Los “Niños” tienen sus lugares para repararse

Ya casi llega diciembre y los talleres de arte empiezan a llenarse de pacientes, sí pacientes, es que no tienen brazos, piernas, dedos ni cabezas; y deben ingresar en una terapia intensiva de reparación, para quedar como nuevos y otra vez ser la figura principal de Navidad.
Entre pinturas e imágenes, Gustavo Quinde repara las figuras del nacimiento de Navidad. El año pasado arreglo 215 imágenes del niño Jesús.

Hay niños de todos los tamaños, desde seis hasta 30 centímetros y por ello la paciencia es la principal arma para el trabajo, pues cada pincelada debe ser exacta para que la imagen quede como original.


El año anterior, Quinde restauró, repintó y arreglo a 215 niños; este año parece que la cantidad será la misma. Para él ya nada es difícil, al contrario gusta de la profesión que heredó de su padre hace 54 años. “El trabajo a mano es el mejor, porque se hace con cariño y eso demuestra la pieza luego del trabajo”, comentó.


Metros más arriba, en el sector de María Auxiliadora, Julio César Jimbo con suma delicadeza y constancia pinta la cabeza de uno de los niños que debe arreglar. Óleo, formones y gubias son las herramientas que utiliza para reparar la obra. Aunque a él, le gusta trabajar con obras nuevas, es decir las elabora de madera y por pedido las vende.


En tres semanas logra tallar la imagen, dependiendo de su tamaño y forma. Para Jimbo su profesión es su pasatiempo, pero lamenta que por la tecnología muchos de sus compañeros hayan desertado. “Sólo la gente que aprecia este arte continua”, indicó.


Una actitud similar tiene Edgar Guerrero, quien, rodeado de imágenes de todo color y tamaño, en su taller ubicado en la calle Vega Muñoz y Juan Montalvo, “da vida” a las figuras. En esta época ha paralizado las obras grandes y se ha dedicado a reparar niños, los cuales llegan despedazados pero en menos de dos semanas los deja como nuevos. Su habilidad y paciencia han logrado el reconocimiento de la gente, sobre todo del sector rural; pero esa paciencia la logra por el gusto de su trabajo, ya que no descansa. “En mi casa sigo tallando o arreglando las imágenes, esto me distrae y cuando no hay luz me desespero porque no se que hacer”, enfatizó. El año pasado arreglo 300 imágenes, “para mi esto es un gusto y cuando tallo o arreglo la creatividad está en mi mente”, dijo.


Estos tres artesanos son parte del pequeño grupo de restauradores que aún queda en la ciudad y que elaboran imágenes en madera. No descansan y consideran a su labor como única, un don especial, porque no todos pueden hacerlo. Más aún porque continúan arreglando las imágenes del Nacimiento que permanecen y permanecerán como parte de la tradición cuencana.

Los “Niños” tienen sus lugares para repararse

Entre pinturas e imágenes, Gustavo Quinde repara las figuras del nacimiento de Navidad. El año pasado arreglo 215 imágenes del niño Jesús.

Hay niños de todos los tamaños, desde seis hasta 30 centímetros y por ello la paciencia es la principal arma para el trabajo, pues cada pincelada debe ser exacta para que la imagen quede como original.


El año anterior, Quinde restauró, repintó y arreglo a 215 niños; este año parece que la cantidad será la misma. Para él ya nada es difícil, al contrario gusta de la profesión que heredó de su padre hace 54 años. “El trabajo a mano es el mejor, porque se hace con cariño y eso demuestra la pieza luego del trabajo”, comentó.


Metros más arriba, en el sector de María Auxiliadora, Julio César Jimbo con suma delicadeza y constancia pinta la cabeza de uno de los niños que debe arreglar. Óleo, formones y gubias son las herramientas que utiliza para reparar la obra. Aunque a él, le gusta trabajar con obras nuevas, es decir las elabora de madera y por pedido las vende.


En tres semanas logra tallar la imagen, dependiendo de su tamaño y forma. Para Jimbo su profesión es su pasatiempo, pero lamenta que por la tecnología muchos de sus compañeros hayan desertado. “Sólo la gente que aprecia este arte continua”, indicó.


Una actitud similar tiene Edgar Guerrero, quien, rodeado de imágenes de todo color y tamaño, en su taller ubicado en la calle Vega Muñoz y Juan Montalvo, “da vida” a las figuras. En esta época ha paralizado las obras grandes y se ha dedicado a reparar niños, los cuales llegan despedazados pero en menos de dos semanas los deja como nuevos. Su habilidad y paciencia han logrado el reconocimiento de la gente, sobre todo del sector rural; pero esa paciencia la logra por el gusto de su trabajo, ya que no descansa. “En mi casa sigo tallando o arreglando las imágenes, esto me distrae y cuando no hay luz me desespero porque no se que hacer”, enfatizó. El año pasado arreglo 300 imágenes, “para mi esto es un gusto y cuando tallo o arreglo la creatividad está en mi mente”, dijo.


Estos tres artesanos son parte del pequeño grupo de restauradores que aún queda en la ciudad y que elaboran imágenes en madera. No descansan y consideran a su labor como única, un don especial, porque no todos pueden hacerlo. Más aún porque continúan arreglando las imágenes del Nacimiento que permanecen y permanecerán como parte de la tradición cuencana.