Una mamá adoptiva siente el mismo amor

Yesenia decidió ser la madre de José Alejandro. A los 33 años se convirtió en la familia de un niño al que no parió, pero quien significa todo en su vida. La espera para tenerlo con ella y dedicarle la mayor parte de su tiempo fue un proceso del que hoy disfruta: comparte y participa de su crecimiento.
Yesenia Espinoza es madre de José Alejandro, un niño de tres años que fue adoptado a sus ocho meses. Ella cuenta que el amor es tan fuerte como el de otra madre. miguel arévalo EL TIEMPO

Ser mamá sin poder concebir es esa posibilidad a la que no se negó Yesenia Espinoza al adoptar a José Alejandro. Dice que el amor que siente por su hijo es el mismo que el de cualquier otra madre. Cuando juegan y se abrazan, no queda duda alguna.


En diciembre de 2015 cuando Yesenia tenía 32 años se dio cuenta de que no lograba embarazarse tras los constantes intentos realizados junto a su esposo Pablo Velalcazar.


La primera sorpresa llegó cuando los resultados de los exámenes afirmaron que las dificultades las tenían ella y su esposo. La califica como sorpresa porque dice que “en una sociedad machista, si no puedes concebir, la culpa siempre es de la mujer”.


Tras siete años de matrimonio y renunciando a gastar un presupuesto alto en tratamientos que no sabían si darían o no resultado, la pareja inició con el proceso de adopción en las dependencias del Ministerio de Inclusión Económica y Social, MIES.


A esto se sumaron dos factores que ella considera, fueron decisivos: el fallecimiento de su abuelo que murió sin conocer a un hijo suyo, y la experiencia positiva de adopción de una compañera de trabajo.


- Debo contar que lloraba mañana, tarde y noche al no quedarme embarazada porque mi deseo de ser madre era enorme. No porque la sociedad me lo exigiera sino porque mi corazón así lo quería. Con Pablo, llegamos incluso a prohibir a nuestras familias hablar del tema porque a mí me afectaba mucho.
Lo que Yesenia llama suerte, apareció desde el primer mes en el que iniciaron con el proceso de adopción que arrancó en marzo de 2016 y culminó en septiembre del mismo año. Recuerda cada paso.


“Un niño”, dice con la firmeza que acompaña a los relatos de las personas que han cumplido sus sueños: “Siempre supe que sería la madre de un niño y se cumplió. Si te digo que comencé a tener dolores de parto desde que supe que podía existir la posibilidad de lograrlo, no te miento”.
Tras presentar y aprobar todos los requisitos en el MIES en cuanto a documentación y formación, los esposos visitaron a un bebé de ocho meses en uno de los hogares de acogida. Esa noche el pequeño se durmió en el regazo de Pablo.


José Alejandro
Ese bebé que ya creció hoy tiene tres años. Llama a Yesenia ‘mami’, ‘mamá’ o ‘mamita’ y responde al nombre de José Alejandro.
Un pequeño de tez morena, con ojos negros y mirada vivaz alza las cejas cada vez que tiene una cámara al frente y sonríe al lente. Abraza a su madre, la besa, le pide desde el césped mientras le jala su vestido de flores, que lo acompañe a la resbaladera y ella, emocionada, asegura que se trata del ‘complejo de Edipo positivo’. Y ríe.


Yesenia tiene facilidad para explicar las cosas por su vocación de docente de Lengua y Literatura. Habla de las relaciones psicológicas entre padres e hijos, y de eso de mantener la confianza entre las dos partes.
Con esto se refiere a que, cuando José crezca, le contarán la verdad sobre su origen: “Él está en su derecho y sus padres no podemos mentirle, es la base de la confianza”.


Ante las preguntas inocentes de José Alejandro sobre su nacimiento, la madre le responde que él salió de su corazón.
Yesenia quiere que el rencor no sea parte del crecimiento del niño y que no sienta resentimiento hacia su madre biológica: “Somos seres humanos y no podemos juzgar a nadie por sus decisiones”.


Vínculo
La psicóloga Ana Murillo coincide con la madre, pues explica que los niños que son adoptados deben conocer la verdad: “Todo ese amor y amparo que una mujer eligió dar a un niño que no es su hijo biológico, merece ser contado, incluso para ser desmitificado en la sociedad. Deben saber que los alumbraron desde el corazón”.


La profesional indica que el vínculo que crean las madres adoptivas con sus hijos es muchas veces más fuerte porque el deseo de tener un hijo está presente desde el inicio de todo.


Yesenia confiesa que ha sentido miedo pero que cree que está educando a un “niño feliz”. Su apego a la literatura ha despertado su ingenio y fabricó un libro infantil de cuentos con la historia de su hijo para de a poco, narrarle sobre cómo llegó a casa.


Su convicción sobre el amor sin diferencias con relación a las madres “de sangre”, se hace evidente en la posibilidad que han contemplado con su esposo, de volver a adoptar en un futuro. (I)

Atención. Según los registros del MIES, el 2 por ciento de las familias que buscan adoptar, lo hacen entre los grupos de atención prioritario.
Azuay. La base de datos del MIES indica que hasta abril de 2019, 15 menores están en condición de adopción prioritaria en Azuay.
Ecuador. En lo que va del 2019, en Ecuador existen 224 menores en condición de adopción, sumando los menores del grupo prioritario y general.

