“La academia debe apoyar más en la discapacidad”

Beatriz Miranda PhD en Sociología y Estudios de la Discapacidad
FOTO: Cortesía Patricio Castillo

Beatriz Miranda, docente e investigadora en temas de discapacidad y lepra, estuvo en Cuenca para compartir su conocimiento en la 50 edición del coloquio ‘Formas de lo Humano’ de la Universidad de Cuenca y Flacso.

La ambateña Beatriz Miranda es doctora en Sociología y Estudios de la Discapacidad por la Universidad de Leeds, Inglaterra, y se ha desempeñado como docente en varias universidades de Europa. Actualmente radica en México. Hasta el 2016 coordinó los proyectos Sari y Bridges en Indonesia y Brasil, enfocados en el trabajo con personas afectadas por la enfermedad de Hansen (lepra).

Lleva 24 años trabajando en proyectos de investigación, capacitación, acción participativa, fortalecimiento institucional y formación de personas con discapacidad y lepra, a través de distintas organizaciones internacionales en Myanmar, Timor Leste, Indonesia, Brasil, Nepal y Ecuador. Ha publicado varios libros y artículos científicos relacionados con su campo de estudio.

La docente coordina el programa de ‘Estudios Críticos de la “discapacidad”’ y apoya y profesionaliza a artistas con discapacidad desde el ‘17, Instituto de Estudios Críticos’ de México D.F.

Esta semana estuvo en Cuenca para impartir un curso para la maestría de Antropología de lo Contemporáneo y participó en la 50 edición del coloquio ‘Formas de lo Humano’ de la Universidad de Cuenca y Flacso.

P. ¿Cómo puede la discapacidad transformar la cultura?
R. Partiendo desde el entender que la discapacidad cruza cualquier ámbito de la vida del ser humano. Si se comprende la discapacidad desde allí tiene un potencial de cambio en la medida que se va entiendo y aprendiendo, usando la discapacidad como un elemento catalizador: en qué momento está la sociedad, qué vive esta sociedad, el hecho de la normalidad. Y la discapacidad de por sí te permite ver eso. Si usas la discapacidad como catalizador de una sociedad normalizadora, ya por ahí nada más entiendes que cambiando muchas cosas que supuestamente están referidas a la discapacidad se cambiaría la sociedad, en general.

P. Usted defiende que las personas con discapacidad deberían construir las políticas públicas...
R. Sí, las mismas personas con discapacidad deberían estar empujando propuestas de políticas públicas. Quién sabe de su problemática más que ellas, junto con su familia o el entorno más cercano. A partir de entender el rol de ciudadano activo de la persona con discapacidad pues cambiaría mucho la manera en la que el Estado se aproximaría a la discapacidad. El problema es que, por un lado, ni el Estado está reconociendo esa ciudadanía y, por el otro, las personas con discapacidad tienen poca participación, por miles de razones. Cuando tienes las miles de barreras que tiene la persona, no por la discapacidad en sí, sino porque lo que el Estado, la sociedad, entiende por discapacidad, ves que va a haber menos acción política. Pero eso no justifica que no haya acción política.

P. ¿El Estado no quiere reconocer a las personas con discapacidad porque le cuesta dinero?
R. Ha habido un acercamiento muy médico a la discapacidad y políticas muy asistencialistas aplicadas no solo a la discapacidad sino a cualquier sector vulnerado. Si el Estado no entiende la discapacidad como una perspectiva más amplia, política, económica, social, pues es muy difícil que vaya a implementar políticas de reconocimiento de ciudadanía. Para mí, la persona con discapacidad no está reconocida como ciudadano. Las personas reclaman derechos frente a un Estado que no reconoce que son ciudadanos; cómo pueden reclamar esos derechos si no existes, no importas. Cuando empieza a reconocerte como ciudadano viene el tema del costo. ¿Qué significas como ciudadano para el Estado? En una sociedad idealizada, si el Estado cumple con sus funciones de proteger y velar por sus ciudadanos, y hay trabajo, hay acceso a la educación, a la salud, etc., el ciudadano tiene que pagar impuestos, abrir un equilibrio... pero no lo hay.

