El bordado de Zuleta traspasa generaciones

En esa comunidad, ubicada en el suroriente de la provincia de Imbabura, se conserva la tradición del bordado a mano. Para enseñar las técnicas de este oficio, Teresa Casa Ponce dictó un taller en Cuenca.
Teresa Casa Ponce, oriunda de la comuna Zuleta, enseña sus productos bordados a mano.
FOTO: Patricia Naula EL TIEMPO

A sus siete años, Teresa Casa Ponce aprendió el bordado a mano. En su natal Zuleta, provincia de Imbabura, las hábiles manos de las mujeres mantienen viva esta expresión artesanal. Hoy, a sus 59 años, Teresa se ha fijado el propósito de transmitir a las nuevas generaciones sus conocimientos, en reciprocidad por todo lo que el bordado le ha dado al “ser el sustento de la familia por generaciones”.

La artesana visitó Cuenca la semana pasada para impartir talleres y enseñar técnicas basadas en su experiencia de 35 años de trabajo. Escoger los mejores materiales para un trabajo de calidad, ejecutar finos acabados, decorar con llamativos diseños las prendas de vestir y hacer piezas decorativas para el hogar, fueron parte del curso.

“Me he fijado el compromiso de hacer algo para que esta tradición que llevo en la sangre no desaparezca, por ello desde hace cuatro años y, con la ayuda de mi hija Laura, surgió la idea de impartir los talleres”, señaló Teresa, quien pertenece a la tercera generación de bordadoras en su familia.

zuleta bordados

En los cursos que dictó entre los días jueves y domingo, compartió sus saberes con 20 aprendices. “Son mujeres muy hábiles”, subrayó la artesana, quien dice no tener recelo de enseñar.

Procedimiento
Para empezar, Teresa dibuja en la tela el diseño. “Las agujas son la herramienta básica, tienen que ser niqueladas y de ojo dorado”, explica. Sin embargo, la particularidad en el bordado de Zuleta es que no se utiliza el tambor sino un cojín. “Esto hace que la tela se eleve y permite adoptar una posición más saludable, porque hay trabajos que requieren de horas”, enfatiza.

Para tensar la tela en el cojín se utiliza una aguja que se la llama ‘prendedora’ y cumple las funciones de tambor. “Desde la aguja, hasta el tamaño de la hebra que se usa debe ser el correcto para evitar mechas o nudos”, indica.

Fernanda Méndez, una de sus alumnas y estudiante de Diseño Textil de la Universidad del Azuay, UDA, ha propuesto como proyecto de tesis las innovaciones en el bordado de Zuleta.

“El objetivo es darles nuevas opciones a las artesanas”, explica la joven, quien ha elaborado muestrarios con bordados que incluyen tul, pedrería, lentejuelas y hasta alambre.

Hace cuatro años, Teresa junto a su hija emprendieron un negocio bajo la marca ‘Catelina’, en el que han empleado a más de 70 mujeres de Zuleta y sus alrededores.

zuleta bordados

Ellas bordan prendas de vestir, manteles, paneras y caminos de mesa, entre otros artículos, aunque Teresa resalta que uno de los trabajos más gratos fue hacer la casulla para el papa Francisco y el mantel para la misa que celebró el Pontífice en el parque Bicenterario en el 2015 en Quito.

“En primera instancia yo había dicho que no podía hacer la casulla porque no me daba el tiempo, pero mis hermanas me ayudaron, organizaron grupos de trabajo en mi familia y bordamos entre 31 personas, todos querían hacer aunque sea una puntadita”, recuerda emocionada Teresa.

El bordado de Zuleta está incluido entre los mejores de Iberoamérica, lo que le significó a Teresa una mención en el texto ‘Grandes Maestros del Arte Popular de Iberoamérica’. (F)

zuleta bordados

La innovación como parte esencial para mantener la tradición

Aunque en un inicio la mantelería fue lo que más se hacía en el bordado de Zuleta, actualmente se han implementado productos de bisutería, pulseras, monederos y zapatos.

“Cuando las mujeres empezaron a ponerse blusas bordadas en computadora yo sufrí el impacto, yo pensé que hasta ahí llegó el bordado a mano”, recuerda Teresa Casa Ponce, sin embargo, destaca el valor que la gente le da al trabajo artesanal.