Isabel Aguilar
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Una mamá adoptiva siente el mismo amor

Yesenia Espinoza es madre de José Alejandro, un niño de tres años que fue adoptado a sus ocho meses. Ella cuenta que el amor es tan fuerte como el de otra madre. miguel arévalo EL TIEMPO

Ser mamá sin poder concebir es esa posibilidad a la que no se negó Yesenia Espinoza al adoptar a José Alejandro. Dice que el amor que siente por su hijo es el mismo que el de cualquier otra madre. Cuando juegan y se abrazan, no queda duda alguna.


En diciembre de 2015 cuando Yesenia tenía 32 años se dio cuenta de que no lograba embarazarse tras los constantes intentos realizados junto a su esposo Pablo Velalcazar.


La primera sorpresa llegó cuando los resultados de los exámenes afirmaron que las dificultades las tenían ella y su esposo. La califica como sorpresa porque dice que “en una sociedad machista, si no puedes concebir, la culpa siempre es de la mujer”.


Tras siete años de matrimonio y renunciando a gastar un presupuesto alto en tratamientos que no sabían si darían o no resultado, la pareja inició con el proceso de adopción en las dependencias del Ministerio de Inclusión Económica y Social, MIES.


A esto se sumaron dos factores que ella considera, fueron decisivos: el fallecimiento de su abuelo que murió sin conocer a un hijo suyo, y la experiencia positiva de adopción de una compañera de trabajo.


- Debo contar que lloraba mañana, tarde y noche al no quedarme embarazada porque mi deseo de ser madre era enorme. No porque la sociedad me lo exigiera sino porque mi corazón así lo quería. Con Pablo, llegamos incluso a prohibir a nuestras familias hablar del tema porque a mí me afectaba mucho.
Lo que Yesenia llama suerte, apareció desde el primer mes en el que iniciaron con el proceso de adopción que arrancó en marzo de 2016 y culminó en septiembre del mismo año. Recuerda cada paso.


“Un niño”, dice con la firmeza que acompaña a los relatos de las personas que han cumplido sus sueños: “Siempre supe que sería la madre de un niño y se cumplió. Si te digo que comencé a tener dolores de parto desde que supe que podía existir la posibilidad de lograrlo, no te miento”.
Tras presentar y aprobar todos los requisitos en el MIES en cuanto a documentación y formación, los esposos visitaron a un bebé de ocho meses en uno de los hogares de acogida. Esa noche el pequeño se durmió en el regazo de Pablo.


José Alejandro
Ese bebé que ya creció hoy tiene tres años. Llama a Yesenia ‘mami’, ‘mamá’ o ‘mamita’ y responde al nombre de José Alejandro.
Un pequeño de tez morena, con ojos negros y mirada vivaz alza las cejas cada vez que tiene una cámara al frente y sonríe al lente. Abraza a su madre, la besa, le pide desde el césped mientras le jala su vestido de flores, que lo acompañe a la resbaladera y ella, emocionada, asegura que se trata del ‘complejo de Edipo positivo’. Y ríe.


Yesenia tiene facilidad para explicar las cosas por su vocación de docente de Lengua y Literatura. Habla de las relaciones psicológicas entre padres e hijos, y de eso de mantener la confianza entre las dos partes.
Con esto se refiere a que, cuando José crezca, le contarán la verdad sobre su origen: “Él está en su derecho y sus padres no podemos mentirle, es la base de la confianza”.


Ante las preguntas inocentes de José Alejandro sobre su nacimiento, la madre le responde que él salió de su corazón.
Yesenia quiere que el rencor no sea parte del crecimiento del niño y que no sienta resentimiento hacia su madre biológica: “Somos seres humanos y no podemos juzgar a nadie por sus decisiones”.


Vínculo
La psicóloga Ana Murillo coincide con la madre, pues explica que los niños que son adoptados deben conocer la verdad: “Todo ese amor y amparo que una mujer eligió dar a un niño que no es su hijo biológico, merece ser contado, incluso para ser desmitificado en la sociedad. Deben saber que los alumbraron desde el corazón”.


La profesional indica que el vínculo que crean las madres adoptivas con sus hijos es muchas veces más fuerte porque el deseo de tener un hijo está presente desde el inicio de todo.


Yesenia confiesa que ha sentido miedo pero que cree que está educando a un “niño feliz”. Su apego a la literatura ha despertado su ingenio y fabricó un libro infantil de cuentos con la historia de su hijo para de a poco, narrarle sobre cómo llegó a casa.


Su convicción sobre el amor sin diferencias con relación a las madres “de sangre”, se hace evidente en la posibilidad que han contemplado con su esposo, de volver a adoptar en un futuro. (I)

Atención. Según los registros del MIES, el 2 por ciento de las familias que buscan adoptar, lo hacen entre los grupos de atención prioritario.
Azuay. La base de datos del MIES indica que hasta abril de 2019, 15 menores están en condición de adopción prioritaria en Azuay.
Ecuador. En lo que va del 2019, en Ecuador existen 224 menores en condición de adopción, sumando los menores del grupo prioritario y general.

Isabel Aguilar
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