P. ¿De dónde sale el modelo social que plantea la discapacidad como material político?
R. Tiene dos espacios de origen, que son muy distintos: el británico, donde surge como un modelo propuesto desde una postura marxista; y el modelo que se origina en los Estados Unidos que tiene una línea más de derechos humanos. Estamos hablando de Gran Bretaña, con una historia que va mucho más por lo político, las luchas de partidos, etc.; y Estados Unidos que es más legalista, que se enfoca más en la lucha de los derechos humanos. Aunque hay una especie de contraposición, sí llegan a encontrarse. Lo interesante del surgimiento, en cualquiera de los dos lados de esta nueva aproximación, es que salió de las personas con discapacidad. Latinoamérica todavía está en un camino muy pedregoso para poder avanzar en eso. Hay un fuerte movimiento en Estados Unidos, en Gran Bretaña, en Australia, que está exigiendo políticamente.

P. ¿Y en el caso más concreto de Ecuador?
R. Yo he estado muchos años fuera, pero me impactó mucho el cambio del discurso que tuvo Rafael Correa. Fue increíble, si se mira políticamente, como desplazó al indígena, que había sido antes el motivo de ocupación del Estado, a esta nueva figura que era la persona con discapacidad. Al principio me pareció interesante, pero luego cuando vi la metodología que se implementó, fue muy desilusionante. No se hacía ningún trabajo con la gente con discapacidad. No se estaba construyendo este programa desde abajo.

P. ¿Qué plantea desde su postura, desde la academia, para cambiar esta realidad?
R. Aunque suene insistente o pesada, debe haber un diálogo con el movimiento asociativo, más allá de que solo exista. Yo veo lo que está haciendo el Centro de Etnografía Interdisciplinaria Kaleidos que trabaja con varias personas con discapacidad; están armando un grupo de discusión y por allí se empieza. Si no se logra que haya un puente entre las personas con discapacidad y la academia, cualquier cosa que se trabaje no va a tener resultados que se acercan a la realidad, y no será beneficioso para este sector. La academia no tiene que utilizar a estos grupos solo para su propio prestigio y desarrollo, sino que se debe hacer un trabajo conjunto. (I)

Mihaela Ionela Badin
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“La academia debe apoyar más en la discapacidad”

Beatriz Miranda PhD en Sociología y Estudios de la Discapacidad
FOTO: Cortesía Patricio Castillo

Beatriz Miranda, docente e investigadora en temas de discapacidad y lepra, estuvo en Cuenca para compartir su conocimiento en la 50 edición del coloquio ‘Formas de lo Humano’ de la Universidad de Cuenca y Flacso.

La ambateña Beatriz Miranda es doctora en Sociología y Estudios de la Discapacidad por la Universidad de Leeds, Inglaterra, y se ha desempeñado como docente en varias universidades de Europa. Actualmente radica en México. Hasta el 2016 coordinó los proyectos Sari y Bridges en Indonesia y Brasil, enfocados en el trabajo con personas afectadas por la enfermedad de Hansen (lepra).

Lleva 24 años trabajando en proyectos de investigación, capacitación, acción participativa, fortalecimiento institucional y formación de personas con discapacidad y lepra, a través de distintas organizaciones internacionales en Myanmar, Timor Leste, Indonesia, Brasil, Nepal y Ecuador. Ha publicado varios libros y artículos científicos relacionados con su campo de estudio.

La docente coordina el programa de ‘Estudios Críticos de la “discapacidad”’ y apoya y profesionaliza a artistas con discapacidad desde el ‘17, Instituto de Estudios Críticos’ de México D.F.

Esta semana estuvo en Cuenca para impartir un curso para la maestría de Antropología de lo Contemporáneo y participó en la 50 edición del coloquio ‘Formas de lo Humano’ de la Universidad de Cuenca y Flacso.

P. ¿Cómo puede la discapacidad transformar la cultura?
R. Partiendo desde el entender que la discapacidad cruza cualquier ámbito de la vida del ser humano. Si se comprende la discapacidad desde allí tiene un potencial de cambio en la medida que se va entiendo y aprendiendo, usando la discapacidad como un elemento catalizador: en qué momento está la sociedad, qué vive esta sociedad, el hecho de la normalidad. Y la discapacidad de por sí te permite ver eso. Si usas la discapacidad como catalizador de una sociedad normalizadora, ya por ahí nada más entiendes que cambiando muchas cosas que supuestamente están referidas a la discapacidad se cambiaría la sociedad, en general.

