El libro desgarrador como un blues de Gabriela Alemán

Negro. Melancólico. Hasta desgarrador. Así suena un buen blues. La autora ecuatoriana Gabriela Alemán trasladó esas sensaciones a su más reciente libro de relatos cortos, La muerte silba un blues (Penguin Random House, 2014).
Para escribir, Gabriela Alemán utiliza el realismo, la literatura fantástica, la narración onírica, el surrealismo... Cortesía

La obra es una de las cinco finalistas de la segunda edición del Premio Hispanoamericano de Cuento Gabriel García Márquez, que se entregará este 27 de noviembre y que es auspiciado por el Ministerio de Cultura y la Biblioteca Nacional de Colombia.


En esta pieza literaria la autora no se conforma con un solo estilo y pasea su prosa por el realismo, la literatura fantástica, la narración onírica, el surrealismo…


La muerte silba un blues es también el nombre de una película, que según Alemán es “una joya cinematográfica”, del español Jesús “Jess” Franco, reconocido por sus obras catalogadas como cine B, que es un tipo de producción comercial de bajo presupuesto, con rodajes cortos y actores desconocidos. Franco fue un cineasta muy peculiar: rodó cerca de 200 películas, francesas, alemanas, portuguesas, italianas, y en géneros como el terror, la comedia, el cine fantástico y la pornografía.


El bajo presupuesto del que disponía le hacía planificar sus cintas para enlazar un proyecto con el siguiente. Muchas veces, una misma secuencia aparecía en distintas películas. En algún momento, la escritora se planteó: ¿qué pasaría si un libro de ficción tomara prestados los métodos de producción de un director de cine?
En el restaurante de un hotel chileno la autora hace una pausa a una jornada literaria en la que se habla sobre su obra y, a través de una conversación por el sistema de mensajería de Facebook, responde a una serie de preguntas sobre su obra.

¿Qué relación tiene el blues con los relatos de este libro?
Todos los títulos de los cuentos del libro son de películas de “Jess” Franco, un director de cine español de los 60 y 70. Conocido, sobre todo, por haber hecho cine B. Y el blues es una música que de alguna manera recorre todos los cuentos de la colección.

¿Cómo?
Porque es una música desgarrada, que habla de pérdidas y traiciones. Los cuentos, todos, tienen la pérdida como trasfondo.

¿Algo especial con la pérdida?
Es algo que quería explorar. ¿Cómo se experimenta la pérdida, cómo nos relacionamos con la muerte? ¿Es algo que cambia con el tiempo? ¿Qué es la traición? ¿Sólo hay una manera de entenderla o depende de quién lo relata?

¿El libro tiene esas respuestas?
No hay respuestas, hay más preguntas.

Me surge una: ¿por qué “Jess” Franco?
Porque quería encontrar una línea conductora que uniera todos los cuentos del libro y Franco, en sus películas, tenía una manera muy particular de trabajar. Tenía presupuestos muy bajos y contrataba a sus actores, pero nunca les entregaba el guión completo de toda la película. Les entregaba solo el del día. Allí, en realidad, estaban los guiones de cuatro o cinco películas. Entonces, pagaba una, pero sacaba más filmes.

Franco empleaba más que actores, “tipos humanos”. Tú usaste ese recurso en este libro.


Al principio de mi libro tengo una lista de protagonistas. Hombre de 85 años, Mujer de 47 años, Hombre de 36 años… Lo que hice fue reproducir el método Franco. Los personajes de un cuento aparecen en otros cuentos, en otros países y tiempos. Fue un experimento.

¿Hay alguna relación entre los cuentos y los títulos de las películas?
Alguna, pero si no has visto las películas se entienden independientemente. Si las has visto, permiten otra lectura.

¿Aplicaste un método diferente de trabajo?
Sí, mucha corrección y edición. Me tomó un año de edición, pero había cuentos que tenía de muchos años atrás, por lo menos tres o cuatro.

El libro tiene historias que están en el imaginario de los ecuatorianos.
Sí, la historia del aterrizaje marciano en 1949. Es el cuento más largo y el que abre la colección. Hay otro que tiene forma de diario, sobre una mujer extranjera que vive en la Amazonía ecuatoriana en la década del 30 del siglo pasado.

Te alejas del cuento tradicional y optas por la experimentación. ¿Qué buscas con eso?
Muchas cosas: conectar con el lector desde la forma, darle la vuelta a una historia contada cientos de veces, buscar una perspectiva distinta, explorar cómo, al cambiar el punto de vista, cambia la historia. Hay mucha experimentación en la obra.

¿Te dejó satisfecha tu experimento?
Es un libro que disfruté armar y al que, por suerte, le ha ido bien. Hace poco estuve en Chile porque hicieron una edición chilena del libro.

Te va bien con las editoriales fuera del país, pero ¿cómo ves las cosas en Ecuador?
Todavía hay pocas editoriales, pero más que hace 10 o 15 años.

¿Qué falta?
Apoyo institucional, campañas de lectura, bibliotecas en todo el país, apoyo a las editoriales independientes. Muchísimo. Apoyo institucional a los profesores de literatura, buenas publicaciones para colegios públicos...

Lo que sí has encontrado en otros países.
En Chile, por ejemplo, después de la feria de Santiago me invitan a Arica con un programa de fomento a la lectura. Voy a dialogar con chicos de colegio sobre mi libro, que ya todos leyeron.

