La valentía de 'salir del clóset' reflejada en el orgullo LGBTI

Anahí Villena es actriz de teatro y ha viajado a distintas ciudades del país para presentar sus obras. / Mateo Bustamante tiene 24 años y está por graduarse de la carrera de Filosofía. / José Luis Sánchez es abogado y se graduó de la universidad con las mejores calificaciones

Mateo Bustamante, Anahí Villena y José Luis Sánchez tomaron una de las decisiones más importantes de su vida al hacer pública su orientación sexual. Esta confesión les trajo conflictos sociales, emocionales y discriminación; pero también “la paz de vivir una vida propia y no la que otros nos exigían”.

Mostrarse como parte de la población heterosexual no representa un conflicto en la sociedad cuencana. Pero ser parte de la población LGBTI y hacerlo público todavía está considerado como un acto de valentía de estas personas.

Mateo Bustamante, Anahí Villena y José Luis Sánchez no dudaron ante el pedido de compartir sus historias sobre cómo fue ‘salir del clóset’, esa expresión que nunca les ha ofendido, pero de la que detrás existe un pasado, muchas veces difícil y doloroso.

Sin embargo, los tres creen que contarlo le da un significado decisivo a la palabra ‘orgullo’.

Mateo
Cuando se refiere a su orientación sexual siempre hay una broma de por medio. Él ríe y sus amigos ríen con él porque nunca tuvo problemas en decir que le gustaban los hombres. Así fue cómo lo contó por vez primera en un círculo de confianza.

Mateo Bustamante tiene 24 años y es hijo único. A los 15 les reveló a sus compañeros del colegio que era gay. Luego habló con su padre, quien le apoyó y le pidió que se lo dijera a su madre: “a ella le tomó un tiempo comprender pero hoy hablamos abiertamente de diversidad, orgullo y del daño que nos hacen los grupos antiderechos”.

Se considera afortunado porque jamás sufrió “una discriminación fuerte”, excepto el día en el que le pidieron que se retire de una cafetería por darse un beso con su expareja.

Hay una frase de vida que este joven librero y que está por graduarse en Filosofía la repite como una cábala para mostrar algo muy cercano a la resiliencia ante los comentarios discriminatorios: “hay que aprender a caminar a través del dolor”, línea de Rosi Braidotti, una filósofa feminista italiana que lo acompaña en la bibliografía de su tesis que trata, justamente, sobre feminismo.

Su honestidad le lleva también a confesar que “una persona homosexual siempre va a temer por su integridad ante el rechazo social. Yo temo. Pero tampoco debemos ser víctimas todo el tiempo. El valor está en nuestra diferencia”.

Habla después de una sensación empoderadora que él experimentó al ‘salir del clóset’ y la libertad conseguida en esa confesión.
Mateo quiere sonreír para la foto. Dice que se trata del orgullo LGBTI y que “no puede ser de otra manera”.

Anahí
“Yo siento que necesito decirle al mundo que, si amo a alguien de mi mismo sexo, está totalmente bien. Si pasa con las plantas, si pasa con los animales, ¿por qué no va a suceder con los seres humanos? ¡Es lo más natural del mundo!”. Anahí Villena empieza así su historia al definirse como una persona a la que le gustan las mujeres y los hombres.

Las razones para que nunca haya tenido conflictos para reconocerse como bisexual, son diversas: su madre italiana tuvo un mejor amigo travesti y la relación con su padre siempre se desarrolló en un ambiente “libre de prejuicios e imposiciones”.

Anahí es actriz de teatro y parece tener en su rostro la palabra orgullo. Confiesa sentir nervios al hablar del tema porque hace apenas una semana le confirmó su orientación sexual a su abuela paterna: “tenía miedo porque ella es tan importante para mí, pero me dijo: gracias porque aunque soy vieja, hoy me enseñaste algo nuevo”.

Se reconoció hace 10 años, cuando un amigo de la secundaria le contó que era gay y ella se sintió identificada. Salían juntos a las discotecas alternativas, entre ellas, la icónica y extinta ‘Blackout’ en Quito, ciudad donde vivió hasta los 18 años antes de venir a Cuenca.

