El buen sabor supera al tiempo en las ‘huequitas’

Tres lugares de una lista cuencana extensa e incontable, en los que la comida protagoniza historias cargadas de supervivencia, de compromiso por mantener los negocios familiares que nacieron en el Centro Histórico de la ciudad y que con los años han incrementado su calidad y clientela.
Doña Piedad prepara personalmente los sánduches de pernil que los sirve con ají y jugo de coco. Dice que el secreto de su preparación no lo va a contar para que no le copien.
FOTO: Miguel Arévalo EL TIEMPO

Son lugares que no necesitan presentación entre los cuencanos. No tienen letreros ostentosos ni grandes porque la publicidad es innecesaria.

Los propietarios y fundadores de estos tres locales son la mejor propaganda, pues con su habilidad en la creación de productos y sabores que no se parecen a otros han logrado la fidelidad de sus clientes y la atención de otros públicos, de las nuevas generaciones que escucharon hablar de ellos.

La lista de las denominadas ‘huecas’ o ‘huequitas’ cuencanas es interminable. Este diario visitó a tres de las más emblemáticas y antiguas.

Doña Piedad
El buscador de ‘Google’ va directo a distintos links al tipear ‘Los Sánduches de Doña Piedad’. Todos los sitios gastronómicos y de viajes los recomiendan como uno de los lugares en los que se venden los mejores sánduches de pernil en Cuenca.

A la altura de la Juan Jaramillo y Huayna Cápac, los locales de venta de estos sánduches son parte de un clásico ciudadano. Sin embargo, y como en todo comercio, existen pioneros.

Es el caso de Piedad Segarra, quien abrió su negocio hace 42 años junto a su esposo Luis Eduardo Figueroa. Actualmente, lo administra su hija Miriam Figueroa, pero cuando el cliente llega, saluda directo a la fundadora y pocos son los que se comen solo un sánduche.

Doña Piedad, como todos la conocen, dice que hay dos secretos que ella nunca va a develar: el de los sánduches y el de su ají. “Han tratado de copiarme un montón de veces, pero no pueden, yo siempre estoy creando cosas nuevas”, asegura entre verdad y broma. Parte de esta innovación es un nuevo envase para el jugo de coco que hoy lleva su nombre y marca.

La gente entra y sale del lugar constantemente. Y la propietaria dice que esto va mucho más allá de la calidad del producto, que también se debe a “lo bien puestito” de la carne que se mezcla con el pan caliente, una fusión que doña Piedad decidió hacer “porque un día solo se me ocurrió y me quedó rico”.

Esta ‘hueca’ abre de lunes a viernes, de 09:00 a 20:30, y los sábados de 09:00 a 13:00.

Picantería Lamar
El nombre es tan sencillo como la calle en la que está ubicada. Pero la historia dice que la ‘Picantería Lamar’ tiene un devenir de más o menos 60 años.

En un local pequeño están apenas ocho mesas y paredes adornadas con cuadros del Che Guevara, Charles Chaplin y los Tres Chiflados, tan históricos como este lugar en el que los cuencanos aseguran que se venden las mejores ‘papas locas’ de la ciudad.

Pero Hugo Abad, uno de los propietarios de la picantería que heredaron él y sus hermanos, cuenta que no solo este es el plato ‘estrella’, sino que cada semana hay una especialidad, que aprendieron de sus difuntos padres, Víctor Abad y María Teresa Garanqui: “Gracias a Dios hemos alcanzado la fidelidad de nuestros clientes. Cuando mis padres vivían y yo era un niño, recuerdo que la comida también volaba”.

Tamales, mote pata, caldo de patas, arroz con lengua, guatita, pollo criollo, papas con cuero y otras delicias que se preparan según la época. No superan los 2,50 dólares.

Pero el aroma de la fritada con el mote sucio envuelve gran parte de la calle Mariscal Lamar, los martes y viernes. El local abre sus puertas de lunes a sábado, de 07:30 a 12:30.

La Colmena
Esta pastelería, confitería y heladería es tan conocida, que su nombre sirve incluso como referencia para dar una dirección en el Centro Histórico de Cuenca.

Si bien José Montero y Carmela Calle heredaron ‘La Colmena’ a sus hijos Sonia, Rodrigo, Teresa, José, Oswaldo y Galo; existen dos colaboradores fieles hace 50 y 60 años: Beatriz Palomeque y Alfonso Matute.

