El cuy, una cura y alimento

El cuy, llamado también cuyo o cobayo (Cavia porcellus), es un roedor nativo procedente de América del Sur, en especial se procrea en regiones del Perú, Colombia, Ecuador y Bolivia.
El cuy es parte fundamental de la gastronomía cuencana y habla de años de historia, pero también refleja parte fundamental de la medicina ancestral.
FOTO: Fernando Machado

Este animal fue criado hace más de 500 años como mascota por distintas tribus aborígenes. Posteriormente, fue llevado a Europa por los conquistadores, donde se intensificó la crianza de este roedor y de allí regresó a América.

Ahora el cuy se ha convertido en un animal muy buscado, en especial en las provincias de Azuay y Loja, ya que su carne tiene proteínas.
Al cuy, en Azuay, se le prepara de diferentes maneras. Unos le asan y le acompañan de papas cocidas, mote y un buen ají cuencano.

María del Carmen Alemán, asesora de las pequeñas productoras de cuy en San Gerardo, dijo que este animal forma parte de la fiesta familiar, de la fiesta de los pueblos azuayos, “además el cuy es cultura, es medicina, alimento y economía familiar”, acotó.

Según Alemán, el cuy libera las malas energías de las personas y es por eso que también es utilizado por los shamanes para la limpia del mal de ojo y espanto. “Una sopa de cuy en nuestros pueblos es muy frecuente para curar las enfermedades”, indicó.

El cuy se caracteriza por ser manso aunque siempre está muy en alerta. Es muy raro que muerda ante una situación extraña o manipulación; en general, la respuesta siempre es de inmovilidad o, por el contrario, escapa a gran velocidad.

El cobayo es un animal muy social, puede vivir en grupo con hembras, crías y otros machos, en cuyo caso realizan juntos distintas actividades como comer y descansar entre todos. No tiene por costumbre trepar o saltar, lo que facilita el diseño de su recinto que se construye, especialmente en las comunidades.

cuyes alimento sanacion

Ana Piñencela ha conformado un grupo de productores de cuyes en la parroquia San Gerardo, provincia del Azuay, según ella, el cuy se ha convertido en una forma para “ganarse la vida”, ya que este trabajo no requiere salir de casa. Indicó también que, en una fiesta de la parroquia San Gerardo, han vendido hasta 400 cuyes, “Este animalito se come en todos los estratos sociales y eso es muy bueno”, dijo.

El cuy se masifica en su consumo. Según Guillermo Serpa, decano de la Facultad de Ciencias Agropecuarias de la Universidad de Cuenca, el animal cada vez es más controlado genéticamente. “El objetivo es hacer que los reproductores sean sanos y fuertes”, indicó el catedrático.

demás, señaló que solo en Cuenca se consume semanalmente más de 7.000 cuyes asados, la calificó como una cantidad impresionante, debido a su buen sabor. “Existen sectores en la urbe morlaca donde se preparan y son muy consumidos, como San Joaquín, Ricaurte, en el biocorredor que va con dirección a la parroquia Soldados y en la avenida Solano”, detalló .

En las fiestas de las parroquias o comunidades, el cuy no puede faltar. Y no solo en fiestas, sino también cuando hay mingas. Cuando se realizan estos trabajos, al mediodía se invita a la pampamesa, donde el cuy es el protagonista principal. (F)

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También se usa para hacer una radiografía corporal de los pacientes

Se debe sobar el animal sobre el cuerpo del paciente para que reproduzca las afecciones que tiene, tales como inflamación, pulmonía, asma, diabetes, colesterol, así como las enfermedades más frecuentes, como mal aire, espanto, miedo, entre otras.

Josefina Lema, oriunda de Otavalo y practicante de esta técnica ancestral por más de 25 años, se dedica a dictar talleres.

Siempre le demuestra a los participantes el poder del cuy.

Asegura que sus antepasados le heredaron este don en forma de energía. “Hasta los ocho años aprendí de mis abuelas, pero luego lo dejó hasta los 20 años cuando ellas murieron y comprendí que no podía dejar que esta práctica desaparezca”, aseguró.

En forma de energía le llegó el conocimiento y le preguntaba quién podría ayudar a su comunidad, y decidió desde entonces retomarla.
“Antes de comenzar con el ritual, hay que escoger al cuy y verificar que esté sano. Si se trata de un paciente hombre, el animal deberá ser macho; si es una mujer, hembra, y si es menor de 10 años, el animal debe ser una cría”, indicó Lema.

Para Carmita Amaya, de Gualaceo, y también practicante de este método, la información proporcionada por el cuy determinará el tratamiento a emplear, en casos de gravedad.

“Nosotras enviamos a la persona al hospital o a una revisión por parte de un médico occidental”, agregó María Barbecho, habitante de Sigsicocha, parroquia Santa Ana. (F)

Datos 

-En la medicina ancestral, el cuy es utilizado para hacer radiografías y diagnosticar enfermedades.

-Durante el ritual, las mamas expertas usan un cuy macho si el paciente es hombre y hembra si es mujer.

