¿Qué sucede con los hijos de padres migrantes?

Monserrath Jerves, docente investigadora y subdecana de la Facultad de Filosofía de la Universidad de Cuenca.
FOTO: EL TIEMPO

El término ‘familias transnacionales’ no es nuevo, pero aún resulta novedoso en las sociedades latinoamericanas. Una investigación muestra los estigmas que se manejan alrededor de estos menores de edad.

Un estudio sobre el desarrollo psicosocial de los niños y adolescentes, hijos de migrantes cuencanos, arrancó en 2015. En una entrevista exclusiva para diario EL TIEMPO, la autora de esta investigación explica cómo los resultados obtenidos pueden aplicarse al contexto actual de la migración venezolana.

Monserrath Jerves, docente investigadora y subdecana de la Facultad de Filosofía de la Universidad de Cuenca, lideró este trabajo que fue publicado en revistas científicas de incidencia internacional. Sin embargo, la intención de la academia es que llegue al público latinoamericano sobre el cual se centra el estudio.

Hace cuatro años registraron la realidad de 2.500 niños y adolescentes, y demostraron que el 35 por ciento de ellos tenían uno o dos padres migrantes: el 20 por ciento, uno, y el 15 por ciento, dos.

Si bien el término ‘familias transnacionales’ no es nuevo, todavía resulta novedoso para muchos. La entrevistada explica las características de estos núcleos que se identifican por las múltiples conexiones con sus países de origen y los miembros de su familia a través de un mundo digitalizado.

p. ¿existe una diferencia entre el perfil del migrante ecuatoriano con el del migrante venezolano?
r. Claro. Entre 1999 y el 2000, que fue donde se desató la crisis económica en el Ecuador, migraron una gran cantidad de personas al exterior. El perfil del migrante ecuatoriano fue el del adulto joven en etapa productiva y reproductiva. Muchos dejaron a sus hijos en el país porque los focos migratorios fueron Estados Unidos y Europa, donde no todos ingresaron de forma legal. En cambio, en la migración venezolana se puede observar que viajan familias enteras. En ambos casos se han creado estigmas, pues se desconoce la constitución de estos nuevos núcleos en los que los miembros pueden o no estar en el mismo sitio pero no dejan de funcionar como familia, con la única diferencia de que las dinámicas son distintas.

p. ¿Cuáles son estos estigmas sociales que se han creado alrededor de estas nuevas formas de familias en ecuador y venezuela?
r. Hay estigmas muy fuertes. Se cree que existe una ruptura familiar por la migración y se habla de padres que, entre comillas, abandonan a sus hijos. A pesar de que lo hacen para ser el sustento económico y aunque haya un contacto permanente, los niños y adolescentes escuchan otras cosas y están sujetos a situaciones como los programas en sus escuelas o colegios como el Día del Padre o de la Madre, por ejemplo, en los que se idealiza a la familia con estas figuras presentes y se fabrica un regalo para entregar. Son rituales que lastiman porque la sociedad no reconoce la diversidad de las realidades y mucho menos de las familias. Muchas veces se habla desde una realidad egoísta de “familia perfecta” o “familia tradicional”, sin identificar otras estructuras familiares. No podemos decir que los padres ecuatorianos hicieron bien o mal en dejar a sus hijos a cargo de otros familiares, o que los padres venezolanos hacen bien o mal en migrar con sus hijos, sino que cada grupo se ha adaptado a sus circunstancias. Para muchos, lo que sucede con los niños de Venezuela es una forma de maltrato pero hay que entender que ellos no están aquí porque quieren sino porque así les ha tocado. El problema es que somos una sociedad que está siempre lista para juzgar o criticar, y no para comprender.

p. ¿Cuáles fueron las conclusiones sobre el desarrollo psicosocial de los niños y adolescentes, hijos de migrantes cuencanos?
r. Se trabajó muy de cerca con la teoría del apego. Arrancamos con el impacto de la separación del niño de su padre o de su madre a edades tempranas. Sin embargo, vimos que las teorías no eran suficientes y comenzamos a explorar otros espacios, como la concepción del término familia. A nivel internacional se maneja mucho el concepto de “familia nuclear”, sobre todo en las culturas occidentales. Me refiero a la familia “original” o la que está conformada por el padre, la madre y los hijos. Pero los chicos con los que trabajamos tenían la concepción de una familia mucho más numerosa en la que los abuelos, tíos o cualquier persona que se hizo cargo de ellos, eran parte del núcleo, incluso antes del hecho migratorio. Nos hablaron de una familia trigeneracional en la que todos cumplían roles importantes y el estado social de los niños no se veía desequilibrado. La palabra ‘migración’ no existía en su imaginario e incluso creaba mucha sensibilidad, pues para ellos se trataba de un viaje o una salida de sus padres, ni siquiera de una separación. Entonces comprendimos y concluimos que para los menores, la familia no se rompía sino que únicamente cambiaba de dinámica.

