Cargar al bebé forma a un niño sano en lo emocional

María Chillogallo, comerciante de la plaza San Francisco, le coloca el bebé en la chalina a Alexandra Sánchez.
FOTO: Diego Cáceres EL TIEMPO

En el mundo andino es común ver a mujeres llevar a su guagua cargada, en una chalina, en la espalda. Esta costumbre se ha heredado de generación en generación y con ella se defiende el hecho de que la madre y el niño mantienen una conexión espiritual. El calor humano le da seguridad al bebé.

Los avances de la medicina logran sorprendernos cada día. Y es que según un estudio realizado por el antropólogo español Carlos Beorlegui, y plasmado en el libro ‘La singularidad de la especie humana’ (2011), el ser humano llega al mundo de forma prematura.

El mismo investigador indica que para alcanzar las características de otras especies que le permitieran valerse por sí mismo y sobrevivir aún en condiciones adversas, debería permanecer en el vientre materno nueve meses más. Añade que de allí surge la necesidad del bebé de estar cerca de la madre.

Numerosos estudios han demostrado que cargar a un bebé fortalece su autoestima, potencia su desarrollo neuronal, impulsa su independencia y seguridad y promueve un óptimo desarrollo físico y psicológico.

Y es que en el mundo andino es común ver a mujeres cargando a su bebé en la espalda. Envuelta en un paño o chalina, la guagua acompaña en todo momento a su progenitora, mientras esta realiza las actividades diarias en el campo.

Es el caso de María Criollo, de 35 años, oriunda de Nabón. Ella trabaja como comerciante en la zona del mercado Nueve de Octubre. Tiene cuatro hijas; a la última, de cinco meses y medio, la lleva cargada en su espalda porque “así puedo trabajar tranquila y la guagua está conmigo en todo momento”.

El paño o la chalina son largos y anchos al punto que las madres pueden asegurar al bebé.

Al igual que lo hacía su mamá, doña María coloca a su hija en una chalina o rebozo, se inclina hacia delante y con la ayuda de su hija mayor se la acomoda en la espalda, “bien asegurada para que no se caiga”. Ata dos nudos fuertes a la altura del pecho y se cerciora que el asiento de la bebé esté cubierto por la tela gruesa. Le toma un minuto hacerlo, ya tiene práctica; así ha transportado también a sus tres hijas. La niña pesa alrededor de 15 libras, pero la mamá está acostumbrada a cargar pesos incluso mayores.

En la cultura andina se cree que la madre y el hijo deben mantener esa conexión espiritual que nace desde el vientre materno. “Eso le da seguridad a mi bebé y se mantiene calientito”, asegura la mujer que lo ve como una extensión de sí misma.

Aunque no solo en la espalda se pueden colocar a los niños. Samantha Ordóñez confiesa que cargó a sus hijos “al frente, hasta que pude”.

Mientras preparaba la comida les hacía oler los diferentes vegetales para que se acostumbren con los alimentos. A su último hijo lo llevó en un canguro. “Disfruté mucho, fue fantástico haberlo hecho; ahora miden 1,80 metros, tengo que ponerme de puntillas para robarles un beso”, sostiene.

Juana Moscoso, de Saraguro, lleva a su bebé cargado en la espalda, como lo hacía su madre.

Los beneficios de aplicar esta técnica son varios, tanto para la madre como para el bebé. Así lo asegura la pediatra Mónica Astudillo, quien defiende que los cólicos disminuyen porque “al ir vientre con vientre en una posición vertical, ayuda al sistema digestivo que aun es inmaduro”.

La doctora sostiene que no hace falta un “manual de porteo” porque “lo tenemos dentro de nosotros: nuestro instinto”.

Pedro Jiménez, médico traumatólogo, recomienda a las madres no excederse en el tiempo con el bebé cargado, “conforme el bebé gana peso y movilidad puede ser perjudicial para la madre”.

“Yo cargué a mi bebé en un canguro, en el pecho. No me pesaba”, destaca Elsa Mera, de 37 años. Indica emocionada que necesita estar cerca de él, sentir su respiración, darle calor: “el niño está en paz, reconoce el latido del corazón de su madre y eso le tranquiliza”.

Admira a las mujeres que pueden trabajar y a la vez cargar a sus bebés en la espalda, “ese niño será capaz de descubrir el mundo de una forma segura y “maravillarse de la fortaleza física y espiritual de su progenitora”.

