El violento camino del femicidio

La hija de Zoila Vásquez fue asesinada el 24 de mayo de 2016 y en febrero de 2017 fue el primer caso de femicidio sentenciado en la provincia de Azuay.
FOTO: Fernando Machado | EL TELÉGRAFO

A 20 minutos del cantón Gualaceo, en la parroquia Simón Bolívar, vive Zoila Rosa Vásquez, una madre que tuvo que luchar por más de ocho meses para que la justicia sentencie al responsable de la muerte de su tercera hija, quien desapareció un 24 de mayo de 2016 y su cuerpo fue hallado el 3 de junio del mismo año en el embalse de Mazar, en Paute.

Al entrar en su hogar, llama la atención que Zoila no conserva ningún recuerdo visible de su hija. Lo único que guarda, en una carpeta negra que saca de un cajón de la cómoda que se encuentra en su dormitorio, son unos recortes de periódico que dan cuenta del proceso judicial que pasó a la historia como el primer caso sentenciado como femicidio en la provincia de Azuay.

En voz tímida asegura que ya no guarda fotos, ni objetos personales de Ruth porque le hacían doler el alma. Dice que la vida ya no es igual desde la muerte de ella.

“Tratamos de no hablar del tema, que aún es muy doloroso para toda mi familia. Además, la mayoría de cosas se quedaron donde la familia de su homicida”, cuenta.

Zoila se queda en silencio unos segundos. En el fondo de la habitación se encuentran dos de sus hijos, un bebé de aproximadamente un año jugando en el suelo y una adolescente que realiza sus tareas. En seguida retoma el diálogo. Recuerda que Ruth soñaba con ser modelo.

“Cuando tenía tres años le gustaba vestirse con diferentes trajes y modelar sobre la cama. Era una niña muy alegre, juguetona y se dejaba querer por todos”. 

Dice con una sonrisa que se llena de orgullo que su ‘pequeña’ siempre fue muy bonita y que además su personalidad hacía que todas las personas de la comunidad la quieran. Era amiga de todos. “Pero que esto cambió cuando se enamoró de él”.

A los 15 años conoció a Darwin. Se trataba de un joven mayor que había llegado a una fiesta popular de su parroquia. “Ella me contó que lo conoció porque una amiga se lo presentó”.

“Me dijo que él en un principio estaba interesado en su amiga, pero que cuando les presentaron, se quedó prendido de ella. ‘Se enamoró de mí a primera vista’, me decía siempre con una pequeña sonrisa", cuenta Zoila.

Recuerda que mientras Darwin frecuentaba su casa, aparentaba ser un joven tímido y muy reservado, lo que le hizo pensar que su hija estaría segura mientra vivía ese noviazgo. Sin embargo, tras la muerte de su hija se enteró por la mejor amiga de ella, que los malos tratos fueron constantes desde el inicio de la relación.

Zoila cuenta que la vida de su hija dio un giro cuando quedó embarazada. Una noche llegó Darwin, desde Chordeleg, acompañado de su madre para informar sobre la ‘buena noticia’ y decir que se haría responsable de Ruth y del bebé.

Afligida, comenta que Ruth tenía tan solo 16 años y que no quería que se fuera, pero su esposo decidió que debía ser responsable de sus actos y criar a su hijo junto con su pareja. “No pude hacer más que ver con resignación la partida de mi hija”. 

“Cursaba el quinto curso. Nunca tuvo problemas en los estudios y sacaba buenas calificaciones. Seguía la especialidad de Químico Biólogo. Pero Darwin no la dejó seguir estudiando y le exigió retirarse del colegio”.

Esto no fue mal visto por la familia de Ruth. El contexto económico no era favorable para la joven que en pocos meses daría a luz.

La primera alerta de que no iban bien las cosas fueron los moretones que veía en el cuello de su hija y que siempre trataba de ocultarlos usando bufandas. Zoila recuerda con claridad la conversación que tuvo con Ruth.

Zoila: Por qué tienes esos morados en el cuello. 
Ruth: Es que el Darwin me hace. Dice que con los chupetes todos sabrán que estoy casada. 
Zoila: Pero dile que no te haga. 
Ruth: Ya sabes como es, mami.

Zoila hace una pausa y abraza fuertemente a la hija de Ruth, quien se encontraba junto a ella recostada en la cama en silencio y mirando al tumbado. Toma fuerza para continuar su relato. Sus recuerdos la llevan al tiempo en el que nació Dayana, su nieta.

Para ese entonces Ruth ya no era la misma. Hace una nueva pausa y se le llenan los ojos de lágrimas. En voz baja dice que no podía hacer nada a pesar de que el deterioro del estado de salud y la tristeza de su hija eran evidentes. “Comenzó a bajar de peso, de una talla 10 que usaba, terminó comprando la talla 6”.

