Ayala Mora defiende la diversidad étnica

Los impedimentos que hay para una interculturalidad real son la incomprensión de las culturas indígenas, la negación de su identidad histórica o el aislamiento geográfico.

Hasta no hace mucho tiempo, un extranjero que llegaba a Ecuador, al mirar la publicidad que se presentaba en los medios de comunicación, se podía llevar la idea de que este país estaba habitado solo por personas blancas, ya que en las imágenes se mostraba a unos ecuatorianos de apariencia europea.

Incluso los manuales escolares reproducían en sus gráficos la imagen de un país habitado por personas occidentales.

Esta imagen se desvanecía cuando, al recorrer las calles y los mercados del país, el panorama evidenciaba otra realidad. El visitante, la de la diversidad.

En Ecuador hay mestizos de distintas características, indígenas, negros y grupos de otras procedencias étnicas.

“Ahora las cosas han cambiando un poco, pero la imagen de un país de blancos o ‘blancomestizos’ sigue bastante arraigada”, sostiene el catedrático Enrique Ayala Mora.

Defiende que la diversidad del Ecuador es su riqueza, pero puede ser también “su peligro si no la asumimos desde la unidad del país como fundamento y como objetivo”.

Por más de un siglo de historia se promovió la idea de que la nación ecuatoriana era uniforme, añade el catedrático. Ecuador es heterogéneo.

Como no es posible negar la presencia de indígenas y negros, se piensa que todo el mundo debe tratar de aproximarse al estereotipo de “lo ecuatoriano” e “integrarse” a la sociedad dominante. Para ello se ha buscado uniformar las costumbres, lengua y formas de organización social de todos los ecuatorianos, destaca Ayala Mora.

Añade que las prácticas y creencias indígenas se han considerado “salvajes”, “primitivas” o puramente folklóricas; los idiomas de los pueblos originarios se han reputado “incultos” y se ha tratado de eliminarlos. Los negros han sido tratados con racismo, como advenedizos e inferiores, añade el catedrático en su estudio ‘Interculturalidad en Ecuador’.

Subraya que el término parezca inocente a primera vista, debemos subrayar que la interculturalidad no es característica “natural” de todas las sociedades complejas, sino objetivo al que deben llegar para articularse internamente. La interculturalidad se construye mediante un esfuerzo expreso y permanente, dice Ayala Mora.

Reitera que va mucho más allá de la coexistencia o el diálogo de culturas; es una relación sostenida entre ellas.

Es una búsqueda expresa de superación de prejuicios, racismo, desigualdades, asimetrías que caracterizan a nuestro país, bajo condiciones de respeto, igualdad y desarrollo de espacios comunes, asevera el catedrático. Y reitera que construir el Ecuador no solo significa reconocer las diversidades étnicas, sino también tener conciencia de los agudos enfrentamientos de clase que han marcado la realidad y buscar el camino organizado para superarlas.

Hay también una dimensión política y organizativa para la vigencia de la interculturalidad. Por ello, la lucha por los derechos de los pueblos indígenas y negros en nuestro país implica la lucha por los derechos de todas las clases pobres y por la transformación social y el socialismo.

La gran división entre ecuatorianos no es su condición étnica, sino su situación social que será vencida solo con una vigorosa unidad del pueblo, concluye en su trabajo.

Interacción
El concepto de interculturalidad apunta a describir la interacción entre dos o más culturas de un modo horizontal y sinérgico. Esto supone que ninguno de los conjuntos se encuentra por encima de otro, una condición que favorece la integración y la convivencia armónica de los individuos.

Este tipo de relaciones interculturales supone el respeto hacia la diversidad; aunque es inevitable el desarrollo de conflictos, estos se resuelven a través del respeto, el diálogo y la concertación. La noción se diferencia del multiculturalismo y del pluralismo por su intención directa de promover el diálogo y el acercamiento entre culturas. (I)

Ayala Mora defiende la diversidad étnica

Los impedimentos que hay para una interculturalidad real son la incomprensión de las culturas indígenas, la negación de su identidad histórica o el aislamiento geográfico.

