El arte de escribir en jóvenes plumas

Nacida hace solo 21 años, la lojana Pamela Cuenca Guamán se convirtió en la poeta más joven en recibir el Premio Nacional de poesía César Dávila Andrade, otorgado por el Encuentro sobre Literatura Ecuatoriana y Latinoamericana Alfonso Carrasco Vintimilla de la Universidad de Cuenca.
La premiación del certamen del Encuentro Alfonso Carrasco Vintimilla se llevó a cabo en el Salón de la Ciudad. DIego Cáceres. I EL TIEMPO

Bajo el seudónimo ‘Amapola’, nombre de una flor con la que simpatiza y a la que atribuye una simbología especial, pues es la palabra que destaca en el tema ‘Si te vas’ de una de sus bandas favoritas, la española Extremoduro, comenzó “a escribir en serio”, en noviembre de 2016.


En pocos meses, la prometedora escritora participó en el certamen organizado por el Encuentro de Literatura, con el poemario titulado ‘Los cubos que me habitan’, una obra que surgió de un proceso de “autoexploración (…) que viene a ser un encuentro conmigo misma y lo que hay mas allá de mí”, describió.


Son tres partes las que conforman la estructura de su obra, mismas que tienen relación con el cubo. Cuenca explica que las tres partes de la figura geométrica: caras, vértices y aristas, son subtemas que, en poemas, se fusionan con la expresión de sus sentimientos.


Este proceso le permitió desbordarse escribiendo y “plasmar todo lo que había en mí, porque la poesía no es un acto, sino una forma de vida”. Revela que la literatura llegó a ella desde temprana edad, destreza que consiguió gracias a su vínculo permanente con el arte en sus diversas manifestaciones; sin embargo, “como a todo escritor le pasa, hay un punto de quiebre” para escribir sobre algo importante.
El punto de ella es la enfermedad de su padre, quien, como consecuencia de la diabetes, perdió el sentido de la vista.


Esto aclara el “encuentro consigo misma”, pues al conocer de su problema se dijo: “mi padre pierde algo importante, y yo encontré algo importante (la poesía), y es una compensación (...) me doy cuenta de ello en noviembre de 2016 y empiezo a trabajar mis primeros textos de verdad”.


“Siento que, a veces, es necesario que uno se rompa para sacar de los pedazos algo bueno (...) eso me pasó”. Dijo que la forma de liberar las situaciones adversas fue la de plasmar los versos que están en el texto que se hizo con el primer lugar del certamen. Ahora empieza un reto más grande: “ser alguien que vive y hace poesía (…) aún hay muchas cosas que quiero expresar”, abundó.


Antecedente
Previamente ya se había percatado de la “potencialidad y fuerza” de sus textos, a ello se suma la experiencia de escribir desde los 11 años, época en la que lo hacía, a manera de diario, en verso con fragmentos que luego se consolidarían en propuestas poéticas que, desde el 2013, se han publicado en revistas como ‘Suridea’, de la Casa de la Cultura de Loja; ‘ComHumanitas’, de la Universidad de los Hemisferios de Quito; ‘El Faro’, de Loja, y en la Gaceta cultural ‘República Sur’, de Cuenca.


Lograr este reconocimiento se lo debe, según ella, al entorno familiar, al permanente contacto e influencia del arte en su familia protagonizado por cantantes y escritores empíricos. “Solo esto ha hecho posible que explote mis habilidades”, aseguró emocionada.


Entre sus escritores favoritos constan los contemporáneos: María Auxiliadora Álvarez y Jaime Sáenz; los ecuatorianos: Juan José Rodinás, Andrés Villalba, María Auxiliadora Balladares, y los lojanos: Paúl Chimbo Torres y Andrea Rojas Vásquez, entre otros.
A estos últimos les resume un valor especial, pues, pese a vivir en “el último rincón del mundo, (...) como decía Benjamín Carrión”, demuestran en sus textos una capacidad creadora innata.

Hoy
Actualmente, estudia Ingeniería de Alimentos, dejó su carrera de Comunicación Social y trabajó en un canal de televisión en Ambato, donde reside su padre y donde surgió la mayor cantidad de versos que constan en la obra ganadora del premio César Dávila Andrade.
Pese a que su carrera no tiene nada que ver con la literatura, cree que es posible “ser multifuncional”, es decir, hacer cosas fuera de la poesía y aún así seguir escribiendo y ser buena.

Relato
María Belén Melena, de 23 años, recibió el primer lugar del premio Efraín Jara Idrovo, por su texto titulado ‘La cadena’, un relato que aborda la familia, desde una mirada contemporánea.
En el relato de ‘Juana Guacamole’, seudónimo que usó la escritora para el certamen, existe un narrador, quien relata los problemas y dificultades entre dos adultos mayores: Miguel, quien lleva el nombre de su abuelo, y de Blanca, quien lleva el nombre de su abuela. Esta coincidencia no tiene nada que ver con su realidad familiar, aclaró. Del texto, lo que más le agrada es el final, en donde el anciano se suicida “a causa del peso familiar (…) no con una postura de odio”. Belén confiesa que el proceso de creación le ha tomado varios años, en los que ha tanteado muchas formas literarias y en las que siente la necesidad de encontrarse a sí misma.
Ella empezó a los 15 años, y, actualmente, desarrolla sus destrezas literarias al cursar la carrera de Lengua y Literatura en la Universidad Católica de Quito. Pese a que no ha tenido publicaciones individuales, ha colaborado con diario El Comercio y en revistas como ‘Gentleman’, ‘Dolce Vita’ y ‘Ladies’. (FCS) (F)

Cuenca. 

