Sororidad, el pacto por el hermanamiento de mujeres

Mujer artesana enseña a otras mujeres su arte de tejer sombreros en paja toquilla, esto es sororidad, el acto de juntarse para crecer juntas.

Desde este domingo 14 de julio de 2019, este nuevo espacio que presenta Diario EL TIEMPO mostrará las historias de las mujeres que se apoyan, que lideran, que se acompañan y que surgen con el trabajo colaborativo para romper con las injusticias y las desigualdades que afectan a sus derechos. Su reinvindicación es por una vida digna.

Pensar en mingas, en organizaciones de mujeres artesanas, en una sala de maestras o en una cocina con muchas mujeres preparando la masa es pensar en sororidad.

Una palabra que fue incorporada al diccionario de la lengua española en 2018, pese a que es utilizada hace más de 40 años y puesta en práctica por nuestras mamas y conocedoras de la sabiduría ancestral hace siglos atrás.

Sororidad significa agrupación que se forma por la amistad y reciprocidad entre mujeres que comparten el mismo ideal y trabajan por alcanzar un mismo objetivo; en otras palabras es el apoyo mutuo de las mujeres para lograr el poderío de todas.

Estos dos significados fueron tomados para plasmarse desde esta semana en este nuevo espacio que presenta EL TIEMPO, con las historias de las mujeres que se apoyan, que lideran, que se acompañan y que surgen con el trabajo colaborativo para romper con las injusticias y las desigualdades que afectan a sus derechos, como acceso a la salud, a vivienda, a un trabajo y a una vida digna.

Juanita Ortega, activista por los derechos humanos y exdirectora del departamento de Género de la Municipalidad de Cuenca, comenta que donde hay injusticias hay mujeres que se agrupan para lograr cambios.

Ortega detalla que hay casos concretos en nuestra ciudad, uno de ellos es la Casa María Amor que surgió como un lugar para acoger a las mujeres víctimas de violencia de sus parejas y familiares. Este espacio permite que mujeres apoyen a otras mujeres con asesoría psicológica, jurídica y con empleo.

Otro ejemplo es la Red Agroecológica del Austro, que nació hace 16 años cuando un grupo de personas decidieron romper con los intermediadores, quienes mal pagaban a las campesinas productoras, explicó Bélgica Jiménez, coordinadora de la red, quien añade que su objetivo además de apoyarse es pensar en la salud de sus clientas, por eso ellas no usan químicos.

La activista concluye que con la palabra sororidad se rompe el mito tan difundido de que entre las mujeres hay rivalidad, “lo que hay es un apoyo incondicional”. (I)

Ximena Tapia M.
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Perfil de la activista Paola Hidalgo: “El feminismo me cambió la vida”

