededor de estos objetos arqueológicos se manejen un sinnúmero de teorías e hipótesis, debido a su curiosa simbología. “El Pumapungo no guarda las placas de oro de las que tanto se habla. Nosotros mostramos estos objetos a los investigadores y cada quien es libre de sacar sus propias conclusiones”, sostiene Matute. (F)

DATOS
-Protocolo. Las personas interesadas en visitar la Colección Crespi, deben presentar una solicitud previa.
-Reserva. En el antiguo colegio Rafael Borja se encuentra la reserva arqueológica del Padre Crespi.
-Seguridad. Los visitantes que quieran ver la colección deberán respetar los protocolos de seguridad a los que se encuentran sujetos los objetos.

Isabel Aguilar
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