Hasta no hace mucho tiempo, un extranjero que llegaba a Ecuador, al mirar la publicidad que se presentaba en los medios de comunicación, se podía llevar la idea de que este país estaba habitado solo por personas blancas, ya que en las imágenes se mostraba a unos ecuatorianos de apariencia europea.

Incluso los manuales escolares reproducían en sus gráficos la imagen de un país habitado por personas occidentales.

Esta imagen se desvanecía cuando, al recorrer las calles y los mercados del país, el panorama evidenciaba otra realidad. El visitante, la de la diversidad.

En Ecuador hay mestizos de distintas características, indígenas, negros y grupos de otras procedencias étnicas.

“Ahora las cosas han cambiando un poco, pero la imagen de un país de blancos o ‘blancomestizos’ sigue bastante arraigada”, sostiene el catedrático Enrique Ayala Mora.

Defiende que la diversidad del Ecuador es su riqueza, pero puede ser también “su peligro si no la asumimos desde la unidad del país como fundamento y como objetivo”.

Por más de un siglo de historia se promovió la idea de que la nación ecuatoriana era uniforme, añade el catedrático. Ecuador es heterogéneo.

Como no es posible negar la presencia de indígenas y negros, se piensa que todo el mundo debe tratar de aproximarse al estereotipo de “lo ecuatoriano” e “integrarse” a la sociedad dominante. Para ello se ha buscado uniformar las costumbres, lengua y formas de organización social de todos los ecuatorianos, destaca Ayala Mora.

Añade que las prácticas y creencias indígenas se han considerado “salvajes”, “primitivas” o puramente folklóricas; los idiomas de los pueblos originarios se han reputado “incultos” y se ha tratado de eliminarlos. Los negros han sido tratados con racismo, como advenedizos e inferiores, añade el catedrático en su estudio ‘Interculturalidad en Ecuador’.

Subraya que el término parezca inocente a primera vista, debemos subrayar que la interculturalidad no es característica “natural” de todas las sociedades complejas, sino objetivo al que deben llegar para articularse internamente. La interculturalidad se construye mediante un esfuerzo expreso y permanente, dice Ayala Mora.

Reitera que va mucho más allá de la coexistencia o el diálogo de culturas; es una relación sostenida entre ellas.

Es una búsqueda expresa de superación de prejuicios, racismo, desigualdades, asimetrías que caracterizan a nuestro país, bajo condiciones de respeto, igualdad y desarrollo de espacios comunes, asevera el catedrático. Y reitera que construir el Ecuador no solo significa reconocer las diversidades étnicas, sino también tener conciencia de los agudos enfrentamientos de clase que han marcado la realidad y buscar el camino organizado para superarlas.

Hay también una dimensión política y organizativa para la vigencia de la interculturalidad. Por ello, la lucha por los derechos de los pueblos indígenas y negros en nuestro país implica la lucha por los derechos de todas las clases pobres y por la transformación social y el socialismo.

La gran división entre ecuatorianos no es su condición étnica, sino su situación social que será vencida solo con una vigorosa unidad del pueblo, concluye en su trabajo.

Interacción
El concepto de interculturalidad apunta a describir la interacción entre dos o más culturas de un modo horizontal y sinérgico. Esto supone que ninguno de los conjuntos se encuentra por encima de otro, una condición que favorece la integración y la convivencia armónica de los individuos.

Este tipo de relaciones interculturales supone el respeto hacia la diversidad; aunque es inevitable el desarrollo de conflictos, estos se resuelven a través del respeto, el diálogo y la concertación. La noción se diferencia del multiculturalismo y del pluralismo por su intención directa de promover el diálogo y el acercamiento entre culturas. (I)