“Despenalizar el aborto no es solo un tema de mujeres”

Paola Hidalgo, Activista feminista cuencana
FOTO: Diego Cáceres EL TIEMPO

La activista es la autora de una investigación que ubicó a distintos centros clandestinos donde las mujeres son engañadas. Asegura que se trata de una problemática de justicia social.

Paola Hidalgo está entre las filas de las feministas más reconocidas de la ciudad. Su activismo, aclara, es ‘prodecisión’ porque lo que defiende no es el aborto, sino que las mujeres puedan decidir sobre su cuerpo.

El trabajo de la activista alrededor de los temas de derechos sexuales y reproductivos se ha hecho visible desde hace más o menos nueve años en la Fundación Sendas, donde impartía información sobre temas como el acceso a los anticonceptivos y la soberanía del cuerpo de las mujeres, a través de talleres de sensibilización.

Uno de los puntos de mayor polémica tratado en la Asamblea Nacional el pasado 6 de agosto, durante el segundo debate de la Ley Orgánica Reformatoria del Código Integral Penal, COIP, es el referente al aborto no punible en caso de violación, incesto o inseminación no consentida. Actualmente, el aborto en Ecuador es ilegal. La pena para una mujer que tiene un aborto es de uno a cinco años de prisión.

Hidalgo realizó una investigación para su título de cuarto nivel que incluye un recorrido por los lugares clandestinos donde se oferta su práctica, y sobre cómo las mujeres son engañadas en estos sitios donde tratan de convencerlas de lo contrario, según explica, con información y exámenes médicos falsos.

En una entrevista exclusiva para diario EL TIEMPO, Hidalgo habla de los distintos contextos en los que se desarrolla este controversial tema.

p. ¿Por qué luchar por la despenalización del aborto en caso de violación, incesto o inseminación no consentida?
r. Porque es lo mínimo que estamos exigiendo. Es una realidad que existen mujeres con discapacidad física, por ejemplo, que son violadas, embarazadas y obligadas a parir el hijo de su violador. Ahora tenemos la causal para decidir abortar, o un tutor puede decidir por una mujer con discapacidad. Sin embargo, ¿qué es lo que sucede con las otras mujeres? ¿cuál es el valor que tiene la vida de las mujeres? Es lamentable porque el panorama no se abre más ante esta discusión. En todo caso, aunque la meta principal es despenalizar el aborto en cualquier circunstancia, si llegase a suceder en los casos de violación sería una primera conquista, tomando en cuenta que la deuda que tiene el Estado con nuestros cuerpos es muy grande.

p. ¿Qué sucede, por ejemplo, con las mujeres que viven en las zonas rurales y que tienen un entorno de violencia intrafamiliar?
r. Todos los casos de aborto son particulares así como las decisiones de las mujeres. En las zonas rurales partimos desde que las circunstancias son distintas en cuanto al acceso a la información sobre la salud sexual y reproductiva, y a los métodos anticonceptivos. Efectivamente, la mayoría de estas mujeres están en círculos de violencia que no les permiten buscar ni recibir información, gracias a una cultura en la que se trata únicamente de tener hijos sin importar si se puede o no responder por ellos y mantenerlos.

p. ¿Existen afirmaciones que, desde su activismo, ha tenido que desmitificar alrededor del aborto?
r. Sí, claro. Empezando desde el inicio de las discusiones alrededor del COIP y la despenalización del aborto. A raíz de esto se ha vuelto a condenar a las organizaciones y a las activistas que trabajamos con estos temas y como siempre, se han malinterpretado el feminismo y nuestras demandas. Pero entendemos que es lo que nos cuesta al defender una lucha justa. Un sector de la sociedad cree que con la despenalización, todas las mujeres iremos en fila a abortar a los centros de salud y a los hospitales mintiendo que fuimos violadas. Lo primero que deben entender es que la violencia sexual no es un juego. A las mujeres no nos gusta abortar porque no es un proceso bonito que funciona como sacarme un vestido un día y al día siguiente ponerme otro. Es un proceso doloroso y depende mucho de cómo lo vive cada mujer. La despenalización está ligada a una situación de justicia social porque las mujeres más pobres son las que se desangran y se mueren, mientras que, las que tienen dinero van a una clínica privada y pagan por tener un aborto seguro. Aunque claro, la clandestinidad en ambos lugares es la misma pero las normas sanitarias, no. Además, con Ley o sin Ley las mujeres vamos a seguir abortando porque lo hemos hecho desde siempre. Una Ley no marca un precedente para que no hayan más casos, sino más bien contribuye a destruir la vida de las mujeres que están destinadas a ir a prisión si toman una decisión sobre sus cuerpos.