Portear a la espalda no depende tanto de la edad del bebé como de la necesidad y ganas de la que portea. No hay una regla estricta, “pero si la guagua es muy pequeña es mejor dejarla en la cama para que se pueda mover con facilidad”, afirma la técnica ancestral Julia Guamán. También les enseñó a sus hijas cómo colocar al bebé en la chalina. (F)

Mihaela Ionela Badin
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Cargar al bebé forma a un niño sano en lo emocional

María Chillogallo, comerciante de la plaza San Francisco, le coloca el bebé en la chalina a Alexandra Sánchez.
FOTO: Diego Cáceres EL TIEMPO

En el mundo andino es común ver a mujeres llevar a su guagua cargada, en una chalina, en la espalda. Esta costumbre se ha heredado de generación en generación y con ella se defiende el hecho de que la madre y el niño mantienen una conexión espiritual. El calor humano le da seguridad al bebé.

Los avances de la medicina logran sorprendernos cada día. Y es que según un estudio realizado por el antropólogo español Carlos Beorlegui, y plasmado en el libro ‘La singularidad de la especie humana’ (2011), el ser humano llega al mundo de forma prematura.

El mismo investigador indica que para alcanzar las características de otras especies que le permitieran valerse por sí mismo y sobrevivir aún en condiciones adversas, debería permanecer en el vientre materno nueve meses más. Añade que de allí surge la necesidad del bebé de estar cerca de la madre.

Numerosos estudios han demostrado que cargar a un bebé fortalece su autoestima, potencia su desarrollo neuronal, impulsa su independencia y seguridad y promueve un óptimo desarrollo físico y psicológico.

Y es que en el mundo andino es común ver a mujeres cargando a su bebé en la espalda. Envuelta en un paño o chalina, la guagua acompaña en todo momento a su progenitora, mientras esta realiza las actividades diarias en el campo.

Es el caso de María Criollo, de 35 años, oriunda de Nabón. Ella trabaja como comerciante en la zona del mercado Nueve de Octubre. Tiene cuatro hijas; a la última, de cinco meses y medio, la lleva cargada en su espalda porque “así puedo trabajar tranquila y la guagua está conmigo en todo momento”.

El paño o la chalina son largos y anchos al punto que las madres pueden asegurar al bebé.

Al igual que lo hacía su mamá, doña María coloca a su hija en una chalina o rebozo, se inclina hacia delante y con la ayuda de su hija mayor se la acomoda en la espalda, “bien asegurada para que no se caiga”. Ata dos nudos fuertes a la altura del pecho y se cerciora que el asiento de la bebé esté cubierto por la tela gruesa. Le toma un minuto hacerlo, ya tiene práctica; así ha transportado también a sus tres hijas. La niña pesa alrededor de 15 libras, pero la mamá está acostumbrada a cargar pesos incluso mayores.

En la cultura andina se cree que la madre y el hijo deben mantener esa conexión espiritual que nace desde el vientre materno. “Eso le da seguridad a mi bebé y se mantiene calientito”, asegura la mujer que lo ve como una extensión de sí misma.

Aunque no solo en la espalda se pueden colocar a los niños. Samantha Ordóñez confiesa que cargó a sus hijos “al frente, hasta que pude”.

Mientras preparaba la comida les hacía oler los diferentes vegetales para que se acostumbren con los alimentos. A su último hijo lo llevó en un canguro. “Disfruté mucho, fue fantástico haberlo hecho; ahora miden 1,80 metros, tengo que ponerme de puntillas para robarles un beso”, sostiene.

Juana Moscoso, de Saraguro, lleva a su bebé cargado en la espalda, como lo hacía su madre.

Los beneficios de aplicar esta técnica son varios, tanto para la madre como para el bebé. Así lo asegura la pediatra Mónica Astudillo, quien defiende que los cólicos disminuyen porque “al ir vientre con vientre en una posición vertical, ayuda al sistema digestivo que aun es inmaduro”.

La doctora sostiene que no hace falta un “manual de porteo” porque “lo tenemos dentro de nosotros: nuestro instinto”.

Pedro Jiménez, médico traumatólogo, recomienda a las madres no excederse en el tiempo con el bebé cargado, “conforme el bebé gana peso y movilidad puede ser perjudicial para la madre”.

“Yo cargué a mi bebé en un canguro, en el pecho. No me pesaba”, destaca Elsa Mera, de 37 años. Indica emocionada que necesita estar cerca de él, sentir su respiración, darle calor: “el niño está en paz, reconoce el latido del corazón de su madre y eso le tranquiliza”.

Admira a las mujeres que pueden trabajar y a la vez cargar a sus bebés en la espalda, “ese niño será capaz de descubrir el mundo de una forma segura y “maravillarse de la fortaleza física y espiritual de su progenitora”.

Portear a la espalda no depende tanto de la edad del bebé como de la necesidad y ganas de la que portea. No hay una regla estricta, “pero si la guagua es muy pequeña es mejor dejarla en la cama para que se pueda mover con facilidad”, afirma la técnica ancestral Julia Guamán. También les enseñó a sus hijas cómo colocar al bebé en la chalina. (F)

Mihaela Ionela Badin
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