Un día Anahí y su primera novia fueron descubiertas besándose en el colegio y los directivos de la institución le enviaron una carta a su familia, “y así fue cómo todos se enteraron”.

Tuvo el apoyo de su padre y cree que si su madre siguiera viva “se hubiese enorgullecido y gritado a los cuatro vientos que su hija es bisexual”.

José
José Luis Sánchez es uno de los activistas LGBTI más reconocidos de la ciudad, pero dice que este año ha decidido ser un activista por su paz y la de su pareja con la que tiene una relación de siete años: “creo que el derecho más grande que nos ha sido negado a los homosexuales es el derecho a la paz y hoy, es lo único que busco”.

Su ‘salida del clóset’ fue a los 15 años en medio de una llamada telefónica en la que, mientras su mamá le decía “cualquier cosa”, él le reveló: “soy gay y es algo de lo que necesitamos hablar”.

Hace una pausa nostálgica a la que se suman unas pocas lágrimas y recuerda el momento a detalle: “me pidió que ponga mi oído en su corazón y me dijo que, aunque en ese instante no lo entendía, yo salí de ahí y ella estaba conmigo”.

José no tuvo la misma suerte de Mateo y Anahí con los actos de homofobia. Cuenta que para ir a la discoteca gay con sus amigos, debían cubrirse con capuchas y bufandas para no ser atacados por el grupo subversivo de los ‘skinheads’.

Años después él y su expareja fueron golpeados por sus vecinos, quienes jamás recibieron una sanción. Hoy tiene 28 años y es abogado, profesión inspirada en esta injusticia.

José Luis sabe cuándo fue la primera vez que supo el significado de homosexual, así como la primera vez que se sintió libre al serlo: “ya no me desgasto pidiendo aceptación, y aunque no podamos ir a una iglesia porque en el sermón nos llaman pecadores, ya estamos existiendo y eso es lo único que importa”. (I)

Isabel Aguilar
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La valentía de 'salir del clóset' reflejada en el orgullo LGBTI

Anahí Villena es actriz de teatro y ha viajado a distintas ciudades del país para presentar sus obras. / Mateo Bustamante tiene 24 años y está por graduarse de la carrera de Filosofía. / José Luis Sánchez es abogado y se graduó de la universidad con las mejores calificaciones

Mateo Bustamante, Anahí Villena y José Luis Sánchez tomaron una de las decisiones más importantes de su vida al hacer pública su orientación sexual. Esta confesión les trajo conflictos sociales, emocionales y discriminación; pero también “la paz de vivir una vida propia y no la que otros nos exigían”.

Mostrarse como parte de la población heterosexual no representa un conflicto en la sociedad cuencana. Pero ser parte de la población LGBTI y hacerlo público todavía está considerado como un acto de valentía de estas personas.

Mateo Bustamante, Anahí Villena y José Luis Sánchez no dudaron ante el pedido de compartir sus historias sobre cómo fue ‘salir del clóset’, esa expresión que nunca les ha ofendido, pero de la que detrás existe un pasado, muchas veces difícil y doloroso.

Sin embargo, los tres creen que contarlo le da un significado decisivo a la palabra ‘orgullo’.

Mateo
Cuando se refiere a su orientación sexual siempre hay una broma de por medio. Él ríe y sus amigos ríen con él porque nunca tuvo problemas en decir que le gustaban los hombres. Así fue cómo lo contó por vez primera en un círculo de confianza.

Mateo Bustamante tiene 24 años y es hijo único. A los 15 les reveló a sus compañeros del colegio que era gay. Luego habló con su padre, quien le apoyó y le pidió que se lo dijera a su madre: “a ella le tomó un tiempo comprender pero hoy hablamos abiertamente de diversidad, orgullo y del daño que nos hacen los grupos antiderechos”.

Se considera afortunado porque jamás sufrió “una discriminación fuerte”, excepto el día en el que le pidieron que se retire de una cafetería por darse un beso con su expareja.