p. ¿Qué les deben decir a sus hijos los padres que planean migrar y dejarlos al cuidado de otro familiar?
r. La verdad. Cuando se realizó la investigación, nos dimos cuenta de que no necesariamente todos los chicos tenían algún problema psicológico o emocional. Pero sí que hay ciertos elementos sobre los que ellos necesitaron reconstruir o construir el significado de migración. Los hijos de los padres migrantes necesitan saber que ellos se van por asuntos socioeconómicos que, nada tienen que ver con el afecto o el amor parental. Quizá ahora la comprensión es mayor por la visibilización tan grande que ha tenido la migración venezolana. De todas formas, desde las instituciones educativas, la Iglesia y la sociedad en general, se debe tratar de crear un entendimiento real sobre las migraciones. Los padres principalmente deberían tratar de que la separación, sea por la circunstancia que fuere, vaya presidida por una ceremonia de despedida, aunque sea la más sencilla. Solo así los chicos podrán tener la claridad de las razones por las que los padres se fueron, y aunque llorarán y sufrirán de todas formas, por lo menos tendrán la certeza de un regreso y no una pregunta eterna en la cabeza que les genere dudas. (I)

DATOS
-Feriado bancario. El denominado ‘Feriado Bancario’ de 1999 generó una prolongada crisis migratoria de los ecuatorianos hacia otros países.
-Prejuicios. La migración de la población venezolana con niños y adolescentes ha desatado críticas y prejuicios por parte de los ecuatorianos.
-Términos. Muchos menores de edad, hijos de migrantes, desconocen sobre términos como migración y abandono. Es la sociedad la que los impone.

LA CIFRA
2.500
niños y adolescentes, hijos de padres migrantes fueron objeto de estudio. 

Isabel Aguilar
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¿Qué sucede con los hijos de padres migrantes?

Monserrath Jerves, docente investigadora y subdecana de la Facultad de Filosofía de la Universidad de Cuenca.
FOTO: EL TIEMPO

El término ‘familias transnacionales’ no es nuevo, pero aún resulta novedoso en las sociedades latinoamericanas. Una investigación muestra los estigmas que se manejan alrededor de estos menores de edad.

Un estudio sobre el desarrollo psicosocial de los niños y adolescentes, hijos de migrantes cuencanos, arrancó en 2015. En una entrevista exclusiva para diario EL TIEMPO, la autora de esta investigación explica cómo los resultados obtenidos pueden aplicarse al contexto actual de la migración venezolana.

Monserrath Jerves, docente investigadora y subdecana de la Facultad de Filosofía de la Universidad de Cuenca, lideró este trabajo que fue publicado en revistas científicas de incidencia internacional. Sin embargo, la intención de la academia es que llegue al público latinoamericano sobre el cual se centra el estudio.

Hace cuatro años registraron la realidad de 2.500 niños y adolescentes, y demostraron que el 35 por ciento de ellos tenían uno o dos padres migrantes: el 20 por ciento, uno, y el 15 por ciento, dos.

Si bien el término ‘familias transnacionales’ no es nuevo, todavía resulta novedoso para muchos. La entrevistada explica las características de estos núcleos que se identifican por las múltiples conexiones con sus países de origen y los miembros de su familia a través de un mundo digitalizado.

p. ¿existe una diferencia entre el perfil del migrante ecuatoriano con el del migrante venezolano?
r. Claro. Entre 1999 y el 2000, que fue donde se desató la crisis económica en el Ecuador, migraron una gran cantidad de personas al exterior. El perfil del migrante ecuatoriano fue el del adulto joven en etapa productiva y reproductiva. Muchos dejaron a sus hijos en el país porque los focos migratorios fueron Estados Unidos y Europa, donde no todos ingresaron de forma legal. En cambio, en la migración venezolana se puede observar que viajan familias enteras. En ambos casos se han creado estigmas, pues se desconoce la constitución de estos nuevos núcleos en los que los miembros pueden o no estar en el mismo sitio pero no dejan de funcionar como familia, con la única diferencia de que las dinámicas son distintas.

