Cinco generaciones dedicadas al tejido de las macanas

Sergio Ulloa teje acompañado de su hija Nayeli y de su esposa, Yolanda Vera, en su vivienda en el sector de Bullcay.

La familia del artesano Sergio Ulloa labora en su vivienda ubicada en el sector de Bullcay, en el cantón Gualaceo. En telar de cintura teje las finas macanas, una prenda característica de la chola cuencana.

El tejido con la técnica del ikat es un legado en la familia de Sergio Ulloa, quien forma parte de la quinta generación de artesanos que se dedica a este oficio. Recuerda que esta sabiduría se remonta a Felipa Rodas, quien falleció a los 106 años y aprendió este arte de sus padres.

En su vivienda ubicada en el sector de Bullcay, en el cantón Gualaceo, don Sergio trabaja día a día en un telar de cintura para tejer los finos paños conocidos como macanas, una prenda característica de la indumentaria de la chola cuencana.

El artesano de 55 años labora junto a su esposa Yolanda Vera, quien se encarga del teñido y amarrado de los hilos para hacer los diferentes diseños, mientras su hija Nayeli se dedica al urdido de la lana.

“Cada artesano tiene su estilo. Yo no soy muy tradicional, mi fuerte es hacer tejidos coloridos, combinar tonos a veces un poco chillones, pero a la gente le gusta”, asegura Vera, mientras explica detalladamente el proceso de tejido de una macana que toma hasta tres días.

El primer paso es el ikat o teñido de los hilos que determina el diseño de la prenda. Actualmente se hace con hilo de algodón pero en la antigüedad se usaba la lana de oveja.

Para el tinte, Vera utiliza pigmentos naturales que aún emplean en gran medida los tejedores de los poblados de Bullcay, San Pedro de Los Olivos y Bulzhún, que forman parte de la Ruta Artesanal de las Macanas en Gualaceo.

Entre los más conocidos constan los colores obtenidos del nogal, cochinilla, bugambilla, ñachac, la col, la grilla, cebolla, remolacha, entre otros.

Después de dar el color base se procede a amarrar los hilos que son colocados en el urdidor. Se ata con soga plástica las partes donde no se desea que se impregne el tinte y se introducen los hilos en agua caliente con los tintes. Luego se los pone a secar, se retira las sogas y se procede al tejido.

Según los artesanos, el proceso de teñido se puede repetir tantas veces de acuerdo con la cantidad de colores que se desee.

Utilizando esta técnica, la familia de Ulloa teje diversidad de prendas como chales, bufandas, ponchos, que los entregan en Maki, una galería artesanal en Cuenca. Los meses de mayor demanda van entre septiembre y diciembre.

Herencia
Sergio Ulloa valora el trabajo que heredó de sus progenitores Arcadio (+) y Zoila Rodas, quien a su vez aprendió de sus padres Dolores Rodas y Miguel Torres (+), que sucedieron en este arte a doña Felipa Rodas (+), descendiente de una familia de artesanos de Bullcay.

El artesano cuenta orgulloso el trabajo que se ha transmitido por generaciones en su familia. Recuerda que su madre fue la encargada de tejer la mitra (gorro alto terminado en punta) para el papa Juan Pablo II cuando visitó Cuenca en 1985 y ese mismo año el CIDAP la invitó a viajar a Alemania durante un mes para enseñar la técnica del ikat, un término de origen malayo que significa anudar o amarrar.

Don Sergio sigue la tradición y les enseña a sus cuatro hijos esta técnica, que según datos del Instituto Nacional de Patrimonio Cultural, INPC, se trabajaba desde épocas anteriores a la Conquista.

Según algunos investigadores, el paño ikat es un claro ejemplo de simbiosis entre lo español y lo indígena. En la Colonia, se desarrolló con fuerza, debido a su utilización de los rebozos que debían identificar, con otros elementos de la vestimenta, a la mujer mestiza o chola. (F)

Cinco generaciones dedicadas al tejido de las macanas

Sergio Ulloa teje acompañado de su hija Nayeli y de su esposa, Yolanda Vera, en su vivienda en el sector de Bullcay.