-La energía de los antepasados es transmitida de generación en generación para lograr la sanación.

El cuy, una cura y alimento

El cuy es parte fundamental de la gastronomía cuencana y habla de años de historia, pero también refleja parte fundamental de la medicina ancestral.
FOTO: Fernando Machado

Este animal fue criado hace más de 500 años como mascota por distintas tribus aborígenes. Posteriormente, fue llevado a Europa por los conquistadores, donde se intensificó la crianza de este roedor y de allí regresó a América.

Ahora el cuy se ha convertido en un animal muy buscado, en especial en las provincias de Azuay y Loja, ya que su carne tiene proteínas.
Al cuy, en Azuay, se le prepara de diferentes maneras. Unos le asan y le acompañan de papas cocidas, mote y un buen ají cuencano.

María del Carmen Alemán, asesora de las pequeñas productoras de cuy en San Gerardo, dijo que este animal forma parte de la fiesta familiar, de la fiesta de los pueblos azuayos, “además el cuy es cultura, es medicina, alimento y economía familiar”, acotó.

Según Alemán, el cuy libera las malas energías de las personas y es por eso que también es utilizado por los shamanes para la limpia del mal de ojo y espanto. “Una sopa de cuy en nuestros pueblos es muy frecuente para curar las enfermedades”, indicó.

El cuy se caracteriza por ser manso aunque siempre está muy en alerta. Es muy raro que muerda ante una situación extraña o manipulación; en general, la respuesta siempre es de inmovilidad o, por el contrario, escapa a gran velocidad.

El cobayo es un animal muy social, puede vivir en grupo con hembras, crías y otros machos, en cuyo caso realizan juntos distintas actividades como comer y descansar entre todos. No tiene por costumbre trepar o saltar, lo que facilita el diseño de su recinto que se construye, especialmente en las comunidades.

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Ana Piñencela ha conformado un grupo de productores de cuyes en la parroquia San Gerardo, provincia del Azuay, según ella, el cuy se ha convertido en una forma para “ganarse la vida”, ya que este trabajo no requiere salir de casa. Indicó también que, en una fiesta de la parroquia San Gerardo, han vendido hasta 400 cuyes, “Este animalito se come en todos los estratos sociales y eso es muy bueno”, dijo.

El cuy se masifica en su consumo. Según Guillermo Serpa, decano de la Facultad de Ciencias Agropecuarias de la Universidad de Cuenca, el animal cada vez es más controlado genéticamente. “El objetivo es hacer que los reproductores sean sanos y fuertes”, indicó el catedrático.

demás, señaló que solo en Cuenca se consume semanalmente más de 7.000 cuyes asados, la calificó como una cantidad impresionante, debido a su buen sabor. “Existen sectores en la urbe morlaca donde se preparan y son muy consumidos, como San Joaquín, Ricaurte, en el biocorredor que va con dirección a la parroquia Soldados y en la avenida Solano”, detalló .

En las fiestas de las parroquias o comunidades, el cuy no puede faltar. Y no solo en fiestas, sino también cuando hay mingas. Cuando se realizan estos trabajos, al mediodía se invita a la pampamesa, donde el cuy es el protagonista principal. (F)

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También se usa para hacer una radiografía corporal de los pacientes

Se debe sobar el animal sobre el cuerpo del paciente para que reproduzca las afecciones que tiene, tales como inflamación, pulmonía, asma, diabetes, colesterol, así como las enfermedades más frecuentes, como mal aire, espanto, miedo, entre otras.

Josefina Lema, oriunda de Otavalo y practicante de esta técnica ancestral por más de 25 años, se dedica a dictar talleres.

Siempre le demuestra a los participantes el poder del cuy.

Asegura que sus antepasados le heredaron este don en forma de energía. “Hasta los ocho años aprendí de mis abuelas, pero luego lo dejó hasta los 20 años cuando ellas murieron y comprendí que no podía dejar que esta práctica desaparezca”, aseguró.

En forma de energía le llegó el conocimiento y le preguntaba quién podría ayudar a su comunidad, y decidió desde entonces retomarla.
“Antes de comenzar con el ritual, hay que escoger al cuy y verificar que esté sano. Si se trata de un paciente hombre, el animal deberá ser macho; si es una mujer, hembra, y si es menor de 10 años, el animal debe ser una cría”, indicó Lema.

Para Carmita Amaya, de Gualaceo, y también practicante de este método, la información proporcionada por el cuy determinará el tratamiento a emplear, en casos de gravedad.

“Nosotras enviamos a la persona al hospital o a una revisión por parte de un médico occidental”, agregó María Barbecho, habitante de Sigsicocha, parroquia Santa Ana. (F)

Datos 

-En la medicina ancestral, el cuy es utilizado para hacer radiografías y diagnosticar enfermedades.

-Durante el ritual, las mamas expertas usan un cuy macho si el paciente es hombre y hembra si es mujer.

-La energía de los antepasados es transmitida de generación en generación para lograr la sanación.