Una visita al pasado a través del cementerio

Túnicas negras, faroles y un ligero maquillaje negro en los ojos, usaron los cuatro empleados de la Empresa Pública Municipal de Servicios de Cementerio, Sala de Velaciones y Exequias, EMUCE, para dar la bienvenida al primer recorrido nocturno en el Cementerio Patrimonial, que se efectuó la noche del jueves.
Los asistentes observaron el valor artístico de las tumbas y mausoleos en un recorrido nocturno que se cumplió el jueves. E. Tapia | EL TIEMPO

A las 19:30 hubo gente esperando en una pequeña carpa verde al pie de uno de los dos árboles de alcanfor que están cerca de la puerta principal.


Allí estuvo también el resto del personal de la EMUCE, alistándose para el recorrido que inició  a las 19:54. Al menos 180 personas participaron.



 Paradas


Dos de los empleados  vestidos con túnicas abrieron el recorrido. Desde la puerta principal del cementerio, que se presume fue construida al menos hace 100 años, René Tello, jefe administrativo de la EMUCE, explicó que se busca difundir el patrimonio de este lugar, declarado así en el 2002.


El espacio ocupa 4,7 hectáreas que mezclan el pasado y el presente. “El pasado de la ciudad está en el cementerio”, dice Tello al iniciar el recorrido de nueve paradas.


Velas colocadas sobre arena en pequeñas fundas  de papel, fueron la señal que identificó las nueve paradas. La primera una tumba de la que resalta una hoja de penco, grande y ancha, atravesada por una cruz delgada como manifestación de la presencia de los familiares de quien yace allí.


Junto a esa tumba, está enterrado Luis Cordero Dávila, dice Tello mientras su voz se pierde durante el recorrido hasta llegar a la tumba de dos pilotos, Gonzalo Gallo y Carlos Cabezas,  tumbas de cuyas lápidas resalta un avión que cae, “murieron en un accidente”, dice Tello.


Explica también que el cementerio, antiguamente, estuvo divido entre los pobres y los ricos. Hay un muro pequeño que marca la diferencia, en este cementerio que se presume se creó entre 1832 y 1842 “no hay datos precisos de cuándo inició”, dice Tello.


Entre las paradas se visitó el mausoleo del Luis Cordero, expresidente de la República, en cada parada la explicación fue rápida.


Se llegó hasta el sitio conocido como El hueco del diablo, donde descansan restos de personas como Dolores Vintimilla de Galindo, quien se suicidó, y Luis Vargas, quien fue fusilado. “Se botaron allí, porque la iglesia de ese entonces creía que no tenían derecho de ser enterrados en el cementerio”, explica.


Antonieta Cornejo, encuentra que la historia es interesante y conoce quiénes son los muertos que acompañan el lugar donde ella tiene enterrados a su abuela, tía y a su hijo.


Mariela Machuca, en cambio, llegó por una invitación que le hizo su hermana. Aprendió que este lugar ya queda pequeño frente a las necesidades de la ciudad, que existen espacios destinados para los migrantes, que hay una cruz mayor que se considera un sitio de oración para los extranjeros que no tiene a sus familias en Cuenca.


Además, de un osario donde están enterrados los olvidados, “es conocer como lo que fuimos en el pasado, es parte de nuestro patrimonio”, dice Jefferson Miranda mientras mira algunas tumbas con nombres desconocidos, “hasta turístico se ve así”, dice. (RME)

Una visita al pasado a través del cementerio

Los asistentes observaron el valor artístico de las tumbas y mausoleos en un recorrido nocturno que se cumplió el jueves. E. Tapia | EL TIEMPO

A las 19:30 hubo gente esperando en una pequeña carpa verde al pie de uno de los dos árboles de alcanfor que están cerca de la puerta principal.


Allí estuvo también el resto del personal de la EMUCE, alistándose para el recorrido que inició  a las 19:54. Al menos 180 personas participaron.



 Paradas


Dos de los empleados  vestidos con túnicas abrieron el recorrido. Desde la puerta principal del cementerio, que se presume fue construida al menos hace 100 años, René Tello, jefe administrativo de la EMUCE, explicó que se busca difundir el patrimonio de este lugar, declarado así en el 2002.


El espacio ocupa 4,7 hectáreas que mezclan el pasado y el presente. “El pasado de la ciudad está en el cementerio”, dice Tello al iniciar el recorrido de nueve paradas.


Velas colocadas sobre arena en pequeñas fundas  de papel, fueron la señal que identificó las nueve paradas. La primera una tumba de la que resalta una hoja de penco, grande y ancha, atravesada por una cruz delgada como manifestación de la presencia de los familiares de quien yace allí.


Junto a esa tumba, está enterrado Luis Cordero Dávila, dice Tello mientras su voz se pierde durante el recorrido hasta llegar a la tumba de dos pilotos, Gonzalo Gallo y Carlos Cabezas,  tumbas de cuyas lápidas resalta un avión que cae, “murieron en un accidente”, dice Tello.


Explica también que el cementerio, antiguamente, estuvo divido entre los pobres y los ricos. Hay un muro pequeño que marca la diferencia, en este cementerio que se presume se creó entre 1832 y 1842 “no hay datos precisos de cuándo inició”, dice Tello.


Entre las paradas se visitó el mausoleo del Luis Cordero, expresidente de la República, en cada parada la explicación fue rápida.


Se llegó hasta el sitio conocido como El hueco del diablo, donde descansan restos de personas como Dolores Vintimilla de Galindo, quien se suicidó, y Luis Vargas, quien fue fusilado. “Se botaron allí, porque la iglesia de ese entonces creía que no tenían derecho de ser enterrados en el cementerio”, explica.


Antonieta Cornejo, encuentra que la historia es interesante y conoce quiénes son los muertos que acompañan el lugar donde ella tiene enterrados a su abuela, tía y a su hijo.


Mariela Machuca, en cambio, llegó por una invitación que le hizo su hermana. Aprendió que este lugar ya queda pequeño frente a las necesidades de la ciudad, que existen espacios destinados para los migrantes, que hay una cruz mayor que se considera un sitio de oración para los extranjeros que no tiene a sus familias en Cuenca.


Además, de un osario donde están enterrados los olvidados, “es conocer como lo que fuimos en el pasado, es parte de nuestro patrimonio”, dice Jefferson Miranda mientras mira algunas tumbas con nombres desconocidos, “hasta turístico se ve así”, dice. (RME)