El arte de escribir en jóvenes plumas

La premiación del certamen del Encuentro Alfonso Carrasco Vintimilla se llevó a cabo en el Salón de la Ciudad. DIego Cáceres. I EL TIEMPO

Bajo el seudónimo ‘Amapola’, nombre de una flor con la que simpatiza y a la que atribuye una simbología especial, pues es la palabra que destaca en el tema ‘Si te vas’ de una de sus bandas favoritas, la española Extremoduro, comenzó “a escribir en serio”, en noviembre de 2016.


En pocos meses, la prometedora escritora participó en el certamen organizado por el Encuentro de Literatura, con el poemario titulado ‘Los cubos que me habitan’, una obra que surgió de un proceso de “autoexploración (…) que viene a ser un encuentro conmigo misma y lo que hay mas allá de mí”, describió.


Son tres partes las que conforman la estructura de su obra, mismas que tienen relación con el cubo. Cuenca explica que las tres partes de la figura geométrica: caras, vértices y aristas, son subtemas que, en poemas, se fusionan con la expresión de sus sentimientos.


Este proceso le permitió desbordarse escribiendo y “plasmar todo lo que había en mí, porque la poesía no es un acto, sino una forma de vida”. Revela que la literatura llegó a ella desde temprana edad, destreza que consiguió gracias a su vínculo permanente con el arte en sus diversas manifestaciones; sin embargo, “como a todo escritor le pasa, hay un punto de quiebre” para escribir sobre algo importante.
El punto de ella es la enfermedad de su padre, quien, como consecuencia de la diabetes, perdió el sentido de la vista.


Esto aclara el “encuentro consigo misma”, pues al conocer de su problema se dijo: “mi padre pierde algo importante, y yo encontré algo importante (la poesía), y es una compensación (...) me doy cuenta de ello en noviembre de 2016 y empiezo a trabajar mis primeros textos de verdad”.


“Siento que, a veces, es necesario que uno se rompa para sacar de los pedazos algo bueno (...) eso me pasó”. Dijo que la forma de liberar las situaciones adversas fue la de plasmar los versos que están en el texto que se hizo con el primer lugar del certamen. Ahora empieza un reto más grande: “ser alguien que vive y hace poesía (…) aún hay muchas cosas que quiero expresar”, abundó.


Antecedente
Previamente ya se había percatado de la “potencialidad y fuerza” de sus textos, a ello se suma la experiencia de escribir desde los 11 años, época en la que lo hacía, a manera de diario, en verso con fragmentos que luego se consolidarían en propuestas poéticas que, desde el 2013, se han publicado en revistas como ‘Suridea’, de la Casa de la Cultura de Loja; ‘ComHumanitas’, de la Universidad de los Hemisferios de Quito; ‘El Faro’, de Loja, y en la Gaceta cultural ‘República Sur’, de Cuenca.


Lograr este reconocimiento se lo debe, según ella, al entorno familiar, al permanente contacto e influencia del arte en su familia protagonizado por cantantes y escritores empíricos. “Solo esto ha hecho posible que explote mis habilidades”, aseguró emocionada.


Entre sus escritores favoritos constan los contemporáneos: María Auxiliadora Álvarez y Jaime Sáenz; los ecuatorianos: Juan José Rodinás, Andrés Villalba, María Auxiliadora Balladares, y los lojanos: Paúl Chimbo Torres y Andrea Rojas Vásquez, entre otros.
A estos últimos les resume un valor especial, pues, pese a vivir en “el último rincón del mundo, (...) como decía Benjamín Carrión”, demuestran en sus textos una capacidad creadora innata.

Hoy
Actualmente, estudia Ingeniería de Alimentos, dejó su carrera de Comunicación Social y trabajó en un canal de televisión en Ambato, donde reside su padre y donde surgió la mayor cantidad de versos que constan en la obra ganadora del premio César Dávila Andrade.
Pese a que su carrera no tiene nada que ver con la literatura, cree que es posible “ser multifuncional”, es decir, hacer cosas fuera de la poesía y aún así seguir escribiendo y ser buena.

Relato
María Belén Melena, de 23 años, recibió el primer lugar del premio Efraín Jara Idrovo, por su texto titulado ‘La cadena’, un relato que aborda la familia, desde una mirada contemporánea.
En el relato de ‘Juana Guacamole’, seudónimo que usó la escritora para el certamen, existe un narrador, quien relata los problemas y dificultades entre dos adultos mayores: Miguel, quien lleva el nombre de su abuelo, y de Blanca, quien lleva el nombre de su abuela. Esta coincidencia no tiene nada que ver con su realidad familiar, aclaró. Del texto, lo que más le agrada es el final, en donde el anciano se suicida “a causa del peso familiar (…) no con una postura de odio”. Belén confiesa que el proceso de creación le ha tomado varios años, en los que ha tanteado muchas formas literarias y en las que siente la necesidad de encontrarse a sí misma.
Ella empezó a los 15 años, y, actualmente, desarrolla sus destrezas literarias al cursar la carrera de Lengua y Literatura en la Universidad Católica de Quito. Pese a que no ha tenido publicaciones individuales, ha colaborado con diario El Comercio y en revistas como ‘Gentleman’, ‘Dolce Vita’ y ‘Ladies’. (FCS) (F)

Cuenca.