Artesanas, aunque las manos se quiebren...

Cuenca. Dejaron de lado las comodidades y se arriesgaron a luchar contracorriente y destacar en un “mundo de hombres”. Así son algunas de las artesanas que hoy se desenvuelven en distintos oficios en la ciudad.

Gracias al oficio, se abrieron al mundo, entendieron su realidad, se decepcionaron y, aún así, se levantaron y se mantienen, hasta hoy, solas o apoyadas por su familia. No son ‘una más’, destacan por su capacidad creativa.
Hoy, al conmemorar su Día Internacional de la Mujer, antes llamado Día de la Mujer Trabajadora, establecido por la Organización de las Naciones Unidas, ONU, en 1975, se recuerda la lucha de la mujer y su activa participación por la igualdad con el hombre, en la sociedad y en su desarrollo íntegro como personas.


Para Gerardo Machado, director del Economuseo Municipal Casa del Sombrero, -espacio que alista actividades para homenajear a las tejedoras de sombrero de paja toquilla- honrarlas es necesario, pues ayuda a reconocer su gran labor, dirigida a construir el mundo y la artesanía local.


En la rama en la que se desenvuelve, la paja toquilla, conoce que poco se valora el oficio de las artesanas, pues el ingreso que perciben por sus obras es muy reducido en comparación con la inversión que ellas realizan, en los términos físico, económico y el aporte de sus conocimientos. Similar situación viven otras mujeres de áreas artesanales que reclaman mejores días y un justo reconocimiento. (FCS) (F)

Lucila Morocho

La única mujer

de Las Herrerías

La fragua está encendida y el metal ha cambiado de color, con su mano izquierda aprieta la tenaza que sostiene el metal. Su mano derecha ha empuñado el martillo, con el que rompe el aire. Este cae varias veces sobre el hierro caliente hasta tomar forma. Esta es la dura tarea artesanal a la que se enfrenta día a día, desde hace 28 años, la única mujer herrera de la calle de Las Herrerías: Lucila Morocho.

En sus manos se evidencia el duro trajinar de la forja, y de una mujer a la que la vida y las circunstancias han golpeado; pero, al igual que el metal, la forma definitiva se convirtió en arte. “Muchos creyeron que no podía”, principalmente los hombres, “pero les demostré que sí”, señala, mientras termina unas estacas en su negocio, ubicado en la mencionada calle. “Ahí donde me ve, he llorado, apoyada sobre el yunque (…) me han dicho de todo (...) han menospreciado mi trabajo y me han hecho creer que no podía (…) pero aquí estoy”, señala entre enojo y orgullo.

Nada hizo que claudique. Hoy, jaladeras de puertas, picaportes, visagras, cruces, gallos y una infinidad de detalles en metal son la prueba de su capacidad. Lidiar con la fragua y el metal no fue todo. Había que moldear siete hijos, de quienes solo uno, al parecer, se quedará con el oficio. A ella le apena que la tradición herrera de su familia se pueda perder, especialmente, que sea un mujer la que esté al frente del oficio. Por ahora, apoyada de herramientas como la amoladora, el cincel, el martillo y las pinzas, deja ver que las mujeres pueden desenvolverse en cualquier profesión. Reconoce que no es un trabajo bien remunerado, pero sí único. Espera que, en algún momento, se reconozca la labor de la mantenedora de un “oficio que se creía solo de hombres”. (F)

Blanca Guambaña

Tejedora de sombreros de paja toquilla

Con solo cinco años de edad se adentró en el mundo del tejido de sombrero de paja toquilla, guiada por sus abuelos.

Para esa época,  habían transcurrido dos años de la muerte de sus padres.

Recuerda con nostalgia los días de la escuela -a la que acudía a pie desde la parroquia Llacao hasta la parroquia Solano, para aprender-  de la que tuvo que retirarse, pues los ingresos económicos de su familia no abastecían para solventar las necesidades. Su abuela, quien ya no tenía la misma fuerza y agilidad para tejer, observó que la niña tejía “ligerito”, o sea, ágilmente. “Ya sabes firmar” le dijo. Desde entonces, no ha dejado su labor artesanal.

Se casó a los 16 años con un militar, y, a dónde él iba, ella llevaba consigo la paja. Shell y Loja fueron los destinos que más recuerda.

