Torres Gemelas, la cruz de los musulmanes

¿Musulmanes?, ¿talibanes?... Tal vez pocos diferencien lo uno de lo otro. Solo quienes se sienten afectados por la confusión pueden explicar lo difícil de cargar con una culpa inexistente: derrumbar las Torres Gemelas de Nueva York el 11 de septiembre del 2001.
Munir Ahmad considera que el verdadero musulmán es quien ama a Dios y detesta la violencia. Mientras está en casa, en Cuenca, dedica tiempo a la lectura del Corán.

Medio Oriente nunca fue una región tan grande, donde, sin importar el origen o país, musulmán pasó a ser gentilicio y sinónimo de fundamentalista, terrorista... “Si así fuera, en todas las naciones donde viven personas de Afganistán, Pakistán, Irán, Irak, Arabia Saudí, Siria, Emiratos Árabes, Jordania, Líbano... tuvieran atentados. Musulmán no es ser malo”, razona Munir Ahmad, un pakistaní de 36 años, que desde el 2008 reside en Cuenca.


Las confusiones lastiman, sobre todo porque el Islam les enseña a respetar la vida, profesar la paz y amar al prójimo. Cree que los verdaderos musulmanes sienten mucho lo ocurrido hace 10 años en Manhattan, pues ningún hecho justifica un acto terrorista, donde muchos padres, madres, hijos, hermanos, amigos... murieron.


Al consultarle si la vida en Medio Oriente es difícil, debido a los constantes conflictos bélicos internos o externos, Munir respira, fija su mirada y responde: “Violencia siempre es mala, está en todas partes. En Ecuador no hay guerras, pero se oye de asesinatos todos los días, hay dolor”.

 Estigmas
Que son machistas, que sienten inferiores a sus mujeres, que son fríos, fanáticos, terroristas... Si algo no se lleva con María de Lourdes Sempértegui, son los prejuicios, la vida le enseñó a deshacerse de ellos. Antes de conocer a Munir escuchó mil y un motivos para no fijarse en un árabe, pakistaní o afgano. Ahora sus referencias son distintas.


Para un latino, ecuatoriano, cuencano, cuenta María, es fácil estigmatizar a las personas; desde la adolescencia en su cabeza flotaban prejuicios, nunca falta una voz que desde un diccionario de imaginarios convierta ciertas actividades en sinónimos: colombiano, igual a narcotraficante o sicario; negro, igual a ladrón; indio, igual a sucio; musulmán, igual a fanático, fundamentalista, violento.


“Hasta salen chistes de mal gusto. No podemos calificar a las personas por su origen, así como no nos gusta que en Europa o EE.UU. al ecuatoriano lo tachen de vago, aprovechado, así mismo debemos respetar a cualquier persona. Cuando conocí a Munir, me convencí que el don de gente, la buena voluntad, no tienen nacionalidad. Es un error creer, por el desastre del 11-S, que los musulmanes son terroristas”, opina.

 Lo mismo
Ataviado con su shalwar kameez (pantalón y camisa), Munir se arrodilla en dirección al occidente, un musulmán reza cinco veces al día. Esté donde esté, al momento de orar siempre mira hacia donde el sol se esconde.


Con el Corán en las manos, explica que musulmán significa paz, tranquilidad y amor. Considera que entre cristianos y musulmanes no existe diferencias, tanto Cristo como Mahoma enseñaron con ejemplos a llevar una vida de respeto a Alá (Dios) y ayudar al prójimo, “ellos jamás consentirían matar a una hormiga, menos a una persona. Los aviones no fueron estrellados por musulmanes”, reflexiona.


Después de la conversación, agradece por la visita, se dispone a trabajar. Y aunque labora en la importación de diversos artículos, su mayor aspiración es encontrar un espacio donde enseñar el significado del Corán.

Búsqueda del equilibrio en las potencias
Cruzado de brazos, Malik Safdar observa con tristeza la propaganda de un especial sobre el atentado del 11 de septiembre del 2001. El canal de cable apunta una vez más a los culpables, se muestran figuras de musulmanes. Menea la cabeza de este a oeste, en sus ojos se lee la expresión: no puede ser.


Malik ha viajado por muchos países, distingue muy bien el antes y el después del 11-S. En naciones europeas, muchos mantienen reparos hacia ciudadanos del Medio Oriente. Aunque no ha viajado a Estados Unidos, sabe que los controles son bastante estrictos.


Las razones de aquel temor, relata, son consecuencia de intereses políticos y económicos de quienes gobiernan, no esencialmente de los pueblos. Si bien reconoce las diferencias religiosas entre judíos y árabes, no entienden por qué los grandes líderes no encuentran una solución final al problema, le gustaría que los representantes norteamericanos sean más equilibrados, siente que siempre se inclinan más al lado judío.


Como buen pakistaní y musulmán, manifiesta que las diferencias entre Oriente y Occidente solo deberían ser culturales, nada tienen que ver la política internacional ni el petróleo, peor aún el Islam. Califica de injusto confundir a Al Qaeda o a los talibanes con los musulmanes, cuando los dos primeros son grupos pequeños en comparación a los millones de seres humanos que llevan con disciplina los preceptos del Corán.

