La sonrisa de un niño es el premio de Todd y Mary

El galardón recayó en Todd y Mary Freeman, dos estadounidenses que han gestionado cerca de 300 operaciones a niños de escasos recursos.

La revista Expats y la Gobernación del Azuay entregaron la llave de la provincia a los extranjeros más destacados en cuanto a labor social dentro de la región.

En el  2011 Todd y Mary Freeman llegaron a Ecuador de visita. Fueron a la playa a disfrutar de la caída de sol en el Océano Pacífico, pero más allá del paisaje, algo que les llamó la atención de sobremanera fue una hoja volante en la que se pedía ayuda para una niña que necesitaba una operación. Sumaron amigos, hicieron una colecta y lograron su intervención. Fue solo la primera de cerca de 300 cirugías solidarias cumplidas hasta la actualidad.


Ellos, junto con el médico cuencano Pablo Salamea, conforman la fundación Helping Kids in Ecuador que cuenta con la ayuda de los anestesiólogos del Hospital del Río, la fundación Emaús y las donaciones desinteresadas de alrededor de 60 aportantes de Estados Unidos.


Tras la operación de la primera niña, Todd y Mary decidieron que habían aportado su granito de arena con el mundo, pero poco tiempo después una monja de la población de Palmar, Santa Elena, les contactó para solicitar ayuda para una niña que tenía una malformación en su oído. “No pudimos negarnos” cuenta Mary. Tras la segunda niña los pacientes no dejaron de llegar a su puerta.


Todd fue asistente médico en Estados Unidos. Ese apego a la medicina le llevó a brindar su ayuda a pesar de estar jubilado. Su esposa nunca dejó de apoyarlo en su labor; ahora es el pilar de la fundación.


Tras cinco años de vivir en la provincia de Santa Elena escucharon hablar de Cuenca como destino ideal para los extranjeros retirados y llegaron a la ciudad para conocerla. “Su clima y su gente nos enamoró”, comenta Mary.


En Cuenca la vida les llevó a conocer al cirujano plástico Pablo Salamea, quien tenía el deseo de utilizar su profesión para brindar ayuda a los más necesitados. Él se sumó a la fundación, habló con sus colegas en el Hospital del Río y retomaron las cirugías. En Cuenca ya llevan más de 75 operaciones.


Todd y Mary reciben los pacientes, los comunican con los médicos, los doctores analizan el caso, la fundación asume el costo de traslados, exámenes, medicina e insumos médicos, los galenos no cobran por su trabajo y el hogar Buen Samaritano de la fundación Emaús da posada a pacientes y familiares mientras dure la recuperación.


El compromiso de los extranjeros es encontrar recursos para pagar los gastos médicos, pero el apoyo de Todd y Mary va más allá. Ellos se apropian del caso, acompañan a la familia antes, durante y después de la operación, los trasladan en su vehículo, comparten lo que tienen con ellos y hacen un seguimiento de su caso incluso durante años.


Mary comenta que, aunque pueda parecerlo, realmente no tienen demasiado dinero. Ahorran y se limitan en lo económico para poder brindar ayuda, y no reciben un sueldo o aportes personales de las donaciones.


Todd sostiene que en Cuenca encontró su misión en el mundo, que el mejor pago que pueden recibir es la sonrisa de un niño sano, de las madres y padres del menor cuando lo reciben sonrientes tras una operación. Esta labor no llena sus bolsillos, pero llena su alma, y no hay mejor pago. (I)

La sonrisa de un niño es el premio de Todd y Mary

El galardón recayó en Todd y Mary Freeman, dos estadounidenses que han gestionado cerca de 300 operaciones a niños de escasos recursos.

La revista Expats y la Gobernación del Azuay entregaron la llave de la provincia a los extranjeros más destacados en cuanto a labor social dentro de la región.

En el  2011 Todd y Mary Freeman llegaron a Ecuador de visita. Fueron a la playa a disfrutar de la caída de sol en el Océano Pacífico, pero más allá del paisaje, algo que les llamó la atención de sobremanera fue una hoja volante en la que se pedía ayuda para una niña que necesitaba una operación. Sumaron amigos, hicieron una colecta y lograron su intervención. Fue solo la primera de cerca de 300 cirugías solidarias cumplidas hasta la actualidad.


Ellos, junto con el médico cuencano Pablo Salamea, conforman la fundación Helping Kids in Ecuador que cuenta con la ayuda de los anestesiólogos del Hospital del Río, la fundación Emaús y las donaciones desinteresadas de alrededor de 60 aportantes de Estados Unidos.


Tras la operación de la primera niña, Todd y Mary decidieron que habían aportado su granito de arena con el mundo, pero poco tiempo después una monja de la población de Palmar, Santa Elena, les contactó para solicitar ayuda para una niña que tenía una malformación en su oído. “No pudimos negarnos” cuenta Mary. Tras la segunda niña los pacientes no dejaron de llegar a su puerta.


Todd fue asistente médico en Estados Unidos. Ese apego a la medicina le llevó a brindar su ayuda a pesar de estar jubilado. Su esposa nunca dejó de apoyarlo en su labor; ahora es el pilar de la fundación.


Tras cinco años de vivir en la provincia de Santa Elena escucharon hablar de Cuenca como destino ideal para los extranjeros retirados y llegaron a la ciudad para conocerla. “Su clima y su gente nos enamoró”, comenta Mary.


En Cuenca la vida les llevó a conocer al cirujano plástico Pablo Salamea, quien tenía el deseo de utilizar su profesión para brindar ayuda a los más necesitados. Él se sumó a la fundación, habló con sus colegas en el Hospital del Río y retomaron las cirugías. En Cuenca ya llevan más de 75 operaciones.


Todd y Mary reciben los pacientes, los comunican con los médicos, los doctores analizan el caso, la fundación asume el costo de traslados, exámenes, medicina e insumos médicos, los galenos no cobran por su trabajo y el hogar Buen Samaritano de la fundación Emaús da posada a pacientes y familiares mientras dure la recuperación.


El compromiso de los extranjeros es encontrar recursos para pagar los gastos médicos, pero el apoyo de Todd y Mary va más allá. Ellos se apropian del caso, acompañan a la familia antes, durante y después de la operación, los trasladan en su vehículo, comparten lo que tienen con ellos y hacen un seguimiento de su caso incluso durante años.


Mary comenta que, aunque pueda parecerlo, realmente no tienen demasiado dinero. Ahorran y se limitan en lo económico para poder brindar ayuda, y no reciben un sueldo o aportes personales de las donaciones.


Todd sostiene que en Cuenca encontró su misión en el mundo, que el mejor pago que pueden recibir es la sonrisa de un niño sano, de las madres y padres del menor cuando lo reciben sonrientes tras una operación. Esta labor no llena sus bolsillos, pero llena su alma, y no hay mejor pago. (I)