A registro piezas del Museo de las Culturas Aborígenes

De las cuatro grandes etapas en las que el historiador Juan Cordero Iñiquez considera está dividida la historia del Ecuador, la que estima más importante es la de las culturas aborígenes, frase con la que bautizó al museo arqueológico que preside en esta ciudad, el cual se perfila como uno de los más importantes del país.
Carmen Lucía Cordero explica acerca de la cultura Negativo de Carchi. EL TIEMPO

Ahora, gracias a un crédito no reembolsable de 167.900 dólares otorgado por el Banco de Desarrollo del Ecuador a través de Foncultura, del Consejo Nacional de Cultura, se efectuará el registro técnico de 12.000 piezas arqueológicas y 8.000 documentos históricos que será contratado por los propietarios del Centro Cultural Cordero para luego ser avalados por el Instituto Nacional de Patrimonio Cultural, INPC.

Museo
Con 15.000 años de antigüedad, las culturas ancestrales del Ecuador guardan una riqueza histórica indiscutible que se evidencia en las piezas de este museo privado localizado en el Centro Histórico.
Visitarlo representa más que recorrer sus 15 salas copadas de piezas arqueológicas de las diferentes culturas locales, pues significa llevarse uno de los conocimientos mejor guardados “de nuestra historia”, señaló el director de dicho espacio.
De su parte, Carmen Lucía Cordero, subdirectora del museo, agregó que recorrer el espacio permite conocer piezas que van desde el paleolítico hasta los Incas. Es decir, se puede conocer fósiles de animales y vegetales de hace 300 millones de años, instrumentos en piedra, litófonos y morteros.

Cerámica
En las demás salas se observa cerámica propia de las culturas Valdivia y Chorrera, por ejemplo, con las conocidas figuras Venus de Valdivia. También está la cultura Narrío, en la que destaca la utilización de la concha spondylus y la elaboración de rucuyayas.


Además hay cerámica de las culturas Jama Coaque y Guangala, que se representa por figuras en cerámica en diferente posturas, revestidos con trajes especiales, con pintura azul añil, una serie de piezas de bisutería, el uso de tatuajes, adornos para la cara, sellos cilindros y figuras de shamanes.


En las formas en cerámica de la cultura Bahía se observan contorsionistas. Hay sellos planos que corresponden a la cultura Guangala, además de ocarinas, lliptas donde llevan la cal para procesar la coca utilizada como energizante.
Existen también platos de la cultura Negativo del Carchi, con pintura en negativo en las que se revelan las constelaciones; también hay ánforas donde se presume se almacenaba agua.
Otro espacio está dedicado a las culturas Panzaleo y Tsáchilas o Colorados, esta última dedicada a los monos. De Azuay se revela cerámica de la cultura Tacalshapa, “que es de donde provenimos”, indicó Cordero, donde se registran figuras y ollas ceremoniales.


Del norte del país, el museo ha rescatado evidencia cerámica de los Puruhá, con figuras en este material de personajes que muestran expresiones como el llanto, la alegría, además de vasos con sorbetes incluidos.
En el caso de la cultura Manteña se revelan los porta inciensos para quemar palo santo, útil en ceremonias.


Retornando al sur del país, la cultura Cañari se revela con las urnas funerarias, cuerpos de mujeres en posición fetal, una serie de copas y ollas trípodes, además de recipientes para ofrendas y una sala dedicada a las piezas en metal y sus aleaciones. (FCS) (F)

Cuenca. 

Cuenca. 

A registro piezas del Museo de las Culturas Aborígenes

Carmen Lucía Cordero explica acerca de la cultura Negativo de Carchi. EL TIEMPO

Ahora, gracias a un crédito no reembolsable de 167.900 dólares otorgado por el Banco de Desarrollo del Ecuador a través de Foncultura, del Consejo Nacional de Cultura, se efectuará el registro técnico de 12.000 piezas arqueológicas y 8.000 documentos históricos que será contratado por los propietarios del Centro Cultural Cordero para luego ser avalados por el Instituto Nacional de Patrimonio Cultural, INPC.

Museo
Con 15.000 años de antigüedad, las culturas ancestrales del Ecuador guardan una riqueza histórica indiscutible que se evidencia en las piezas de este museo privado localizado en el Centro Histórico.
Visitarlo representa más que recorrer sus 15 salas copadas de piezas arqueológicas de las diferentes culturas locales, pues significa llevarse uno de los conocimientos mejor guardados “de nuestra historia”, señaló el director de dicho espacio.
De su parte, Carmen Lucía Cordero, subdirectora del museo, agregó que recorrer el espacio permite conocer piezas que van desde el paleolítico hasta los Incas. Es decir, se puede conocer fósiles de animales y vegetales de hace 300 millones de años, instrumentos en piedra, litófonos y morteros.

Cerámica
En las demás salas se observa cerámica propia de las culturas Valdivia y Chorrera, por ejemplo, con las conocidas figuras Venus de Valdivia. También está la cultura Narrío, en la que destaca la utilización de la concha spondylus y la elaboración de rucuyayas.


Además hay cerámica de las culturas Jama Coaque y Guangala, que se representa por figuras en cerámica en diferente posturas, revestidos con trajes especiales, con pintura azul añil, una serie de piezas de bisutería, el uso de tatuajes, adornos para la cara, sellos cilindros y figuras de shamanes.


En las formas en cerámica de la cultura Bahía se observan contorsionistas. Hay sellos planos que corresponden a la cultura Guangala, además de ocarinas, lliptas donde llevan la cal para procesar la coca utilizada como energizante.
Existen también platos de la cultura Negativo del Carchi, con pintura en negativo en las que se revelan las constelaciones; también hay ánforas donde se presume se almacenaba agua.
Otro espacio está dedicado a las culturas Panzaleo y Tsáchilas o Colorados, esta última dedicada a los monos. De Azuay se revela cerámica de la cultura Tacalshapa, “que es de donde provenimos”, indicó Cordero, donde se registran figuras y ollas ceremoniales.


Del norte del país, el museo ha rescatado evidencia cerámica de los Puruhá, con figuras en este material de personajes que muestran expresiones como el llanto, la alegría, además de vasos con sorbetes incluidos.
En el caso de la cultura Manteña se revelan los porta inciensos para quemar palo santo, útil en ceremonias.


Retornando al sur del país, la cultura Cañari se revela con las urnas funerarias, cuerpos de mujeres en posición fetal, una serie de copas y ollas trípodes, además de recipientes para ofrendas y una sala dedicada a las piezas en metal y sus aleaciones. (FCS) (F)

Cuenca. 

Cuenca.