Reconoce que siempre quiso confrontar a su yerno por el mal aspecto que tenía su ‘niña’, pero Darwin ya nunca frecuentaba su casa y ella no podía ir a visitarla para evitar que tuviera problemas y que sea maltratada.

Zoila, al darse cuenta de que era cerca del mediodía, interrumpe su relato para alistar a Dayana, de seis años, para la escuela. La viste rápidamente con su uniforme de falda azul y chompa roja y arregla su cabello. Dice que ya está en segundo de básica y que estudia en Gualaceo.

El femicidio de Ruth 
Al retomar el diálogo, Zoila hace un salto en su historia para referirse al día de la muerte de Ruth.

“Tras una pelea que tuvieron dentro del local que tenía en Gualaceo, fue la primera vez que me lo enfrenté. ¡Hoy se acaban los maltratos!. Estaba decidida a llevarla de vuelta a mi casa. Darwin salió y aprovechamos en cerrar la tienda e irnos juntas”, dijo.

“Pero de forma abrupta llegó corriendo mientras caminaba junto a Ruth. Nos dirigíamos a mi almacén que se ubicaba a una cuadra, en el centro de Gualaceo. Me arranchó la mano de Ruth y le suplicó una vez más que no le abandone. Le juró que no volvería a golpearla y en un tono sarcástico le dijo que si decide irse, no sabía lo que pasaría. Ruth siempre le tuvo miedo, así que decidió quedarse con él”.

Zoila hace una pausa profunda para secarse las lágrimas y tomar un poco de aliento para continuar.

“Quedaron en ir a mi casa. Esperé por ellos toda la noche. A las 03:00 mi hijo llegó a mi casa en medio de una fuerte lluvia que caía esa madrugada, y me dijo que Darwin le había dicho que Ruth no aparecía”.

“Mi corazón supo que mi hija ya no seguía con vida. Cuando vi a Darwin le exigí la verdad. ¿Qué hizo con ella?, fue la interrogante que por más de 10 días estuvo en mi mente. Todo ese tiempo él mantenía la versión de que Ruth le había dicho que se quería matar y que desapareció en la madrugada”. 

El corazón de Zoila no se había equivocado. El 3 de junio de 2016 recibió una llamada de los bomberos. “Recuerdo bien lo que me dijeron. ‘Encontramos a su hija en Mazar. Tiene que venir a reconocer su cuerpo’”.

“Sentí que mi cuerpo se congeló. Con la certeza de que era ella, decidí ir a la policía a exigir que le capturen al culpable. Puse la denuncia y regresé a mi casa”.

“Ese día lloré. Las lágrimas no se terminaban nunca. No quise irme a Cuenca a reconocer su cuerpo. Pero debía hacerlo para seguir adelante con la denuncia”.

“Estaba tan blanca, tan cristalina. ¡Parecía un ángel que estaba dormido! Reconocí sus lunares en la oreja. La traje de vuelta a su casa. ¡Nunca debió irse!".

Con el fin de la historia de Ruth, inició una nueva historia para la provincia. El caso de ella se convirtió en el primero en ser sentenciado como femicidio, con una pena de 26 años de cárcel para Darwin, quien fue capturado en La Troncal.

Hasta la fecha en Azuay existen 15 asesinatos a mujeres que se enmarcan en el artículo 141 del Código Orgánico Integral Penal, que hace referencia al femicidio.

La importancia de identificar un caso de femicidio 
La directora del Consejo de la Judicatura del Azuay citó que el femicidio hace referencia, según el COIP, cuando una mujer muere por el simple hecho de ser mujer o por su condición de género.

Y dentro de este contexto señaló que el reconocimiento de este tipo de crimen logró nombrar lo que el Derecho ‘patrialcal’ no tratado, “es mostrar una realidad específica de las mujeres”.

“Teóricas del Derecho explican que es importante indagar realidades existentes y que no han sido tipificadas. Por ejemplo, el acoso sexual no estaba tipificado hasta que se lo incluyó por las realidades que vivían a diario las mujeres”, detalló Mendoza.

La funcionaria aseguró que en la actualidad aún existen juristas que no ven necesaria la tipificación del femicidio. Alegan que se dispone de parámetros como el homicidio y el asesinato.

Sin embargo, en una investigación que realizó Mendoza sobre crímenes en contra de mujeres entre 1998 y 2008, pudo identificar mucho casos de femicidios, pero que en ese momento fueron sentenciados como homicidios o asesinatos. Lo que considera que invisibilizó este tipo de violencia.