p. ¿Cuáles son estos estigmas sociales que se han creado alrededor de estas nuevas formas de familias en ecuador y venezuela?
r. Hay estigmas muy fuertes. Se cree que existe una ruptura familiar por la migración y se habla de padres que, entre comillas, abandonan a sus hijos. A pesar de que lo hacen para ser el sustento económico y aunque haya un contacto permanente, los niños y adolescentes escuchan otras cosas y están sujetos a situaciones como los programas en sus escuelas o colegios como el Día del Padre o de la Madre, por ejemplo, en los que se idealiza a la familia con estas figuras presentes y se fabrica un regalo para entregar. Son rituales que lastiman porque la sociedad no reconoce la diversidad de las realidades y mucho menos de las familias. Muchas veces se habla desde una realidad egoísta de “familia perfecta” o “familia tradicional”, sin identificar otras estructuras familiares. No podemos decir que los padres ecuatorianos hicieron bien o mal en dejar a sus hijos a cargo de otros familiares, o que los padres venezolanos hacen bien o mal en migrar con sus hijos, sino que cada grupo se ha adaptado a sus circunstancias. Para muchos, lo que sucede con los niños de Venezuela es una forma de maltrato pero hay que entender que ellos no están aquí porque quieren sino porque así les ha tocado. El problema es que somos una sociedad que está siempre lista para juzgar o criticar, y no para comprender.

p. ¿Cuáles fueron las conclusiones sobre el desarrollo psicosocial de los niños y adolescentes, hijos de migrantes cuencanos?
r. Se trabajó muy de cerca con la teoría del apego. Arrancamos con el impacto de la separación del niño de su padre o de su madre a edades tempranas. Sin embargo, vimos que las teorías no eran suficientes y comenzamos a explorar otros espacios, como la concepción del término familia. A nivel internacional se maneja mucho el concepto de “familia nuclear”, sobre todo en las culturas occidentales. Me refiero a la familia “original” o la que está conformada por el padre, la madre y los hijos. Pero los chicos con los que trabajamos tenían la concepción de una familia mucho más numerosa en la que los abuelos, tíos o cualquier persona que se hizo cargo de ellos, eran parte del núcleo, incluso antes del hecho migratorio. Nos hablaron de una familia trigeneracional en la que todos cumplían roles importantes y el estado social de los niños no se veía desequilibrado. La palabra ‘migración’ no existía en su imaginario e incluso creaba mucha sensibilidad, pues para ellos se trataba de un viaje o una salida de sus padres, ni siquiera de una separación. Entonces comprendimos y concluimos que para los menores, la familia no se rompía sino que únicamente cambiaba de dinámica.

p. ¿Qué les deben decir a sus hijos los padres que planean migrar y dejarlos al cuidado de otro familiar?
r. La verdad. Cuando se realizó la investigación, nos dimos cuenta de que no necesariamente todos los chicos tenían algún problema psicológico o emocional. Pero sí que hay ciertos elementos sobre los que ellos necesitaron reconstruir o construir el significado de migración. Los hijos de los padres migrantes necesitan saber que ellos se van por asuntos socioeconómicos que, nada tienen que ver con el afecto o el amor parental. Quizá ahora la comprensión es mayor por la visibilización tan grande que ha tenido la migración venezolana. De todas formas, desde las instituciones educativas, la Iglesia y la sociedad en general, se debe tratar de crear un entendimiento real sobre las migraciones. Los padres principalmente deberían tratar de que la separación, sea por la circunstancia que fuere, vaya presidida por una ceremonia de despedida, aunque sea la más sencilla. Solo así los chicos podrán tener la claridad de las razones por las que los padres se fueron, y aunque llorarán y sufrirán de todas formas, por lo menos tendrán la certeza de un regreso y no una pregunta eterna en la cabeza que les genere dudas. (I)

DATOS
-Feriado bancario. El denominado ‘Feriado Bancario’ de 1999 generó una prolongada crisis migratoria de los ecuatorianos hacia otros países.
-Prejuicios. La migración de la población venezolana con niños y adolescentes ha desatado críticas y prejuicios por parte de los ecuatorianos.
-Términos. Muchos menores de edad, hijos de migrantes, desconocen sobre términos como migración y abandono. Es la sociedad la que los impone.

LA CIFRA
2.500
niños y adolescentes, hijos de padres migrantes fueron objeto de estudio. 

Isabel Aguilar
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