Ser madre adolescente y acabar de crecer con un bebé

Cristina Rueda, Verónica Zenteno y Doménica Gordón conocieron la adultez junto a sus hijos. En el 2018 se registraron en Azuay 41 embarazos de niñas de 10 a 14 años; y 1.996 de adolescentes de 15 a 19 años. Más allá de las estadísticas anuales existen personas con historias paralelas.

Las cifras de la coordinación zonal 6 del Ministerio de Salud Pública contabilizaron en 2018, 41 embarazos de niñas de 10 a 14 años en Azuay; y 1.996 embarazos de adolescentes entre los 15 y 19 años. ¿Pero cuáles son las historias de estas mujeres más allá de las estadísticas y los datos?


Para las autoridades encargadas de la prevención y erradicación del embarazo adolescente, “la maternidad a edades tempranas es algo que debe dejar de romantizarse”, a través de campañas que incluyan “una educación sexual libre de prejuicios”.


Cristina Rueda, Verónica Zenteno y Doménica Gordón se tardaron en asimilar su embarazo adolescente y conocieron la adultez junto a sus hijos. Hoy se reconocen como unas madres felices y orgullosas pero el inicio de su maternidad estuvo cargado de conflictos sociales y sobre todo, emocionales.


Foto: Cristina Rueda se embarazó de Thais a sus 17 años. Actualmente, su hija tiene 19 años y estudia Relaciones Internacionales en la universidad.

Cristina
“Thais es mi vida”, repite Cristina Rueda a manera de consigna al referirse a su hija de 19 años. Ella se embarazó a los 17 y su madre le evitó “el miedo de contarle que estaba embarazada porque se dio cuenta sola”.


Recuerda un cambio psicológico, cultural, social y físico a partir del día en el que su ginecólogo le confirmó el estado de gestación a su madre “porque los médicos no hablan directamente con una adolescente, ni siquiera la miran”.


Cristina vivió un proceso de negación acompañado de depresión los primeros meses. Sin embargo, su familia y las autoridades de su colegio la protegieron y le permitieron graduarse con sus compañeros, aunque no pudo usar la capa de bachiller que ya no cabía en su cuerpo.


“Cuando mi hija nació yo seguía siendo una niña que sentía que le habían regalado un juguete hermosísimo”, dice. A los 18 años Cristina era madre, estudiaba Comunicación Social y trabajaba. Estos acontecimientos los describe desde su conciencia como “afortunados”, pero no olvida la separación de su círculo de amigos como uno de los momentos más difíciles de adaptación.


Como alguien que hoy sabe de lo que habla, la joven madre cuenta que su segundo embarazo fue a los 28 años con su hijo Joaquín de 9. “Con Thais usamos la misma ropa y le informo abiertamente sobre sexualidad, quizá algo que yo nunca tuve. Con Joaquín la maternidad fue distinta porque ya me sentía una mujer cargando a un niño en brazos, y no una niña cargando a otra”.


Foto: Verónica Zenteno es madre de Sebastián de 15 años. Dice que habla con él abiertamente sobre sexualidad y métodos anticonceptivos.

Verónica
Sebastián está a pocos centímetros de superar la estatura de su madre. Ella tiene 29 años y él 15, lo que significa que la maternidad llegó a Verónica a sus 14 años y su hijo nació un mes después de que ella cumpliera 15.


Es ingeniera comercial y tiene un trabajo estable. Contó con el apoyo de sus padres y del papá de su hijo, pero lo que hubo detrás de esto cuando se enteró que estaba embarazada, fue la desvinculación de su colegio, más de una amenaza de aborto y “el miedo constante de no saber si iba a poder criar a un bebé”.


Los primeros meses sintió vergüenza de su estado “porque vives en una sociedad que no te informa sobre sexualidad de manera integral y además, aún te señala si te embarazas fuera del matrimonio y peor aún, en edades que están lejos de lo normal”.


Para hacer que Sebastián comprenda “que no es divertido terminar de criarse con un hijo”, su madre le ha educado desde el amor: “le repito todo el tiempo que lo amo y le explico que hay procesos que deben tardarse más que otros. Hablarle de sexo a un adolescente implica mucho más que enseñarle sobre los métodos anticonceptivos porque tienes la Internet para eso. Hay que ser claro con las palabras, pues eso genera confianza en los hijos. Mi hijo y yo somos amigos”.


Foto: Doménica Gordón tiene un hijo de dos años llamado Tomás. Tuvo el apoyo de su familia al convertirse en madre adolescente a los 18 años.


Doménica
Su apariencia es todavía la de la misma adolescente que se embarazó a los 18 años. Su mochila está adornada con escarapelas de bandas de rock y un pañuelo verde que reza: ‘Aborto libre, seguro y gratuito’. Está convencida de que “la decisión de ser o no madre, es un derecho”. Ella pensó en la posibilidad de desistir pero no lo hizo.


Al contrario de Cristina y Verónica; Doménica no tuvo el apoyo del padre de su hijo, con quien se casó pero meses después se negó a hacerse responsable de Tomás, un niño que está por cumplir tres años.


“He perdido muchas cosas que soñaba para mi vida. Tuve la protección de mi familia pero todos los días imagino a las chicas a las que todos les dan la espalda”, suspira Doménica y segundos después cuenta convencida que, durante los nueve meses de embarazo no pudo asimilar “que alguien crecía adentro”.


Sonríe al pensar en que en un futuro quiere ser docente de literatura y al mismo tiempo piensa en los profesores que tuvo: “Quizá si ellos dejaran de enseñar sexualidad desde sus posturas morales, todo sería distinto”. (I)


4 de cada 10 adolescentes, según el MSP han tenido relaciones sexuales.