Los caramelos exclusivos, pastas, pan y helados que se preparan en este lugar son pedidos para llevar a otros países y forman parte de una historia que el paladar no borra. (I)

Isabel Aguilar
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El buen sabor supera al tiempo en las ‘huequitas’

Doña Piedad prepara personalmente los sánduches de pernil que los sirve con ají y jugo de coco. Dice que el secreto de su preparación no lo va a contar para que no le copien.
FOTO: Miguel Arévalo EL TIEMPO

Son lugares que no necesitan presentación entre los cuencanos. No tienen letreros ostentosos ni grandes porque la publicidad es innecesaria.

Los propietarios y fundadores de estos tres locales son la mejor propaganda, pues con su habilidad en la creación de productos y sabores que no se parecen a otros han logrado la fidelidad de sus clientes y la atención de otros públicos, de las nuevas generaciones que escucharon hablar de ellos.

La lista de las denominadas ‘huecas’ o ‘huequitas’ cuencanas es interminable. Este diario visitó a tres de las más emblemáticas y antiguas.

Doña Piedad
El buscador de ‘Google’ va directo a distintos links al tipear ‘Los Sánduches de Doña Piedad’. Todos los sitios gastronómicos y de viajes los recomiendan como uno de los lugares en los que se venden los mejores sánduches de pernil en Cuenca.

A la altura de la Juan Jaramillo y Huayna Cápac, los locales de venta de estos sánduches son parte de un clásico ciudadano. Sin embargo, y como en todo comercio, existen pioneros.

Es el caso de Piedad Segarra, quien abrió su negocio hace 42 años junto a su esposo Luis Eduardo Figueroa. Actualmente, lo administra su hija Miriam Figueroa, pero cuando el cliente llega, saluda directo a la fundadora y pocos son los que se comen solo un sánduche.

Doña Piedad, como todos la conocen, dice que hay dos secretos que ella nunca va a develar: el de los sánduches y el de su ají. “Han tratado de copiarme un montón de veces, pero no pueden, yo siempre estoy creando cosas nuevas”, asegura entre verdad y broma. Parte de esta innovación es un nuevo envase para el jugo de coco que hoy lleva su nombre y marca.

La gente entra y sale del lugar constantemente. Y la propietaria dice que esto va mucho más allá de la calidad del producto, que también se debe a “lo bien puestito” de la carne que se mezcla con el pan caliente, una fusión que doña Piedad decidió hacer “porque un día solo se me ocurrió y me quedó rico”.

Esta ‘hueca’ abre de lunes a viernes, de 09:00 a 20:30, y los sábados de 09:00 a 13:00.

Picantería Lamar
El nombre es tan sencillo como la calle en la que está ubicada. Pero la historia dice que la ‘Picantería Lamar’ tiene un devenir de más o menos 60 años.

En un local pequeño están apenas ocho mesas y paredes adornadas con cuadros del Che Guevara, Charles Chaplin y los Tres Chiflados, tan históricos como este lugar en el que los cuencanos aseguran que se venden las mejores ‘papas locas’ de la ciudad.

Pero Hugo Abad, uno de los propietarios de la picantería que heredaron él y sus hermanos, cuenta que no solo este es el plato ‘estrella’, sino que cada semana hay una especialidad, que aprendieron de sus difuntos padres, Víctor Abad y María Teresa Garanqui: “Gracias a Dios hemos alcanzado la fidelidad de nuestros clientes. Cuando mis padres vivían y yo era un niño, recuerdo que la comida también volaba”.

Tamales, mote pata, caldo de patas, arroz con lengua, guatita, pollo criollo, papas con cuero y otras delicias que se preparan según la época. No superan los 2,50 dólares.

Pero el aroma de la fritada con el mote sucio envuelve gran parte de la calle Mariscal Lamar, los martes y viernes. El local abre sus puertas de lunes a sábado, de 07:30 a 12:30.

La Colmena
Esta pastelería, confitería y heladería es tan conocida, que su nombre sirve incluso como referencia para dar una dirección en el Centro Histórico de Cuenca.

Si bien José Montero y Carmela Calle heredaron ‘La Colmena’ a sus hijos Sonia, Rodrigo, Teresa, José, Oswaldo y Galo; existen dos colaboradores fieles hace 50 y 60 años: Beatriz Palomeque y Alfonso Matute.

Los caramelos exclusivos, pastas, pan y helados que se preparan en este lugar son pedidos para llevar a otros países y forman parte de una historia que el paladar no borra. (I)

Isabel Aguilar
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