P. Usted defiende que las personas con discapacidad deberían construir las políticas públicas...
R. Sí, las mismas personas con discapacidad deberían estar empujando propuestas de políticas públicas. Quién sabe de su problemática más que ellas, junto con su familia o el entorno más cercano. A partir de entender el rol de ciudadano activo de la persona con discapacidad pues cambiaría mucho la manera en la que el Estado se aproximaría a la discapacidad. El problema es que, por un lado, ni el Estado está reconociendo esa ciudadanía y, por el otro, las personas con discapacidad tienen poca participación, por miles de razones. Cuando tienes las miles de barreras que tiene la persona, no por la discapacidad en sí, sino porque lo que el Estado, la sociedad, entiende por discapacidad, ves que va a haber menos acción política. Pero eso no justifica que no haya acción política.

P. ¿El Estado no quiere reconocer a las personas con discapacidad porque le cuesta dinero?
R. Ha habido un acercamiento muy médico a la discapacidad y políticas muy asistencialistas aplicadas no solo a la discapacidad sino a cualquier sector vulnerado. Si el Estado no entiende la discapacidad como una perspectiva más amplia, política, económica, social, pues es muy difícil que vaya a implementar políticas de reconocimiento de ciudadanía. Para mí, la persona con discapacidad no está reconocida como ciudadano. Las personas reclaman derechos frente a un Estado que no reconoce que son ciudadanos; cómo pueden reclamar esos derechos si no existes, no importas. Cuando empieza a reconocerte como ciudadano viene el tema del costo. ¿Qué significas como ciudadano para el Estado? En una sociedad idealizada, si el Estado cumple con sus funciones de proteger y velar por sus ciudadanos, y hay trabajo, hay acceso a la educación, a la salud, etc., el ciudadano tiene que pagar impuestos, abrir un equilibrio... pero no lo hay.

P. ¿De dónde sale el modelo social que plantea la discapacidad como material político?
R. Tiene dos espacios de origen, que son muy distintos: el británico, donde surge como un modelo propuesto desde una postura marxista; y el modelo que se origina en los Estados Unidos que tiene una línea más de derechos humanos. Estamos hablando de Gran Bretaña, con una historia que va mucho más por lo político, las luchas de partidos, etc.; y Estados Unidos que es más legalista, que se enfoca más en la lucha de los derechos humanos. Aunque hay una especie de contraposición, sí llegan a encontrarse. Lo interesante del surgimiento, en cualquiera de los dos lados de esta nueva aproximación, es que salió de las personas con discapacidad. Latinoamérica todavía está en un camino muy pedregoso para poder avanzar en eso. Hay un fuerte movimiento en Estados Unidos, en Gran Bretaña, en Australia, que está exigiendo políticamente.

P. ¿Y en el caso más concreto de Ecuador?
R. Yo he estado muchos años fuera, pero me impactó mucho el cambio del discurso que tuvo Rafael Correa. Fue increíble, si se mira políticamente, como desplazó al indígena, que había sido antes el motivo de ocupación del Estado, a esta nueva figura que era la persona con discapacidad. Al principio me pareció interesante, pero luego cuando vi la metodología que se implementó, fue muy desilusionante. No se hacía ningún trabajo con la gente con discapacidad. No se estaba construyendo este programa desde abajo.

P. ¿Qué plantea desde su postura, desde la academia, para cambiar esta realidad?
R. Aunque suene insistente o pesada, debe haber un diálogo con el movimiento asociativo, más allá de que solo exista. Yo veo lo que está haciendo el Centro de Etnografía Interdisciplinaria Kaleidos que trabaja con varias personas con discapacidad; están armando un grupo de discusión y por allí se empieza. Si no se logra que haya un puente entre las personas con discapacidad y la academia, cualquier cosa que se trabaje no va a tener resultados que se acercan a la realidad, y no será beneficioso para este sector. La academia no tiene que utilizar a estos grupos solo para su propio prestigio y desarrollo, sino que se debe hacer un trabajo conjunto. (I)

Mihaela Ionela Badin
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