Sobrevivieron a la violencia y son motivación para otras mujeres

Diana vive con sus dos hijos. Su hija mayor es una de las mejores estudiantes de la clase. Dice sentirse orgullosa de lo que ha logrado. Pamela escribe en su blog historias sobre mujeres, que al igual que ella, fueron maltratadas por su expareja o alguien de su entorno familiar. Estefanía ha contado su historia a pocas personas, pero asegura que se siente tranquila de haber decidido por su paz y la de sus dos hijos. Ilustración: El Telégrafo

Diana, Pamela y Estefanía son nombres ficticios de mujeres que sufrieron maltrato físico y psicológico por parte de sus exparejas. Para salvaguardar su integridad y seguridad, sus identidades no se revelan pero sus historias buscan que más personas se reflejen en ellas y encuentren el valor para elegir la paz.  


Sus nombres, edades y orígenes son parte de cifras y estadísticas que poco hablan de la resiliencia o esa capacidad para sobrellevar situaciones traumáticas, que a veces duerme en los seres humanos y otras, despierta como en el caso de ellas.


Diana, Pamela y Estefanía son mujeres que fueron víctimas de violencia por parte de sus exparejas. Pertenecen al 68,8 por ciento de mujeres en Azuay que experimentaron alguna forma de violencia según el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos, INEC.


Ellas lo saben y recuerdan con fechas exactas cada episodio. Se quiebran al repetirlos pero hoy han vuelto a sonreír y quieren que otras mujeres puedan hacer lo mismo.


Diana
Casi al mismo tiempo que fue perdiendo la cuenta de las veces que regresó con el padre de sus hijos, fue también perdiendo el miedo de abandonarlo.
Diana salió de la casa de sus padres a los 16 años por problemas intrafamiliares y luego de un año se embarazó de su novio. A los tres meses de convivencia, él la golpeó por primera vez.


Creyó que sería la última pero los hechos de violencia no cesaron. Su madre y su tío la alentaron a separarse pero su padre le repetía: “no puedes abandonar al papá de tu hija”.


Esa niña hoy tiene ocho años y todavía recuerda el maltrato que su madre sufría: “mi nena vivía traumada y yo volvía con él porque como muchas, tenía la esperanza de que cambiara. A veces, ella me habla de eso”.


Mientras estaba embarazada de su segundo hijo el hombre la empujó por las escaleras y le mandó de la casa en una de las tantas ocasiones en las que se encontraba en estado etílico. Sin tener a dónde ir, fue con su hija a la casa del tío: nunca sentí un apego de madre por mi hijo varón, quería darlo en adopción”.


Esta idea duró poco en la cabeza y luego en el corazón de Diana. Le pasó cuando llegó a una casa de acogida “un miércoles a la una de la tarde”. Lo dice y sonríe como alguien que sabe el día exacto en el que la vida fue alegría.


Al centro llegó por recomendación de una doctora que le curó “los que decidí que serían mis últimos golpes”. Desde esta parte de la historia repite palabras y frases como ‘empoderamiento’, ‘cerrar el círculo de violencia’ y ‘amor propio’. Se emociona y cuenta que vive sola con sus hijos y que “son lo más hermoso. Ya no imagino mi vida sin ellos”.


La familia de su expareja ha amenazado con quitarle a su hija, pero Diana se siente tranquila y es firme: “sé que he hecho un buen trabajo con ellos. Ella no sufrirá violencia y él no será un machista. Nadie me los va a quitar y nadie les dará tanto amor como yo”.


Hablando de amor, confiesa que tiene miedo de creer otra vez en un hombre pero que quizá “en un futuro lejano” vuelva a enamorarse. Luego, ríe. A sus 26 años ríe siempre.


Pamela
Inteligente, genial y cariñoso fueron los primeros adjetivos que creó para calificar a su expareja cuando lo conoció.
Apenas un mes pasó para que esas virtudes aparentes se convirtieran en golpes y daños psicológicos constantes para Pamela que, se enamoró a los 22 años de una persona que no era quien ella creía.


“Debía cubrir con mi ropa los morados que tenía en mis brazos. Me humillaba delante de la gente. Un día botó mi celular por la ventana del carro porque me celaba por cosas que yo ni siquiera hacía”.  


