Población LGBTI teme discriminación laboral

Wilmer González sostiene un letrero contra la homofobia en uno de los espacios destinados por la Prefectura para los colectivos LGBTI en el Azuay. Miguel Arévalo EL TIEMPO John Machado [email protected]

El temor a ser discriminados o despedidos por razones de género es aún latente en las personas homosexuales que trabajan bajo relación de dependencia. Los colectivos esperan que haya mayor inclusión laboral.


Pese a los avances en derechos, la inclusión laboral efectiva aún es una deuda con la población LGBTI. En Cuenca y Azuay existen ordenanzas que promueven su inclusión. El Ministerio de Trabajo  mantiene en firme un acuerdo ministerial desde el 2017, en el que se señala que es obligatorio para los empleadores “garantizar la igualdad y no discriminación en los procesos de selección de personal, así como en el ámbito laboral” público y privado.


David Ochoa, psicólogo laboral, indica que a pesar de la legislación, pocas veces que las denuncias por discriminación llegan a instancias mayores “porque, en primer lugar, como sociedad hemos naturalizado la burla hacia los homosexuales, y en segunda instancia las herramientas para determinar si una persona fue excluida de un trabajo o despedida por razones de discriminación son poco claras”.


Esa discriminación hace que muchos oculten su identidad. Por ejemplo, según datos de los colectivos LGBTI en Cuenca, en la Prefectura del Azuay existen unas 50 personas con diversidad genérica trabajando en esta dependencia, pero solo dos se presentan como tales en sus puestos de trabajo, mientras que los demás no lo hacen por temor a ser discriminados.


El activista Wilmer González indica que este temor se repite a nivel público y privado.
Las entrevistas hechas por el psicólogo organizacional Israel Pesántez a la población LGBTI sobre el tema dan cuenta de casos en los que los compañeros de trabajo de las personas LGBTI se refieren a ellos con burlas, les instan a vestir diferente o a “convertirse” en heterosexuales.


Ochoa se refiere a las secuelas que puede dejar esa discriminación: “Las personas pueden sufrir depresión, baja autoestima e incluso tendencias suicidas. No es un tema fácil”.


El temor a ser discriminado por sus compañeros de trabajo o sufrir represalias hace que ‘Pedro’, funcionario público de la Municipalidad, no se convierta en un activista. Él asegura que al menos 20 de sus compañeros se encuentran en igual situación.


González detalla que en áreas como la educación o salud pública aún hay reparos desde la sociedad para que puedan ejercer un trabajo sin importar el género. “Hay padres de familia a los que se les hace difícil entender que no va a pasar nada si el profesor de su hijo es homosexual, o si el médico de la familia pertenece a la comunidad LGBTI”, asegura.


El activista González indica que si bien durante los últimos años los colectivos han conseguido normativas para evitar que exista discriminación laboral, “aún queda mucho trabajo por hacer y por eso permanecemos en una constante lucha por una sociedad más inclusiva”. (I)


Miedo. Los principales temores de la población LGBTI en materia laboral son los despidos y la discriminación.
Normativa. De acuerdo con el Ministerio de Trabajo, el género no es un condicionante al momento de contratar.
Rechazo. Según los activistas LGBTI, en las áreas de educación y salud son donde mayor discriminación laboral existe.
En junio se celebra el mes del Orgullo LGBTI en conmemoración a las luchas del colectivo por una sociedad sin discriminación.
2
ordenanzas y un acuerdo ministerial piden respeto a la diversidad sexual.

Población LGBTI teme discriminación laboral

Wilmer González sostiene un letrero contra la homofobia en uno de los espacios destinados por la Prefectura para los colectivos LGBTI en el Azuay. Miguel Arévalo EL TIEMPO John Machado [email protected]

El temor a ser discriminados o despedidos por razones de género es aún latente en las personas homosexuales que trabajan bajo relación de dependencia. Los colectivos esperan que haya mayor inclusión laboral.


Pese a los avances en derechos, la inclusión laboral efectiva aún es una deuda con la población LGBTI. En Cuenca y Azuay existen ordenanzas que promueven su inclusión. El Ministerio de Trabajo  mantiene en firme un acuerdo ministerial desde el 2017, en el que se señala que es obligatorio para los empleadores “garantizar la igualdad y no discriminación en los procesos de selección de personal, así como en el ámbito laboral” público y privado.


David Ochoa, psicólogo laboral, indica que a pesar de la legislación, pocas veces que las denuncias por discriminación llegan a instancias mayores “porque, en primer lugar, como sociedad hemos naturalizado la burla hacia los homosexuales, y en segunda instancia las herramientas para determinar si una persona fue excluida de un trabajo o despedida por razones de discriminación son poco claras”.


Esa discriminación hace que muchos oculten su identidad. Por ejemplo, según datos de los colectivos LGBTI en Cuenca, en la Prefectura del Azuay existen unas 50 personas con diversidad genérica trabajando en esta dependencia, pero solo dos se presentan como tales en sus puestos de trabajo, mientras que los demás no lo hacen por temor a ser discriminados.


El activista Wilmer González indica que este temor se repite a nivel público y privado.
Las entrevistas hechas por el psicólogo organizacional Israel Pesántez a la población LGBTI sobre el tema dan cuenta de casos en los que los compañeros de trabajo de las personas LGBTI se refieren a ellos con burlas, les instan a vestir diferente o a “convertirse” en heterosexuales.


Ochoa se refiere a las secuelas que puede dejar esa discriminación: “Las personas pueden sufrir depresión, baja autoestima e incluso tendencias suicidas. No es un tema fácil”.


El temor a ser discriminado por sus compañeros de trabajo o sufrir represalias hace que ‘Pedro’, funcionario público de la Municipalidad, no se convierta en un activista. Él asegura que al menos 20 de sus compañeros se encuentran en igual situación.


González detalla que en áreas como la educación o salud pública aún hay reparos desde la sociedad para que puedan ejercer un trabajo sin importar el género. “Hay padres de familia a los que se les hace difícil entender que no va a pasar nada si el profesor de su hijo es homosexual, o si el médico de la familia pertenece a la comunidad LGBTI”, asegura.


El activista González indica que si bien durante los últimos años los colectivos han conseguido normativas para evitar que exista discriminación laboral, “aún queda mucho trabajo por hacer y por eso permanecemos en una constante lucha por una sociedad más inclusiva”. (I)


Miedo. Los principales temores de la población LGBTI en materia laboral son los despidos y la discriminación.
Normativa. De acuerdo con el Ministerio de Trabajo, el género no es un condicionante al momento de contratar.
Rechazo. Según los activistas LGBTI, en las áreas de educación y salud son donde mayor discriminación laboral existe.
En junio se celebra el mes del Orgullo LGBTI en conmemoración a las luchas del colectivo por una sociedad sin discriminación.
2
ordenanzas y un acuerdo ministerial piden respeto a la diversidad sexual.