Mañay, una ceremonia que une dos creencias

El 28 de diciembre de 2013 falleció en la comunidad de Gualacay, perteneciente a la parroquia El Valle, María Manuela Arévalo Pañi, a pocos días de cumplir 80 años. A ella se destinó una tumba especial en su casa.
Yaku Samay Arévalo y Juan Quille colocan las ofrendas en el altar sobre el sitio en donde está enterrada quien en vida fue María Manuela Arévalo. Diego Cáceres. I EL TIEMPO

Ahora conmemoran su fallecimiento con un ritual en el que se juntan la religión inca con la católica.

Un altar se levanta en el patio de la casa de la familia Arévalo Arévalo, donde yace el cuerpo de María Arévalo.
El sonido melancólico del bandoneón de Miguel Parra envuelve el ambiente que rodea al altar ancestral en la casa de esta familia, mientras Yaku Samay Arévalo, hijo de la fallecida, recibe a los invitados con la tradicional chicha

.
Esta es una muestra de agradecimiento mientras los invitados se sientan alrededor del altar en forma de la cruz andina o chacana para acompañar la ceremonia intercultural denominada mañay.


Este ritual consiste en la combinación de las religiones inca y cristiana, que comparten sus tradiciones y culturas diferentes. Ambas ideologías aprendieron a tolerarse, respetando las prácticas religiosas ancestrales.

 Ceremonia
Alfonso Ávila y Francisco Chuñir, sacerdotes de la Iglesia Católica Apostólica Nacional del Ecuador, ICANDE, presidieron la ceremonia, vinculada al cristianismo. Manifestaron que el interés del mañay es mantener viva la memoria de los seres queridos, en este caso, la madre de la familia Arévalo. A su entender, ella ha muerto de forma corporal, pero no espiritualmente.


Yaku Samay Arévalo, yáchak de Gualalcay, indicó que esta ceremonia la aprendieron de sus abuelos, quienes enterraban a sus familiares en sus casas para mantener viva su memoria y “sentirse energizados con su amor”, algo que a su entender se está perdiendo a causa de la hegemonía cultural de la que ha sido protagonista la religión católica tras la llegada de los españoles, agrega Arévalo.


Las ceremonias se efectuaron de forma paralela, una ancestral y otra cristiana. Con ello muestran la tolerancia y agradecimiento común entre estas dos religiones.


Para Nina Sisa Arévalo, hija de la difunta, esta es la mejor forma de mantener viva a su “querida mamá”, de quien adquirieron las mejores enseñanzas.


Entre alegría y melancolía, recuerda que fue su madre quien pidió se le entierre en una montaña o en su casa. Hacerlo no fue fácil, pues tuvieron la oposición de algunos miembros de su familia.

 Conmemoración
Juan Quille, de la organización denominada Culturas de El Valle, rescata la libertad con la que los pueblos de la comunidad de Gualalcay, mantienen viva las tradiciones ancestrales, sin necesidad de depender de culturas exógenas, como las europeas, y sus imposiciones.
Además, dijo que esta conmemoración se ajusta perfectamente a la fiesta andina del Kápac Raymi, con la que las culturas andinas inician un nuevo año. Él y su familia llegaron a esta ceremonia acompañados de frutas y verduras, las que sirvieron como ofrendas para adornar el altar de la fallecida.


Esta ceremonia trata de unificar los pensamientos en cuanto a formas de recordar a lo muertos se trata, de fortalecer la tolerancia de las religiones, sin importar de dónde sean. (FCS) (I) 

Cuenca.

Mañay, una ceremonia que une dos creencias

Yaku Samay Arévalo y Juan Quille colocan las ofrendas en el altar sobre el sitio en donde está enterrada quien en vida fue María Manuela Arévalo. Diego Cáceres. I EL TIEMPO

Ahora conmemoran su fallecimiento con un ritual en el que se juntan la religión inca con la católica.

Un altar se levanta en el patio de la casa de la familia Arévalo Arévalo, donde yace el cuerpo de María Arévalo.
El sonido melancólico del bandoneón de Miguel Parra envuelve el ambiente que rodea al altar ancestral en la casa de esta familia, mientras Yaku Samay Arévalo, hijo de la fallecida, recibe a los invitados con la tradicional chicha

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Esta es una muestra de agradecimiento mientras los invitados se sientan alrededor del altar en forma de la cruz andina o chacana para acompañar la ceremonia intercultural denominada mañay.


Este ritual consiste en la combinación de las religiones inca y cristiana, que comparten sus tradiciones y culturas diferentes. Ambas ideologías aprendieron a tolerarse, respetando las prácticas religiosas ancestrales.

 Ceremonia
Alfonso Ávila y Francisco Chuñir, sacerdotes de la Iglesia Católica Apostólica Nacional del Ecuador, ICANDE, presidieron la ceremonia, vinculada al cristianismo. Manifestaron que el interés del mañay es mantener viva la memoria de los seres queridos, en este caso, la madre de la familia Arévalo. A su entender, ella ha muerto de forma corporal, pero no espiritualmente.


Yaku Samay Arévalo, yáchak de Gualalcay, indicó que esta ceremonia la aprendieron de sus abuelos, quienes enterraban a sus familiares en sus casas para mantener viva su memoria y “sentirse energizados con su amor”, algo que a su entender se está perdiendo a causa de la hegemonía cultural de la que ha sido protagonista la religión católica tras la llegada de los españoles, agrega Arévalo.


Las ceremonias se efectuaron de forma paralela, una ancestral y otra cristiana. Con ello muestran la tolerancia y agradecimiento común entre estas dos religiones.


Para Nina Sisa Arévalo, hija de la difunta, esta es la mejor forma de mantener viva a su “querida mamá”, de quien adquirieron las mejores enseñanzas.


Entre alegría y melancolía, recuerda que fue su madre quien pidió se le entierre en una montaña o en su casa. Hacerlo no fue fácil, pues tuvieron la oposición de algunos miembros de su familia.

 Conmemoración
Juan Quille, de la organización denominada Culturas de El Valle, rescata la libertad con la que los pueblos de la comunidad de Gualalcay, mantienen viva las tradiciones ancestrales, sin necesidad de depender de culturas exógenas, como las europeas, y sus imposiciones.
Además, dijo que esta conmemoración se ajusta perfectamente a la fiesta andina del Kápac Raymi, con la que las culturas andinas inician un nuevo año. Él y su familia llegaron a esta ceremonia acompañados de frutas y verduras, las que sirvieron como ofrendas para adornar el altar de la fallecida.


Esta ceremonia trata de unificar los pensamientos en cuanto a formas de recordar a lo muertos se trata, de fortalecer la tolerancia de las religiones, sin importar de dónde sean. (FCS) (I) 

Cuenca.