“A lomo de guandero” llegó primer vehículo a Cuenca

Toneladas de hierro cargaron sobre sus espaldas los guanderos, aquellos indígenas que transportaron hasta la ciudad lujosos bienes para las clases pudientes, desde vestimenta y vajillas hasta autos y pianos.


‘Guando’ o ‘Huandu’ es un vocablo de la lengua kichwa. Viene de ‘huandug’ que quiere decir ‘el que va cargando en andas’. Con la evolución del lenguaje y la influencia del castellano ‘Huandu’, se  transformó en ‘Guando’.


Así transportaron los objetos en una especie de parihuela antes que hubiera carreteras. El guandero era el indígena concierto de las grandes haciendas de la región.


Los trabajadores o peones vivían en las haciendas con sus familias. Se ‘concertaban’ (comprometían) con los dueños para el trabajo. Por eso se llamaban ‘conciertos’.


Eran especialmente seleccionados por su fortaleza física para cargar sobre sus hombros objetos pesados y a la vez delicados, que no podían ser transportados en acémilas.


Los fardos eran llevados por los guanderos desde el Puerto de Naranjal o el Puerto de Bola hacia Cuenca, por las rutas de Molleturo o la Quebrada Honda. Con la llegada del ferrocarril a Sibambe el viaje en guandos se lo hacía desde esa estación.


“El primer carro llegó a Cuenca a lomo de guandero”, señaló el arqueólogo e investigador Wladimir Galarza, al referirse al vehículo de marca ‘Clemant Bayard’ modelo 1909 importado desde Francia en el año 1913 por Federico Malo Andrade.
Los huanderos también están vinculados a la historia de la energía eléctrica en el Azuay.  


En 1914 cargaron desde la estación de Huigra, cruzando el murallón inhóspito del páramo, las piezas para la Primera Planta Eléctrica que llegó a Cuenca por encargo del otrora empresario Roberto Crespo Toral. Así se montó la planta de Yanuncay, de 75 kilowatios, que operó hasta 1989.


En la obra ‘Sal’ de Humberto Mata son mencionados los guanderos. “A lo largo de los caminos emergían premonitorios despedazados de maquinarias: tubos de un metro de diámetro, parrillas, ruedas, bielas, todo lo que iría a armar la Planta Hidroeléctrica Municipal (...). Muchos bultos oxidaban su cuerpo por la intemperie sempiterna por la impotencia de los hombres a dominar caminos de montaña”, escribe Mata en el apartado ‘Lomo de indio y Cordillera’.


Historia
“A lomo de indio”, se dijo entonces, vino la primera dínamo para la luz eléctrica. “A lomo de indio” llegaron también pianos para la aristocracia de entonces.


Por los chaquiñanes de Tipococha, de Huigra, de Naranjal, del Cajas, vinieron trapiches, campanas, lámparas, espejos, piezas de automóviles y artefactos de la civilización moderna que tuvieron igual medio de transporte: la fuerza humana.


“Todos los productos foráneos que venían por puerto eran trasladados acá mediante guando. Se  trajo vajilla francesa, cerámica mayolica, inclusive encajes para vestidos de las damas cuencanas”, indicó Galarza y mencionó que no hay datos muy claros sobre el comercio de esa época.


“Es una historia un tanto oculta porque en los guandos se refleja la explotación del indígena, les hacían cargar hasta que no podían. Les abrían las espaldas con un látigo, algunos morían en el trayecto. Es una historia de opresión y de miseria”, expresó.
Agregó que mucha gente también traficó con los guanderos, en el norte, Sierra central y sur del país.  Las travesías duraban semanas.


Según datos históricos, un mayoral se encargaba de vigilar que la carga que trasladaban los guanderos llegase intacta hasta su destino.


Homenaje
Un mural que rinde tributo a la memoria de los guanderos se encuentra en el vestíbulo de la Gobernación del Azuay.
En acrílico y óleo, el reconocido artista cuencano Manuel Tarqui plasma la historia de los indios conciertos que paso a paso y marchando acompasadamente transportaron lo que se necesitaba en las ciudades.


El escritor y periodista cuencano, Eugenio Lloret, en una de sus publicaciones señala que en aquellos tiempos de explotación feudal a los indígenas, ellos eran considerados “poco más o menos como animales de carga”.


