Jóvenes infractores aprenden chocolatería

La rehabilitación en el Centro de Adolescentes Infractores no solo se cumple con un aislamiento. En el sitio los chicos aprenden panadería, agricultura, carpintería y otros oficios que potencian los talentos. Reciente recibieron un curso de chocolatería para iniciar con un emprendimiento.

Cristian, de 17 años, fue detenido desde hace ocho meses y permanece en el Centro de Adolescentes Infractores, CAI. Ahí encontró una actividad que le gusta y que está lejos de cualquier hecho delictivo: la chocolatería.

Marlon, de 16 años, cometió acciones en contra de la ley y perdió su libertad. Ahora piensa en cumplir su condena y reintegrarse a la sociedad como ciudadano de bien. Él también es parte de los 25 jóvenes que están en el centro y que reciben talleres de emprendimiento como la chocolatería, panadería y carpintería.

Ellos derriten el chocolate, lo enfrían y moldean según el patrón que les enseñan las funcionarias del lugar.

La producción está basada en una higiene total. Al cumplir con el proceso los enfundan y ofrecen al público.

Chocolate blanco y negro son las variedades. Algunos están rellenos de maní, nuez, pasas y arroz crocante. Estos se elaboran bajo pedido, incluso se hacen paletas de chocolate o lo que pida el cliente.

Los jóvenes se concentran cada que ingresan al taller. Para ellos el poner todo su contingente para aprender nuevas técnicas les permitirá tener más experiencia para que, al salir del lugar, puedan reinsertarse en la sociedad con un nuevo emprendimiento.

Mariana Merchán, jefe de talento humano del CAI, sostuvo que la idea de producir chocolate fue concebida para potenciar los talentos de los jóvenes, para solventar necesidades básicas del centro y para que los jóvenes ayuden a sus familias en cuanto cumplan su tiempo en el centro.

“Muchos de los chicos provienen de otras provincias y están cumpliendo una condena de largos periodos. Los talleres son como un método de terapia y enmienda”.

La producción de chocolate es el más reciente emprendimiento de los jóvenes. “Son muy prolijos, ordenados y con buena capacidad para cumplir con las tareas. Todos hacen de todo y trabajan en equipo”, manifestó Mireya Andrade, coordinadora de las actividades del centro.

Para dotar de los ingredientes, el centro recibe donaciones, “en lo que se puede ayudamos los funcionarios, todo es autogestión”, acotó Andrade e hizo un llamado a la ciudadanía y empresas a colaborar. (I)

Actividades para jóvenes que cumplen el proceso de rehabilitación

Para evitar problemas en el CAI mantienen a los internos ocupados. Ellos también reciben terapias recreativas y realizan trabajos en la granja que está junto al centro, donde cultivan cebada, capulí, papas, entre otros productos.

La carpintería es uno de los talleres más antiguos. Ahí crean varios artículos rústicos que son comercializados a través de las redes sociales.

Juguetes como helicópteros, aviones, carros de madera, muebles rústicos, cuadros, estantes entre otros, son los que se observan en los pasillos del CAI. Estos fueron realizados en el taller con un maestro en la rama.

Para su venta, los funcionarios han ofrecido los productos en entidades públicas y privadas. La idea es obtener recursos para solventar necesidades de los propios jóvenes.

María Augusta Castillo, coordinadora del CAI, explicó que a la par de todos los talleres que reciben los jóvenes, también cumplen con un periodo de escolaridad. Estudian el bachillerato dentro de la entidad y se forman en música con el Conservatorio. (I)

Sandra Altafulla
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Jóvenes infractores aprenden chocolatería

La rehabilitación en el Centro de Adolescentes Infractores no solo se cumple con un aislamiento. En el sitio los chicos aprenden panadería, agricultura, carpintería y otros oficios que potencian los talentos. Reciente recibieron un curso de chocolatería para iniciar con un emprendimiento.

Cristian, de 17 años, fue detenido desde hace ocho meses y permanece en el Centro de Adolescentes Infractores, CAI. Ahí encontró una actividad que le gusta y que está lejos de cualquier hecho delictivo: la chocolatería.

Marlon, de 16 años, cometió acciones en contra de la ley y perdió su libertad. Ahora piensa en cumplir su condena y reintegrarse a la sociedad como ciudadano de bien. Él también es parte de los 25 jóvenes que están en el centro y que reciben talleres de emprendimiento como la chocolatería, panadería y carpintería.

Ellos derriten el chocolate, lo enfrían y moldean según el patrón que les enseñan las funcionarias del lugar.

La producción está basada en una higiene total. Al cumplir con el proceso los enfundan y ofrecen al público.

Chocolate blanco y negro son las variedades. Algunos están rellenos de maní, nuez, pasas y arroz crocante. Estos se elaboran bajo pedido, incluso se hacen paletas de chocolate o lo que pida el cliente.

Los jóvenes se concentran cada que ingresan al taller. Para ellos el poner todo su contingente para aprender nuevas técnicas les permitirá tener más experiencia para que, al salir del lugar, puedan reinsertarse en la sociedad con un nuevo emprendimiento.

Mariana Merchán, jefe de talento humano del CAI, sostuvo que la idea de producir chocolate fue concebida para potenciar los talentos de los jóvenes, para solventar necesidades básicas del centro y para que los jóvenes ayuden a sus familias en cuanto cumplan su tiempo en el centro.

“Muchos de los chicos provienen de otras provincias y están cumpliendo una condena de largos periodos. Los talleres son como un método de terapia y enmienda”.

La producción de chocolate es el más reciente emprendimiento de los jóvenes. “Son muy prolijos, ordenados y con buena capacidad para cumplir con las tareas. Todos hacen de todo y trabajan en equipo”, manifestó Mireya Andrade, coordinadora de las actividades del centro.

Para dotar de los ingredientes, el centro recibe donaciones, “en lo que se puede ayudamos los funcionarios, todo es autogestión”, acotó Andrade e hizo un llamado a la ciudadanía y empresas a colaborar. (I)

Actividades para jóvenes que cumplen el proceso de rehabilitación

Para evitar problemas en el CAI mantienen a los internos ocupados. Ellos también reciben terapias recreativas y realizan trabajos en la granja que está junto al centro, donde cultivan cebada, capulí, papas, entre otros productos.

La carpintería es uno de los talleres más antiguos. Ahí crean varios artículos rústicos que son comercializados a través de las redes sociales.

Juguetes como helicópteros, aviones, carros de madera, muebles rústicos, cuadros, estantes entre otros, son los que se observan en los pasillos del CAI. Estos fueron realizados en el taller con un maestro en la rama.

Para su venta, los funcionarios han ofrecido los productos en entidades públicas y privadas. La idea es obtener recursos para solventar necesidades de los propios jóvenes.

María Augusta Castillo, coordinadora del CAI, explicó que a la par de todos los talleres que reciben los jóvenes, también cumplen con un periodo de escolaridad. Estudian el bachillerato dentro de la entidad y se forman en música con el Conservatorio. (I)

Sandra Altafulla
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