La familia del artesano Sergio Ulloa labora en su vivienda ubicada en el sector de Bullcay, en el cantón Gualaceo. En telar de cintura teje las finas macanas, una prenda característica de la chola cuencana.

El tejido con la técnica del ikat es un legado en la familia de Sergio Ulloa, quien forma parte de la quinta generación de artesanos que se dedica a este oficio. Recuerda que esta sabiduría se remonta a Felipa Rodas, quien falleció a los 106 años y aprendió este arte de sus padres.

En su vivienda ubicada en el sector de Bullcay, en el cantón Gualaceo, don Sergio trabaja día a día en un telar de cintura para tejer los finos paños conocidos como macanas, una prenda característica de la indumentaria de la chola cuencana.

El artesano de 55 años labora junto a su esposa Yolanda Vera, quien se encarga del teñido y amarrado de los hilos para hacer los diferentes diseños, mientras su hija Nayeli se dedica al urdido de la lana.

“Cada artesano tiene su estilo. Yo no soy muy tradicional, mi fuerte es hacer tejidos coloridos, combinar tonos a veces un poco chillones, pero a la gente le gusta”, asegura Vera, mientras explica detalladamente el proceso de tejido de una macana que toma hasta tres días.

El primer paso es el ikat o teñido de los hilos que determina el diseño de la prenda. Actualmente se hace con hilo de algodón pero en la antigüedad se usaba la lana de oveja.

Para el tinte, Vera utiliza pigmentos naturales que aún emplean en gran medida los tejedores de los poblados de Bullcay, San Pedro de Los Olivos y Bulzhún, que forman parte de la Ruta Artesanal de las Macanas en Gualaceo.

Entre los más conocidos constan los colores obtenidos del nogal, cochinilla, bugambilla, ñachac, la col, la grilla, cebolla, remolacha, entre otros.

Después de dar el color base se procede a amarrar los hilos que son colocados en el urdidor. Se ata con soga plástica las partes donde no se desea que se impregne el tinte y se introducen los hilos en agua caliente con los tintes. Luego se los pone a secar, se retira las sogas y se procede al tejido.

Según los artesanos, el proceso de teñido se puede repetir tantas veces de acuerdo con la cantidad de colores que se desee.

Utilizando esta técnica, la familia de Ulloa teje diversidad de prendas como chales, bufandas, ponchos, que los entregan en Maki, una galería artesanal en Cuenca. Los meses de mayor demanda van entre septiembre y diciembre.

Herencia
Sergio Ulloa valora el trabajo que heredó de sus progenitores Arcadio (+) y Zoila Rodas, quien a su vez aprendió de sus padres Dolores Rodas y Miguel Torres (+), que sucedieron en este arte a doña Felipa Rodas (+), descendiente de una familia de artesanos de Bullcay.

El artesano cuenta orgulloso el trabajo que se ha transmitido por generaciones en su familia. Recuerda que su madre fue la encargada de tejer la mitra (gorro alto terminado en punta) para el papa Juan Pablo II cuando visitó Cuenca en 1985 y ese mismo año el CIDAP la invitó a viajar a Alemania durante un mes para enseñar la técnica del ikat, un término de origen malayo que significa anudar o amarrar.

Don Sergio sigue la tradición y les enseña a sus cuatro hijos esta técnica, que según datos del Instituto Nacional de Patrimonio Cultural, INPC, se trabajaba desde épocas anteriores a la Conquista.

Según algunos investigadores, el paño ikat es un claro ejemplo de simbiosis entre lo español y lo indígena. En la Colonia, se desarrolló con fuerza, debido a su utilización de los rebozos que debían identificar, con otros elementos de la vestimenta, a la mujer mestiza o chola. (F)