Violencia social

El femicidio: la forma más cruel de acabar con la vida una mujer, en donde no priman razones ni explicaciones, únicamente la anarquía de la fuerza bruta. Se terminó el 2018 con cifras mundiales escalofriantes y pese a la lucha de grupos activistas que proclaman la paz y la igualdad de derechos, que se han levantado voces en contra el machismo que mata, que viola, que ofende, que acalla, que abandona, que insulta, vemos que este fenómeno social es imparable, parece que no hay conciencia clara de aquello. Los países más violen-tos están en América Latina y África, en América lidera México, seguido por Argentina, Colombia, Ecuador, Bolivia; tal parece que las políticas estatales no tienen la conciencia ni el poder suficiente de aplicar las reformas necesarias a las leyes que conllevan a proteger a la mujer y con ella a la familia, aquí en Ecuador las provincias más pobladas son las que registran mayor número. La educación es básica en cada pueblo, sin ella no habrá leyes que frenen la criminalidad. En nuestro país ¿qué pasa con la educación a las familias, en centros educativos? Inclusive en las universidades en donde se forman juristas y otros profesionales que muchos de ellos serán en un futuro auxiliares de justicia, deben tener una orientación sólida a que nunca transgredan la verdad a favor de un asesino. Los artículos 77 y 78 de la Constitución hablan de reparación integral en caso de una muerte violenta; las víctimas también lo son la familia que fue testigo silencioso frente a un proceso penal agobiante y doloroso, pero a la vez es el sujeto activo del mismo que debe tener una respuesta participativa del Estado que dice velar, entre otros, por la salud física y mental de sus miembros; en cuanto a la reparación económica es un hecho vergonzoso de la que los victimarios se ríen o a nadie importa; ¡Ahí está la revictimización! quedan en la indefensión, por lo mismo los que hacen las leyes deberían repensar su historia, retirarse del yugo de mal sanos intereses, ser más duras en su cumplimiento; el Esta-do como protector tiene que encargarse de hacer cumplir con estas reparaciones. Nuestro presidente, Lenín, Moreno se comprometió a defender a la familia, luchar en contra del femicidio; con la supresión de el Ministerio de Justicia no sabemos en dónde quedarían las formulaciones de cambios de leyes dentro del COIP, leyes que iban a apoyar a la mujer y a la familia. Seguiremos alzando la voz hasta que el Estado y sus miembros comprendan cómo queda la vida de toda una familia después la gravedad de un femicidio. //Por ti mi Cris// (O)
¿Qué pasa con la educación a las familias? La educación es básica en cada pueblo, sin ella no habrá leyes que frenen la criminalidad.

Violencia social

El femicidio: la forma más cruel de acabar con la vida una mujer, en donde no priman razones ni explicaciones, únicamente la anarquía de la fuerza bruta. Se terminó el 2018 con cifras mundiales escalofriantes y pese a la lucha de grupos activistas que proclaman la paz y la igualdad de derechos, que se han levantado voces en contra el machismo que mata, que viola, que ofende, que acalla, que abandona, que insulta, vemos que este fenómeno social es imparable, parece que no hay conciencia clara de aquello. Los países más violen-tos están en América Latina y África, en América lidera México, seguido por Argentina, Colombia, Ecuador, Bolivia; tal parece que las políticas estatales no tienen la conciencia ni el poder suficiente de aplicar las reformas necesarias a las leyes que conllevan a proteger a la mujer y con ella a la familia, aquí en Ecuador las provincias más pobladas son las que registran mayor número. La educación es básica en cada pueblo, sin ella no habrá leyes que frenen la criminalidad. En nuestro país ¿qué pasa con la educación a las familias, en centros educativos? Inclusive en las universidades en donde se forman juristas y otros profesionales que muchos de ellos serán en un futuro auxiliares de justicia, deben tener una orientación sólida a que nunca transgredan la verdad a favor de un asesino. Los artículos 77 y 78 de la Constitución hablan de reparación integral en caso de una muerte violenta; las víctimas también lo son la familia que fue testigo silencioso frente a un proceso penal agobiante y doloroso, pero a la vez es el sujeto activo del mismo que debe tener una respuesta participativa del Estado que dice velar, entre otros, por la salud física y mental de sus miembros; en cuanto a la reparación económica es un hecho vergonzoso de la que los victimarios se ríen o a nadie importa; ¡Ahí está la revictimización! quedan en la indefensión, por lo mismo los que hacen las leyes deberían repensar su historia, retirarse del yugo de mal sanos intereses, ser más duras en su cumplimiento; el Esta-do como protector tiene que encargarse de hacer cumplir con estas reparaciones. Nuestro presidente, Lenín, Moreno se comprometió a defender a la familia, luchar en contra del femicidio; con la supresión de el Ministerio de Justicia no sabemos en dónde quedarían las formulaciones de cambios de leyes dentro del COIP, leyes que iban a apoyar a la mujer y a la familia. Seguiremos alzando la voz hasta que el Estado y sus miembros comprendan cómo queda la vida de toda una familia después la gravedad de un femicidio. //Por ti mi Cris// (O)
¿Qué pasa con la educación a las familias? La educación es básica en cada pueblo, sin ella no habrá leyes que frenen la criminalidad.