Cuencano cumple 101 años y su familia celebra esa bendición

Tiene siete hijos, todos con vida. Sus nietos son 27; 44 bisnietos y 11 tataranietos y varios “chuznietos”. Su esposa María Dolores Tenesaca tiene 99 años y disfruta de su compañía en todo momento.
La familia de José Francisco Roldán disfruta de su presencia y buen humor a diario . Diego Cáceres I EL TIEMPO

“Tengo, tengo una chola, que ella mucho me quiere; si ella fuera soltera yo también le quisiera”, canta y entona en la guitarra esta copla, el hombre que cumplió 101 años.
Se trata de José Francisco Roldán, uno de los gestores de obras para la comunidad sayauseña, sector Bellavista.


El más grande de la familia suma un año más de vida y, a pesar de que ya sufre los achaques propios de la edad: camina con lentitud y apoyado de su hija mayor, Maclovia de 78 años, habla poco pero con los recuerdos claros, con la lucidez de un niño de 10 años; tiene su rostro cansado pero el brillo de sus ojos azules color de cielo reflejan armonía y paz en su mirada, y no tiene problemas graves de salud ni enfermedad.
La historia de este hombre de un siglo comienza el 09 de marzo de 1917.


“Es una bendición disfrutar de su compañía, su sentido del humor y sus conocimientos”, expresó Francisco Roldán Tenesaca, el menor de sus hijos.

Gestión
Además de ser un hombre centenario, en su juventud realizó gestiones para ver crecer a su comunidad; entre sus obras, está la accesibilidad a la Escuela Fray Gaspar de Carvajal para que los niños acudieran a educarse.
También gozó de liderazgo al organizar a la comunidad para que, a través de mingas, se arreglara el carretero; se colocara alumbrado público; y, lo más destacado de sus gestiones, es que fue el fundador del Colegio Campesino Javeriano de Sayausí.


Él cuenta que trabajar para su comunidad ha sido sin duda una de sus mejores anécdotas. “Aquí no había nada; todos hicimos lo que ahora tenemos, con trabajo duro”, menciona mientras se toma un sorbo de una bebida preparada con caña dulce y un poco de licor, similar al mapanagua endulzado con panela.


“Esta bebida hace hablar al mudo, reír al amargado, caminar al cojo y sentir al insensible”, dice con un poco de humor y asegura que es como su fortaleza y secreto para mantenerse aún con la lucidez y perspicacia necesaria.

Miradas de amor
Este hombre humilde y con una alegría que contagia a los que están a su alrededor vive pendiente de su esposa, “ella tampoco se despega de él, a todo lado van juntos, él está pendiente de si ella comió, o tiene frío, es un amor infinito”, dice su hija Maclovia.


El longevo de 101 enamoró a su esposa con sus canciones y coplas, entonaba la guitarra y era guía musical, sus hijos y nietos comparten esta afición por la música, ahora les deja ese legado.


Dolores dice que José Francisco siempre ha sido un “hombre bueno, cariñoso y cantaba canciones en quichua y aún lo hace”, comenta al mirarlo con ese amor que se ha fortalecido durante el paso de los años.
“Es algo especial de él, siempre ha querido rescatar la cultura de la música campesina, estamos orgullosos de lo que nos ha enseñado”, manifiesta su hijo Francisco.

Sus golosinas


Según comentaron los hijos, su padre rigurosamente cada día se levanta temprano.
En su desayuno incluye el pan con mantequilla, “no puede faltarle eso al iniciar el día”, cuenta Maclovia; posteriormente, almuerza y “lo que siempre pide como plato favorito son las papas con ají, así es de goloso”, agrega.
Se mantiene despierto hasta las 18 horas; previo a dormir, reza el rosario, esto lo realiza todos los días. Luego se acuesta a descansar.


"Aunque no acostumbra a comer nada por las noches, a veces se le sirve un poco de colada o aguas aromáticas", indica.
Sus orgullosos hijos admiran a sus padres y mantienen la esperanza de que sean más los años que los tengan a su lado, para disfrutar de su presencia y velar por su salud. (SAM) (I)

Cuenca.