“Hoy en día ya podemos contar con cifras sobre las muertes de mujeres que se dan por este tipo de crimen y para mí es un gran avance. Podemos saber qué está pasando a nivel nacional. No es que antes no existía el femicidio, simplemente no se hablaba de esto”, destacó. (I)

El violento camino del femicidio

La hija de Zoila Vásquez fue asesinada el 24 de mayo de 2016 y en febrero de 2017 fue el primer caso de femicidio sentenciado en la provincia de Azuay.
FOTO: Fernando Machado | EL TELÉGRAFO

A 20 minutos del cantón Gualaceo, en la parroquia Simón Bolívar, vive Zoila Rosa Vásquez, una madre que tuvo que luchar por más de ocho meses para que la justicia sentencie al responsable de la muerte de su tercera hija, quien desapareció un 24 de mayo de 2016 y su cuerpo fue hallado el 3 de junio del mismo año en el embalse de Mazar, en Paute.

Al entrar en su hogar, llama la atención que Zoila no conserva ningún recuerdo visible de su hija. Lo único que guarda, en una carpeta negra que saca de un cajón de la cómoda que se encuentra en su dormitorio, son unos recortes de periódico que dan cuenta del proceso judicial que pasó a la historia como el primer caso sentenciado como femicidio en la provincia de Azuay.

En voz tímida asegura que ya no guarda fotos, ni objetos personales de Ruth porque le hacían doler el alma. Dice que la vida ya no es igual desde la muerte de ella.

“Tratamos de no hablar del tema, que aún es muy doloroso para toda mi familia. Además, la mayoría de cosas se quedaron donde la familia de su homicida”, cuenta.

Zoila se queda en silencio unos segundos. En el fondo de la habitación se encuentran dos de sus hijos, un bebé de aproximadamente un año jugando en el suelo y una adolescente que realiza sus tareas. En seguida retoma el diálogo. Recuerda que Ruth soñaba con ser modelo.

“Cuando tenía tres años le gustaba vestirse con diferentes trajes y modelar sobre la cama. Era una niña muy alegre, juguetona y se dejaba querer por todos”. 

Dice con una sonrisa que se llena de orgullo que su ‘pequeña’ siempre fue muy bonita y que además su personalidad hacía que todas las personas de la comunidad la quieran. Era amiga de todos. “Pero que esto cambió cuando se enamoró de él”.

A los 15 años conoció a Darwin. Se trataba de un joven mayor que había llegado a una fiesta popular de su parroquia. “Ella me contó que lo conoció porque una amiga se lo presentó”.

“Me dijo que él en un principio estaba interesado en su amiga, pero que cuando les presentaron, se quedó prendido de ella. ‘Se enamoró de mí a primera vista’, me decía siempre con una pequeña sonrisa", cuenta Zoila.

Recuerda que mientras Darwin frecuentaba su casa, aparentaba ser un joven tímido y muy reservado, lo que le hizo pensar que su hija estaría segura mientra vivía ese noviazgo. Sin embargo, tras la muerte de su hija se enteró por la mejor amiga de ella, que los malos tratos fueron constantes desde el inicio de la relación.

Zoila cuenta que la vida de su hija dio un giro cuando quedó embarazada. Una noche llegó Darwin, desde Chordeleg, acompañado de su madre para informar sobre la ‘buena noticia’ y decir que se haría responsable de Ruth y del bebé.

Afligida, comenta que Ruth tenía tan solo 16 años y que no quería que se fuera, pero su esposo decidió que debía ser responsable de sus actos y criar a su hijo junto con su pareja. “No pude hacer más que ver con resignación la partida de mi hija”. 

“Cursaba el quinto curso. Nunca tuvo problemas en los estudios y sacaba buenas calificaciones. Seguía la especialidad de Químico Biólogo. Pero Darwin no la dejó seguir estudiando y le exigió retirarse del colegio”.

Esto no fue mal visto por la familia de Ruth. El contexto económico no era favorable para la joven que en pocos meses daría a luz.

La primera alerta de que no iban bien las cosas fueron los moretones que veía en el cuello de su hija y que siempre trataba de ocultarlos usando bufandas. Zoila recuerda con claridad la conversación que tuvo con Ruth.

Zoila: Por qué tienes esos morados en el cuello. 
Ruth: Es que el Darwin me hace. Dice que con los chupetes todos sabrán que estoy casada. 
Zoila: Pero dile que no te haga. 
Ruth: Ya sabes como es, mami.

Zoila hace una pausa y abraza fuertemente a la hija de Ruth, quien se encontraba junto a ella recostada en la cama en silencio y mirando al tumbado. Toma fuerza para continuar su relato. Sus recuerdos la llevan al tiempo en el que nació Dayana, su nieta.

Para ese entonces Ruth ya no era la misma. Hace una nueva pausa y se le llenan los ojos de lágrimas. En voz baja dice que no podía hacer nada a pesar de que el deterioro del estado de salud y la tristeza de su hija eran evidentes. “Comenzó a bajar de peso, de una talla 10 que usaba, terminó comprando la talla 6”.

