Doña Rosa Criollo camina firme hacia sus 112 años

Nació un 5 de octubre de 1908. Fue la pionera en hacer cascaritas en la Don Bosco y aún tiene fuerza para asar cuyes y mover la fritada. Su hija atribuye a la alimentación de antaño su fuerza y vitalidad.


Sentada a un costado del restaurante ‘Marabú’ encontramos a Rosa Criollo, no precisamente iba a degustar las fritadas, sino a “ayudar” para que las mismas salgan más sabrosas. Ella fue la primera mujer en poner un local de comida típica en la avenida Don Bosco.


Sus ojos casi se cierran. De rato en rato saca una sonrisa, camina con la ayuda de sus familiares, pero siempre quiere estar cerca de ellos.


Rosa, el 5 de octubre de este año cumplirá 112 años, como consta en su cédula. Dicen sus familiares que “hay muchos que se fueron, pero ella nos sigue acompañando”.


Hace 42 años la mujer perdió a su esposo tras un accidente de tránsito en la vía Cuenca-Azogues, pero no perdió la fuerza para seguir adelante junto a sus hijos. “Hay momentos que ella recuerda a mi abuelo y quiere visitarle en el cementerio”, indica su nieto Jorge Mejía.


Labor
Todos los días después de las 09:00 doña Rosa baja de su habitación. Aún tiene fuerza en sus brazos para asar los cuyes. También toma una cuchara de madera grande para mover la fritada aunque los trabajadores del restaurante están pendientes que no vaya a meter la mano en la manteca caliente.


“Ella fue la primera en ponerse el negocio de la cascarita y la fritada aquí en la Don Bosco”, recuerda su hija María Jesús Crespo, en el sector que ahora es muy concurrido por la venta de comida típica.


Ella cuenta que el trabajo de su madre comenzaba muy temprano, casi al amanecer. Iniciaba quemando al chancho con ramas secas de eucalipto para obtener la cascarita.


“Antes era más complicado el trabajo”, indica Jorge, mientras su abuela, vuelve a sentarse, descansa y su mirada va hacia la calle. “Mi abuela aún ve bien. Al otro lado de la acera, en la puerta de la casa del vecino hay un timbre y muchas veces dice: ‘los guambras majaderos ya van tocando’, eso quiere decir que aún no ha perdido la vista”, indica su nieto.


Su hija cree que la alimentación de antaño ha mantenido con fuerzas a doña Rosita. Procreó siete hijos en su matrimonio, tiene 27 nietos, 56 bisnietos vivos y dos fallecidos y cinco tataranietos. Tiene a su hermano Manuel, que ya cruzó los 100 años de vida mientras su hermana Carmen, la primera, murió a los 108 años. (I)

Doña Rosa Criollo camina firme hacia sus 112 años

Nació un 5 de octubre de 1908. Fue la pionera en hacer cascaritas en la Don Bosco y aún tiene fuerza para asar cuyes y mover la fritada. Su hija atribuye a la alimentación de antaño su fuerza y vitalidad.


Sentada a un costado del restaurante ‘Marabú’ encontramos a Rosa Criollo, no precisamente iba a degustar las fritadas, sino a “ayudar” para que las mismas salgan más sabrosas. Ella fue la primera mujer en poner un local de comida típica en la avenida Don Bosco.


Sus ojos casi se cierran. De rato en rato saca una sonrisa, camina con la ayuda de sus familiares, pero siempre quiere estar cerca de ellos.


Rosa, el 5 de octubre de este año cumplirá 112 años, como consta en su cédula. Dicen sus familiares que “hay muchos que se fueron, pero ella nos sigue acompañando”.


Hace 42 años la mujer perdió a su esposo tras un accidente de tránsito en la vía Cuenca-Azogues, pero no perdió la fuerza para seguir adelante junto a sus hijos. “Hay momentos que ella recuerda a mi abuelo y quiere visitarle en el cementerio”, indica su nieto Jorge Mejía.


Labor
Todos los días después de las 09:00 doña Rosa baja de su habitación. Aún tiene fuerza en sus brazos para asar los cuyes. También toma una cuchara de madera grande para mover la fritada aunque los trabajadores del restaurante están pendientes que no vaya a meter la mano en la manteca caliente.


“Ella fue la primera en ponerse el negocio de la cascarita y la fritada aquí en la Don Bosco”, recuerda su hija María Jesús Crespo, en el sector que ahora es muy concurrido por la venta de comida típica.


Ella cuenta que el trabajo de su madre comenzaba muy temprano, casi al amanecer. Iniciaba quemando al chancho con ramas secas de eucalipto para obtener la cascarita.


“Antes era más complicado el trabajo”, indica Jorge, mientras su abuela, vuelve a sentarse, descansa y su mirada va hacia la calle. “Mi abuela aún ve bien. Al otro lado de la acera, en la puerta de la casa del vecino hay un timbre y muchas veces dice: ‘los guambras majaderos ya van tocando’, eso quiere decir que aún no ha perdido la vista”, indica su nieto.


Su hija cree que la alimentación de antaño ha mantenido con fuerzas a doña Rosita. Procreó siete hijos en su matrimonio, tiene 27 nietos, 56 bisnietos vivos y dos fallecidos y cinco tataranietos. Tiene a su hermano Manuel, que ya cruzó los 100 años de vida mientras su hermana Carmen, la primera, murió a los 108 años. (I)