Hay una frase de vida que este joven librero y que está por graduarse en Filosofía la repite como una cábala para mostrar algo muy cercano a la resiliencia ante los comentarios discriminatorios: “hay que aprender a caminar a través del dolor”, línea de Rosi Braidotti, una filósofa feminista italiana que lo acompaña en la bibliografía de su tesis que trata, justamente, sobre feminismo.

Su honestidad le lleva también a confesar que “una persona homosexual siempre va a temer por su integridad ante el rechazo social. Yo temo. Pero tampoco debemos ser víctimas todo el tiempo. El valor está en nuestra diferencia”.

Habla después de una sensación empoderadora que él experimentó al ‘salir del clóset’ y la libertad conseguida en esa confesión.
Mateo quiere sonreír para la foto. Dice que se trata del orgullo LGBTI y que “no puede ser de otra manera”.

Anahí
“Yo siento que necesito decirle al mundo que, si amo a alguien de mi mismo sexo, está totalmente bien. Si pasa con las plantas, si pasa con los animales, ¿por qué no va a suceder con los seres humanos? ¡Es lo más natural del mundo!”. Anahí Villena empieza así su historia al definirse como una persona a la que le gustan las mujeres y los hombres.

Las razones para que nunca haya tenido conflictos para reconocerse como bisexual, son diversas: su madre italiana tuvo un mejor amigo travesti y la relación con su padre siempre se desarrolló en un ambiente “libre de prejuicios e imposiciones”.

Anahí es actriz de teatro y parece tener en su rostro la palabra orgullo. Confiesa sentir nervios al hablar del tema porque hace apenas una semana le confirmó su orientación sexual a su abuela paterna: “tenía miedo porque ella es tan importante para mí, pero me dijo: gracias porque aunque soy vieja, hoy me enseñaste algo nuevo”.

Se reconoció hace 10 años, cuando un amigo de la secundaria le contó que era gay y ella se sintió identificada. Salían juntos a las discotecas alternativas, entre ellas, la icónica y extinta ‘Blackout’ en Quito, ciudad donde vivió hasta los 18 años antes de venir a Cuenca.

Un día Anahí y su primera novia fueron descubiertas besándose en el colegio y los directivos de la institución le enviaron una carta a su familia, “y así fue cómo todos se enteraron”.

Tuvo el apoyo de su padre y cree que si su madre siguiera viva “se hubiese enorgullecido y gritado a los cuatro vientos que su hija es bisexual”.

José
José Luis Sánchez es uno de los activistas LGBTI más reconocidos de la ciudad, pero dice que este año ha decidido ser un activista por su paz y la de su pareja con la que tiene una relación de siete años: “creo que el derecho más grande que nos ha sido negado a los homosexuales es el derecho a la paz y hoy, es lo único que busco”.

Su ‘salida del clóset’ fue a los 15 años en medio de una llamada telefónica en la que, mientras su mamá le decía “cualquier cosa”, él le reveló: “soy gay y es algo de lo que necesitamos hablar”.

Hace una pausa nostálgica a la que se suman unas pocas lágrimas y recuerda el momento a detalle: “me pidió que ponga mi oído en su corazón y me dijo que, aunque en ese instante no lo entendía, yo salí de ahí y ella estaba conmigo”.

José no tuvo la misma suerte de Mateo y Anahí con los actos de homofobia. Cuenta que para ir a la discoteca gay con sus amigos, debían cubrirse con capuchas y bufandas para no ser atacados por el grupo subversivo de los ‘skinheads’.

Años después él y su expareja fueron golpeados por sus vecinos, quienes jamás recibieron una sanción. Hoy tiene 28 años y es abogado, profesión inspirada en esta injusticia.

José Luis sabe cuándo fue la primera vez que supo el significado de homosexual, así como la primera vez que se sintió libre al serlo: “ya no me desgasto pidiendo aceptación, y aunque no podamos ir a una iglesia porque en el sermón nos llaman pecadores, ya estamos existiendo y eso es lo único que importa”. (I)

Isabel Aguilar
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