Venezuela se une y combate la xenofobia

Alrededor de 900.000 reproducciones ha alcanzado un video creado por la comunidad de migrantes residentes en Cuenca. Los mensajes son claros: “Yo no soy un asesino”, “Yo trabajo honradamente”.
Enoc Beltrán es bartender profesional y también dicta cursos de coctelería. Además, es miembro de la Fundación ‘Uniendo Voluntades’. Miguel Arévalo EL TIEMPO

En tres días, el rostro de ocho venezolanos ha dado la vuelta al mundo en un video. La diferencia con imágenes pasadas, es que en esta ocasión son protagonistas de un bien común, o mejor dicho, mancomunado: combatir la xenofobia.


Tres de ellos se interrumpen al hablar porque tienen algo importante que contar. El video #YoNoSoyUnAsesino alcanzaba hasta ayer alrededor de 900.000 reproducciones desde el domingo que fue colgado en Facebook. Será posteado por un canal de televisión argentina.


Se trata de un material audiovisual casero pero con dos mensajes claros: la solidaridad de una comunidad venezolana residente en Cuenca ante el asesinato de Diana Carolina ocurrido en Ibarra el sábado pasado, y que la gente sepa que ellos llegaron a Ecuador para trabajar.


A una de las paredes beige del departamento de Enoc Beltrán la cubre una bandera venezolana amarilla, azul y roja, tricolor como la del Ecuador, pero que para él suple el lugar de la imagen de algún santo. Un tipo de inspiración que le hace levantarse cada día para ir a su trabajo de bartender profesional.


Sentados a su lado escuchan la historia dos de sus amigos. Asienten luego de cada frase, como identificando ese factor común en el que se basan los relatos de los migrantes venezolanos: la huida y la crisis.


Aporte
Enoc tiene 30 años y llegó a Cuenca hace dos. No sabe cuánto tiempo sus días han transcurrido en los bares. Su habilidad con el fuego en la creación de nuevos cocteles lo enorgullece. “Yo busco hacer cosas innovadoras”, dice.


Enseguida se muestra grato porque tampoco olvida que el empredimiento que tiene hoy, lo consiguió con la ayuda de la Casa del Migrante, donde según cuenta, le ayudaron con cursos gratuitos.


“Llegué a Cuenca con 4 dólares en el bolsillo. Pocos me creen”. Sus dos hijas y su esposa lo han hecho llenarse de entereza al momento de ser insultado en redes sociales o lo que es peor, en vivo. Él se queda con la gente buena que lo ayudó al llegar y que no ha dejado de sonreírle, dice: “el migrante que quiere migrar bien, busca enamorarse y conocer las cosas buenas del país en el que está, y yo estoy enamorado de Cuenca”.


El más callado de los tres es Kevin Echenagucia de 25 años y padre de una bebé de ocho meses, nacida en Ecuador. Deletrea con paciencia su inusual apellido y con la misma paciencia explica su transición de supervisor de ventas en Venezuela, a vendedor de sánduches en Ecuador. “Haber tenido un puesto jerárquico en mi país y tener que trabajar hoy en las calles, no me deshonra. Lo hago con alegría y estoy agradecido a cada momento”, sostiene.


De a poco, Kevin, Enoc y su amigo Edelbert van mostrando confianza. El decreto del presidente Lenín Moreno los ha dejado nerviosos y “retraídos”, confiesan. Enseguida, Edilbert Parra rompe el hielo y habla de sus 15 años de experiencia como DJ. La música parece evidente en su cuerpo, por su forma de moverse al hablar. Está contento porque a él y a su esposa Brenda los acompañará su madre, quien llegó a Cuenca hace tres días.


Si bien la xenofobia les preocupa, el rostro les cambia cuando deben hablar de su país, o quizá de la nostalgia de una patria en la que las alegrías fueron mayores que las penas. Enoc abre el debate con una sentencia dura pero honesta: “Yo no conocía el significado de xenofobia hasta que todos empezamos a migrar a otros países”. Con esto se refiere a la diversidad cultural que habita en Venezuela.


Edilbert lo afirma y cuenta que allá hay chinos, portugueses, ecuatorianos, árabes, “de todo un poco, pues”. Que cuando ellos les iban a comprar sus productos, de parte y parte “chalequeaban o echaban broma” con los acentos, la forma de llamar a las cosas, y con todo lo que pudiera ocasionar “alguna alegría sana”.


 La Coordinación Zonal 6 del Ministerio de Relaciones Exteriores otorgó 1.151 visas para migrantes venezolanos en 2018. Edilbert, Kevin y Enoc lograron obtener una, luego de dormir en el piso y pasar hambre, como tantos de sus compatriotas que piden dinero en las calles. En repetidas ocasiones, aseguran que están agradecidos con los cuencanos que los ayudaron. Pero también anhelan empatía y que el rechazo les dé una tregua. (I)


Me siento profundamente agradecido con Cuenca y siempre lo demuestro”.
Enoc Beltrán
Bartender profesional venezolano


No todos vinimos a ‘echar vaina’. Muchos estamos aquí para trabajar honradamente”.
Edilbert Parra
DJ profesional venezolano


1.151 visas para migrantes venezolanos entregó la Coordinación Zonal 6 del Ministerio hasta finales del 2018.


