Un submarino se ha perdido

La desaparición del submarino argentino San Juan el 21 de noviembre pasado devino en motivo de preocupación, no solo de los familiares de la tripulación, sino también de la comunidad internacional y de los centros del poder mundial. Han transcurrido más de tres semanas y toda la información proporcionada por los voceros de la armada se reduce a que hubo una explosión en la nave y a descartar la posibilidad de que existan sobrevivientes, puesto que las reservas de oxígeno solo eran para 15 días.
¿Resulta extraño este acontecimiento? Hagamos memoria y revisemos, someramente, el acontecer cuotidiano de Argentina. La guerra de las Malvinas es una herida abierta que mantiene pendiente a la población argentina y que incide fuertemente en las relaciones con Inglaterra, cuyo objetivo en última instancia es el desmantelamiento del ejército de la nación sudamericana; el asalto a la sede de AMIA en 1994 mantiene permanentemente tensas las relaciones con Israel. Sin embargo estos hechos no tienen solamente un carácter interestatal, de por medio están los intereses del poder económico internacional, particularmente del poderoso Congreso Mundial Judío.
A lo largo de cuatro décadas ha sido una constante la visita de excursionistas, en realidad miembros de las fuerzas armadas israelíes, a la Patagonia argentina; la instalación de lugares de ‘recreo’, así como la paulatina compra de grandes extensiones de terreno e incluso la construcción de aeropuertos para conectarse directamente con el viejo continente. No puede pasar por alto que igual actividad se ha desarrollado de lado de la Patagonia chilena. ¿El objetivo? No resulta exagerado pensar que dentro de los planes sionistas está la secesión de la Patagonia, un inmenso territorio escasamente poblado que quedaría bajo control del sionismo. Los actuales conflictos, tanto en Chile como en Argentina, en los que está inmersa la comunidad Mapuche no serían sino la coartada para justificar la intervención ‘humanitaria’ para ‘proteger’ a una minoría indígena.
No son pocas las personalidades políticas y del poder económico internacional las comprometidas en tal empresa. No es un secreto el apoyo brindado al actual presidente Macri de parte de esos sectores a lo largo de su vida política, como tampoco la migración, voluntaria u obligada, de población judía hacia la Patagonia. La desaparición del submarino San Juan, se dio en medio de ejercicios navales en los que participaban EE.UU., Gran Bretaña y la propia Argentina. ¿Qué pasó con la investigación?(O)

Un submarino se ha perdido

La desaparición del submarino argentino San Juan el 21 de noviembre pasado devino en motivo de preocupación, no solo de los familiares de la tripulación, sino también de la comunidad internacional y de los centros del poder mundial. Han transcurrido más de tres semanas y toda la información proporcionada por los voceros de la armada se reduce a que hubo una explosión en la nave y a descartar la posibilidad de que existan sobrevivientes, puesto que las reservas de oxígeno solo eran para 15 días.
¿Resulta extraño este acontecimiento? Hagamos memoria y revisemos, someramente, el acontecer cuotidiano de Argentina. La guerra de las Malvinas es una herida abierta que mantiene pendiente a la población argentina y que incide fuertemente en las relaciones con Inglaterra, cuyo objetivo en última instancia es el desmantelamiento del ejército de la nación sudamericana; el asalto a la sede de AMIA en 1994 mantiene permanentemente tensas las relaciones con Israel. Sin embargo estos hechos no tienen solamente un carácter interestatal, de por medio están los intereses del poder económico internacional, particularmente del poderoso Congreso Mundial Judío.
A lo largo de cuatro décadas ha sido una constante la visita de excursionistas, en realidad miembros de las fuerzas armadas israelíes, a la Patagonia argentina; la instalación de lugares de ‘recreo’, así como la paulatina compra de grandes extensiones de terreno e incluso la construcción de aeropuertos para conectarse directamente con el viejo continente. No puede pasar por alto que igual actividad se ha desarrollado de lado de la Patagonia chilena. ¿El objetivo? No resulta exagerado pensar que dentro de los planes sionistas está la secesión de la Patagonia, un inmenso territorio escasamente poblado que quedaría bajo control del sionismo. Los actuales conflictos, tanto en Chile como en Argentina, en los que está inmersa la comunidad Mapuche no serían sino la coartada para justificar la intervención ‘humanitaria’ para ‘proteger’ a una minoría indígena.
No son pocas las personalidades políticas y del poder económico internacional las comprometidas en tal empresa. No es un secreto el apoyo brindado al actual presidente Macri de parte de esos sectores a lo largo de su vida política, como tampoco la migración, voluntaria u obligada, de población judía hacia la Patagonia. La desaparición del submarino San Juan, se dio en medio de ejercicios navales en los que participaban EE.UU., Gran Bretaña y la propia Argentina. ¿Qué pasó con la investigación?(O)