p. ¿Cómo llegar a la población para que comprenda que el aborto es un tema de justicia social y salud pública, como usted afirma?
r. Las personas deben ubicarse en un lugar cercano al aborto. Con esto me refiero a que todos conocemos a una mujer que ha abortado, o quizá algunas de las mujeres que están leyendo esta entrevista lo hicieron. Ver al aborto como una realidad y una posibilidad cercanas, ayuda a comprender que si nuestra madre, hija o hermana abortan, jamás estaríamos de acuerdo con que las lleven a la cárcel. Si empezamos a ser empáticos y nos ponemos en los zapatos de la otra, por supuesto que el panorama cambia. Vivimos en un mundo violento que condena a la sexualidad femenina, mientras que la sexualidad masculina está absolutamente normalizada. Cuando se trata de una mujer que decide sobre su cuerpo en cuanto a métodos anticonceptivos o en el hecho más normal de no querer ser madre, nos damos cuenta de la magnitud del problema cuando el entorno la señala. Es complicado si las personas se obstinan en decir que el aborto es un tema de “las locas feministas”. Claro que es un tema de feminismo, pero también es una lucha social que no nos atañe solo a las mujeres porque es la responsabilidad de todos dejar de naturalizar, perpetuar y pasar de generación en generación, la violencia y la muerte materna.

p. ¿Cree que se logre la despenalización del aborto en el país?
r. Soy optimista y creo que sí. Estoy contenta con el nuevo resurgimiento del feminismo joven en Cuenca y en todo el país. Estamos logrando que se tome conciencia sobre la soberanía corporal a través de informes y estadísticas reales. Estamos muy cerca de lograrlo. (I)

LA CIFRA
11
mujeres en Azuay han sido procesadas judicialmente por abortar.

DATOS
-Cifras. En Ecuador las provincias que más abortos presentan son: Pastaza, Pichincha, Guayas, Galápagos y Esmeraldas.
-Rural. En las zonas rurales las mujeres no tienen las mismas opciones para realizarlo y sufren complicaciones de salud que muchas veces, las matan.
-Feminismo. En Cuenca existen grupos y colectivos de activistas feministas que están a favor de la despenalización del aborto en casos de violación.

Isabel Aguilar
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“Despenalizar el aborto no es solo un tema de mujeres”

Paola Hidalgo, Activista feminista cuencana
FOTO: Diego Cáceres EL TIEMPO

La activista es la autora de una investigación que ubicó a distintos centros clandestinos donde las mujeres son engañadas. Asegura que se trata de una problemática de justicia social.

Paola Hidalgo está entre las filas de las feministas más reconocidas de la ciudad. Su activismo, aclara, es ‘prodecisión’ porque lo que defiende no es el aborto, sino que las mujeres puedan decidir sobre su cuerpo.

El trabajo de la activista alrededor de los temas de derechos sexuales y reproductivos se ha hecho visible desde hace más o menos nueve años en la Fundación Sendas, donde impartía información sobre temas como el acceso a los anticonceptivos y la soberanía del cuerpo de las mujeres, a través de talleres de sensibilización.

Uno de los puntos de mayor polémica tratado en la Asamblea Nacional el pasado 6 de agosto, durante el segundo debate de la Ley Orgánica Reformatoria del Código Integral Penal, COIP, es el referente al aborto no punible en caso de violación, incesto o inseminación no consentida. Actualmente, el aborto en Ecuador es ilegal. La pena para una mujer que tiene un aborto es de uno a cinco años de prisión.

Hidalgo realizó una investigación para su título de cuarto nivel que incluye un recorrido por los lugares clandestinos donde se oferta su práctica, y sobre cómo las mujeres son engañadas en estos sitios donde tratan de convencerlas de lo contrario, según explica, con información y exámenes médicos falsos.

En una entrevista exclusiva para diario EL TIEMPO, Hidalgo habla de los distintos contextos en los que se desarrolla este controversial tema.

p. ¿Por qué luchar por la despenalización del aborto en caso de violación, incesto o inseminación no consentida?
r. Porque es lo mínimo que estamos exigiendo. Es una realidad que existen mujeres con discapacidad física, por ejemplo, que son violadas, embarazadas y obligadas a parir el hijo de su violador. Ahora tenemos la causal para decidir abortar, o un tutor puede decidir por una mujer con discapacidad. Sin embargo, ¿qué es lo que sucede con las otras mujeres? ¿cuál es el valor que tiene la vida de las mujeres? Es lamentable porque el panorama no se abre más ante esta discusión. En todo caso, aunque la meta principal es despenalizar el aborto en cualquier circunstancia, si llegase a suceder en los casos de violación sería una primera conquista, tomando en cuenta que la deuda que tiene el Estado con nuestros cuerpos es muy grande.