No es que un día cualquiera te despiertas y dices: “desde hoy seré feminista”, los cambios y las formas de vida son un proceso que con el tiempo se incorporan a nuestra cotidianidad y se convierten en una segunda piel, que sin duda la llevamos por siempre.
Siempre estuve inconforme con las relaciones de poder, con las injusticias que experimentaba por el hecho de ser mujer. Conocí el feminismo en mi adolescencia y me preguntaba ¿Por qué socialmente es mal interpretado como el potencial enemigo de los hombres? Por qué había ese temor infundado traducido en ataques, mala información y hasta burlas dirigidas a quienes militaban por la igualdad o por ejercer sus derechos.
Ser feminista me significó varios conflictos conmigo misma, no es una tarea fácil, es incomodarse del lugar común y empezar a ponerse en los zapatos de la otra, de la madre sola, de la lesbiana, de la anciana, de la mujer afro, de la mujer pobre, de la trabajadora sexual, de la mujer víctima de violencia. Tampoco es tarea fácil desaprender las formas de vida establecidas, y aprender otras, el proceso significa dolor, miedos, a veces dejarse caer y recogerse una misma del piso para cuidarse y abrazarse. Sin embargo a pesar de esta lucha constante entre la inconformidad de “lo que nos tocó vivir” y lo que quiero lograr siendo mujer, el resultado es gratificante.
Mirar mediante los lentes del feminismo no es solamente mirar las desigualdades sociales, sino transformarlas y transgredir las normas impuestas por una sociedad que nos agrede a diario, que nos juzga por no vestirnos como “damas” por llevar el escote un poco más abajo del que llevan las mujeres que “se hacen respetar”, nos juzga por ser libres, por ser dueñas de nuestras decisiones, por amar a otras mujeres, por no ser madres, porque los años cayeron sobre nuestro ser y empezaron a salirnos arrugas, o por no estar casadas.
No hay una sola manera de vivir el feminismo, ni un patrón que muestre el modelo ideal de lucha, las diversas realidades que vivimos las mujeres nos enfrentan a distintas formas de activarnos, así como las opresiones nos tocan de diferente manera, la rabia y el inconformismo pueden manifestarse en la individualidad y en lo colectivo.
Soy una activista feminista, y es que el activismo no solo lo vivo en la calle cuando levanto mi cartel o mi pañuelo en señal de protesta, o cuando posteo en redes sociales mi inconformidad con el sistema, el activismo va más allá, está en las prácticas diarias, en intentar romper los esquemas en la cotidianidad, en verme y sentirme dueña de mis decisiones, en increpar al sistema social, político y económico, en proponer y trabajar políticas públicas de igualdad. (O)

Colaboración de Silvia Rodas, secretaria técnica del Consejo Nacional para la Igualdad de Movilidad Humana. 

Las mujeres migrantes: ¿vulnerables o vulneradas?
De los imaginarios sociales se cree que la mujer migrante es vulnerable. La realidad es otra, ya que la decisión de migrar conlleva un proceso fuerte que requiere templanza física y emocional. Sin embargo, el Estado con sus políticas migratorias y sus componentes sociales como la xenofobia, la discriminación, el acoso sexual, hacen que las mujeres migrantes sean vulneradas en sus derechos humanos, al no contar con acceso a salud pública gratuita, educación y fuentes de trabajo; la falta de este último impide incluso acceso a una vivienda digna y a una alimentación. (I)

Sororidad migrante: ¿cómo afrontar la violencia?
Las diferentes formas de violencia que tienen las mujeres en contexto de movilidad humana (sea mujeres rurales, campesinas, venezolanas, ecuatorianas) han generado lazos de sororidad. Esta sororidad hace que ellas puedan sobrellevar esta situación emocional que conlleva dejar su terruño y encontrarse en un ambiente muchas veces atentatorio para sus derechos. Este elemento, de ayuda de mujeres para mujeres, ha logrado que ellas puedan lograr formas asociativas de apoyo y empoderamiento. Por ejemplo, cuando mujeres ofrecen trabajo a otras mujeres. (I)

¿Qué es lo que quieren esos y esas ecologistas del Azuay? colaboración de: David Fajardo, abogado y defensor de los derechos de la naturaleza

Sobre la lucha ecologista se han desperdigado muchos mitos, muchos de ellos para desprestigiarla por parte de a quienes les incomoda: gobernantes, grandes corporativos, ect.
Pero, la verdad es mucho más simple; de hecho, las luchas ecologistas cuestionan profundamente nuestro modelo de producción, distribución y consumo (llamado capitalismo) y buscan transitar un modelo que no se sostenga sobre la falsa idea del crecimiento económico permanente y sin fin, al contrario, buscan generar alternativas para respetar los límites bio-físicos propios de la Naturaleza. Una fruta tiene su ciclo, un pajarito nace y muere, así el agua, un día, también, se acabará. Ese respeto, ahora más que nunca, se ha convertido en una obligación imperativa por la existencia de la vida como la conocemos, de nuestra vida como especie humana. (O)

Sororidad, el pacto por el hermanamiento de mujeres

Mujer artesana enseña a otras mujeres su arte de tejer sombreros en paja toquilla, esto es sororidad, el acto de juntarse para crecer juntas.

