El dolor de no poder despedir a los muertos en cuarentena

Los velorios, son para muchos, el momento para asimilar la pérdida de un ser amado. En la ciudad pueden durar entre dos y tres días, aunque en el campo la costumbre es que duren hasta cinco días.

Durante la cuarentena no es posible hacer los velorios. Las salas velatorias están cerradas para evitar la reunión de personas y garantizar el distanciamiento social que exige el Comité de Operaciones de Emergencia, COE, nacional y provincial.

El Registro Civil del Azuay llevó a cabo 79 inscripciones de defunciones en la provincia desde el 17 hasta el 31 de marzo, primeros días de confinamiento nacional.

Y a la familia de Gerardo Gómez, quien falleció el lunes 30 de marzo, le tocó despedirlo sin una misa, sin la bendición de un sacerdote y sin la reunión de sus seres queridos al momento del funeral.

“Tenemos familia en Paute, Gualaceo, querían venir, pero las vías están cerradas y no pudieron”, recordó Víctor Bustos, un miembro de la familia.

Tuvieron que hacer la velación en la casa del finado, en el barrio La Paz. Entraban de cinco en cinco al lugar donde colocaron el ataúd y el miércoles al mediodía pudieron sepultarlo.

El Registro Civil solo trabaja en las mañanas para la inscripción de defunciones, por lo que demoró el papeleo necesario. Cuando le fueron a enterrar en el Cementerio Municipal solo permitieron el ingreso de seis deudos.

Luego de cierto tiempo esos seis salieron y entraron otros seis. Todos los entierros en el Cementerio Patrimonial, por disposición de la Empresa Municipal de Cementerios de Cuenca, los hacen a puerta cerrada y con estrictas medidas de seguridad para el personal. “Fue triste, más triste porque no se pudo despedir con bendiciones como merecía”, agregó Bustos.

El coordinador de la Red Ecuatoriana de Cultura Funeraria, Daniel Rivera, explicó que la recomendación de no hacer los velorios es un protocolo mundial y que, sin duda, afecta a las familias.

“No importa si mueren o no por covid-19, los ritos que reúnen a muchas personas están prohibidos”, aseguró y esto, para Rivera, ha puesto en perspectiva la importancia que tienen para los ciudadanos el tener un tiempo “sagrado” para despedir a un ser que se amó en vida.

Explica que el proceso es necesario para quienes quedan en este plano, pero que en este momento de la historia no es posible hacerlo, aunque agregó que los rituales se pueden hacer una vez que se acabe el confinamiento que está previsto hasta el 13 de abril.

Ana María Quito, quien estaba a las afueras del Cementerio Patrimonial para enterrar a un tío, aseguró que tiene amistad con un sacerdote y fue a través de una videollamada que él dio unas palabras de aliento a la familia.

“No es justo tener que dejarles así nomás, sin un curita que dé dando la bendición”, dijo con los ojos llenos de lágrimas y repitió que el señor murió de cáncer, no de coronavirus, pero aún así no fue permitido el velorio en las salas que están alrededor del cementerio y tampoco el entierro con toda la familia. “Esto duele más, el no poderlo despedir”.

La psicóloga Ana Murillo da apoyo emocional ‘on line’ al personal sanitario y a los familiares de las víctimas del covid-19. Explica que en su experiencia el hecho de tener que cremar los cadáveres ha sido un choque emocional para los deudos.

“Han sido católicos y la religión no apoya esto, a más que no hay una lápida para ir a recordar o a visitarles cuando sea una fecha importante”, reflexiona.

A más de esto, añade que en todas las culturas existen rituales de despedida y cuando esto no ocurre las emociones que se experimentan durante un velorio o un funeral quedan reprimidas y esto podría causar un estrés postraumático y depresión.

Otra de las características que ha notado en los pacientes es que sienten un gran temor de que la sociedad se entere de que su familiar falleció por covid-19, porque le temen a las etiquetas que puedan ponerles o al rechazo social.

“Es lamentable también que muchos sienten culpa porque no se acercan al cadáver, pues temen el contagio, pero al mismo tiempo sienten miedo de hacerlo” y cree que eso pasa por falta de información.