“Explotados por los patriarcas de entonces y al mismo tiempo representantes vitalicios de la provincia en los congresos, se hizo el progreso de Cuenca. Costó algunas vidas esta pequeña grande epopeya”, dice Lloret. (F)

“A lomo de guandero” llegó primer vehículo a Cuenca

Toneladas de hierro cargaron sobre sus espaldas los guanderos, aquellos indígenas que transportaron hasta la ciudad lujosos bienes para las clases pudientes, desde vestimenta y vajillas hasta autos y pianos.


‘Guando’ o ‘Huandu’ es un vocablo de la lengua kichwa. Viene de ‘huandug’ que quiere decir ‘el que va cargando en andas’. Con la evolución del lenguaje y la influencia del castellano ‘Huandu’, se  transformó en ‘Guando’.


Así transportaron los objetos en una especie de parihuela antes que hubiera carreteras. El guandero era el indígena concierto de las grandes haciendas de la región.


Los trabajadores o peones vivían en las haciendas con sus familias. Se ‘concertaban’ (comprometían) con los dueños para el trabajo. Por eso se llamaban ‘conciertos’.


Eran especialmente seleccionados por su fortaleza física para cargar sobre sus hombros objetos pesados y a la vez delicados, que no podían ser transportados en acémilas.


Los fardos eran llevados por los guanderos desde el Puerto de Naranjal o el Puerto de Bola hacia Cuenca, por las rutas de Molleturo o la Quebrada Honda. Con la llegada del ferrocarril a Sibambe el viaje en guandos se lo hacía desde esa estación.


“El primer carro llegó a Cuenca a lomo de guandero”, señaló el arqueólogo e investigador Wladimir Galarza, al referirse al vehículo de marca ‘Clemant Bayard’ modelo 1909 importado desde Francia en el año 1913 por Federico Malo Andrade.
Los huanderos también están vinculados a la historia de la energía eléctrica en el Azuay.  


En 1914 cargaron desde la estación de Huigra, cruzando el murallón inhóspito del páramo, las piezas para la Primera Planta Eléctrica que llegó a Cuenca por encargo del otrora empresario Roberto Crespo Toral. Así se montó la planta de Yanuncay, de 75 kilowatios, que operó hasta 1989.


En la obra ‘Sal’ de Humberto Mata son mencionados los guanderos. “A lo largo de los caminos emergían premonitorios despedazados de maquinarias: tubos de un metro de diámetro, parrillas, ruedas, bielas, todo lo que iría a armar la Planta Hidroeléctrica Municipal (...). Muchos bultos oxidaban su cuerpo por la intemperie sempiterna por la impotencia de los hombres a dominar caminos de montaña”, escribe Mata en el apartado ‘Lomo de indio y Cordillera’.


Historia
“A lomo de indio”, se dijo entonces, vino la primera dínamo para la luz eléctrica. “A lomo de indio” llegaron también pianos para la aristocracia de entonces.


Por los chaquiñanes de Tipococha, de Huigra, de Naranjal, del Cajas, vinieron trapiches, campanas, lámparas, espejos, piezas de automóviles y artefactos de la civilización moderna que tuvieron igual medio de transporte: la fuerza humana.


“Todos los productos foráneos que venían por puerto eran trasladados acá mediante guando. Se  trajo vajilla francesa, cerámica mayolica, inclusive encajes para vestidos de las damas cuencanas”, indicó Galarza y mencionó que no hay datos muy claros sobre el comercio de esa época.


“Es una historia un tanto oculta porque en los guandos se refleja la explotación del indígena, les hacían cargar hasta que no podían. Les abrían las espaldas con un látigo, algunos morían en el trayecto. Es una historia de opresión y de miseria”, expresó.
Agregó que mucha gente también traficó con los guanderos, en el norte, Sierra central y sur del país.  Las travesías duraban semanas.


Según datos históricos, un mayoral se encargaba de vigilar que la carga que trasladaban los guanderos llegase intacta hasta su destino.


Homenaje
Un mural que rinde tributo a la memoria de los guanderos se encuentra en el vestíbulo de la Gobernación del Azuay.
En acrílico y óleo, el reconocido artista cuencano Manuel Tarqui plasma la historia de los indios conciertos que paso a paso y marchando acompasadamente transportaron lo que se necesitaba en las ciudades.


El escritor y periodista cuencano, Eugenio Lloret, en una de sus publicaciones señala que en aquellos tiempos de explotación feudal a los indígenas, ellos eran considerados “poco más o menos como animales de carga”.


“Explotados por los patriarcas de entonces y al mismo tiempo representantes vitalicios de la provincia en los congresos, se hizo el progreso de Cuenca. Costó algunas vidas esta pequeña grande epopeya”, dice Lloret. (F)