Estas reiteradas actitudes, cuenta, llegaban incluso a ser justificadas por él poniendo como excusa la personalidad espontánea y extrovertida de Pamela, quien en poco tiempo se convenció de que estaba mal tener un círculo de amigos y salir a fiestas con ellos: “empecé a vestirme para él, hablar para él y ser todo lo que él quería”.


Aunque la relación duró solo cinco meses, fueron suficientes para que ella enfermara y desarrollara un pánico constante.
Un día, sin reparos, él le pidió que se casaran y aunque Pamela se negó le dio “la última oportunidad”, pero volvió a experimentar un episodio de celos en el que la encerró en su casa y solo le permitió irse cuando ella amenazó con llamar a la policía: “me dijo que no iba a salir hasta que yo cambiara mi comportamiento. Sentí miedo”.


Pamela cumplió 26 años y está convencida de que es una mujer “con una capacidad especial para superar las cosas malas”.
Actualmente, a través de su blog, escribe para las mujeres que como ella fueron maltradas; esto mientras comparte con su novio, porque volvió a enamorarse.


Estefanía
Además de su psicólogo que le sugirió ir a una casa de acogida, esta es de las pocas veces que comparte su historia completa.
Estefanía tiene 30 años y vive “en paz” con sus dos hijos. Para que este día llegara tuvo que soportar casi ocho años de violencia sexual, física y psicológica; las dos últimas incluso por parte de su exsuegra.


El exconviviente de Estefanía era alcohólico y alguna vez la obligó a abortar. Otro día los amigos del hombre intentaron abusar de ella mientras él dormía ebrio. Calló porque “mi madre está convencida de que ‘aunque pegue y aunque mate, marido es’. Mi mamá ha aguantado maltratos toda su vida por parte de mi papá”.
Estefanía decidió cambiar su historia familiar y a pesar de que lo ha hecho desde el silencio y el juicio de una sociedad que cree que abandonó a “un buen hombre”, dice: “no cambio mi paz y la de mis hijos, por nadie”. (I)

Isabel Aguilar
Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

Sobrevivieron a la violencia y son motivación para otras mujeres

Diana vive con sus dos hijos. Su hija mayor es una de las mejores estudiantes de la clase. Dice sentirse orgullosa de lo que ha logrado. Pamela escribe en su blog historias sobre mujeres, que al igual que ella, fueron maltratadas por su expareja o alguien de su entorno familiar. Estefanía ha contado su historia a pocas personas, pero asegura que se siente tranquila de haber decidido por su paz y la de sus dos hijos. Ilustración: El Telégrafo

Diana, Pamela y Estefanía son nombres ficticios de mujeres que sufrieron maltrato físico y psicológico por parte de sus exparejas. Para salvaguardar su integridad y seguridad, sus identidades no se revelan pero sus historias buscan que más personas se reflejen en ellas y encuentren el valor para elegir la paz.  


Sus nombres, edades y orígenes son parte de cifras y estadísticas que poco hablan de la resiliencia o esa capacidad para sobrellevar situaciones traumáticas, que a veces duerme en los seres humanos y otras, despierta como en el caso de ellas.


Diana, Pamela y Estefanía son mujeres que fueron víctimas de violencia por parte de sus exparejas. Pertenecen al 68,8 por ciento de mujeres en Azuay que experimentaron alguna forma de violencia según el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos, INEC.


Ellas lo saben y recuerdan con fechas exactas cada episodio. Se quiebran al repetirlos pero hoy han vuelto a sonreír y quieren que otras mujeres puedan hacer lo mismo.


Diana
Casi al mismo tiempo que fue perdiendo la cuenta de las veces que regresó con el padre de sus hijos, fue también perdiendo el miedo de abandonarlo.
Diana salió de la casa de sus padres a los 16 años por problemas intrafamiliares y luego de un año se embarazó de su novio. A los tres meses de convivencia, él la golpeó por primera vez.


Creyó que sería la última pero los hechos de violencia no cesaron. Su madre y su tío la alentaron a separarse pero su padre le repetía: “no puedes abandonar al papá de tu hija”.