Las temporadas altas para el trabajo son los meses de junio-julio y noviembre-diciembre. Los primeros, debido a que es época de vacaciones en la Sierra y los extranjeros llevan obsequios a sus familiares cuando viajan a sus países de origen. Y en fin de año, se vende los productos, sobre todo, en la época de Navidad. Los bordados a mano de Zuleta se han vendido a países como Alemania, Argentina, Brasil, Chile, Estados Unidos, España, Italia, Perú, Suiza y Suecia, entre otros. Los precios varían de acuerdo a la complejidad del diseño. Catelina también ha optado por el comercio electrónico en su página web catelina.com.ec. (F)

Patricia Naula Herembás
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El bordado de Zuleta traspasa generaciones

Teresa Casa Ponce, oriunda de la comuna Zuleta, enseña sus productos bordados a mano.
FOTO: Patricia Naula EL TIEMPO

A sus siete años, Teresa Casa Ponce aprendió el bordado a mano. En su natal Zuleta, provincia de Imbabura, las hábiles manos de las mujeres mantienen viva esta expresión artesanal. Hoy, a sus 59 años, Teresa se ha fijado el propósito de transmitir a las nuevas generaciones sus conocimientos, en reciprocidad por todo lo que el bordado le ha dado al “ser el sustento de la familia por generaciones”.

La artesana visitó Cuenca la semana pasada para impartir talleres y enseñar técnicas basadas en su experiencia de 35 años de trabajo. Escoger los mejores materiales para un trabajo de calidad, ejecutar finos acabados, decorar con llamativos diseños las prendas de vestir y hacer piezas decorativas para el hogar, fueron parte del curso.

“Me he fijado el compromiso de hacer algo para que esta tradición que llevo en la sangre no desaparezca, por ello desde hace cuatro años y, con la ayuda de mi hija Laura, surgió la idea de impartir los talleres”, señaló Teresa, quien pertenece a la tercera generación de bordadoras en su familia.

zuleta bordados

En los cursos que dictó entre los días jueves y domingo, compartió sus saberes con 20 aprendices. “Son mujeres muy hábiles”, subrayó la artesana, quien dice no tener recelo de enseñar.

Procedimiento
Para empezar, Teresa dibuja en la tela el diseño. “Las agujas son la herramienta básica, tienen que ser niqueladas y de ojo dorado”, explica. Sin embargo, la particularidad en el bordado de Zuleta es que no se utiliza el tambor sino un cojín. “Esto hace que la tela se eleve y permite adoptar una posición más saludable, porque hay trabajos que requieren de horas”, enfatiza.

Para tensar la tela en el cojín se utiliza una aguja que se la llama ‘prendedora’ y cumple las funciones de tambor. “Desde la aguja, hasta el tamaño de la hebra que se usa debe ser el correcto para evitar mechas o nudos”, indica.

Fernanda Méndez, una de sus alumnas y estudiante de Diseño Textil de la Universidad del Azuay, UDA, ha propuesto como proyecto de tesis las innovaciones en el bordado de Zuleta.

“El objetivo es darles nuevas opciones a las artesanas”, explica la joven, quien ha elaborado muestrarios con bordados que incluyen tul, pedrería, lentejuelas y hasta alambre.

Hace cuatro años, Teresa junto a su hija emprendieron un negocio bajo la marca ‘Catelina’, en el que han empleado a más de 70 mujeres de Zuleta y sus alrededores.

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Ellas bordan prendas de vestir, manteles, paneras y caminos de mesa, entre otros artículos, aunque Teresa resalta que uno de los trabajos más gratos fue hacer la casulla para el papa Francisco y el mantel para la misa que celebró el Pontífice en el parque Bicenterario en el 2015 en Quito.

“En primera instancia yo había dicho que no podía hacer la casulla porque no me daba el tiempo, pero mis hermanas me ayudaron, organizaron grupos de trabajo en mi familia y bordamos entre 31 personas, todos querían hacer aunque sea una puntadita”, recuerda emocionada Teresa.

El bordado de Zuleta está incluido entre los mejores de Iberoamérica, lo que le significó a Teresa una mención en el texto ‘Grandes Maestros del Arte Popular de Iberoamérica’. (F)

zuleta bordados

La innovación como parte esencial para mantener la tradición

Aunque en un inicio la mantelería fue lo que más se hacía en el bordado de Zuleta, actualmente se han implementado productos de bisutería, pulseras, monederos y zapatos.

“Cuando las mujeres empezaron a ponerse blusas bordadas en computadora yo sufrí el impacto, yo pensé que hasta ahí llegó el bordado a mano”, recuerda Teresa Casa Ponce, sin embargo, destaca el valor que la gente le da al trabajo artesanal.

Las temporadas altas para el trabajo son los meses de junio-julio y noviembre-diciembre. Los primeros, debido a que es época de vacaciones en la Sierra y los extranjeros llevan obsequios a sus familiares cuando viajan a sus países de origen. Y en fin de año, se vende los productos, sobre todo, en la época de Navidad. Los bordados a mano de Zuleta se han vendido a países como Alemania, Argentina, Brasil, Chile, Estados Unidos, España, Italia, Perú, Suiza y Suecia, entre otros. Los precios varían de acuerdo a la complejidad del diseño. Catelina también ha optado por el comercio electrónico en su página web catelina.com.ec. (F)

Patricia Naula Herembás
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