p. ¿Qué sucede, por ejemplo, con las mujeres que viven en las zonas rurales y que tienen un entorno de violencia intrafamiliar?
r. Todos los casos de aborto son particulares así como las decisiones de las mujeres. En las zonas rurales partimos desde que las circunstancias son distintas en cuanto al acceso a la información sobre la salud sexual y reproductiva, y a los métodos anticonceptivos. Efectivamente, la mayoría de estas mujeres están en círculos de violencia que no les permiten buscar ni recibir información, gracias a una cultura en la que se trata únicamente de tener hijos sin importar si se puede o no responder por ellos y mantenerlos.

p. ¿Existen afirmaciones que, desde su activismo, ha tenido que desmitificar alrededor del aborto?
r. Sí, claro. Empezando desde el inicio de las discusiones alrededor del COIP y la despenalización del aborto. A raíz de esto se ha vuelto a condenar a las organizaciones y a las activistas que trabajamos con estos temas y como siempre, se han malinterpretado el feminismo y nuestras demandas. Pero entendemos que es lo que nos cuesta al defender una lucha justa. Un sector de la sociedad cree que con la despenalización, todas las mujeres iremos en fila a abortar a los centros de salud y a los hospitales mintiendo que fuimos violadas. Lo primero que deben entender es que la violencia sexual no es un juego. A las mujeres no nos gusta abortar porque no es un proceso bonito que funciona como sacarme un vestido un día y al día siguiente ponerme otro. Es un proceso doloroso y depende mucho de cómo lo vive cada mujer. La despenalización está ligada a una situación de justicia social porque las mujeres más pobres son las que se desangran y se mueren, mientras que, las que tienen dinero van a una clínica privada y pagan por tener un aborto seguro. Aunque claro, la clandestinidad en ambos lugares es la misma pero las normas sanitarias, no. Además, con Ley o sin Ley las mujeres vamos a seguir abortando porque lo hemos hecho desde siempre. Una Ley no marca un precedente para que no hayan más casos, sino más bien contribuye a destruir la vida de las mujeres que están destinadas a ir a prisión si toman una decisión sobre sus cuerpos.

p. ¿Cómo llegar a la población para que comprenda que el aborto es un tema de justicia social y salud pública, como usted afirma?
r. Las personas deben ubicarse en un lugar cercano al aborto. Con esto me refiero a que todos conocemos a una mujer que ha abortado, o quizá algunas de las mujeres que están leyendo esta entrevista lo hicieron. Ver al aborto como una realidad y una posibilidad cercanas, ayuda a comprender que si nuestra madre, hija o hermana abortan, jamás estaríamos de acuerdo con que las lleven a la cárcel. Si empezamos a ser empáticos y nos ponemos en los zapatos de la otra, por supuesto que el panorama cambia. Vivimos en un mundo violento que condena a la sexualidad femenina, mientras que la sexualidad masculina está absolutamente normalizada. Cuando se trata de una mujer que decide sobre su cuerpo en cuanto a métodos anticonceptivos o en el hecho más normal de no querer ser madre, nos damos cuenta de la magnitud del problema cuando el entorno la señala. Es complicado si las personas se obstinan en decir que el aborto es un tema de “las locas feministas”. Claro que es un tema de feminismo, pero también es una lucha social que no nos atañe solo a las mujeres porque es la responsabilidad de todos dejar de naturalizar, perpetuar y pasar de generación en generación, la violencia y la muerte materna.

p. ¿Cree que se logre la despenalización del aborto en el país?
r. Soy optimista y creo que sí. Estoy contenta con el nuevo resurgimiento del feminismo joven en Cuenca y en todo el país. Estamos logrando que se tome conciencia sobre la soberanía corporal a través de informes y estadísticas reales. Estamos muy cerca de lograrlo. (I)

LA CIFRA
11
mujeres en Azuay han sido procesadas judicialmente por abortar.

DATOS
-Cifras. En Ecuador las provincias que más abortos presentan son: Pastaza, Pichincha, Guayas, Galápagos y Esmeraldas.
-Rural. En las zonas rurales las mujeres no tienen las mismas opciones para realizarlo y sufren complicaciones de salud que muchas veces, las matan.
-Feminismo. En Cuenca existen grupos y colectivos de activistas feministas que están a favor de la despenalización del aborto en casos de violación.

Isabel Aguilar
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