Venezuela

Visto

La prolongada crisis política, económica, social y humanitaria por la que atraviesa la hermana República Bolivariana de Venezuela, requiere una solución urgente (aunque la solución tomaría un largo tiempo). El problema es tremendamente complejo. El mundo se ha partido en 2 grupos: unos que abogan por acabar -como sea, incluida la opción de una intervención/invasión militar- con el Régimen del Presidente Maduro y otros que pensamos en una solución democrática, pacífica, propia.
En el ámbito de las relaciones internacionales, hay que recordar que los pilares fundamentales, de amplio consenso planetario, son: la libre determinación de los estados, la no injerencia externa en los asuntos internos de cada país y el respeto irrestricto a los derechos humanos. Existe una fuerte polarización social que podría desencadenar una cruenta guerra civil. Las fuerzas armadas, claramente, respaldan al gobierno de Maduro y hasta, estarían dispuestas a enfrentar una eventual “guerra asimétrica” de impredecibles consecuencias.
En materia económica, por supuesto que existe un problema muy serio que, con o sin Maduro, demanda un esfuerzo profundo y prolongado.
El bloqueo económico, político y financiero, comandado por Mr. Trump, agrava la crisis humanitaria y exacerba los ánimos y la conciencia social, alineando a mucha gente a favor de una “solución nacional”, sin tutelajes ni botas extranjeras. Inclusive el Papa Francisco, cada vez, está más cerca de una solución diplomática y democrática. La auto e inconstitucional proclamación como presidente por parte de Guaidó, no convence a medio mundo, a buena parte de los venezolanos, peor a las fuerzas armadas. Se suponía que pronto la caída de Maduro sería inminente.
El día “D” no llegó. La mayor preocupación del mundo pacífico es la opción armada. Debería quedar claro que ninguna alternativa que signifique derramamiento de sangre es una opción a considerarla siquiera. Cuando escucho a ciertos “expertos” clamar por una intervención militar me convenzo que, precisamente, la guerra es un gran negocio y que los intereses económicos son tan fuertes que, hay que apoderarse de ellos por las buenas o por las malas. Ojalá, por un momento siquiera, impere la razón humana sobre la razón monetaria. Pero, en este mundo, con frecuencia nos pasamos “pidiendo peras al olmo”. (O)
En el país sudamericano existe una fuerte polarización social que podría desencadenar una cruenta guerra civil.

Venezuela

La prolongada crisis política, económica, social y humanitaria por la que atraviesa la hermana República Bolivariana de Venezuela, requiere una solución urgente (aunque la solución tomaría un largo tiempo). El problema es tremendamente complejo. El mundo se ha partido en 2 grupos: unos que abogan por acabar -como sea, incluida la opción de una intervención/invasión militar- con el Régimen del Presidente Maduro y otros que pensamos en una solución democrática, pacífica, propia.
En el ámbito de las relaciones internacionales, hay que recordar que los pilares fundamentales, de amplio consenso planetario, son: la libre determinación de los estados, la no injerencia externa en los asuntos internos de cada país y el respeto irrestricto a los derechos humanos. Existe una fuerte polarización social que podría desencadenar una cruenta guerra civil. Las fuerzas armadas, claramente, respaldan al gobierno de Maduro y hasta, estarían dispuestas a enfrentar una eventual “guerra asimétrica” de impredecibles consecuencias.
En materia económica, por supuesto que existe un problema muy serio que, con o sin Maduro, demanda un esfuerzo profundo y prolongado.
El bloqueo económico, político y financiero, comandado por Mr. Trump, agrava la crisis humanitaria y exacerba los ánimos y la conciencia social, alineando a mucha gente a favor de una “solución nacional”, sin tutelajes ni botas extranjeras. Inclusive el Papa Francisco, cada vez, está más cerca de una solución diplomática y democrática. La auto e inconstitucional proclamación como presidente por parte de Guaidó, no convence a medio mundo, a buena parte de los venezolanos, peor a las fuerzas armadas. Se suponía que pronto la caída de Maduro sería inminente.
El día “D” no llegó. La mayor preocupación del mundo pacífico es la opción armada. Debería quedar claro que ninguna alternativa que signifique derramamiento de sangre es una opción a considerarla siquiera. Cuando escucho a ciertos “expertos” clamar por una intervención militar me convenzo que, precisamente, la guerra es un gran negocio y que los intereses económicos son tan fuertes que, hay que apoderarse de ellos por las buenas o por las malas. Ojalá, por un momento siquiera, impere la razón humana sobre la razón monetaria. Pero, en este mundo, con frecuencia nos pasamos “pidiendo peras al olmo”. (O)
En el país sudamericano existe una fuerte polarización social que podría desencadenar una cruenta guerra civil.

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