 Interculturalidad
Safdir conoce Tailandia, Malasia, China, Singapur, India, Afganistán, Holanda, Perú... no obstante, se enamoró de Cuenca-Ecuador y lleva cinco años en romance. Se dedica al comercio, tiene un restaurante especializado en comida de India, Pakistán y Turquía, el Taj Mahal; ubicado en la Calle Larga y Benigno Malo.


En ese mismo lugar, pero en el segundo piso, adecuó una mezquita. Ahí, todos los viernes, desde las 14:00, cerca de 30 pakistaníes se reúnen para alabar a Alá. Últimamente, asegura, ciudadanos ecuatorianos y de otras nacionalidades se han interesado en el Islam; sus puertas están abiertas.

Las Visiones diferentes sobre Oriente Próximo

Para el sociólogo Enrique Santos, catedrático de la Universidad de Cuenca, si bien los prejuicios hacia los ciudadanos de Oriente Próximo continúan, los criterios han cambiado, al punto que hay distintas visiones.


En los Estados Unidos predomina aún la visión prosionista “por el poco nivel informativo de la población, una población muy manipulable. Por las grandes cadenas de televisión y de prensa se ha generado un conjunto de estigmatizaciones que responden a prejuicios y no a un conocimiento real de los pueblos de religión islámica”, comenta.


En Europa los puntos de vista varían, existe mayor apertura hacia el Medio Oriente, algo que Santos relaciona con el triunfo electoral de la organización político-militar Hamás en Gaza, territorio que disputan palestinos e israelís y en el que Hamás quiere establecer un estado islámico.


“No todos los países europeos estuvieron de acuerdo en desconocerlo, vemos en este momento un debate en el seno de la ONU acerca del reconocimiento o no al estado palestino. Muchas naciones europeas: España, Portugal, Bélgica, por ejemplo, están abiertas a ese reconocimiento, que no es nada del otro mundo porque está en la resolución de las Naciones Unidas de 1948. Simplemente, tiene que ser aplicada”, detalla.


Sin embargo, añade Santos, la posición de otros países del Viejo Continente, entre ellos  Alemania, Holanda y Francia, es negar esa posibilidad del derecho palestino. 


Respecto a América Latina, personas con cierto nivel cultural saben por lo menos que el Islam tiene dos grandes corrientes: sunitas y chiitas. Se ha comprendido que el Islam no se reduce al pueblo árabe, hay muchos musulmanes que no son árabes. 
 

Cuenca.

Torres Gemelas, la cruz de los musulmanes

Munir Ahmad considera que el verdadero musulmán es quien ama a Dios y detesta la violencia. Mientras está en casa, en Cuenca, dedica tiempo a la lectura del Corán.

Medio Oriente nunca fue una región tan grande, donde, sin importar el origen o país, musulmán pasó a ser gentilicio y sinónimo de fundamentalista, terrorista... “Si así fuera, en todas las naciones donde viven personas de Afganistán, Pakistán, Irán, Irak, Arabia Saudí, Siria, Emiratos Árabes, Jordania, Líbano... tuvieran atentados. Musulmán no es ser malo”, razona Munir Ahmad, un pakistaní de 36 años, que desde el 2008 reside en Cuenca.


Las confusiones lastiman, sobre todo porque el Islam les enseña a respetar la vida, profesar la paz y amar al prójimo. Cree que los verdaderos musulmanes sienten mucho lo ocurrido hace 10 años en Manhattan, pues ningún hecho justifica un acto terrorista, donde muchos padres, madres, hijos, hermanos, amigos... murieron.


Al consultarle si la vida en Medio Oriente es difícil, debido a los constantes conflictos bélicos internos o externos, Munir respira, fija su mirada y responde: “Violencia siempre es mala, está en todas partes. En Ecuador no hay guerras, pero se oye de asesinatos todos los días, hay dolor”.

 Estigmas
Que son machistas, que sienten inferiores a sus mujeres, que son fríos, fanáticos, terroristas... Si algo no se lleva con María de Lourdes Sempértegui, son los prejuicios, la vida le enseñó a deshacerse de ellos. Antes de conocer a Munir escuchó mil y un motivos para no fijarse en un árabe, pakistaní o afgano. Ahora sus referencias son distintas.


Para un latino, ecuatoriano, cuencano, cuenta María, es fácil estigmatizar a las personas; desde la adolescencia en su cabeza flotaban prejuicios, nunca falta una voz que desde un diccionario de imaginarios convierta ciertas actividades en sinónimos: colombiano, igual a narcotraficante o sicario; negro, igual a ladrón; indio, igual a sucio; musulmán, igual a fanático, fundamentalista, violento.