Reconoce que siempre quiso confrontar a su yerno por el mal aspecto que tenía su ‘niña’, pero Darwin ya nunca frecuentaba su casa y ella no podía ir a visitarla para evitar que tuviera problemas y que sea maltratada.

Zoila, al darse cuenta de que era cerca del mediodía, interrumpe su relato para alistar a Dayana, de seis años, para la escuela. La viste rápidamente con su uniforme de falda azul y chompa roja y arregla su cabello. Dice que ya está en segundo de básica y que estudia en Gualaceo.

El femicidio de Ruth 
Al retomar el diálogo, Zoila hace un salto en su historia para referirse al día de la muerte de Ruth.

“Tras una pelea que tuvieron dentro del local que tenía en Gualaceo, fue la primera vez que me lo enfrenté. ¡Hoy se acaban los maltratos!. Estaba decidida a llevarla de vuelta a mi casa. Darwin salió y aprovechamos en cerrar la tienda e irnos juntas”, dijo.

“Pero de forma abrupta llegó corriendo mientras caminaba junto a Ruth. Nos dirigíamos a mi almacén que se ubicaba a una cuadra, en el centro de Gualaceo. Me arranchó la mano de Ruth y le suplicó una vez más que no le abandone. Le juró que no volvería a golpearla y en un tono sarcástico le dijo que si decide irse, no sabía lo que pasaría. Ruth siempre le tuvo miedo, así que decidió quedarse con él”.

Zoila hace una pausa profunda para secarse las lágrimas y tomar un poco de aliento para continuar.

“Quedaron en ir a mi casa. Esperé por ellos toda la noche. A las 03:00 mi hijo llegó a mi casa en medio de una fuerte lluvia que caía esa madrugada, y me dijo que Darwin le había dicho que Ruth no aparecía”.

“Mi corazón supo que mi hija ya no seguía con vida. Cuando vi a Darwin le exigí la verdad. ¿Qué hizo con ella?, fue la interrogante que por más de 10 días estuvo en mi mente. Todo ese tiempo él mantenía la versión de que Ruth le había dicho que se quería matar y que desapareció en la madrugada”. 

El corazón de Zoila no se había equivocado. El 3 de junio de 2016 recibió una llamada de los bomberos. “Recuerdo bien lo que me dijeron. ‘Encontramos a su hija en Mazar. Tiene que venir a reconocer su cuerpo’”.

“Sentí que mi cuerpo se congeló. Con la certeza de que era ella, decidí ir a la policía a exigir que le capturen al culpable. Puse la denuncia y regresé a mi casa”.

“Ese día lloré. Las lágrimas no se terminaban nunca. No quise irme a Cuenca a reconocer su cuerpo. Pero debía hacerlo para seguir adelante con la denuncia”.

“Estaba tan blanca, tan cristalina. ¡Parecía un ángel que estaba dormido! Reconocí sus lunares en la oreja. La traje de vuelta a su casa. ¡Nunca debió irse!".

Con el fin de la historia de Ruth, inició una nueva historia para la provincia. El caso de ella se convirtió en el primero en ser sentenciado como femicidio, con una pena de 26 años de cárcel para Darwin, quien fue capturado en La Troncal.

Hasta la fecha en Azuay existen 15 asesinatos a mujeres que se enmarcan en el artículo 141 del Código Orgánico Integral Penal, que hace referencia al femicidio.

La importancia de identificar un caso de femicidio 
La directora del Consejo de la Judicatura del Azuay citó que el femicidio hace referencia, según el COIP, cuando una mujer muere por el simple hecho de ser mujer o por su condición de género.

Y dentro de este contexto señaló que el reconocimiento de este tipo de crimen logró nombrar lo que el Derecho ‘patrialcal’ no tratado, “es mostrar una realidad específica de las mujeres”.

“Teóricas del Derecho explican que es importante indagar realidades existentes y que no han sido tipificadas. Por ejemplo, el acoso sexual no estaba tipificado hasta que se lo incluyó por las realidades que vivían a diario las mujeres”, detalló Mendoza.

La funcionaria aseguró que en la actualidad aún existen juristas que no ven necesaria la tipificación del femicidio. Alegan que se dispone de parámetros como el homicidio y el asesinato.

Sin embargo, en una investigación que realizó Mendoza sobre crímenes en contra de mujeres entre 1998 y 2008, pudo identificar mucho casos de femicidios, pero que en ese momento fueron sentenciados como homicidios o asesinatos. Lo que considera que invisibilizó este tipo de violencia.

“Hoy en día ya podemos contar con cifras sobre las muertes de mujeres que se dan por este tipo de crimen y para mí es un gran avance. Podemos saber qué está pasando a nivel nacional. No es que antes no existía el femicidio, simplemente no se hablaba de esto”, destacó. (I)