Ana Elizabeth descubrió en la investigación una pasión

Ana Elizabeth, quien nació en Cuenca hace 33 años, ahora trabaja en la Universidad del Azuay, es madre de mellizas y tiene estudios en Bélgica y en la ciudad.
FOTO: Fernando Machado El Tiempo

La culminación del PhD de esta científica de 33 años marcó un hito en la Universidad de Cuenca al ser la primera en graduarse con el mayor título en esta casa de estudios. Su logro puede servir de inspiración para otras mujeres que decidan dedicar su vida a la tarea de la investigación y a la academia.

A sus 33 años, Ana Elizabeth Ochoa Sánchez marcó un hito al ser la primera mujer graduada del programa doctoral de la Universidad de Cuenca, a través de su Departamento de Recursos Hídricos y Ciencias Ambientales.

Obtener este título siempre estuvo entre sus metas, pues estaba segura de que la investigación era su pasión y a lo que se quiere dedicar por el resto de su vida y “para tener cierto nivel en investigación debes tener un doctorado”, explica.

Fue a Bélgica por una maestría en recursos hídricos, estuvo investigando y cuando regresó al país siguió con esta tarea, pero tuvo claro que debía hacer el doctorado. Era el siguiente paso necesario para ella.

Comenta que antes de ingresar a la Universidad de Cuenca ganó una beca en la Senescyt para estudiar el doctorado en el extranjero, pero quedó embarazada y no viajó.

Un año después de que nacieron sus mellizas, en diciembre de 2015, empezó sus estudios gracias a que obtuvo una de las cuatro becas que ofertó la Universidad de Cuenca.

Los años de estudios fueron arduos, aunque admite que tuvo mucha ayuda, tanto de su esposo, que está comprometido con sus hijas, como de sus padres y suegros que también le apoyaron.

También cuenta que haciendo el doctorado pudo manejar su tiempo como le convenía porque no tenía que cumplir horario de oficina. Así que por las noches se dedicaba a escribir, estudiar y a leer lo que necesitaba para sus estudios.

“Soy bastante nocturna”, comparte. Relata que su trabajo de investigación consistió en descubrir cómo se comporta la evapotranspiración en el páramo. “En el páramo existen tres variables de ciclo hidrológico: precipitación, evapotranspiración y el caudal. De la evapotranspiración no teníamos información y eso fue lo que yo hice, descomponer esa variable, comprender mejor como funciona el páramo y su ciclo hidrológico”, dice.

Se trata de un descubrimiento, es algo novedoso y original. En otros países del mundo esa variable, la evapotranspiración, está muy bien conocida en el medio ambiente, pero en el país no había información.

Durante la investigación fue al páramo Quimsacocha, en el cantón Girón, para hacer trabajo de campo. “En el departamento tenemos másters y técnicos que van a descargar datos cada 15 días. Fui a una campaña para instalar los lisímetros para medir la evapotranspiración”, detalla Ochoa.

También tuvo que hacer dos artículos para publicar en revistas científicas indexadas. “Es de los requisitos más complicados porque tu tema le tiene que interesar al editor de la revista y tienes que cumplir una serie de requisitos”, agrega.

Para el rector de la Universidad de Cuenca, Pablo Vanegas, el logro de Ochoa fue un hito que marca un antes y un después en la educación superior de esta casa de estudios.

El trabajo de Ochoa fue disertado en inglés ante el tribunal conformado por los profesores Jan Feyen, Bradford Wilcox y Luis Timbe; el director y codirector de tesis, Rolando Celleri y Patricio Crespo; el decano de la Facultad de Ingeniería, Julver Pino y el rector de la Universidad, Pablo Vanegas.

Una de las ventajas de haber estudiado en el país, a más de aportar con información del páramo que va desde Venezuela hasta Perú, es que Ochoa tuvo el apoyo de sus profesores quienes estuvieron con ella, le revisaban los trabajos y en cuestión de semanas le respondían.

“Cuando se hace un PhD en el extranjero los profesores no pueden dedicarse a ayudarte porque tienen mucho trabajo”, explicó, pero lo más importante es que ella sí contó con este apoyo académico y pudo obtener su título en casi 4 años, aunque el doctorado se puede concluir entre tres y seis años.

La mujer en la ciencia
Ana Elizabeth también es una mujer sensible a los temas de género. Y durante sus años en la investigación ha sido víctima de machismo y micromachismo, por lo que junto a otras compañeras decidieron hacer la ‘Red Ecuatoriana de Mujeres en la Ciencia’.

Desde esta plataforma intentan visibilizar a la mujer en la ciencia; han llevado a cabo eventos relacionados con las mujeres en la ciencia, con el apoyo también de científicas de Quito.

“Hemos hecho caer en cuenta cuando alguna investigadora no tiene las mismas oportunidades. Hay algunas mujeres ahora haciendo el doctorado. Ahora estamos dos de la primera cohorte y tres más en otros años”, agregó Ochoa.

Para ella, la poca presencia de mujeres en el área técnica de la ciencia es un tema mundial. Se ha dedicado a leer análisis y considera que las oportunidades se disminuyen para la mujer cuando es madre.

Por los roles impuestos por la sociedad de que la mujer debe dedicarse a sus hijos y también por la presión moral que llevan las mujeres desde que son unas niñas.

