Padres heredan arte y emociones a sus hijos

Juan Lucero y su padre Carlos realizan el estampado de manillas. El padre les enseñó el oficio a sus hijos y ellos ahora lo tecnifican con tecnología.
FOTO: Miguel Arévalo EL TIEMPO

En Cuenca existen familias donde varias generaciones han traspasado sus conocimientos a sus hijos. Quienes son jóvenes aprenden los oficios y de esos mensajes de vida que sus padres les enseñan en cada jornada.

La pasión por el arte, lo artesanal y la vida misma es el legado que Marco Machado y Carlos Lucero les dejan a sus hijos. El esfuerzo, la constancia, la paciencia y la creatividad son parte de un proceso de aprendizaje diario.

“Ahuacuna” significa en quichua “tejiendo en el camino” y es el nombre del local que Machado y su familia iniciaron hace 10 años. Marco, de 53 años, junto a su hijo David afirman que el taller es un espacio donde el objetivo principal es compartir. “Siempre les he dicho: si quieres ser bueno en algo, sé bueno en todo. Entrégate en lo que haces”, menciona Marco, mientras mira con orgullo una mini motocicleta de cobre realizada por su hijo.

David describe a su padre como “un loco con una habilidad increíble, un solidario con los demás que contagia alegría y que siempre está dispuesto a compartir su arte y su historia”. Él afirma que, a pesar de que su hija se encuentra en otro país, sueña con tenerla martillando como su abuelo y “jugando” en el taller, ahí donde ponen a fluir la creatividad y la herencia que se hace arte.

Todo este ambiente cálido y hogareño también se vive en el taller de Carlos Lucero, de 52 años. Sus hijos lo definen como “polifacético”, pues ha aprovechado su habilidad en varios oficios como el dibujo, bordado, carpintería, estampado, artes plásticas y otras manualidades.

El papá de Carlos era zapatero y recuerda que desde pequeño le robaba piezas para construir pequeños carros de madera. Inició su taller en la serigrafía artesanal, aunque su esposa e hijos empezaron a ayudarlo por la necesidad económica.

Cuenta entre risas que veía cómo compañeros de sus hijos los buscaban, pues se destacaban en sus escuelas en la construcción de maquetas y trabajos. Carlos afirma que ahora él aprende de sus hijos porque con sus profesiones le enseñan y ayudan en el campo digital y tecnológico del negocio.

Su segundo hijo lleva su mismo nombre. El joven, mientras observa trabajando a su padre junto a su hermano Juan, menciona que lo más valora de su padre “es el tiempo que nos da. Nos enseñó todo. Así como todos trabajamos, todos tomamos una cola y juntos hacemos deporte cada fin de semana”.

A pesar de que ambos artesanos transmitieron el legado del arte y las buenas prácticas en la vida a sus hijos, la nueva generación afirma que nunca existieron restricciones en el proceso de aprendizaje; al contrario, cada padre brindó oportunidades a sus hijos para equivocarse.

Sus hijos coinciden que pese a lo difícil que a veces es mantener la paciencia, están agradecidos por tener la creatividad y el ingenio en su sangre. (I)

DATOS
-Celebración. El Día del Padre se hizo popular durante la Segunda Guerra Mundial cuando se utilizó el día para honrar a las tropas de guerra.
-Oficial. La fiesta no se hizo oficial hasta 1966 (58 años después de la primer fecha oficial del Día de la Madre).
-Local. En Ecuador se realiza todos los años el tercer domingo de junio.

Marco Padilla
Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

Padres heredan arte y emociones a sus hijos

Juan Lucero y su padre Carlos realizan el estampado de manillas. El padre les enseñó el oficio a sus hijos y ellos ahora lo tecnifican con tecnología.
FOTO: Miguel Arévalo EL TIEMPO

En Cuenca existen familias donde varias generaciones han traspasado sus conocimientos a sus hijos. Quienes son jóvenes aprenden los oficios y de esos mensajes de vida que sus padres les enseñan en cada jornada.

La pasión por el arte, lo artesanal y la vida misma es el legado que Marco Machado y Carlos Lucero les dejan a sus hijos. El esfuerzo, la constancia, la paciencia y la creatividad son parte de un proceso de aprendizaje diario.

“Ahuacuna” significa en quichua “tejiendo en el camino” y es el nombre del local que Machado y su familia iniciaron hace 10 años. Marco, de 53 años, junto a su hijo David afirman que el taller es un espacio donde el objetivo principal es compartir. “Siempre les he dicho: si quieres ser bueno en algo, sé bueno en todo. Entrégate en lo que haces”, menciona Marco, mientras mira con orgullo una mini motocicleta de cobre realizada por su hijo.

David describe a su padre como “un loco con una habilidad increíble, un solidario con los demás que contagia alegría y que siempre está dispuesto a compartir su arte y su historia”. Él afirma que, a pesar de que su hija se encuentra en otro país, sueña con tenerla martillando como su abuelo y “jugando” en el taller, ahí donde ponen a fluir la creatividad y la herencia que se hace arte.

Todo este ambiente cálido y hogareño también se vive en el taller de Carlos Lucero, de 52 años. Sus hijos lo definen como “polifacético”, pues ha aprovechado su habilidad en varios oficios como el dibujo, bordado, carpintería, estampado, artes plásticas y otras manualidades.

El papá de Carlos era zapatero y recuerda que desde pequeño le robaba piezas para construir pequeños carros de madera. Inició su taller en la serigrafía artesanal, aunque su esposa e hijos empezaron a ayudarlo por la necesidad económica.

Cuenta entre risas que veía cómo compañeros de sus hijos los buscaban, pues se destacaban en sus escuelas en la construcción de maquetas y trabajos. Carlos afirma que ahora él aprende de sus hijos porque con sus profesiones le enseñan y ayudan en el campo digital y tecnológico del negocio.

Su segundo hijo lleva su mismo nombre. El joven, mientras observa trabajando a su padre junto a su hermano Juan, menciona que lo más valora de su padre “es el tiempo que nos da. Nos enseñó todo. Así como todos trabajamos, todos tomamos una cola y juntos hacemos deporte cada fin de semana”.

A pesar de que ambos artesanos transmitieron el legado del arte y las buenas prácticas en la vida a sus hijos, la nueva generación afirma que nunca existieron restricciones en el proceso de aprendizaje; al contrario, cada padre brindó oportunidades a sus hijos para equivocarse.

Sus hijos coinciden que pese a lo difícil que a veces es mantener la paciencia, están agradecidos por tener la creatividad y el ingenio en su sangre. (I)

DATOS
-Celebración. El Día del Padre se hizo popular durante la Segunda Guerra Mundial cuando se utilizó el día para honrar a las tropas de guerra.
-Oficial. La fiesta no se hizo oficial hasta 1966 (58 años después de la primer fecha oficial del Día de la Madre).
-Local. En Ecuador se realiza todos los años el tercer domingo de junio.

Marco Padilla
Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.