Esa niña hoy tiene ocho años y todavía recuerda el maltrato que su madre sufría: “mi nena vivía traumada y yo volvía con él porque como muchas, tenía la esperanza de que cambiara. A veces, ella me habla de eso”.


Mientras estaba embarazada de su segundo hijo el hombre la empujó por las escaleras y le mandó de la casa en una de las tantas ocasiones en las que se encontraba en estado etílico. Sin tener a dónde ir, fue con su hija a la casa del tío: nunca sentí un apego de madre por mi hijo varón, quería darlo en adopción”.


Esta idea duró poco en la cabeza y luego en el corazón de Diana. Le pasó cuando llegó a una casa de acogida “un miércoles a la una de la tarde”. Lo dice y sonríe como alguien que sabe el día exacto en el que la vida fue alegría.


Al centro llegó por recomendación de una doctora que le curó “los que decidí que serían mis últimos golpes”. Desde esta parte de la historia repite palabras y frases como ‘empoderamiento’, ‘cerrar el círculo de violencia’ y ‘amor propio’. Se emociona y cuenta que vive sola con sus hijos y que “son lo más hermoso. Ya no imagino mi vida sin ellos”.


La familia de su expareja ha amenazado con quitarle a su hija, pero Diana se siente tranquila y es firme: “sé que he hecho un buen trabajo con ellos. Ella no sufrirá violencia y él no será un machista. Nadie me los va a quitar y nadie les dará tanto amor como yo”.


Hablando de amor, confiesa que tiene miedo de creer otra vez en un hombre pero que quizá “en un futuro lejano” vuelva a enamorarse. Luego, ríe. A sus 26 años ríe siempre.


Pamela
Inteligente, genial y cariñoso fueron los primeros adjetivos que creó para calificar a su expareja cuando lo conoció.
Apenas un mes pasó para que esas virtudes aparentes se convirtieran en golpes y daños psicológicos constantes para Pamela que, se enamoró a los 22 años de una persona que no era quien ella creía.


“Debía cubrir con mi ropa los morados que tenía en mis brazos. Me humillaba delante de la gente. Un día botó mi celular por la ventana del carro porque me celaba por cosas que yo ni siquiera hacía”.  


Estas reiteradas actitudes, cuenta, llegaban incluso a ser justificadas por él poniendo como excusa la personalidad espontánea y extrovertida de Pamela, quien en poco tiempo se convenció de que estaba mal tener un círculo de amigos y salir a fiestas con ellos: “empecé a vestirme para él, hablar para él y ser todo lo que él quería”.


Aunque la relación duró solo cinco meses, fueron suficientes para que ella enfermara y desarrollara un pánico constante.
Un día, sin reparos, él le pidió que se casaran y aunque Pamela se negó le dio “la última oportunidad”, pero volvió a experimentar un episodio de celos en el que la encerró en su casa y solo le permitió irse cuando ella amenazó con llamar a la policía: “me dijo que no iba a salir hasta que yo cambiara mi comportamiento. Sentí miedo”.


Pamela cumplió 26 años y está convencida de que es una mujer “con una capacidad especial para superar las cosas malas”.
Actualmente, a través de su blog, escribe para las mujeres que como ella fueron maltradas; esto mientras comparte con su novio, porque volvió a enamorarse.


Estefanía
Además de su psicólogo que le sugirió ir a una casa de acogida, esta es de las pocas veces que comparte su historia completa.
Estefanía tiene 30 años y vive “en paz” con sus dos hijos. Para que este día llegara tuvo que soportar casi ocho años de violencia sexual, física y psicológica; las dos últimas incluso por parte de su exsuegra.


El exconviviente de Estefanía era alcohólico y alguna vez la obligó a abortar. Otro día los amigos del hombre intentaron abusar de ella mientras él dormía ebrio. Calló porque “mi madre está convencida de que ‘aunque pegue y aunque mate, marido es’. Mi mamá ha aguantado maltratos toda su vida por parte de mi papá”.
Estefanía decidió cambiar su historia familiar y a pesar de que lo ha hecho desde el silencio y el juicio de una sociedad que cree que abandonó a “un buen hombre”, dice: “no cambio mi paz y la de mis hijos, por nadie”. (I)

Isabel Aguilar
Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.