Una cosa es…

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Lo último de Carlos Jaramillo Medina

La expresión “una cosa es con guitarra y otra con violín”, indica que las cosas son bien diferentes cuando se deben concretar los ofrecimientos en la práctica. Este refrán popular hace referencia a aquello de lo que se enuncia como acción a cumplirse y que muchas veces difiere de lo que puede realizarse. Palabras y hechos se ven divorciados.
En el mundo de la política por lo general se utiliza la demagogia y el derecho a interpretar los intereses de las masas para confiscar el poder y representar supuestamente al pueblo. El método consiste en abusar de la oratoria para ofrecer el oro y el moro utilizando falacias o argumentos aparentemente válidos que, sin embargo, tras un análisis de las circunstancias, resultan inválidos, inalcanzables o simplistas.
Pero las autoridades electas por el voto popular tendrán que comparar lo prometido con demagogia en la campaña electoral con lo efectivamente realizado en el ejercicio del poder. Con seguridad sus ofertas no corresponderán con las acciones concretas de la gestión pública. En este caso, también será pertinente repetir: una cosa es con guitarra y otra con violín.
En cambio, si las ideas y los proyectos expresados en las ofertas son sustentados con claros diagnósticos y objetivos, con estrategias y proyectos realizables, se esperará con razones que esos ofrecimientos guiarán correctamente el camino para su consecución en un ejercicio inteligente y democrático del poder. En este anhelado escenario, que sin duda irá en beneficio de la sociedad, viene como anillo al dedo la sentencia de Mafalda: “a mi gustan las personas que dicen lo que piensan, pero por encima de todo, me gustan las personas que hacen lo que dicen”. O también lo que afirma Octavio Paz: “no es un decir, es un hacer; es un hacer, que es un decir”. (O)
Cuando no se cumple una oferta será pertinente decir: una cosa es con guitarra y otra con violín.

Una cosa es…

La expresión “una cosa es con guitarra y otra con violín”, indica que las cosas son bien diferentes cuando se deben concretar los ofrecimientos en la práctica. Este refrán popular hace referencia a aquello de lo que se enuncia como acción a cumplirse y que muchas veces difiere de lo que puede realizarse. Palabras y hechos se ven divorciados.
En el mundo de la política por lo general se utiliza la demagogia y el derecho a interpretar los intereses de las masas para confiscar el poder y representar supuestamente al pueblo. El método consiste en abusar de la oratoria para ofrecer el oro y el moro utilizando falacias o argumentos aparentemente válidos que, sin embargo, tras un análisis de las circunstancias, resultan inválidos, inalcanzables o simplistas.
Pero las autoridades electas por el voto popular tendrán que comparar lo prometido con demagogia en la campaña electoral con lo efectivamente realizado en el ejercicio del poder. Con seguridad sus ofertas no corresponderán con las acciones concretas de la gestión pública. En este caso, también será pertinente repetir: una cosa es con guitarra y otra con violín.
En cambio, si las ideas y los proyectos expresados en las ofertas son sustentados con claros diagnósticos y objetivos, con estrategias y proyectos realizables, se esperará con razones que esos ofrecimientos guiarán correctamente el camino para su consecución en un ejercicio inteligente y democrático del poder. En este anhelado escenario, que sin duda irá en beneficio de la sociedad, viene como anillo al dedo la sentencia de Mafalda: “a mi gustan las personas que dicen lo que piensan, pero por encima de todo, me gustan las personas que hacen lo que dicen”. O también lo que afirma Octavio Paz: “no es un decir, es un hacer; es un hacer, que es un decir”. (O)
Cuando no se cumple una oferta será pertinente decir: una cosa es con guitarra y otra con violín.

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