El Vado tiene un rostro moderno, pero mantiene su esencia

FOTO: Diego Cáceres EL TIEMPO

Al recorrer el Centro Histórico de Cuenca, una de las paradas obligadas es el barrio El Vado. Sus casas de adobe, los techos de tejas, con ventanas de marcos de madera y puertas angostas conquistan la mirada de propios y extraños que llegan al lugar.

Este barrio, pese a la modernidad y desarrollo de la urbe, aún conserva rincones que hablan de su historia.

En 1557, año de la Fundación española de Cuenca, nace El Vado. Quienes conquistaron la ciudad inca Paucarbamba plantaron una cruz que daba cuenta de que este territorio ya pertenecía a la corona y que este era uno de los límites de la nueva urbe.

Sin embargo, no es sino hasta mediados del siglo XIX que se constituyó y toma las características que hasta la fecha lo caracterizan.

La Federación de Barrios del Azuay establece que el barrio El Vado inicia en la calle Condamine hasta la iglesia de El Cenáculo, en la calle Bolívar, y desde la calle Tarqui hasta la Estévez de Toral (en sus márgenes izquierdos).

Foto de Manuel Serrano 

Origen del nombre ‘El Vado’

¿Cuál es el origen de la palabra ‘vado’? Según la Real Academia Española, RAE, ‘vadear’ significa pasar un río. Este barrio está asentado sobre el río Tomebamba y esta zona era la de más fácil acceso para cruzarlo.

Por eso, quienes llegaban desde los cantones del sur debían ‘vadear’ el Tomebamba para entrar a la ciudad.

Sector de combate

Adolfo Parra, autor del libro ‘El Rostro de los Barrios de Cuenca’, describe que en lo que ahora es la esquina de la calle Juan Montalvo y Calle de la Cruz, las tropas del general Eloy Alfaro disparaban a sus armas con dirección a lo que hoy es el barrio San Roque, donde estaban apostadas las tropas del General Vega.

“Señala la leyenda que los habitantes del barrio al conocer que las tropas de Alfaro ingresaban a Cuenca y se aproximaban a dicho sector, los recibieron arrojándoles agua hirviente y ceniza caliente extraída de los hornos de leña en donde se elaboraba el tradicional pan.

Balcón de la ciudad

Recorrer su plaza central es quedarse absorto del paisaje que ofrece de la ciudad. El Vado queda en uno de los sectores elevados de Cuenca y ofrece a sus habitantes y a quienes lo visitan una vista panorámica del río Tomebamba Y de las montañas que rodean a Cuenca.

Desde este lugar se puede divisar la iglesia de Turi. No es extraño ver a los turistas situarse en el borde del pasamano de la plaza para sacarse fotos o para tomar las mejores instantáneas del paisaje.

Parra no se equivoca cuando sostiene en su obra que El Vado es un balcón natural de la ciudad.

Las panaderas de El Vado

Nydia Vázquez, autora de varios libros sobre las tradiciones gastronómicas de Cuenca, nació en este barrio. Ella es parte de las cinco generaciones de su familia que han nacido en este lugar.

Recuerda que “El Vado olía a pan”. Dice que a las 05:00 o 06:00 era común que los hornos desprendan por sus chimeneas exquisitos olores de las masas que se cocinaban.

Para ella, una de las mayores pérdidas de su barrio fue la desaparición de las panaderas.

Este oficio tradicional dio origen a muchas composiciones de músicos y poetas. ‘Panaderita del Vado’ es una de ellas, creada por César Andrade y Cordero y musicalizada por Rafael Carpio Abad.

Festividades

Hernán Alvarado, presidente de la Comisión de Cultura del Comité Barrial, explicó que a lo largo del año el barrio tienen varias celebraciones, siendo la principal la Fiesta de la Cruz, que se desarrolla en mayo.

“Todos los vecinos nos reunimos y formamos comisiones para organizar esta fiesta que empieza el día 1 de mayo y se extiende por tres días. La cruz es adornada y debajo de esta se levanta un altar”, comentó.

Además de las festividades de mayo también celebran el carnaval, su aniversario en octubre y la Navidad y fin de año, en diciembre.

Los años viejos son muy reconocidos en este sector. Para la construcción, los vecinos se toman más de tres meses para definir el tema que presentarán y construir los monigotes.

Datos

-La recuperación del barrio fue uno de los principales objetivos de sus habitantes y durante los últimos 25 años se organizaron para fortalecer aspectos de seguridad, cultura y tradiciones.

-La remodelación de varias de casas patrimoniales fue un factor clave para la regeneración urbana del lugar. Hoy casas como la de la Lira, El Hotel Cruz de El Vado, el Centro Cultural El Prohibido, el Museo La Condamine y otros inmuebles recuperados han llenado al sector de un valor agregado en el ámbito cultural, turístico y social.

