20 toneladas diarias de comida van a la basura

En Cuenca, los desechos procedentes de alimentos que no se consumen, o se dañan, marcan una huella ambiental de 20.000 kilos. Este cúmulo de desperdicios representa costos para la ciudad por su tratamiento. En contraparte, la ONU señala que el hambre aumenta a nivel mundial.
FOTO: Miguel Arévalo | El Tiempo

En el restaurante de Viviana Jara, la comida que sobra en los platos va al tacho de la basura. Normalmente saca dos fundas llenas por día. En Cuenca, según datos de la Empresa Municipal de Aseo, EMAC, se recolectan unas 20 toneladas de comida al día.

La bióloga de la EMAC, Ligia Carrión, señala que los desechos orgánicos que ellos procesan corresponden únicamente a los grandes generadores de basura. En los domicilios, la estadística es inexacta, ya que no se hace una debida separación de desechos.

De acuerdo con los datos de la empresa, se presume que un 60 por ciento de la basura de los domicilios corresponde a desperdicios alimenticios. “Si al día tenemos una recolección de 400 toneladas, estamos hablando de unas 240 toneladas de este tipo de desechos”, comentó.

De acuerdo con los datos de la Organización de las Naciones Unidas para la alimentación y la agricultura, FAO por sus siglas en inglés, un tercio de la comida preparada termina en la basura. En contraparte, 821 millones de personas en el mundo pasan hambre por falta de alimentos.

Huella alimenticia
El ingeniero ambiental Pedro Tapia indica que, al arrojar la comida a la basura, también “lanzamos al tacho” el agua y suelo utilizados para el cultivo de los productos, así como la energía ocupada en la cocción o preparación de los alimentos.

“Los recursos en el planeta son limitados, por lo que el desperdicio en la zona del agro no debe ser una opción”, asegura.

De acuerdo con la Empresa Municipal de Aseo, en caso de mantenerse el incremento de desechos orgánicos por la no clasificación de la basura en el domicilio, llegará un momento en el que la ciudad tenga que invertir grandes cantidades de dinero en plantas especiales, para que los rellenos sanitarios no colapsen.

Esa falta de clasificación le cuesta a la ciudad el manejo de los lixiviados y el proceso de tratamiento.

Si bien este proceso se hace mediante un convenio con la empresa municipal Etapa, y no existe un valor aproximado de inversión, se puede tomar como ejemplo que el precio de tratamiento por metro cúbico de lixiviado es de 15 dólares, y en Cuenca se producen 140 metros cúbicos cada día.

Soluciones
Carrión explica que, si bien esta comida no vuelve a ser apta para el consumo, la EMAC emprende un programa para convertir los desperdicios orgánicos en abono, a través de una planta en El Valle.

El abono permite que los alimentos desperdiciados mejoren las cosechas, lo que estimula el ciclo de producción agrícola.

También existe un programa denominado ‘Trueque ecológico’, con el que las personas que separan la comida orgánica pueden llevar sus desperdicios al punto de atención del colegio Garaicoa, y recibir abono a cambio de su esfuerzo por el ambiente.

Para el control de desechos se ha implementado además un programa en los mercados de la ciudad, que permite tratar de manera ecológica unas ocho toneladas de desperdicios de los centros de abasto. También está en marcha un plan para recolectar los desperdicios de restaurantes y de centros comerciales.

Pese a esto, Carrión insiste en que el principal control sobre el desperdicio de los alimentos está en los hogares. “Si seguimos viviendo en una sociedad de despilfarro, vamos a afectar el equilibrio de nuestra ciudad y nuestro planeta”, afirmó. (I)

DATOS
>Alimentos. La EMAC calcula que el 60 por ciento de las 400 toneladas de basura diarias de la ciudad corresponden a desechos orgánicos.
>Contaminación. El desperdicio de comida genera lixiviados y malos olores, que pueden evitarse si se clasifica la basura en los hogares.
>Hambre. De acuerdo con reportes de las Naciones Unidas, 821 millones de personas pasan hambre en el mundo por la escasez de alimentos.

DESTACADO
Si bien los desperdicios no pueden volver a consumirse, su adecuado tratamiento puede derivar en abono.