Isabel Aguilar
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Venezuela se une y combate la xenofobia

Enoc Beltrán es bartender profesional y también dicta cursos de coctelería. Además, es miembro de la Fundación ‘Uniendo Voluntades’. Miguel Arévalo EL TIEMPO

En tres días, el rostro de ocho venezolanos ha dado la vuelta al mundo en un video. La diferencia con imágenes pasadas, es que en esta ocasión son protagonistas de un bien común, o mejor dicho, mancomunado: combatir la xenofobia.


Tres de ellos se interrumpen al hablar porque tienen algo importante que contar. El video #YoNoSoyUnAsesino alcanzaba hasta ayer alrededor de 900.000 reproducciones desde el domingo que fue colgado en Facebook. Será posteado por un canal de televisión argentina.


Se trata de un material audiovisual casero pero con dos mensajes claros: la solidaridad de una comunidad venezolana residente en Cuenca ante el asesinato de Diana Carolina ocurrido en Ibarra el sábado pasado, y que la gente sepa que ellos llegaron a Ecuador para trabajar.


A una de las paredes beige del departamento de Enoc Beltrán la cubre una bandera venezolana amarilla, azul y roja, tricolor como la del Ecuador, pero que para él suple el lugar de la imagen de algún santo. Un tipo de inspiración que le hace levantarse cada día para ir a su trabajo de bartender profesional.


Sentados a su lado escuchan la historia dos de sus amigos. Asienten luego de cada frase, como identificando ese factor común en el que se basan los relatos de los migrantes venezolanos: la huida y la crisis.


Aporte
Enoc tiene 30 años y llegó a Cuenca hace dos. No sabe cuánto tiempo sus días han transcurrido en los bares. Su habilidad con el fuego en la creación de nuevos cocteles lo enorgullece. “Yo busco hacer cosas innovadoras”, dice.


Enseguida se muestra grato porque tampoco olvida que el empredimiento que tiene hoy, lo consiguió con la ayuda de la Casa del Migrante, donde según cuenta, le ayudaron con cursos gratuitos.


“Llegué a Cuenca con 4 dólares en el bolsillo. Pocos me creen”. Sus dos hijas y su esposa lo han hecho llenarse de entereza al momento de ser insultado en redes sociales o lo que es peor, en vivo. Él se queda con la gente buena que lo ayudó al llegar y que no ha dejado de sonreírle, dice: “el migrante que quiere migrar bien, busca enamorarse y conocer las cosas buenas del país en el que está, y yo estoy enamorado de Cuenca”.


El más callado de los tres es Kevin Echenagucia de 25 años y padre de una bebé de ocho meses, nacida en Ecuador. Deletrea con paciencia su inusual apellido y con la misma paciencia explica su transición de supervisor de ventas en Venezuela, a vendedor de sánduches en Ecuador. “Haber tenido un puesto jerárquico en mi país y tener que trabajar hoy en las calles, no me deshonra. Lo hago con alegría y estoy agradecido a cada momento”, sostiene.


De a poco, Kevin, Enoc y su amigo Edelbert van mostrando confianza. El decreto del presidente Lenín Moreno los ha dejado nerviosos y “retraídos”, confiesan. Enseguida, Edilbert Parra rompe el hielo y habla de sus 15 años de experiencia como DJ. La música parece evidente en su cuerpo, por su forma de moverse al hablar. Está contento porque a él y a su esposa Brenda los acompañará su madre, quien llegó a Cuenca hace tres días.


Si bien la xenofobia les preocupa, el rostro les cambia cuando deben hablar de su país, o quizá de la nostalgia de una patria en la que las alegrías fueron mayores que las penas. Enoc abre el debate con una sentencia dura pero honesta: “Yo no conocía el significado de xenofobia hasta que todos empezamos a migrar a otros países”. Con esto se refiere a la diversidad cultural que habita en Venezuela.


Edilbert lo afirma y cuenta que allá hay chinos, portugueses, ecuatorianos, árabes, “de todo un poco, pues”. Que cuando ellos les iban a comprar sus productos, de parte y parte “chalequeaban o echaban broma” con los acentos, la forma de llamar a las cosas, y con todo lo que pudiera ocasionar “alguna alegría sana”.


 La Coordinación Zonal 6 del Ministerio de Relaciones Exteriores otorgó 1.151 visas para migrantes venezolanos en 2018. Edilbert, Kevin y Enoc lograron obtener una, luego de dormir en el piso y pasar hambre, como tantos de sus compatriotas que piden dinero en las calles. En repetidas ocasiones, aseguran que están agradecidos con los cuencanos que los ayudaron. Pero también anhelan empatía y que el rechazo les dé una tregua. (I)


Me siento profundamente agradecido con Cuenca y siempre lo demuestro”.
Enoc Beltrán
Bartender profesional venezolano


No todos vinimos a ‘echar vaina’. Muchos estamos aquí para trabajar honradamente”.
Edilbert Parra
DJ profesional venezolano


1.151 visas para migrantes venezolanos entregó la Coordinación Zonal 6 del Ministerio hasta finales del 2018.


Isabel Aguilar
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