Desde este domingo 14 de julio de 2019, este nuevo espacio que presenta Diario EL TIEMPO mostrará las historias de las mujeres que se apoyan, que lideran, que se acompañan y que surgen con el trabajo colaborativo para romper con las injusticias y las desigualdades que afectan a sus derechos. Su reinvindicación es por una vida digna.

Pensar en mingas, en organizaciones de mujeres artesanas, en una sala de maestras o en una cocina con muchas mujeres preparando la masa es pensar en sororidad.

Una palabra que fue incorporada al diccionario de la lengua española en 2018, pese a que es utilizada hace más de 40 años y puesta en práctica por nuestras mamas y conocedoras de la sabiduría ancestral hace siglos atrás.

Sororidad significa agrupación que se forma por la amistad y reciprocidad entre mujeres que comparten el mismo ideal y trabajan por alcanzar un mismo objetivo; en otras palabras es el apoyo mutuo de las mujeres para lograr el poderío de todas.

Estos dos significados fueron tomados para plasmarse desde esta semana en este nuevo espacio que presenta EL TIEMPO, con las historias de las mujeres que se apoyan, que lideran, que se acompañan y que surgen con el trabajo colaborativo para romper con las injusticias y las desigualdades que afectan a sus derechos, como acceso a la salud, a vivienda, a un trabajo y a una vida digna.

Juanita Ortega, activista por los derechos humanos y exdirectora del departamento de Género de la Municipalidad de Cuenca, comenta que donde hay injusticias hay mujeres que se agrupan para lograr cambios.

Ortega detalla que hay casos concretos en nuestra ciudad, uno de ellos es la Casa María Amor que surgió como un lugar para acoger a las mujeres víctimas de violencia de sus parejas y familiares. Este espacio permite que mujeres apoyen a otras mujeres con asesoría psicológica, jurídica y con empleo.

Otro ejemplo es la Red Agroecológica del Austro, que nació hace 16 años cuando un grupo de personas decidieron romper con los intermediadores, quienes mal pagaban a las campesinas productoras, explicó Bélgica Jiménez, coordinadora de la red, quien añade que su objetivo además de apoyarse es pensar en la salud de sus clientas, por eso ellas no usan químicos.

La activista concluye que con la palabra sororidad se rompe el mito tan difundido de que entre las mujeres hay rivalidad, “lo que hay es un apoyo incondicional”. (I)

Ximena Tapia M.
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Perfil de la activista Paola Hidalgo: “El feminismo me cambió la vida”