LA CIFRA
8
toneladas de desperdicio orgánico corresponden a los mercados de Cuenca.

John Machado
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20 toneladas diarias de comida van a la basura

FOTO: Miguel Arévalo | El Tiempo

En el restaurante de Viviana Jara, la comida que sobra en los platos va al tacho de la basura. Normalmente saca dos fundas llenas por día. En Cuenca, según datos de la Empresa Municipal de Aseo, EMAC, se recolectan unas 20 toneladas de comida al día.

La bióloga de la EMAC, Ligia Carrión, señala que los desechos orgánicos que ellos procesan corresponden únicamente a los grandes generadores de basura. En los domicilios, la estadística es inexacta, ya que no se hace una debida separación de desechos.

De acuerdo con los datos de la empresa, se presume que un 60 por ciento de la basura de los domicilios corresponde a desperdicios alimenticios. “Si al día tenemos una recolección de 400 toneladas, estamos hablando de unas 240 toneladas de este tipo de desechos”, comentó.

De acuerdo con los datos de la Organización de las Naciones Unidas para la alimentación y la agricultura, FAO por sus siglas en inglés, un tercio de la comida preparada termina en la basura. En contraparte, 821 millones de personas en el mundo pasan hambre por falta de alimentos.

Huella alimenticia
El ingeniero ambiental Pedro Tapia indica que, al arrojar la comida a la basura, también “lanzamos al tacho” el agua y suelo utilizados para el cultivo de los productos, así como la energía ocupada en la cocción o preparación de los alimentos.

“Los recursos en el planeta son limitados, por lo que el desperdicio en la zona del agro no debe ser una opción”, asegura.

De acuerdo con la Empresa Municipal de Aseo, en caso de mantenerse el incremento de desechos orgánicos por la no clasificación de la basura en el domicilio, llegará un momento en el que la ciudad tenga que invertir grandes cantidades de dinero en plantas especiales, para que los rellenos sanitarios no colapsen.

Esa falta de clasificación le cuesta a la ciudad el manejo de los lixiviados y el proceso de tratamiento.

Si bien este proceso se hace mediante un convenio con la empresa municipal Etapa, y no existe un valor aproximado de inversión, se puede tomar como ejemplo que el precio de tratamiento por metro cúbico de lixiviado es de 15 dólares, y en Cuenca se producen 140 metros cúbicos cada día.

Soluciones
Carrión explica que, si bien esta comida no vuelve a ser apta para el consumo, la EMAC emprende un programa para convertir los desperdicios orgánicos en abono, a través de una planta en El Valle.

El abono permite que los alimentos desperdiciados mejoren las cosechas, lo que estimula el ciclo de producción agrícola.

También existe un programa denominado ‘Trueque ecológico’, con el que las personas que separan la comida orgánica pueden llevar sus desperdicios al punto de atención del colegio Garaicoa, y recibir abono a cambio de su esfuerzo por el ambiente.

Para el control de desechos se ha implementado además un programa en los mercados de la ciudad, que permite tratar de manera ecológica unas ocho toneladas de desperdicios de los centros de abasto. También está en marcha un plan para recolectar los desperdicios de restaurantes y de centros comerciales.

Pese a esto, Carrión insiste en que el principal control sobre el desperdicio de los alimentos está en los hogares. “Si seguimos viviendo en una sociedad de despilfarro, vamos a afectar el equilibrio de nuestra ciudad y nuestro planeta”, afirmó. (I)

DATOS
>Alimentos. La EMAC calcula que el 60 por ciento de las 400 toneladas de basura diarias de la ciudad corresponden a desechos orgánicos.
>Contaminación. El desperdicio de comida genera lixiviados y malos olores, que pueden evitarse si se clasifica la basura en los hogares.
>Hambre. De acuerdo con reportes de las Naciones Unidas, 821 millones de personas pasan hambre en el mundo por la escasez de alimentos.

DESTACADO
Si bien los desperdicios no pueden volver a consumirse, su adecuado tratamiento puede derivar en abono.

LA CIFRA
8
toneladas de desperdicio orgánico corresponden a los mercados de Cuenca.

John Machado
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