A los 19 años ya tenía tres hijos. Hoy, solo le queda uno, ya se ha resignado a la muerte de dos. De quien vive, está muy orgullosa; por el momento cursa un doctorado en Europa pero mantiene el gusto y la pasión por el tejido de sombreros.

Con tusa en mano para mojar la paja, y las hormas antiguas de sus abuelos, la artesana de 58 años enseña el oficio que heredó de su familia. Hace un pedido a las autoridades, para que apoyen, no con recursos, que para eso ellas son autosuficientes, pero sí con mecanismos de difusión, producción y comercialización a nivel internacional.

A ella le afecta el frío cuando teje, las piernas se le acalambran, y la vista se pierde paulatinamente, y, en el caso de sus compañeras, las manos están perdiendo movilidad. 

El tejido de un sombrero le toma dos días, que se vende a 20 dólares “que es barato y no compensa el trabajo”, aseguró. (F)

Zoila Aguilar

Crea las tradicionales

esteras en totora

De las lagunas se obtiene la materia prima para la elaboración de uno de los objetos utilitarios tradicionales que se está perdiendo en la actualidad: la estera. Una de las parroquias que se destaca por esta labor artesanal es Paccha, de donde es oriunda Zoila Aguilar, artesana que, desde hace 60 años, implementa el tejido de la totora, su forma de vida. Cuando cumplió 15 años, sus padres y abuelos le inculcaron el oficio y es la herencia más preciada que ella tiene de ellos.

Desde esa edad, teje esteras de todos los tamaños, además, elabora los conocidos sopladores, piezas utilitarias para mantener viva la llama en la leña. Las únicas herramientas de Aguilar son sus manos y una pequeña roca redonda con la que va apretando el tejido. El resultado, ella misma se encarga de vender en la Plazoleta Rotary, espacios dedicado, en su mayoría, a la venta de artículos creados por artífices locales. Al terminar sus actividades en el puesto en el que vende las esteras y sopladores, cerca de las 18:00, se sienta, toma la materia prima y teje hasta las 23:00. A las 05:00 del día siguiente, continúa con la labor, y se retira a su negocio.

Es la vida de la artesanas, quien lamenta que hoy no se valore el trabajo de ellas y otras compañeras, quienes tratan de sobrevivir y mantener una tradición con varios años de antigüedad. Por esta razón, a más de la venta de artículos hechos de totora, también elabora piezas hechas de cabulla y sogas, principalmente. Aunque reconoce que tampoco “se vende mucho como antes”, sabe que lo poco que logra vender le ayuda a seguir en el oficio. Sabe que su condición de mujer no le limita a continuar con su artesanía, pero sabe que no es fácil laborar en “un mundo todavía machista”. (F)

Antecedente histórico de la conmemoración

1909

De conformidad con una declaración del Partido Socialista de los EE.UU., el 28 de febrero se celebró en este país el primer Día Nacional de la Mujer. Se siguió celebrando el último domingo de febrero hasta 1913.

1910

La Internacional Socialista, reunida en Copenhague, proclamó al Día de la Mujer el carácter internacional, como homenaje al movimiento en favor de sus derechos y para ayudar a conseguir el sufragio femenino universal.

1911

Como consecuencia de la decisión adoptada en Copenhague el año anterior, el Día Internacional de la Mujer se celebró por primera vez el 19 de marzo, en Alemania, Austria, Dinamarca y Suiza.

1913-1914

En el marco de los movimientos en pro de la paz, que surgieron en vísperas de la Primera Guerra Mundial, las mujeres rusas celebraron su primer Día Internacional de la Mujer el último domingo de febrero de 1913.

1917

El último domingo de febrero, las mujeres se declararon en huelga. Los dirigentes políticos criticaron la oportunidad de la huelga, pero las mujeres la hicieron de todos modos. Cuatro días después, el Zar se vio obligado a abdicar y el gobierno provisional concedió a las mujeres el derecho de voto. Ese histórico domingo fue el 23 de febrero, según el calendario juliano utilizado entonces en Rusia, o el 8 de marzo, según el calendario gregoriano utilizado en otros países.

1975

Coincidiendo con el Año Internacional de la Mujer, las Naciones Unidas celebraron el Día Internacional de la Mujer, por primera vez, el 8 de marzo.

1995

La Declaración y la Plataforma de Beijing, una hoja de ruta histórica firmada por 189 gobiernos hace 20 años, estableció la agenda para la materialización de los derechos de las mujeres. (F)