Artesanías de totora identifican a San Rafael

En la comunidad Huaycopungo de la parroquia San Rafael de la Laguna en la provincia de Imbabura, los indígenas kichwas se dedican al tejido de artesanías de totora. El conocimiento sobre el uso de esta fibra, viene de la tradición oral transmitida por generaciones.


El material crece a orillas del lago San Pablo, de donde los artesanos la extraen y la transforman en diversidad de adornos y artículos como esteras, muebles, paneras, individuales, sombreros, entre otros.


“La totora tiene un color verde cuando la cortamos, así que la ponemos a secar durante 15 días y toma este color café”, explica Luis Otavalo, al señalar las artesanías que comercializó en la ciudad de Cuenca durante el XVII Festival de Artesanías de América organizado por el CIDAP.


El cortado de la totora  en cierta época del año, el secado y la clasificación de las fibras en buen estado que determinan la calidad del producto son parte del proceso que realizan los artesanos para finalmente dedicarse al tejido.


En Huaycopungo, unas 20 familias trabajan en esta actividad.  Luis Otavalo es uno de los artífices que recorre el país ofertando sus productos y dando a conocer lo que se ofrece en la parroquia San Rafael de la Laguna, donde  las principales actividades económicas son el comercio de artesanías, la agricultura y la crianza de animales menores.


Antiguamente, la elaboración de objetos de totora se centraba en las esteras, un saber heredado de abuelos y padres que usaban estos objetos para secar y guardar los granos.


Sin embargo,  en los últimos años los artesanos han adquirido nuevas técnicas y han incursionado en las innovaciones a fin de diversificar este mercado.
“La empresa comunitaria ‘Totora Sisa’ nos capacitó en este arte. Ahora hacemos canastas, llaveros,  llamingos, muebles y lo que el cliente nos pida”, contó Luis, aunque admite la complejidad de obtener los modelos exclusivos.


‘Totora Sisa’ agrupa a más de 50 productores, quienes trabajan de manera conjunta y bajo pedido. Los precios de las artesanías van desde un dólar que cuestan los llaveros y pueden llegar hasta los 1.000 dólares, que cuesta  un juego de muebles completo.


Anita Peña, quien trabaja junto a su esposo Luis Otavalo, subrayó que como parte de las innovaciones se están elaborando carteras a base de totora, complementadas con tejido a crochet.


Josefa Guamán adquirió una canasta; la cuencana resaltó la calidad del tejido y el novedoso diseño y combinación de colores. “Son productos a precios accesibles y son amigables con el ambiente, ahora que estamos en una época en la que debemos mermar el uso de plásticos”, subrayó. (F)


Los artesanos utilizan nuevas técnicas
para reforzar
el tejido  


Los artesanos de la parroquia San Rafael de la Laguna en el cantón Otavalo han implementado una nueva técnica mediante el uso de piola para reforzar el tejido,  garantizar mayor durabilidad y minimizar así la contaminación del ambiente. El artesano Luis Otavalo recuerda que este oficio tuvo su auge por los años 90, cuando un grupo de expertos bolivianos arribó a la localidad para instruir a los indígenas en la confección de artesanías. En ciertas comunidades de Bolivia, la totora es utilizada para la construcción de viviendas por ser aislante, natural, liviana y flexible.


En las comunidades de San Rafael de la Laguna los artesanos se caracterizan por su habilidad y creatividad para entretejer las fibras de totora, sin embargo, ellos señalan que se trata de un “trabajo duro”. “En hacer una estera redonda de 80 centímetros de diámetro me demoro unas 10 horas, es bien trabajoso”, señala Otavalo.


Él asegura que para preservar este arte que
ha sido transmitido por generaciones le enseña
a su hija de siete años
a tejer las finas fibras. (F)

Artesanías de totora identifican a San Rafael

En la comunidad Huaycopungo de la parroquia San Rafael de la Laguna en la provincia de Imbabura, los indígenas kichwas se dedican al tejido de artesanías de totora. El conocimiento sobre el uso de esta fibra, viene de la tradición oral transmitida por generaciones.


El material crece a orillas del lago San Pablo, de donde los artesanos la extraen y la transforman en diversidad de adornos y artículos como esteras, muebles, paneras, individuales, sombreros, entre otros.


“La totora tiene un color verde cuando la cortamos, así que la ponemos a secar durante 15 días y toma este color café”, explica Luis Otavalo, al señalar las artesanías que comercializó en la ciudad de Cuenca durante el XVII Festival de Artesanías de América organizado por el CIDAP.


El cortado de la totora  en cierta época del año, el secado y la clasificación de las fibras en buen estado que determinan la calidad del producto son parte del proceso que realizan los artesanos para finalmente dedicarse al tejido.


En Huaycopungo, unas 20 familias trabajan en esta actividad.  Luis Otavalo es uno de los artífices que recorre el país ofertando sus productos y dando a conocer lo que se ofrece en la parroquia San Rafael de la Laguna, donde  las principales actividades económicas son el comercio de artesanías, la agricultura y la crianza de animales menores.


Antiguamente, la elaboración de objetos de totora se centraba en las esteras, un saber heredado de abuelos y padres que usaban estos objetos para secar y guardar los granos.


Sin embargo,  en los últimos años los artesanos han adquirido nuevas técnicas y han incursionado en las innovaciones a fin de diversificar este mercado.
“La empresa comunitaria ‘Totora Sisa’ nos capacitó en este arte. Ahora hacemos canastas, llaveros,  llamingos, muebles y lo que el cliente nos pida”, contó Luis, aunque admite la complejidad de obtener los modelos exclusivos.


‘Totora Sisa’ agrupa a más de 50 productores, quienes trabajan de manera conjunta y bajo pedido. Los precios de las artesanías van desde un dólar que cuestan los llaveros y pueden llegar hasta los 1.000 dólares, que cuesta  un juego de muebles completo.


Anita Peña, quien trabaja junto a su esposo Luis Otavalo, subrayó que como parte de las innovaciones se están elaborando carteras a base de totora, complementadas con tejido a crochet.


Josefa Guamán adquirió una canasta; la cuencana resaltó la calidad del tejido y el novedoso diseño y combinación de colores. “Son productos a precios accesibles y son amigables con el ambiente, ahora que estamos en una época en la que debemos mermar el uso de plásticos”, subrayó. (F)


Los artesanos utilizan nuevas técnicas
para reforzar
el tejido  


Los artesanos de la parroquia San Rafael de la Laguna en el cantón Otavalo han implementado una nueva técnica mediante el uso de piola para reforzar el tejido,  garantizar mayor durabilidad y minimizar así la contaminación del ambiente. El artesano Luis Otavalo recuerda que este oficio tuvo su auge por los años 90, cuando un grupo de expertos bolivianos arribó a la localidad para instruir a los indígenas en la confección de artesanías. En ciertas comunidades de Bolivia, la totora es utilizada para la construcción de viviendas por ser aislante, natural, liviana y flexible.


En las comunidades de San Rafael de la Laguna los artesanos se caracterizan por su habilidad y creatividad para entretejer las fibras de totora, sin embargo, ellos señalan que se trata de un “trabajo duro”. “En hacer una estera redonda de 80 centímetros de diámetro me demoro unas 10 horas, es bien trabajoso”, señala Otavalo.


Él asegura que para preservar este arte que
ha sido transmitido por generaciones le enseña
a su hija de siete años
a tejer las finas fibras. (F)