Politizar el Día de la Madre es una urgencia

Foto cortesía.

El “sirviente, la mujer tiene derecho a las más espléndidas apoteosis. Y puesto que ha sido en calidad de madre como ha sido sometida, será primeramente en tanto que madre como será querida y respetada. De los dos antiguos rostros de la maternidad, el hombre de hoy no quiere conocer sino el sonriente”, escribió en 1949 Simone de Beauvoir y en la actualidad siguen vigentes las dicotomías patriarcales sobre la maternidad.

 Titulares como: “Madre abandonó a recién nacido”, “Madre deja a sus hijos encerrados para ir a bailar” o “Madre descuida a sus hijos por estar en Facebook” muestran que la maternidad suele ser noticia para crónica roja o para los comerciales de mayo en los que elevan a las progenitoras a santidad.

Más allá de las amorosas experiencias individuales con la maternidad, este día se levanta en el pedestal del rezago cotidiano de las madres diversas: las jefas de hogar, las forzadas a serlo, las niñas madres, las que tienen doble y triple carga, las madres lesbianas que son estigmatizadas; las que demandan paternidad y alimentos, las que el patriarcado necesita abnegadas, las que esperan en las salas de hospitales o acunan a sus bebés en la espalda o en el charolito en que venden caramelos... Las madres “proletarias” -en palabras de Paúl Preciado, aquellas que crían hijos/as ajenos: pobres, racializadas, esclavas domésticas, a quienes se despoja de las criaturas que han amado como propias- o las abuelas-madres, que nunca descansan.

El Día de la Madre, como toda conmemoración internacional, es un monumento al remordimiento que aprovecha el capitalismo para compensar que el cuidado y la reproducción de la vida no están en el centro de las políticas públicas ni de las leyes ni del pensar cotidiano y familiar como prioridades.

La sobrecarga de trabajos y la ausencia de descansos se maquillan con los regalos del patriarcado que son como las rosas que se reparten por el Día de la Mujer: distractores que vacían de contenido político a una fecha en que debemos denunciar la deuda social con las madres.

Según datos del Instituto Nacional de Estadística y Censo (INEC) el número de madres en el país alcanza casi los cuatro millones. De ellas, cuatro de cada 10 están casadas y dos de cada 10 son jefas de hogar. Además, el 54,6% de ellas depende económicamente, la mayoría realiza quehaceres domésticos. El 64% no aporta ni tiene afiliación al Seguro Social.

El 25% de las mujeres sin hijos ha sufrido violencia, el 62% de las madres de cinco hijos y más la han vivido. Las mujeres dedican en promedio cuatro veces más tiempo que los hombres a actividades domésticas y de cuidado.

Mientras que en Europa la edad promedio de las madres rebasa los 30 años, según nacimiento de su primer hijo, en Ecuador la edad promedio es de 20 años y aumentan los embarazos precoces, consecuencia de la violencia sexual o de la ausencia de una educación sexual integral y el acceso a métodos anticonceptivos y aborto legal, seguro y gratuito. Datos publicados por el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) en 2017 señalan que el 3,4 % de las madres ecuatorianas tiene entre 12 y 19 años.

Es decir, 122.301 progenitoras son adolescentes. La tendencia del parto de niñas desde los 10 hasta los 14 años se incrementó entre 2002 y 2010 en un 78%, producto de la violencia sexual (INEC, 2010).

Las madres adolescentes tienen menos años de educación y, por tanto, menos ingresos y más hijos. En el Día de la Madre debemos recordar que la maternidad no tiene por qué ser sinónimo de abnegación, pobreza e inferioridad. El cuidado de la vida es responsabilidad estatal, social, de las familias y las parejas, no de las mujeres. Apostemos por maternidades deseadas y responsabilidades compartidas. (O)

Politizar el Día de la Madre es una urgencia

Foto cortesía.

El “sirviente, la mujer tiene derecho a las más espléndidas apoteosis. Y puesto que ha sido en calidad de madre como ha sido sometida, será primeramente en tanto que madre como será querida y respetada. De los dos antiguos rostros de la maternidad, el hombre de hoy no quiere conocer sino el sonriente”, escribió en 1949 Simone de Beauvoir y en la actualidad siguen vigentes las dicotomías patriarcales sobre la maternidad.

 Titulares como: “Madre abandonó a recién nacido”, “Madre deja a sus hijos encerrados para ir a bailar” o “Madre descuida a sus hijos por estar en Facebook” muestran que la maternidad suele ser noticia para crónica roja o para los comerciales de mayo en los que elevan a las progenitoras a santidad.

Más allá de las amorosas experiencias individuales con la maternidad, este día se levanta en el pedestal del rezago cotidiano de las madres diversas: las jefas de hogar, las forzadas a serlo, las niñas madres, las que tienen doble y triple carga, las madres lesbianas que son estigmatizadas; las que demandan paternidad y alimentos, las que el patriarcado necesita abnegadas, las que esperan en las salas de hospitales o acunan a sus bebés en la espalda o en el charolito en que venden caramelos... Las madres “proletarias” -en palabras de Paúl Preciado, aquellas que crían hijos/as ajenos: pobres, racializadas, esclavas domésticas, a quienes se despoja de las criaturas que han amado como propias- o las abuelas-madres, que nunca descansan.

El Día de la Madre, como toda conmemoración internacional, es un monumento al remordimiento que aprovecha el capitalismo para compensar que el cuidado y la reproducción de la vida no están en el centro de las políticas públicas ni de las leyes ni del pensar cotidiano y familiar como prioridades.

La sobrecarga de trabajos y la ausencia de descansos se maquillan con los regalos del patriarcado que son como las rosas que se reparten por el Día de la Mujer: distractores que vacían de contenido político a una fecha en que debemos denunciar la deuda social con las madres.

Según datos del Instituto Nacional de Estadística y Censo (INEC) el número de madres en el país alcanza casi los cuatro millones. De ellas, cuatro de cada 10 están casadas y dos de cada 10 son jefas de hogar. Además, el 54,6% de ellas depende económicamente, la mayoría realiza quehaceres domésticos. El 64% no aporta ni tiene afiliación al Seguro Social.

El 25% de las mujeres sin hijos ha sufrido violencia, el 62% de las madres de cinco hijos y más la han vivido. Las mujeres dedican en promedio cuatro veces más tiempo que los hombres a actividades domésticas y de cuidado.

Mientras que en Europa la edad promedio de las madres rebasa los 30 años, según nacimiento de su primer hijo, en Ecuador la edad promedio es de 20 años y aumentan los embarazos precoces, consecuencia de la violencia sexual o de la ausencia de una educación sexual integral y el acceso a métodos anticonceptivos y aborto legal, seguro y gratuito. Datos publicados por el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) en 2017 señalan que el 3,4 % de las madres ecuatorianas tiene entre 12 y 19 años.

Es decir, 122.301 progenitoras son adolescentes. La tendencia del parto de niñas desde los 10 hasta los 14 años se incrementó entre 2002 y 2010 en un 78%, producto de la violencia sexual (INEC, 2010).

Las madres adolescentes tienen menos años de educación y, por tanto, menos ingresos y más hijos. En el Día de la Madre debemos recordar que la maternidad no tiene por qué ser sinónimo de abnegación, pobreza e inferioridad. El cuidado de la vida es responsabilidad estatal, social, de las familias y las parejas, no de las mujeres. Apostemos por maternidades deseadas y responsabilidades compartidas. (O)