"Si los profesores dejaran de enseñar sexualidad desde sus posturas morales, todo sería distinto”.
Doménica Gordón
Madre de Tomás, de dos años.

Isabel Aguilar
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Ser madre adolescente y acabar de crecer con un bebé

Las cifras de la coordinación zonal 6 del Ministerio de Salud Pública contabilizaron en 2018, 41 embarazos de niñas de 10 a 14 años en Azuay; y 1.996 embarazos de adolescentes entre los 15 y 19 años. ¿Pero cuáles son las historias de estas mujeres más allá de las estadísticas y los datos?


Para las autoridades encargadas de la prevención y erradicación del embarazo adolescente, “la maternidad a edades tempranas es algo que debe dejar de romantizarse”, a través de campañas que incluyan “una educación sexual libre de prejuicios”.


Cristina Rueda, Verónica Zenteno y Doménica Gordón se tardaron en asimilar su embarazo adolescente y conocieron la adultez junto a sus hijos. Hoy se reconocen como unas madres felices y orgullosas pero el inicio de su maternidad estuvo cargado de conflictos sociales y sobre todo, emocionales.


Foto: Cristina Rueda se embarazó de Thais a sus 17 años. Actualmente, su hija tiene 19 años y estudia Relaciones Internacionales en la universidad.

Cristina
“Thais es mi vida”, repite Cristina Rueda a manera de consigna al referirse a su hija de 19 años. Ella se embarazó a los 17 y su madre le evitó “el miedo de contarle que estaba embarazada porque se dio cuenta sola”.


Recuerda un cambio psicológico, cultural, social y físico a partir del día en el que su ginecólogo le confirmó el estado de gestación a su madre “porque los médicos no hablan directamente con una adolescente, ni siquiera la miran”.


Cristina vivió un proceso de negación acompañado de depresión los primeros meses. Sin embargo, su familia y las autoridades de su colegio la protegieron y le permitieron graduarse con sus compañeros, aunque no pudo usar la capa de bachiller que ya no cabía en su cuerpo.


“Cuando mi hija nació yo seguía siendo una niña que sentía que le habían regalado un juguete hermosísimo”, dice. A los 18 años Cristina era madre, estudiaba Comunicación Social y trabajaba. Estos acontecimientos los describe desde su conciencia como “afortunados”, pero no olvida la separación de su círculo de amigos como uno de los momentos más difíciles de adaptación.


Como alguien que hoy sabe de lo que habla, la joven madre cuenta que su segundo embarazo fue a los 28 años con su hijo Joaquín de 9. “Con Thais usamos la misma ropa y le informo abiertamente sobre sexualidad, quizá algo que yo nunca tuve. Con Joaquín la maternidad fue distinta porque ya me sentía una mujer cargando a un niño en brazos, y no una niña cargando a otra”.


Foto: Verónica Zenteno es madre de Sebastián de 15 años. Dice que habla con él abiertamente sobre sexualidad y métodos anticonceptivos.

Verónica
Sebastián está a pocos centímetros de superar la estatura de su madre. Ella tiene 29 años y él 15, lo que significa que la maternidad llegó a Verónica a sus 14 años y su hijo nació un mes después de que ella cumpliera 15.


Es ingeniera comercial y tiene un trabajo estable. Contó con el apoyo de sus padres y del papá de su hijo, pero lo que hubo detrás de esto cuando se enteró que estaba embarazada, fue la desvinculación de su colegio, más de una amenaza de aborto y “el miedo constante de no saber si iba a poder criar a un bebé”.


Los primeros meses sintió vergüenza de su estado “porque vives en una sociedad que no te informa sobre sexualidad de manera integral y además, aún te señala si te embarazas fuera del matrimonio y peor aún, en edades que están lejos de lo normal”.


Para hacer que Sebastián comprenda “que no es divertido terminar de criarse con un hijo”, su madre le ha educado desde el amor: “le repito todo el tiempo que lo amo y le explico que hay procesos que deben tardarse más que otros. Hablarle de sexo a un adolescente implica mucho más que enseñarle sobre los métodos anticonceptivos porque tienes la Internet para eso. Hay que ser claro con las palabras, pues eso genera confianza en los hijos. Mi hijo y yo somos amigos”.


Foto: Doménica Gordón tiene un hijo de dos años llamado Tomás. Tuvo el apoyo de su familia al convertirse en madre adolescente a los 18 años.


Doménica
Su apariencia es todavía la de la misma adolescente que se embarazó a los 18 años. Su mochila está adornada con escarapelas de bandas de rock y un pañuelo verde que reza: ‘Aborto libre, seguro y gratuito’. Está convencida de que “la decisión de ser o no madre, es un derecho”. Ella pensó en la posibilidad de desistir pero no lo hizo.


Al contrario de Cristina y Verónica; Doménica no tuvo el apoyo del padre de su hijo, con quien se casó pero meses después se negó a hacerse responsable de Tomás, un niño que está por cumplir tres años.


“He perdido muchas cosas que soñaba para mi vida. Tuve la protección de mi familia pero todos los días imagino a las chicas a las que todos les dan la espalda”, suspira Doménica y segundos después cuenta convencida que, durante los nueve meses de embarazo no pudo asimilar “que alguien crecía adentro”.


Sonríe al pensar en que en un futuro quiere ser docente de literatura y al mismo tiempo piensa en los profesores que tuvo: “Quizá si ellos dejaran de enseñar sexualidad desde sus posturas morales, todo sería distinto”. (I)


4 de cada 10 adolescentes, según el MSP han tenido relaciones sexuales.


"Si los profesores dejaran de enseñar sexualidad desde sus posturas morales, todo sería distinto”.
Doménica Gordón
Madre de Tomás, de dos años.

Isabel Aguilar
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