No es que un día cualquiera te despiertas y dices: “desde hoy seré feminista”, los cambios y las formas de vida son un proceso que con el tiempo se incorporan a nuestra cotidianidad y se convierten en una segunda piel, que sin duda la llevamos por siempre.
Siempre estuve inconforme con las relaciones de poder, con las injusticias que experimentaba por el hecho de ser mujer. Conocí el feminismo en mi adolescencia y me preguntaba ¿Por qué socialmente es mal interpretado como el potencial enemigo de los hombres? Por qué había ese temor infundado traducido en ataques, mala información y hasta burlas dirigidas a quienes militaban por la igualdad o por ejercer sus derechos.
Ser feminista me significó varios conflictos conmigo misma, no es una tarea fácil, es incomodarse del lugar común y empezar a ponerse en los zapatos de la otra, de la madre sola, de la lesbiana, de la anciana, de la mujer afro, de la mujer pobre, de la trabajadora sexual, de la mujer víctima de violencia. Tampoco es tarea fácil desaprender las formas de vida establecidas, y aprender otras, el proceso significa dolor, miedos, a veces dejarse caer y recogerse una misma del piso para cuidarse y abrazarse. Sin embargo a pesar de esta lucha constante entre la inconformidad de “lo que nos tocó vivir” y lo que quiero lograr siendo mujer, el resultado es gratificante.
Mirar mediante los lentes del feminismo no es solamente mirar las desigualdades sociales, sino transformarlas y transgredir las normas impuestas por una sociedad que nos agrede a diario, que nos juzga por no vestirnos como “damas” por llevar el escote un poco más abajo del que llevan las mujeres que “se hacen respetar”, nos juzga por ser libres, por ser dueñas de nuestras decisiones, por amar a otras mujeres, por no ser madres, porque los años cayeron sobre nuestro ser y empezaron a salirnos arrugas, o por no estar casadas.
No hay una sola manera de vivir el feminismo, ni un patrón que muestre el modelo ideal de lucha, las diversas realidades que vivimos las mujeres nos enfrentan a distintas formas de activarnos, así como las opresiones nos tocan de diferente manera, la rabia y el inconformismo pueden manifestarse en la individualidad y en lo colectivo.
Soy una activista feminista, y es que el activismo no solo lo vivo en la calle cuando levanto mi cartel o mi pañuelo en señal de protesta, o cuando posteo en redes sociales mi inconformidad con el sistema, el activismo va más allá, está en las prácticas diarias, en intentar romper los esquemas en la cotidianidad, en verme y sentirme dueña de mis decisiones, en increpar al sistema social, político y económico, en proponer y trabajar políticas públicas de igualdad. (O)

Colaboración de Silvia Rodas, secretaria técnica del Consejo Nacional para la Igualdad de Movilidad Humana. 

Las mujeres migrantes: ¿vulnerables o vulneradas?
De los imaginarios sociales se cree que la mujer migrante es vulnerable. La realidad es otra, ya que la decisión de migrar conlleva un proceso fuerte que requiere templanza física y emocional. Sin embargo, el Estado con sus políticas migratorias y sus componentes sociales como la xenofobia, la discriminación, el acoso sexual, hacen que las mujeres migrantes sean vulneradas en sus derechos humanos, al no contar con acceso a salud pública gratuita, educación y fuentes de trabajo; la falta de este último impide incluso acceso a una vivienda digna y a una alimentación. (I)

Sororidad migrante: ¿cómo afrontar la violencia?
Las diferentes formas de violencia que tienen las mujeres en contexto de movilidad humana (sea mujeres rurales, campesinas, venezolanas, ecuatorianas) han generado lazos de sororidad. Esta sororidad hace que ellas puedan sobrellevar esta situación emocional que conlleva dejar su terruño y encontrarse en un ambiente muchas veces atentatorio para sus derechos. Este elemento, de ayuda de mujeres para mujeres, ha logrado que ellas puedan lograr formas asociativas de apoyo y empoderamiento. Por ejemplo, cuando mujeres ofrecen trabajo a otras mujeres. (I)

¿Qué es lo que quieren esos y esas ecologistas del Azuay? colaboración de: David Fajardo, abogado y defensor de los derechos de la naturaleza

Sobre la lucha ecologista se han desperdigado muchos mitos, muchos de ellos para desprestigiarla por parte de a quienes les incomoda: gobernantes, grandes corporativos, ect.
Pero, la verdad es mucho más simple; de hecho, las luchas ecologistas cuestionan profundamente nuestro modelo de producción, distribución y consumo (llamado capitalismo) y buscan transitar un modelo que no se sostenga sobre la falsa idea del crecimiento económico permanente y sin fin, al contrario, buscan generar alternativas para respetar los límites bio-físicos propios de la Naturaleza. Una fruta tiene su ciclo, un pajarito nace y muere, así el agua, un día, también, se acabará. Ese respeto, ahora más que nunca, se ha convertido en una obligación imperativa por la existencia de la vida como la conocemos, de nuestra vida como especie humana. (O)