Cestería, una opción para sustituir las bolsas plásticas

Con fibras vegetales como carrizo, duda, paja toquilla, totora y suro, las artesanas elaboran diversidad de objetos. Entre ellos se destaca la cestería, que se plantea como una alternativa que reemplace al plástico de un solo uso.


En este contexto, 100 hombres y mujeres de las comunidades Marcoloma de Paute, Bacpancel de Gualaceo, San Juan y San José de Barabón, Sígsig y de parroquias urbanas y rurales del cantón Cuenca participaron en el Taller de capacitación ‘Diseño  & Innovación para el sector Artesanal de Cestería’.


El resultado fue expuesto en la Casa de la Provincia la mañana del martes. Canastos de todos los tamaños, algunos implementados con ruedas; bolsos para las compras y carteras fusionadas con macana fueron algunos de los objetos que se exhibieron y se comercializaron.


La capacitación -a cargo de la Dirección  de Desarrollo Económico- en el marco del proyecto de emprendimientos de los sectores de la economía y recuperación de costumbres ancestrales, se llevó a cabo entre octubre y noviembre y permitió además un intercambio de saberes.


El prefecto del Azuay, Yaku Pérez, hizo un llamado a apreciar este trabajo “heredado de nuestros abuelos, fruto de miles de años de conocimientos” y que “es más valorado fuera del país”.


Ahora que se habla de utilizar en menor proporción las bolsas plásticas, la artesana María Teresa Zhinín manifestó que se debe volver al canasto de fabricación artesanal que no contamina y al cumplir su vida útil sirve como abono, al contrario del plástico que demora cientos de años en descomponerse.


Uno de los objetivos es recuperar las tradiciones. Aún hay quienes utilizan las canastas recordando cómo sus madres y abuelas las llevaban para hacer las compras en el mercado.


Liliana Loyola rememora que hace unos 20 años se utilizaba la canasta pero el plástico fue cambiando esta costumbre.
Sin embargo, los artesanos preservan este oficio que ha ido evolucionando e innovándose y ahora fabrican también lámparas, cestas para ropa, bolsos, muebles, adornos y bisutería, entre otros objetos.


Los precios varían de acuerdo al material con el que se confeccionan, al tamaño y la complejidad de los diseños.


Ingresos económicos
María Mercedes Loja, presidenta de la Asociación de Toquilleras ‘María Auxiliadora’ del cantón Sígsig resaltó la creatividad del oficio. “Siempre estamos inventando nuevos diseños, lo que el cliente pida nosotros hacemos”.
Inmersa en este oficio desde los siete años, enfatizó que la labor artesanal es una de las principales fuentes de ingresos económicos de las comunidades rurales de la provincia del Azuay.


“Aportamos con este  trabajo a nuestros hogares como madres, esposas, hijas, para obtener dinero. En el Sígsig vivimos de las artesanías”, indicó.


La Asociación de Toquilleras ‘María Auxiliadora’ que tiene 30 años de historia y cuenta con 169 socias. Han exportado sus productos a países como Estados Unidos, China, Inglaterra, Brasil, México y Panamá, entre otros.
El valor de estos productos se debe, no solo a las técnicas ancestrales transmitidas por generaciones, sino a que se hacen  con fibras que creen, terminan su uso y se descomponen sin causar contaminación. (F)

Cestería, una opción para sustituir las bolsas plásticas

Con fibras vegetales como carrizo, duda, paja toquilla, totora y suro, las artesanas elaboran diversidad de objetos. Entre ellos se destaca la cestería, que se plantea como una alternativa que reemplace al plástico de un solo uso.


En este contexto, 100 hombres y mujeres de las comunidades Marcoloma de Paute, Bacpancel de Gualaceo, San Juan y San José de Barabón, Sígsig y de parroquias urbanas y rurales del cantón Cuenca participaron en el Taller de capacitación ‘Diseño  & Innovación para el sector Artesanal de Cestería’.


El resultado fue expuesto en la Casa de la Provincia la mañana del martes. Canastos de todos los tamaños, algunos implementados con ruedas; bolsos para las compras y carteras fusionadas con macana fueron algunos de los objetos que se exhibieron y se comercializaron.


La capacitación -a cargo de la Dirección  de Desarrollo Económico- en el marco del proyecto de emprendimientos de los sectores de la economía y recuperación de costumbres ancestrales, se llevó a cabo entre octubre y noviembre y permitió además un intercambio de saberes.


El prefecto del Azuay, Yaku Pérez, hizo un llamado a apreciar este trabajo “heredado de nuestros abuelos, fruto de miles de años de conocimientos” y que “es más valorado fuera del país”.


Ahora que se habla de utilizar en menor proporción las bolsas plásticas, la artesana María Teresa Zhinín manifestó que se debe volver al canasto de fabricación artesanal que no contamina y al cumplir su vida útil sirve como abono, al contrario del plástico que demora cientos de años en descomponerse.


Uno de los objetivos es recuperar las tradiciones. Aún hay quienes utilizan las canastas recordando cómo sus madres y abuelas las llevaban para hacer las compras en el mercado.


Liliana Loyola rememora que hace unos 20 años se utilizaba la canasta pero el plástico fue cambiando esta costumbre.
Sin embargo, los artesanos preservan este oficio que ha ido evolucionando e innovándose y ahora fabrican también lámparas, cestas para ropa, bolsos, muebles, adornos y bisutería, entre otros objetos.


Los precios varían de acuerdo al material con el que se confeccionan, al tamaño y la complejidad de los diseños.


Ingresos económicos
María Mercedes Loja, presidenta de la Asociación de Toquilleras ‘María Auxiliadora’ del cantón Sígsig resaltó la creatividad del oficio. “Siempre estamos inventando nuevos diseños, lo que el cliente pida nosotros hacemos”.
Inmersa en este oficio desde los siete años, enfatizó que la labor artesanal es una de las principales fuentes de ingresos económicos de las comunidades rurales de la provincia del Azuay.


“Aportamos con este  trabajo a nuestros hogares como madres, esposas, hijas, para obtener dinero. En el Sígsig vivimos de las artesanías”, indicó.


La Asociación de Toquilleras ‘María Auxiliadora’ que tiene 30 años de historia y cuenta con 169 socias. Han exportado sus productos a países como Estados Unidos, China, Inglaterra, Brasil, México y Panamá, entre otros.
El valor de estos productos se debe, no solo a las técnicas ancestrales transmitidas por generaciones, sino a que se hacen  con fibras que creen, terminan su uso y se descomponen sin causar contaminación. (F)