¿Por qué es importante para un autor, especialmente de Ecuador, el reconocimiento de premios como este?
Para llegar a otros públicos, para que la distribución de la literatura ecuatoriana, no sólo la mía, la de ahora, la de antes, traspase las fronteras y circule, también, dentro del país. Por lo general los libros viajan mal dentro de Ecuador, lo que se publica en Cuenca no llega a Quito, lo que sale en Quito apenas llega a Guayaquil y ni hablar de las demás ciudades del Ecuador. (I) 

El libro desgarrador como un blues de Gabriela Alemán

Para escribir, Gabriela Alemán utiliza el realismo, la literatura fantástica, la narración onírica, el surrealismo... Cortesía

La obra es una de las cinco finalistas de la segunda edición del Premio Hispanoamericano de Cuento Gabriel García Márquez, que se entregará este 27 de noviembre y que es auspiciado por el Ministerio de Cultura y la Biblioteca Nacional de Colombia.


En esta pieza literaria la autora no se conforma con un solo estilo y pasea su prosa por el realismo, la literatura fantástica, la narración onírica, el surrealismo…


La muerte silba un blues es también el nombre de una película, que según Alemán es “una joya cinematográfica”, del español Jesús “Jess” Franco, reconocido por sus obras catalogadas como cine B, que es un tipo de producción comercial de bajo presupuesto, con rodajes cortos y actores desconocidos. Franco fue un cineasta muy peculiar: rodó cerca de 200 películas, francesas, alemanas, portuguesas, italianas, y en géneros como el terror, la comedia, el cine fantástico y la pornografía.


El bajo presupuesto del que disponía le hacía planificar sus cintas para enlazar un proyecto con el siguiente. Muchas veces, una misma secuencia aparecía en distintas películas. En algún momento, la escritora se planteó: ¿qué pasaría si un libro de ficción tomara prestados los métodos de producción de un director de cine?
En el restaurante de un hotel chileno la autora hace una pausa a una jornada literaria en la que se habla sobre su obra y, a través de una conversación por el sistema de mensajería de Facebook, responde a una serie de preguntas sobre su obra.

¿Qué relación tiene el blues con los relatos de este libro?
Todos los títulos de los cuentos del libro son de películas de “Jess” Franco, un director de cine español de los 60 y 70. Conocido, sobre todo, por haber hecho cine B. Y el blues es una música que de alguna manera recorre todos los cuentos de la colección.

¿Cómo?
Porque es una música desgarrada, que habla de pérdidas y traiciones. Los cuentos, todos, tienen la pérdida como trasfondo.

¿Algo especial con la pérdida?
Es algo que quería explorar. ¿Cómo se experimenta la pérdida, cómo nos relacionamos con la muerte? ¿Es algo que cambia con el tiempo? ¿Qué es la traición? ¿Sólo hay una manera de entenderla o depende de quién lo relata?

¿El libro tiene esas respuestas?
No hay respuestas, hay más preguntas.

Me surge una: ¿por qué “Jess” Franco?
Porque quería encontrar una línea conductora que uniera todos los cuentos del libro y Franco, en sus películas, tenía una manera muy particular de trabajar. Tenía presupuestos muy bajos y contrataba a sus actores, pero nunca les entregaba el guión completo de toda la película. Les entregaba solo el del día. Allí, en realidad, estaban los guiones de cuatro o cinco películas. Entonces, pagaba una, pero sacaba más filmes.

Franco empleaba más que actores, “tipos humanos”. Tú usaste ese recurso en este libro.


Al principio de mi libro tengo una lista de protagonistas. Hombre de 85 años, Mujer de 47 años, Hombre de 36 años… Lo que hice fue reproducir el método Franco. Los personajes de un cuento aparecen en otros cuentos, en otros países y tiempos. Fue un experimento.

¿Hay alguna relación entre los cuentos y los títulos de las películas?
Alguna, pero si no has visto las películas se entienden independientemente. Si las has visto, permiten otra lectura.

¿Aplicaste un método diferente de trabajo?
Sí, mucha corrección y edición. Me tomó un año de edición, pero había cuentos que tenía de muchos años atrás, por lo menos tres o cuatro.

El libro tiene historias que están en el imaginario de los ecuatorianos.
Sí, la historia del aterrizaje marciano en 1949. Es el cuento más largo y el que abre la colección. Hay otro que tiene forma de diario, sobre una mujer extranjera que vive en la Amazonía ecuatoriana en la década del 30 del siglo pasado.

Te alejas del cuento tradicional y optas por la experimentación. ¿Qué buscas con eso?
Muchas cosas: conectar con el lector desde la forma, darle la vuelta a una historia contada cientos de veces, buscar una perspectiva distinta, explorar cómo, al cambiar el punto de vista, cambia la historia. Hay mucha experimentación en la obra.

¿Te dejó satisfecha tu experimento?
Es un libro que disfruté armar y al que, por suerte, le ha ido bien. Hace poco estuve en Chile porque hicieron una edición chilena del libro.

Te va bien con las editoriales fuera del país, pero ¿cómo ves las cosas en Ecuador?
Todavía hay pocas editoriales, pero más que hace 10 o 15 años.

¿Qué falta?
Apoyo institucional, campañas de lectura, bibliotecas en todo el país, apoyo a las editoriales independientes. Muchísimo. Apoyo institucional a los profesores de literatura, buenas publicaciones para colegios públicos...

Lo que sí has encontrado en otros países.
En Chile, por ejemplo, después de la feria de Santiago me invitan a Arica con un programa de fomento a la lectura. Voy a dialogar con chicos de colegio sobre mi libro, que ya todos leyeron.

¿Por qué es importante para un autor, especialmente de Ecuador, el reconocimiento de premios como este?
Para llegar a otros públicos, para que la distribución de la literatura ecuatoriana, no sólo la mía, la de ahora, la de antes, traspase las fronteras y circule, también, dentro del país. Por lo general los libros viajan mal dentro de Ecuador, lo que se publica en Cuenca no llega a Quito, lo que sale en Quito apenas llega a Guayaquil y ni hablar de las demás ciudades del Ecuador. (I)