Asegura también que urge que más psicólogos clínicos se unan para abordar a las personas que están en todos los frentes de esta pandemia. “La salud mental es vital”, agrega la psicóloga. (I)

El dolor de no poder despedir a los muertos en cuarentena

Los velorios, son para muchos, el momento para asimilar la pérdida de un ser amado. En la ciudad pueden durar entre dos y tres días, aunque en el campo la costumbre es que duren hasta cinco días.

Durante la cuarentena no es posible hacer los velorios. Las salas velatorias están cerradas para evitar la reunión de personas y garantizar el distanciamiento social que exige el Comité de Operaciones de Emergencia, COE, nacional y provincial.

El Registro Civil del Azuay llevó a cabo 79 inscripciones de defunciones en la provincia desde el 17 hasta el 31 de marzo, primeros días de confinamiento nacional.

Y a la familia de Gerardo Gómez, quien falleció el lunes 30 de marzo, le tocó despedirlo sin una misa, sin la bendición de un sacerdote y sin la reunión de sus seres queridos al momento del funeral.

“Tenemos familia en Paute, Gualaceo, querían venir, pero las vías están cerradas y no pudieron”, recordó Víctor Bustos, un miembro de la familia.

Tuvieron que hacer la velación en la casa del finado, en el barrio La Paz. Entraban de cinco en cinco al lugar donde colocaron el ataúd y el miércoles al mediodía pudieron sepultarlo.

El Registro Civil solo trabaja en las mañanas para la inscripción de defunciones, por lo que demoró el papeleo necesario. Cuando le fueron a enterrar en el Cementerio Municipal solo permitieron el ingreso de seis deudos.

Luego de cierto tiempo esos seis salieron y entraron otros seis. Todos los entierros en el Cementerio Patrimonial, por disposición de la Empresa Municipal de Cementerios de Cuenca, los hacen a puerta cerrada y con estrictas medidas de seguridad para el personal. “Fue triste, más triste porque no se pudo despedir con bendiciones como merecía”, agregó Bustos.

El coordinador de la Red Ecuatoriana de Cultura Funeraria, Daniel Rivera, explicó que la recomendación de no hacer los velorios es un protocolo mundial y que, sin duda, afecta a las familias.

“No importa si mueren o no por covid-19, los ritos que reúnen a muchas personas están prohibidos”, aseguró y esto, para Rivera, ha puesto en perspectiva la importancia que tienen para los ciudadanos el tener un tiempo “sagrado” para despedir a un ser que se amó en vida.

Explica que el proceso es necesario para quienes quedan en este plano, pero que en este momento de la historia no es posible hacerlo, aunque agregó que los rituales se pueden hacer una vez que se acabe el confinamiento que está previsto hasta el 13 de abril.

Ana María Quito, quien estaba a las afueras del Cementerio Patrimonial para enterrar a un tío, aseguró que tiene amistad con un sacerdote y fue a través de una videollamada que él dio unas palabras de aliento a la familia.

“No es justo tener que dejarles así nomás, sin un curita que dé dando la bendición”, dijo con los ojos llenos de lágrimas y repitió que el señor murió de cáncer, no de coronavirus, pero aún así no fue permitido el velorio en las salas que están alrededor del cementerio y tampoco el entierro con toda la familia. “Esto duele más, el no poderlo despedir”.

La psicóloga Ana Murillo da apoyo emocional ‘on line’ al personal sanitario y a los familiares de las víctimas del covid-19. Explica que en su experiencia el hecho de tener que cremar los cadáveres ha sido un choque emocional para los deudos.

“Han sido católicos y la religión no apoya esto, a más que no hay una lápida para ir a recordar o a visitarles cuando sea una fecha importante”, reflexiona.

A más de esto, añade que en todas las culturas existen rituales de despedida y cuando esto no ocurre las emociones que se experimentan durante un velorio o un funeral quedan reprimidas y esto podría causar un estrés postraumático y depresión.

Otra de las características que ha notado en los pacientes es que sienten un gran temor de que la sociedad se entere de que su familiar falleció por covid-19, porque le temen a las etiquetas que puedan ponerles o al rechazo social.

“Es lamentable también que muchos sienten culpa porque no se acercan al cadáver, pues temen el contagio, pero al mismo tiempo sienten miedo de hacerlo” y cree que eso pasa por falta de información.

Asegura también que urge que más psicólogos clínicos se unan para abordar a las personas que están en todos los frentes de esta pandemia. “La salud mental es vital”, agrega la psicóloga. (I)