La obra de Larrazábal renace en una muestra

Hoy en los museos Pumapungo, de Arte Moderno y en la Galería Larrazábal inicia la exposición en homenaje al vitralista Guillermo Larrazabál Arzubide, un artista español que vivió en Cuenca durante 30 años y es el autor de los vitrales de la catedral La Inmaculada de esta ciudad.
José Carlos Arias, autor del libro La vidriera ecuatoriana, 30 años de luz muestra un boceto de Guillermo Larrazábal. Cortesía

El Rosetón, un vitral colocado en la parte frontal de La Catedral, es obra de Larrazábal. Desde fuera se aprecia en sus conjunto circular, pero por la ubicación y la altura, es difícil apreciar con detenimiento el contenido del vitral.

 Arte
Larrazál es el creador de unos 700 vitrales colocados en iglesias de las provincias del país, como Ambato, Azuay, Loja aunque también se colocaron en Guayaquil.


La religión fue el tema que caracterizó el trabajo del artista, quien también propuso en temas libres como El Quijote, un trabajo que se colocó en la casa de Alejandro Cordero Aguilar, indicó Pedro Cueva, curador del museo Pumapungo.


A decir de Cueva, el aporte de Larrazábal constituyó un hito en el significado del arte vitral en la ciudad. “Antes se trabajaba en vitral en pequeños talleres pero no como lo hizo Larrazábal”, dijo Cueva.


Larrazábal, de procedencia vasca llegó a Ecuador en 1950, durante el periodo de 1958 a 1968 se dedicó a la creación de vitrales con enfoque religioso, en cada vitral usó un promedio de 3.000 vidrios y empleó la técnica del emplomado para crear sus obras.


“Fue un excelente dibujante y un creador que se convirtió en un vecino de Cuenca, ciudad a la que se integró y respetó, a través de su arte iconográfico”, indicó José Carlos Arias, autor del libro La vidriera ecuatoriana, 30 años hacia la luz que se presenta hoy a las 19:00 en el museo Pumapungo.

 Libro

La idea de publicar un libro que recoja el trabajo de Larrazábal nació hace un año y es un homenaje al aporte artístico efectuado en las iglesias del país, indicó Arias. La vidriera ecuatoriana, 30 años hacia la luz recoge la vida de Larrazábal, pero se enfoca sobretodo en el trabajo artístico del español.  (RME) 

Rosetón de la Catedral Nueva
El Rosetón es una obra de Guillermo Larrazábal Arzubide que vivió durante 30 años en Cuenca, la obra se colocó en lo alto de la parte frontal de la Catedral La Inmaculada. Éste vitral se puede apreciar mejor desde el interior del templo y dependiendo de la luz se observa con mayor precisión el diseño.


“En la parte central contiene una oveja que es la representación de Cristo”, explica José Carlos Arias, autor del libro La vidriera ecuatoriana, 30 años hacia la luz, libro que brinda un homenaje al artista español.


Larrazábal colocó unos 700 vitrales en iglesias del país, como la Catedral La Inmaculada, de Cuenca; la Catedral Central de Loja; la Basílica de El Cisne; la capilla de la Universidad Técnica Particular de Loja, y algunas iglesias de Ambato, en Guayaquil, también colocó vitrales en templos de Gualaceo y Girón. 

Cuenca.

La obra de Larrazábal renace en una muestra

José Carlos Arias, autor del libro La vidriera ecuatoriana, 30 años de luz muestra un boceto de Guillermo Larrazábal. Cortesía

El Rosetón, un vitral colocado en la parte frontal de La Catedral, es obra de Larrazábal. Desde fuera se aprecia en sus conjunto circular, pero por la ubicación y la altura, es difícil apreciar con detenimiento el contenido del vitral.

 Arte
Larrazál es el creador de unos 700 vitrales colocados en iglesias de las provincias del país, como Ambato, Azuay, Loja aunque también se colocaron en Guayaquil.


La religión fue el tema que caracterizó el trabajo del artista, quien también propuso en temas libres como El Quijote, un trabajo que se colocó en la casa de Alejandro Cordero Aguilar, indicó Pedro Cueva, curador del museo Pumapungo.


A decir de Cueva, el aporte de Larrazábal constituyó un hito en el significado del arte vitral en la ciudad. “Antes se trabajaba en vitral en pequeños talleres pero no como lo hizo Larrazábal”, dijo Cueva.


Larrazábal, de procedencia vasca llegó a Ecuador en 1950, durante el periodo de 1958 a 1968 se dedicó a la creación de vitrales con enfoque religioso, en cada vitral usó un promedio de 3.000 vidrios y empleó la técnica del emplomado para crear sus obras.


“Fue un excelente dibujante y un creador que se convirtió en un vecino de Cuenca, ciudad a la que se integró y respetó, a través de su arte iconográfico”, indicó José Carlos Arias, autor del libro La vidriera ecuatoriana, 30 años hacia la luz que se presenta hoy a las 19:00 en el museo Pumapungo.

 Libro

La idea de publicar un libro que recoja el trabajo de Larrazábal nació hace un año y es un homenaje al aporte artístico efectuado en las iglesias del país, indicó Arias. La vidriera ecuatoriana, 30 años hacia la luz recoge la vida de Larrazábal, pero se enfoca sobretodo en el trabajo artístico del español.  (RME) 

Rosetón de la Catedral Nueva
El Rosetón es una obra de Guillermo Larrazábal Arzubide que vivió durante 30 años en Cuenca, la obra se colocó en lo alto de la parte frontal de la Catedral La Inmaculada. Éste vitral se puede apreciar mejor desde el interior del templo y dependiendo de la luz se observa con mayor precisión el diseño.


“En la parte central contiene una oveja que es la representación de Cristo”, explica José Carlos Arias, autor del libro La vidriera ecuatoriana, 30 años hacia la luz, libro que brinda un homenaje al artista español.


Larrazábal colocó unos 700 vitrales en iglesias del país, como la Catedral La Inmaculada, de Cuenca; la Catedral Central de Loja; la Basílica de El Cisne; la capilla de la Universidad Técnica Particular de Loja, y algunas iglesias de Ambato, en Guayaquil, también colocó vitrales en templos de Gualaceo y Girón. 

Cuenca.