La tradición oral es parte de la vida de este sector. Personajes como el ‘Cura sin cabez’, la ‘Viuda del farol’. (I)

Claudia Pazán
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El Vado tiene un rostro moderno, pero mantiene su esencia

FOTO: Diego Cáceres EL TIEMPO

Al recorrer el Centro Histórico de Cuenca, una de las paradas obligadas es el barrio El Vado. Sus casas de adobe, los techos de tejas, con ventanas de marcos de madera y puertas angostas conquistan la mirada de propios y extraños que llegan al lugar.

Este barrio, pese a la modernidad y desarrollo de la urbe, aún conserva rincones que hablan de su historia.

En 1557, año de la Fundación española de Cuenca, nace El Vado. Quienes conquistaron la ciudad inca Paucarbamba plantaron una cruz que daba cuenta de que este territorio ya pertenecía a la corona y que este era uno de los límites de la nueva urbe.

Sin embargo, no es sino hasta mediados del siglo XIX que se constituyó y toma las características que hasta la fecha lo caracterizan.

La Federación de Barrios del Azuay establece que el barrio El Vado inicia en la calle Condamine hasta la iglesia de El Cenáculo, en la calle Bolívar, y desde la calle Tarqui hasta la Estévez de Toral (en sus márgenes izquierdos).

Foto de Manuel Serrano 

Origen del nombre ‘El Vado’

¿Cuál es el origen de la palabra ‘vado’? Según la Real Academia Española, RAE, ‘vadear’ significa pasar un río. Este barrio está asentado sobre el río Tomebamba y esta zona era la de más fácil acceso para cruzarlo.

Por eso, quienes llegaban desde los cantones del sur debían ‘vadear’ el Tomebamba para entrar a la ciudad.

Sector de combate

Adolfo Parra, autor del libro ‘El Rostro de los Barrios de Cuenca’, describe que en lo que ahora es la esquina de la calle Juan Montalvo y Calle de la Cruz, las tropas del general Eloy Alfaro disparaban a sus armas con dirección a lo que hoy es el barrio San Roque, donde estaban apostadas las tropas del General Vega.

“Señala la leyenda que los habitantes del barrio al conocer que las tropas de Alfaro ingresaban a Cuenca y se aproximaban a dicho sector, los recibieron arrojándoles agua hirviente y ceniza caliente extraída de los hornos de leña en donde se elaboraba el tradicional pan.

Balcón de la ciudad

Recorrer su plaza central es quedarse absorto del paisaje que ofrece de la ciudad. El Vado queda en uno de los sectores elevados de Cuenca y ofrece a sus habitantes y a quienes lo visitan una vista panorámica del río Tomebamba Y de las montañas que rodean a Cuenca.

Desde este lugar se puede divisar la iglesia de Turi. No es extraño ver a los turistas situarse en el borde del pasamano de la plaza para sacarse fotos o para tomar las mejores instantáneas del paisaje.

Parra no se equivoca cuando sostiene en su obra que El Vado es un balcón natural de la ciudad.

Las panaderas de El Vado

Nydia Vázquez, autora de varios libros sobre las tradiciones gastronómicas de Cuenca, nació en este barrio. Ella es parte de las cinco generaciones de su familia que han nacido en este lugar.

Recuerda que “El Vado olía a pan”. Dice que a las 05:00 o 06:00 era común que los hornos desprendan por sus chimeneas exquisitos olores de las masas que se cocinaban.

Para ella, una de las mayores pérdidas de su barrio fue la desaparición de las panaderas.

Este oficio tradicional dio origen a muchas composiciones de músicos y poetas. ‘Panaderita del Vado’ es una de ellas, creada por César Andrade y Cordero y musicalizada por Rafael Carpio Abad.

Festividades

Hernán Alvarado, presidente de la Comisión de Cultura del Comité Barrial, explicó que a lo largo del año el barrio tienen varias celebraciones, siendo la principal la Fiesta de la Cruz, que se desarrolla en mayo.

“Todos los vecinos nos reunimos y formamos comisiones para organizar esta fiesta que empieza el día 1 de mayo y se extiende por tres días. La cruz es adornada y debajo de esta se levanta un altar”, comentó.

Además de las festividades de mayo también celebran el carnaval, su aniversario en octubre y la Navidad y fin de año, en diciembre.

Los años viejos son muy reconocidos en este sector. Para la construcción, los vecinos se toman más de tres meses para definir el tema que presentarán y construir los monigotes.

Datos

-La recuperación del barrio fue uno de los principales objetivos de sus habitantes y durante los últimos 25 años se organizaron para fortalecer aspectos de seguridad, cultura y tradiciones.

-La remodelación de varias de casas patrimoniales fue un factor clave para la regeneración urbana del lugar. Hoy casas como la de la Lira, El Hotel Cruz de El Vado, el Centro Cultural El Prohibido, el Museo La Condamine y otros inmuebles recuperados han llenado al sector de un valor agregado en el ámbito cultural, turístico y social.

La tradición oral es parte de la vida de este sector. Personajes como el ‘Cura sin cabez’, la ‘Viuda del farol’. (I)

Claudia Pazán
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