Ochoa ahora trabaja en la Universidad del Azuay y desde ahí estimula a jóvenes científicas para que sigan sus estudios y su pasión por la ciencia. (I)

Edy Pérez Alvarado
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Ana Elizabeth descubrió en la investigación una pasión

Ana Elizabeth, quien nació en Cuenca hace 33 años, ahora trabaja en la Universidad del Azuay, es madre de mellizas y tiene estudios en Bélgica y en la ciudad.
FOTO: Fernando Machado El Tiempo

La culminación del PhD de esta científica de 33 años marcó un hito en la Universidad de Cuenca al ser la primera en graduarse con el mayor título en esta casa de estudios. Su logro puede servir de inspiración para otras mujeres que decidan dedicar su vida a la tarea de la investigación y a la academia.

A sus 33 años, Ana Elizabeth Ochoa Sánchez marcó un hito al ser la primera mujer graduada del programa doctoral de la Universidad de Cuenca, a través de su Departamento de Recursos Hídricos y Ciencias Ambientales.

Obtener este título siempre estuvo entre sus metas, pues estaba segura de que la investigación era su pasión y a lo que se quiere dedicar por el resto de su vida y “para tener cierto nivel en investigación debes tener un doctorado”, explica.

Fue a Bélgica por una maestría en recursos hídricos, estuvo investigando y cuando regresó al país siguió con esta tarea, pero tuvo claro que debía hacer el doctorado. Era el siguiente paso necesario para ella.

Comenta que antes de ingresar a la Universidad de Cuenca ganó una beca en la Senescyt para estudiar el doctorado en el extranjero, pero quedó embarazada y no viajó.

Un año después de que nacieron sus mellizas, en diciembre de 2015, empezó sus estudios gracias a que obtuvo una de las cuatro becas que ofertó la Universidad de Cuenca.

Los años de estudios fueron arduos, aunque admite que tuvo mucha ayuda, tanto de su esposo, que está comprometido con sus hijas, como de sus padres y suegros que también le apoyaron.

También cuenta que haciendo el doctorado pudo manejar su tiempo como le convenía porque no tenía que cumplir horario de oficina. Así que por las noches se dedicaba a escribir, estudiar y a leer lo que necesitaba para sus estudios.

“Soy bastante nocturna”, comparte. Relata que su trabajo de investigación consistió en descubrir cómo se comporta la evapotranspiración en el páramo. “En el páramo existen tres variables de ciclo hidrológico: precipitación, evapotranspiración y el caudal. De la evapotranspiración no teníamos información y eso fue lo que yo hice, descomponer esa variable, comprender mejor como funciona el páramo y su ciclo hidrológico”, dice.

Se trata de un descubrimiento, es algo novedoso y original. En otros países del mundo esa variable, la evapotranspiración, está muy bien conocida en el medio ambiente, pero en el país no había información.

Durante la investigación fue al páramo Quimsacocha, en el cantón Girón, para hacer trabajo de campo. “En el departamento tenemos másters y técnicos que van a descargar datos cada 15 días. Fui a una campaña para instalar los lisímetros para medir la evapotranspiración”, detalla Ochoa.

También tuvo que hacer dos artículos para publicar en revistas científicas indexadas. “Es de los requisitos más complicados porque tu tema le tiene que interesar al editor de la revista y tienes que cumplir una serie de requisitos”, agrega.

Para el rector de la Universidad de Cuenca, Pablo Vanegas, el logro de Ochoa fue un hito que marca un antes y un después en la educación superior de esta casa de estudios.

El trabajo de Ochoa fue disertado en inglés ante el tribunal conformado por los profesores Jan Feyen, Bradford Wilcox y Luis Timbe; el director y codirector de tesis, Rolando Celleri y Patricio Crespo; el decano de la Facultad de Ingeniería, Julver Pino y el rector de la Universidad, Pablo Vanegas.

Una de las ventajas de haber estudiado en el país, a más de aportar con información del páramo que va desde Venezuela hasta Perú, es que Ochoa tuvo el apoyo de sus profesores quienes estuvieron con ella, le revisaban los trabajos y en cuestión de semanas le respondían.

“Cuando se hace un PhD en el extranjero los profesores no pueden dedicarse a ayudarte porque tienen mucho trabajo”, explicó, pero lo más importante es que ella sí contó con este apoyo académico y pudo obtener su título en casi 4 años, aunque el doctorado se puede concluir entre tres y seis años.

La mujer en la ciencia
Ana Elizabeth también es una mujer sensible a los temas de género. Y durante sus años en la investigación ha sido víctima de machismo y micromachismo, por lo que junto a otras compañeras decidieron hacer la ‘Red Ecuatoriana de Mujeres en la Ciencia’.

Desde esta plataforma intentan visibilizar a la mujer en la ciencia; han llevado a cabo eventos relacionados con las mujeres en la ciencia, con el apoyo también de científicas de Quito.

“Hemos hecho caer en cuenta cuando alguna investigadora no tiene las mismas oportunidades. Hay algunas mujeres ahora haciendo el doctorado. Ahora estamos dos de la primera cohorte y tres más en otros años”, agregó Ochoa.

Para ella, la poca presencia de mujeres en el área técnica de la ciencia es un tema mundial. Se ha dedicado a leer análisis y considera que las oportunidades se disminuyen para la mujer cuando es madre.

Por los roles impuestos por la sociedad de que la mujer debe dedicarse a sus hijos y también por la presión moral que llevan las mujeres desde que son unas niñas.

Ochoa ahora trabaja en la Universidad del Azuay y desde ahí estimula a jóvenes científicas para que sigan sus estudios y su pasión por la ciencia. (I)

Edy Pérez Alvarado
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