“Hasta salen chistes de mal gusto. No podemos calificar a las personas por su origen, así como no nos gusta que en Europa o EE.UU. al ecuatoriano lo tachen de vago, aprovechado, así mismo debemos respetar a cualquier persona. Cuando conocí a Munir, me convencí que el don de gente, la buena voluntad, no tienen nacionalidad. Es un error creer, por el desastre del 11-S, que los musulmanes son terroristas”, opina.

 Lo mismo
Ataviado con su shalwar kameez (pantalón y camisa), Munir se arrodilla en dirección al occidente, un musulmán reza cinco veces al día. Esté donde esté, al momento de orar siempre mira hacia donde el sol se esconde.


Con el Corán en las manos, explica que musulmán significa paz, tranquilidad y amor. Considera que entre cristianos y musulmanes no existe diferencias, tanto Cristo como Mahoma enseñaron con ejemplos a llevar una vida de respeto a Alá (Dios) y ayudar al prójimo, “ellos jamás consentirían matar a una hormiga, menos a una persona. Los aviones no fueron estrellados por musulmanes”, reflexiona.


Después de la conversación, agradece por la visita, se dispone a trabajar. Y aunque labora en la importación de diversos artículos, su mayor aspiración es encontrar un espacio donde enseñar el significado del Corán.

Búsqueda del equilibrio en las potencias
Cruzado de brazos, Malik Safdar observa con tristeza la propaganda de un especial sobre el atentado del 11 de septiembre del 2001. El canal de cable apunta una vez más a los culpables, se muestran figuras de musulmanes. Menea la cabeza de este a oeste, en sus ojos se lee la expresión: no puede ser.


Malik ha viajado por muchos países, distingue muy bien el antes y el después del 11-S. En naciones europeas, muchos mantienen reparos hacia ciudadanos del Medio Oriente. Aunque no ha viajado a Estados Unidos, sabe que los controles son bastante estrictos.


Las razones de aquel temor, relata, son consecuencia de intereses políticos y económicos de quienes gobiernan, no esencialmente de los pueblos. Si bien reconoce las diferencias religiosas entre judíos y árabes, no entienden por qué los grandes líderes no encuentran una solución final al problema, le gustaría que los representantes norteamericanos sean más equilibrados, siente que siempre se inclinan más al lado judío.


Como buen pakistaní y musulmán, manifiesta que las diferencias entre Oriente y Occidente solo deberían ser culturales, nada tienen que ver la política internacional ni el petróleo, peor aún el Islam. Califica de injusto confundir a Al Qaeda o a los talibanes con los musulmanes, cuando los dos primeros son grupos pequeños en comparación a los millones de seres humanos que llevan con disciplina los preceptos del Corán.

 Interculturalidad
Safdir conoce Tailandia, Malasia, China, Singapur, India, Afganistán, Holanda, Perú... no obstante, se enamoró de Cuenca-Ecuador y lleva cinco años en romance. Se dedica al comercio, tiene un restaurante especializado en comida de India, Pakistán y Turquía, el Taj Mahal; ubicado en la Calle Larga y Benigno Malo.


En ese mismo lugar, pero en el segundo piso, adecuó una mezquita. Ahí, todos los viernes, desde las 14:00, cerca de 30 pakistaníes se reúnen para alabar a Alá. Últimamente, asegura, ciudadanos ecuatorianos y de otras nacionalidades se han interesado en el Islam; sus puertas están abiertas.

Las Visiones diferentes sobre Oriente Próximo

Para el sociólogo Enrique Santos, catedrático de la Universidad de Cuenca, si bien los prejuicios hacia los ciudadanos de Oriente Próximo continúan, los criterios han cambiado, al punto que hay distintas visiones.


En los Estados Unidos predomina aún la visión prosionista “por el poco nivel informativo de la población, una población muy manipulable. Por las grandes cadenas de televisión y de prensa se ha generado un conjunto de estigmatizaciones que responden a prejuicios y no a un conocimiento real de los pueblos de religión islámica”, comenta.


En Europa los puntos de vista varían, existe mayor apertura hacia el Medio Oriente, algo que Santos relaciona con el triunfo electoral de la organización político-militar Hamás en Gaza, territorio que disputan palestinos e israelís y en el que Hamás quiere establecer un estado islámico.


“No todos los países europeos estuvieron de acuerdo en desconocerlo, vemos en este momento un debate en el seno de la ONU acerca del reconocimiento o no al estado palestino. Muchas naciones europeas: España, Portugal, Bélgica, por ejemplo, están abiertas a ese reconocimiento, que no es nada del otro mundo porque está en la resolución de las Naciones Unidas de 1948. Simplemente, tiene que ser aplicada”, detalla.


Sin embargo, añade Santos, la posición de otros países del Viejo Continente, entre ellos  Alemania, Holanda y Francia, es negar esa posibilidad del derecho palestino. 


Respecto a América Latina, personas con cierto nivel cultural saben por lo menos que el Islam tiene dos grandes corrientes: sunitas y chiitas. Se ha comprendido que el Islam no se reduce al pueblo árabe, hay muchos musulmanes que no son árabes. 
 

Cuenca.